• Cotizaciones
    jueves 19 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    La defección de la civilidad argentina

    Milei está logrando universalizar la doble vara, esparcir la lógica de las identidades, que es la lógica de defender acríticamente a los propios, típica del populismo

    A veces, algunos hechos puntuales evidencian procesos de cambio más lentos y profundos. El 1 de marzo, el presidente argentino Javier Milei abrió la temporada legislativa anual, las denominadas sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, que culminan cada año el 30 de noviembre. Como es habitual en Argentina y en otros países, el propósito es que el presidente les transmita a los representantes del pueblo el estado general de la administración, y sus planes de gestión y legislativos para el período que comienza. Si bien se cumplió de esa manera con la manda constitucional, lo que sucedió dentro del recinto y, sobre todo, sus repercusiones se convirtieron en uno de esos episodios clarificadores de lo que está ocurriendo en aguas más profundas.

    En estos discursos son habituales las exageraciones y hasta las mentiras. Hasta aquí, nada nuevo. También fueron trilladas las acusaciones de golpistas a los opositores, que ya habíamos conocido de sobra durante los largos años del kirchnerismo. Y dado el estilo agresivo e intolerante de Milei (que nunca terminamos de discernir si es una estrategia de acumulación política, una explosión de su personalidad, o ambas cosas a la vez), se esperaban las rispideces, y en verdad, cualquier cosa menos la búsqueda de la representación del conjunto de la nación, que es una de las más relevantes características del cargo que ocupa. Pero la cosa sobrepasó todos los límites.

    Por momentos a los gritos, dejando de lado el mensaje que iba leyendo, fuera de sí y aparentemente a punto de perder el control por completo, Milei pronunció al menos 56 agravios, entre los que dirigió 29 insultos explícitos a legisladores, políticos opositores y empresarios. Algunos ejemplos: “manga de chorros”, “manga de ladrones”, “delincuentes”, “corruptos”, “bestias ignorantes”, “brutos”, “delirantes”, “no saben leer”, “tienen dificultades para sumar”, “me encanta hacerlos llorar”. Además, trató de corrupto al empresario industrial más importante de Argentina, Paolo Rocca, presidente y CEO del grupo Techint, líder en el rubro de la siderurgia, a quien algunos días antes había apodado Don Chatarrín, y a quien días después siguió hostigando en visitas a Estados Unidos y España.

    En suma, un despliegue indiscutible de populismo explícito, dado que el populismo no se define por el contenido sino por las formas, que básicamente trazan de forma confrontativa líneas divisorias entre un pueblo puro (por ejemplo, “los argentinos de bien”) y una elite corrupta (por ejemplo, “la casta”). Por esa razón, que una política esté más cercana a la intervención estatal en la economía no la hace más populista que una fiscalmente más restrictiva. En el mundo hay populismos de todo pelaje, pero lo que los define es esa confrontación básica.

    Breve comentario al margen: es realmente impactante cómo la decencia y su contraparte, la corrupción, han dejado de tener una significancia real en la Argentina. A pesar de que la corrupción, según las encuestas, hace décadas que está entre las preocupaciones más mencionadas por la ciudadanía (de hecho, hoy casi el 44% de las opiniones la señala como el principal problema del país), las acusaciones de corrupción se revolearon el 1 de marzo como un artilugio en el que ya nadie cree. Milei les dice chorros a los peronistas, y los peronistas le endilgan a los gritos las coimas que habría cobrado su hermana Karina Milei en un esquema de sobreprecios en la compra de medicamentos, un escándalo de corrupción que se conoció el año pasado a partir de unos mensajes de audio de un funcionario que ahora son investigados por la Justicia. Acusaciones políticas que a esta altura ya no ofenden a nadie, como las tizas que se tiran los adolescentes en el aula sabiendo que molestan un poco pero no dañan de verdad, aunque suman dramatismo ante cada nuevo caso de corrupción, como el más reciente que estalló la semana pasada al trascender que el jefe de Gabinete de Ministros subió a su esposa al avión presidencial junto a la comitiva que acompañó al presidente a la Argentina Week en Nueva York, además de haber gastado sospechosamente el 25% de sus ahorros declarados en un viaje familiar relámpago en un avión privado a Punta del Este durante el último feriado de Carnaval.

    Vuelvo al hilo argumental. Durante los días siguientes a la visita anual del presidente al Congreso, probablemente el acto institucional más importante de la república (o a lo que Milei hizo de él), lógicamente hubo varias críticas por toda esta agresión presidencial. Pero tampoco faltaron los defensores del comportamiento de Milei. Los argentinos tenemos experiencia (también otros pueblos, no creo para nada en la excepcionalidad argentina) en escuchar a los políticos oficialistas defender lo indefendible. De hecho, muchas veces en nuestros países los partidarios de los gobiernos hacen eso asiduamente. Pero lo más significativo fue, como pretendo argumentar, las defensas provenientes de periodistas e intelectuales que antes criticaban al populismo (cuando el populismo era el de otros).

    Se argumentó, para exonerar a Milei de la responsabilidad que conlleva su cargo, que las formas no importan porque lo único que cuenta son los resultados de la gestión; que el mundo y la comunicación política han cambiado y ahora las cosas son así; que los opositores lo distraían porque también gritaban fuerte (aunque no se escuchara por televisión porque el único micrófono habilitado y la única imagen que captaba la transmisión oficial era la del propio presidente); que los opositores empezaron y entonces el presidente decidió acertadamente rebajarse a su nivel y burlarse de ellos; que si los opositores no respetan las formas de la democracia, entonces no tiene tampoco por qué hacerlo el presidente, y que, en definitiva, la responsabilidad no es de Milei, sino del propio sistema, que al no premiar ante la opinión pública la buena conducta institucional, entonces hace legítimo que el presidente haya transformado la apertura de sesiones en un acto de standup. Más allá del acuerdo o desacuerdo que nos generen estos razonamientos, creo que son, como el propio comportamiento de Milei, un síntoma de algo más profundo.

    Lo que pareciera estar ocurriendo por debajo del radar es que Milei habría cambiado la percepción acerca de la política de unos sectores sociales que hasta hace muy poco hubieran condenado esta degradación de los modales que la democracia requiere para funcionar más o menos razonablemente. Estos legítimos críticos del kirchnerismo, que hasta ayer nomás hicieron de las formas republicanas una bandera irrenunciable, ahora advierten en las reacciones violentas de Milei solo un cambio estético en el estilo de comunicar, casi un detalle sin importancia, y no un envenenamiento del clima discursivo en el país ni una erosión profunda de lo que la nación debe admitir como la voz del Estado. Dicho de otra forma, sorpresivamente, porque con otros presidentes no peronistas no fueron tan indulgentes, los ahora defensores de Milei solo condenan las agresiones, los exabruptos y los abusos de poder cuando son efectuados o promovidos por sus adversarios, pero no cuando los promueve el actual oficialismo, aun sabiendo perfectamente que las formas son la esencia de la democracia y del derecho, y son justamente los procesos, y no los resultados, los que garantizan la vigencia de los derechos liberales y evitan la imposición por parte de los que detentan el poder.

    En definitiva, Milei está logrando universalizar la doble vara, esparcir la lógica de las identidades, que es la lógica de defender acríticamente a los propios, típica del populismo, también a la mitad de los argentinos que fue históricamente refractaria al populismo, las malas formas, la corrupción y la erosión de la democracia y de la esfera pública. Es decir, Milei parece consolidar un movimiento populista para afianzar el voto no peronista. Parece un oxímoron, pero probablemente esté ocurriendo, a juzgar por la defección de valores democráticos y de civilidad que exhiben varios sectores de las elites del país. Nadie sabe qué pasará en el futuro, pero la suerte de la calidad democrática parece bastante sombría.

    // Leer el objeto desde localStorage