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Las cosas han cambiado tanto que podemos encontrarnos que una mujer a sus 80 años, que trabajó toda su vida de contadora pública, se casó dos veces y crio una familia, se convirtió en escritora, publicó tres libros y suele viajar sola a Buenos Aires
Hace algunas semanas leí que efectivamente le ganamos la batalla al tiempo, por lo menos 20 años. Hoy los 60 son los nuevos 40. Si pensamos bien, antes, varias décadas atrás, las personas de 50 años ya parecían estar entrando en la tercera edad, que en aquella época se vivía sin muchas ganas.
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La medicina, la ciencia, la tecnología, la búsqueda del bienestar y de una mejor calidad de vida han hecho que las personas vivan esta etapa de la vida con más energía, salud, disposición al disfrute y plenitud. Las cosas han cambiado tanto que podemos encontrarnos que una mujer a sus 80 años, que trabajó toda su vida de contadora pública, se casó dos veces, crio una familia y tiene nietos, se convirtió en escritora, publicó tres libros y suele viajar sola a Buenos Aires cuando le da la gana (o no le duele nada) para seguir buscando inspiración.
Margarita Azpiroz encontró en la literatura una actividad que le da gozo y le permite alimentar su curiosidad. Después de su segunda separación y con los chicos ya grandes, se quedó viviendo sola en la ciudad de Rivera. Comenzó a venir a la capital todos los fines de semana, volvió a terapia y pensó en anotarse en un taller de literatura. Buscó uno que pudiera hacer los sábados de mañana, el único horario que le quedaba libre. Le recomendaron el de Roberto Appratto.
Así empezó el ejercicio de escribir. Lo hizo durante 20 años, sin pensar jamás en publicar, hasta que su profesor un día le dijo que tenía suficiente material, y muy bueno, para publicar un libro. Primero fue una autoficción —que en las voces de ella, su madre y su abuela, narra la historia de su familia y sus misterios—, luego un libro de crónicas de su vida y sus viajes, y recientemente una novela.
Animarse a publicar por primera vez a los 80 años va un poco en contra de lo que estamos acostumbrados a escuchar. En general, la frase típica es: “no, mija, a esta altura de mi vida ya no estoy para eso”, y esto puede aplicarse a cualquier actividad. Sin embargo, hoy hay cada vez más personas mayores que no viven sentadas esperando el final. Disfrutan, salen, se organizan, emprenden, se animan a nuevos comienzos.
Otra característica de esta generación: ya no piensan las cosas dos veces, y eso es fantástico. “A esta edad estoy jugada”, dice ella. Una actitud que la empuja a hacer todo lo que tiene ganas. Otra característica de esta generación: ya no piensan las cosas dos veces, y eso es fantástico. “A esta edad estoy jugada”, dice ella. Una actitud que la empuja a hacer todo lo que tiene ganas.
El caso de Margarita nos pareció muy interesante, por lo que María Inés Fiordelmondo sugirió entrevistarla. La primera respuesta que llegó de ella fue en la misma línea tan particular: “puedo hoy mismo porque mañana me voy a Buenos Aires”. La entrevista se propuso, coordinó y realizó (fotos incluidas) el mismo día. Y hubo tiempo hasta para servir café y budín.
Otra característica de esta generación: ya no piensan las cosas dos veces, y eso es fantástico. “A esta edad estoy jugada”, dice ella. Una actitud que la empuja a hacer todo lo que tiene ganas. Esa debe ser una de las grandes bendiciones de esta etapa, dejar caer prejuicios, miedos, estructuras que ya no tienen sentido, y que seguramente nunca los tuvieron. Vivir la vida a pleno es el llamado de estas personas. Según Margarita, “es típico de cumplir 84 decir: ‘ah, no me duele nada, ¡voy a ir!’”. Porque no se sabe cómo se va a estar mañana y hay que aprovechar cada oportunidad.
“En mi vida nunca hubo nada que saliera tal como lo planeado. Nada, nunca”, asegura. El modo de vida que resultó no fue el esperado por ella, pero lo encaró con actividades que no ha podido dejar de tener. Por ejemplo, todos los viernes se junta con amigas a ver cine, un grupo que se formó a partir de un curso de cine que perdió su locación y continuó en el living de la casa de Margarita. Lleva anotadas todas las películas que vieron desde 2013.
Parece que Margarita tuvo y sigue teniendo una vida interesante, que ella misma se construye desde su inagotable curiosidad. Seguramente todos tengamos vidas interesantes para contar, solo que ella encontró la manera de contarla.
Esta semana se celebra el Día del Abuelo, el 19 de junio, y desde estas páginas celebramos a todas las abuelas y abuelos como Margarita que hacen de sus vidas una constante fuente de estímulos, de placer, de búsqueda por el bienestar, que no es otra cosa que saber honrar la vida.