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¿Por qué un empresario o un emprendedor va a poner en juego esfuerzo y capital en una actividad productiva si puede obtener una ganancia similar o mayor realizando una inversión financiera?
En lo que va de este período de gobierno, desde el Ministerio de Economía (MEF) se han promovido varias medidas y proyectos alineados con un diagnóstico consolidado en años recientes: Uruguay crece poco y eso obedece, en gran medida, a que la inversión es insuficiente. Es un agenda que, sin embargo, al menos por ahora ha dejado de lado aspectos cruciales para revertir el problema, quizás porque lo que falta por encarar es más desafiante desde la economía política.
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Como señaló en una reciente entrevista con Búsqueda el economista Alfonso Capurro, socio de CPA/Ferrere, la percepción de al menos una parte del empresariado es que el MEF está un poco solo en ese impulso al crecimiento y la inversión. El discurso del ministro Gabriel Oddone es acertado, aunque no basta con arengar a los empresarios a ser más audaces si no se ofrecen las condiciones para obtener una ganancia acorde con el riesgo asumido.
El presidente de la Cámara de Industrias, Leonardo García, planteó de manera descarnada el sentimiento empresarial. “Si la inversión no crece es porque las medidas, las leyes de promoción, no fueron suficientes o el sector privado todavía no compró esa idea”, planteó la semana pasada en Búsqueda, y agregó que “a través de manifestaciones o deseos” hay “tendencias que no se revierten. No hay ningún empresario tonto, o por lo menos yo no conozco a ninguno. Cuando aparezcan oportunidades, cuando esas oportunidades generen crecimiento, riqueza, rentabilidad y estén dadas las condiciones, el sector empresarial sin duda invertirá, como lo ha hecho hasta ahora”.
Según afirmó el empresario, la rentabilidad del “núcleo duro” de la industria —fábricas que no se benefician de exoneraciones fiscales del régimen de zonas francas— era del orden del 4%. La inversión en un bono “con muy bajo riesgo, rinde eso o más (…). Es mucho más confiable poner plata ahí que seguir invirtiendo en una industria”, contrastó. “No se puede mirar mal que un empresario quiera ganar dinero porque, si no gana dinero, no puede reinvertir y, si no reinvierte, no puede generar empleo”, señaló. ¿Por qué un empresario o un emprendedor va a poner en juego esfuerzo y capital en una actividad productiva si puede obtener una ganancia similar o mayor realizando una inversión financiera?
García planteó, además, que la industria uruguaya compite con el mundo y con “los problemas de costos” que tiene, con “los problemas de competitividad y de crecimiento, es muy difícil que el sector pueda avanzar”. Es una realidad con la que conviven otros rubros, desde el agro hasta el comercio y ciertos servicios.
El gobierno acaba de anunciar un acuerdo con la empresa Solaria para ejecutar una megainversión en parques de centros de datos y plantas de generación eléctrica en tres departamentos, un proyecto —con las condiciones benévolas del régimen de zonas francas— que, si se concreta, generará empleos y mayor actividad económica. Si avanza, gracias a este emprendimiento la tasa de inversión lucirá un poco mejor que el magro promedio anual cercano a 16% del Producto Interno Bruto. Pero, si no se remueven los verdaderos obstáculos a la inversión, el país seguirá dependiendo de iniciativas de este tipo, que surgen cada cinco o diez años.