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    La crisis en FIFA deja dudas sobre Gianni Infantino, el esquema del Mundial 2030 y el futuro apoyo de la AUF

    El presidente de la FIFA, de sólido vínculo con las federaciones de Uruguay y Sudamérica, quedó debilitado tras el fracaso de un polémico proyecto que buscaba privatizar parte de la Copa del Mundo

    El poder del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quedó erosionado tras una convulsionada semana en la que un proyecto para privatizar el Mundial generó el rechazo de varias confederaciones y afectó públicamente su figura, al punto de abrir una seria interrogante sobre su relección en el cargo.

    Infantino, un dirigente italosuizo de 55 años que lidera la FIFA desde 2016, impulsó un plan para abrir a la inversión privada la gestión comercial de las principales competiciones del organismo, entre ellas el Mundial masculino y femenino y el Mundial de Clubes. La iniciativa contemplaba la creación de una empresa denominada FIFA Forward Enterprise (FFE) para encargarse de la gestión operativa de esos torneos.

    El plan estaba avanzado y contaba con el respaldo de un grupo empresarial neoyorquino vinculado a la familia de Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sin embargo, no era conocido por las federaciones ni por algunos de los colaboradores más cercanos de Infantino.

    Gianni Infantino buscaba privatizar la gestión de la Copa del Mundo, uno de los eventos deportivos más lucrativos del planeta.

    Gianni Infantino buscaba privatizar la gestión de la Copa del Mundo, uno de los eventos deportivos más lucrativos del planeta.

    El diario británico The Times reveló el proyecto y, ante las repercusiones negativas, en menos de cuatro días Infantino pasó de defender la iniciativa a retirarla. La marcha atrás deja dudas sobre el respaldo con el que contará Infantino de ahora en más y sobre el rol que jugará la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), uno de sus mayores aliados, que confía en el dirigente suizo para ampliar de 48 a 64 los equipos participantes en el Mundial 2030, una decisión considerada muy relevante tanto por la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) como por el gobierno uruguayo.

    ¿Cuál era el proyecto de la FIFA?

    El martes 28, The Times reveló que la FIFA, asesorada por el banco de inversión estadounidense JPMorgan, preparaba la creación de FFE como una nueva subsidiaria destinada a explotar los derechos comerciales y operativos de sus torneos más importantes. Según el diario británico, el fondo de inversión estadounidense Thrive Eternal, encabezado por Joshua Kushner —hermano del yerno de Trump—, estaba dispuesto a aportar US$ 4.200 millones a cambio de una participación minoritaria del 20% en la nueva empresa.

    El objetivo era usar esos recursos para ampliar el financiamiento anual que la FIFA destina a sus 211 federaciones miembro para el desarrollo del fútbol. El ciclo 2027-2030 ya contempla unos US$ 8 millones por federación al año; la nueva propuesta elevaba esa cifra a US$ 20 millones, con incrementos previstos a US$ 22 millones y US$ 24 millones en los ciclos siguientes.

    El esquema también reservaba un lugar para Infantino: iba a cumplir otro mandato como presidente de la FIFA hasta 2031 para luego ocupar el cargo de comisionado de FFE, una posición equivalente a la que ejercen los comisionados de las grandes ligas estadounidenses —como la NBA (básquetbol) o la NFL (fútbol americano)—, encargados de la dirección ejecutiva y comercial de esas competiciones. En ese puesto, la remuneración anual prevista para Infantino superaba ampliamente los aproximadamente US$ 6 millones que percibe actualmente.

    Horas después de la publicación del artículo, la FIFA confirmó mediante un comunicado que había iniciado un proceso de consultas tras recibir una propuesta orientada a “aprovechar todo el potencial de los derechos de retransmisión y patrocinio” de sus campeonatos masculinos, femeninos y juveniles.

    El organismo precisó que la iniciativa de FFE contemplaba una inversión total destinada al desarrollo del fútbol superior a los US$ 10.000 millones durante el ciclo 2027-2030. Estos recursos adicionales generados con la nueva empresa planeaban destinarse a las federaciones para su uso en infraestructura, formación de entrenadores, selecciones nacionales, competiciones, fútbol base y fútbol femenino, distribuyéndose de forma equitativa entre las 211 asociaciones miembro, sin distinción de tamaño, recursos económicos o ubicación geográfica.

    En caso de aceptarse, los inversores externos solo dispondrían de participaciones minoritarias en la nueva empresa, sin funciones operativas, con la FIFA conservando el control absoluto sobre la gobernanza del fútbol, las competiciones, el calendario internacional y todas las decisiones deportivas y reglamentarias.

    Donald Trump y Gianni Infantino, en la Casa Blanca el día previo a la final del Mundial 2026.

    Donald Trump y Gianni Infantino, en la Casa Blanca el día previo a la final del Mundial 2026.

    Aunque la creación de FIFA Forward Enterprise no estaba aprobada de manera definitiva, la revelación pública del proyecto provocó una reacción casi inmediata en tres de las seis confederaciones que integran la FIFA y que agrupan a las asociaciones nacionales por continente.

    El miércoles 29, la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) emitió un comunicado en el que advirtió que la iniciativa impulsada por Infantino cruzaba “una línea que las instituciones que regulan el fútbol nunca deberían cruzar”. Según la confederación europea, la esencia y la gobernanza del fútbol no son “activos con los que se pueda comerciar”, especialmente ante la falta de claridad sobre quiénes serían los beneficiarios económicos de la operación. “Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo”, afirmó la UEFA.

    Al día siguiente, la UEFA difundió un segundo comunicado ante versiones que indicaban que algunas de sus 55 federaciones miembro podían respaldar la propuesta de la FIFA. “Rechazamos de forma unánime e inequívoca la propuesta. La Copa del Mundo no puede ser tratada como un producto de inversión. La Copa del Mundo no está en venta”, señaló la UEFA, que advirtió que, si el proyecto prosperaba, sus federaciones no volverían a disputar competiciones organizadas por la FIFA, tanto a nivel de selecciones como de clubes.

    La confederación europea agregó que la entrada de inversores privados en las competiciones de la FIFA podía modificar para siempre el modelo de gobernanza del fútbol mundial: “En el momento en que los inversores externos adquieran participaciones en las competiciones de la FIFA, el fútbol cambiará. La rentabilidad comercial se convertirá en una obligación permanente. Las expectativas de los inversores se convertirán en una presión diaria. A partir de ese momento, cada decisión sobre el calendario internacional, cada decisión sobre los formatos de las competiciones y cada decisión que dé forma al futuro del fútbol ya no estará motivada por lo que mejor sirva al deporte, sino por lo que mejor sirva a los accionistas”.

    Uno de los principales cuestionamientos planteados por la confederación europea estuvo relacionado con el origen y el proceso de elaboración del proyecto. Según la UEFA, la iniciativa fue diseñada personalmente por Infantino durante el Mundial de 2026, disputado principalmente en Estados Unidos entre junio y julio, espacio que el presidente de la FIFA aprovechó para mantener reuniones con potenciales inversores y actores del mercado estadounidense.

    Con la propuesta avanzada, Infantino pretendía presentarla directamente a las federaciones miembro y al Consejo de la FIFA sin pasar por el Congreso de la FIFA, el órgano más grande y democrático de la institución. El proceso de consulta contemplaba un plazo hasta el 19 de setiembre para que cada una de las 211 asociaciones emitiera su voto individual. Con 106 votos favorables, la iniciativa ya podía luego ser discutida en el Consejo, integrado por 37 miembros e influenciado por Infantino, que lo preside.

    Aleksander eferin, abogado y dirigente deportivo esloveno, preside la UEFA desde 2016.

    Aleksander eferin, abogado y dirigente deportivo esloveno, preside la UEFA desde 2016.

    “Resulta irresponsable e indefendible que una propuesta de tal importancia para el fútbol se haya concebido en secreto y se haya llevado al borde de su aprobación sin ninguna consulta significativa con quienes tienen encomendada la gestión de este deporte. Esto no es solo un profundo fracaso de liderazgo, sino una renuncia al deber de la FIFA como guardiana del fútbol mundial”, afirmó la UEFA, que incluso calificó el proceso como una forma de “gobernanza basada en la intimidación” y “un acto de coacción indigno”.

    El jueves 30, a la posición de la UEFA y sus 55 asociaciones miembro se sumó la de la Confederación de Fútbol de la Asociación de Norte, Centroamérica y el Caribe (Concacaf), que rechazó la iniciativa y expresó “su profunda preocupación por la falta de un debido proceso en torno a la propuesta, el plazo artificialmente corto impuesto y la ausencia de revisión o aprobación por parte de los órganos de gobernanza competentes de la FIFA”.

    Al día siguiente, viernes 31, fue la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) la que manifestó oficialmente su “profunda preocupación” por el plan y expresó su respaldo a las posturas de UEFA y Concacaf. “En este contexto, ante las divisiones sin precedentes que han surgido en todo el mundo del fútbol, la AFC considera que la propuesta no puede alcanzar realísticamente el amplio consenso y la unidad necesarios para avanzar. Una propuesta de tal magnitud, con el potencial de afectar el futuro comercial, deportivo y estratégico del fútbol mundial, no debe surgir a través de procesos que hagan que las confederaciones, las asociaciones e incluso los propios órganos de gobierno de la FIFA se sientan marginados”, indicó la confederación asiática.

    La posición de la Conmebol

    A diferencia de Europa, Norte y Centroamérica, y Asia, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) no se expresó ni con la misma velocidad ni con el mismo tenor. Presidida por Alejandro Domínguez, la asociación sudamericana mantiene un estrecho vínculo con Infantino, fundamental, por ejemplo, para que Argentina, Paraguay y Uruguay sean parte del Mundial 2030.

    El viernes 31, la Conmebol emitió un pronunciamiento más moderado que otras confederaciones, en el que reafirmó que “el fútbol siempre está primero” y que cualquier decisión comercial o financiera debe estar al servicio del deporte y no por encima de su esencia. La entidad informó que había iniciado consultas con sus asociaciones miembro y solicitó a la FIFA información adicional sobre el alcance, estructura, gobernanza y posibles efectos del proyecto FFE. Además, destacó que la intención era analizar la propuesta con responsabilidad, a través de los canales institucionales y bajo principios de buena gobernanza.

    Infantino en el Estadio Ciudad de México, días antes del comienzo del Mundial 2026, junto a directivos de la Federación Mexicana de Fútbol.

    Infantino en el Estadio Ciudad de México, días antes del comienzo del Mundial 2026, junto a directivos de la Federación Mexicana de Fútbol.

    En una línea similar de cautela institucional, horas antes se pronunciaron la Confederación Africana de Fútbol (CAF) y la Confederación de Fútbol de Oceanía (OFC). La CAF informó que había recibido la documentación enviada por la FIFA y que su Comité Ejecutivo se disponía a estudiar la propuesta junto con sus asociaciones miembro. Por su parte, la OFC también confirmó que el análisis del FIFA Forward Enterprise estaba en la agenda de su próximo Comité Ejecutivo e invitó a sus asociaciones miembro a participar del proceso de consulta abierto por la FIFA.

    Los posicionamientos de la UEFA (55 federaciones), Concacaf (41) y AFC (47) representaban, ante una eventual votación, 143 votos contrarios a la iniciativa FFE, una cifra ampliamente superior a los 106 apoyos que necesitaba la FIFA para aprobar el proyecto. Ese escenario ya hacía inviable la aprobación de la propuesta, incluso sin considerar posibles votos favorables, como el de Asociación de Fútbol de Catar o el de la Federación Mexicana de Fútbol, que se desmarcaron de las posturas de la AFC y de Concacaf, respectivamente, al anunciar que abrirían mecanismos internos antes de definir su posición.

    Ante este contexto adverso, el viernes 31 la FIFA difundió un comunicado firmado por el propio Infantino en el que el dirigente afirmó respetar “los comentarios y las inquietudes expresadas en público” y sostuvo que el proceso de consulta iniciado con las federaciones miembro estaba “alterado por informaciones erróneas en los medios de comunicación”.

    Gianni Infantino e Ignacio Alonso  antes del partido Uruguay-Cabo Verde en Miami, por el Mundial 2026.

    Gianni Infantino e Ignacio Alonso antes del partido Uruguay-Cabo Verde en Miami, por el Mundial 2026.

    Reafirmó, sin embargo, la continuidad del proyecto al defender que FIFA Forward Enterprise tenía como objetivo proveer mayores recursos para las asociaciones nacionales y ampliar las oportunidades de competición para países como Cabo Verde y Curazao, que adquirieron relevancia internacional tras participar del Mundial 2026. También negó que la iniciativa implicara que inversores privados asumieran el control de los torneos. “Nadie está vendiendo el fútbol. Es un fondo de desarrollo sin precedentes, una participación verdaderamente global en las oportunidades comerciales de nuestro deporte y plena autodeterminación a través de un proceso democrático para todas las federaciones miembro”, dijo.

    El intento de recomponer la situación duró poco. Ese mismo viernes, la FIFA emitió otro comunicado, mucho más escueto, para anunciar que la propuesta quedaba cancelada.

    El rol de la AUF

    Ante el estrepitoso fracaso de la iniciativa, se abrió un período imprevisto dentro de la FIFA. Infantino fue electo en 2016 y relecto en 2019 y 2023. El 18 de marzo de 2027, las 211 federaciones votarán otra vez presidente en Rabat, Marruecos. El suizo, con votos fuertes y prácticamente unánimes en Sudamérica (10 federaciones) y África (64), llegaba como favorito y con capital político para alcanzar la mayoría simple de 106 sufragios. Ahora los apoyos corren riesgo de diluirse y parecen surgirle demasiados competidores.

    Carlos Cordeiro, asesor principal de Infantino desde 2021 y expresidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos, renunció en protesta por el plan FFE y calificó la iniciativa como “un mal negocio para el fútbol”. Kevin Lamour, director de operaciones (COO) de la FIFA y uno de los principales ejecutivos del organismo, también tomó distancia de Infantino. En declaraciones a la Associated Press, afirmó que el personal de la FIFA había sido “engañado” respecto al proyecto de vender una participación en el negocio comercial de la organización, y aseguró que dormiría “tranquilo” después de expresar públicamente su oposición, aunque ello pudiera costarle el cargo.

    La UEFA, tras la marcha atrás de Infantino, cuestionó la transparencia con la que se manejó el proyecto, lo calificó de turbio y opaco, urdido a puerta cerrada, y anunció que trabajará con sus federaciones y en estrecha colaboración con otras confederaciones continentales para elaborar un plan que garantice que un proyecto de ese tipo no vuelva a repetirse.

    “Esa revisión debe ser exhaustiva y profunda. No debe descartarse ninguna opción. La actual dirección de la FIFA no solo ha perdido la confianza de la UEFA, sino también la de muchos otros miembros de la familia del fútbol”, manifestó la asociación, que analiza presentar acciones legales contra Infantino y exigir su renuncia. Su presidente, Aleksander Ceferin, ha estado en desacuerdo con Infantino en varios temas, como por ejemplo el Mundial de 64 equipos para 2030.

    La confederación europea remarcó, además, que la FIFA cuenta con reservas de US$ 5.000 millones que nunca fueron utilizadas en beneficio de las federaciones, pese al supuesto objetivo de FFE de desarrollar el fútbol en cada país miembro.

    La Concacaf, por su parte, cuestionó directamente la gestión de Infantino. “Este reciente acto unilateral y flagrante de deficiente gobernanza y liderazgo responde a un patrón de errores y conductas similares. Ha llegado el momento de llevar a cabo una revisión integral de este liderazgo. Esta preocupación no es exclusiva de Concacaf. Es compartida por numerosas confederaciones y asociaciones”, dijo la institución, cuyo presidente —el canadiense Victor Montagliani— considera presentarse a las elecciones, según Reuters.

    Otro posible candidato opositor a Infantino es el secretario general de la FIFA, el sueco Mattias Grafström, respaldado por algunas asociaciones de Europa. Según informó The New York Times, Grafström —en los papeles el número dos de la FIFA— no estaba al tanto del proyecto FFE y quedó molesto por haber sido excluido de las discusiones. El lunes 3, la Federación Sueca de Fútbol emitió un comunicado donde asegura que trabajarán "junto con la UEFA y otras federaciones nacionales para presentar un candidato alternativo" a Infantino.

    El estadounidense Carlos Cordeiro, asesor de Infantino, renunció a su puesto tras el fallido proyecto de inversión de la FIFA.

    El estadounidense Carlos Cordeiro, asesor de Infantino, renunció a su puesto tras el fallido proyecto de inversión de la FIFA.

    A nivel sudamericano y uruguayo, la crisis también abre un escenario inesperado. Infantino y el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, mantienen una relación estrecha y el proyecto de ampliar el Mundial 2030 a 64 selecciones cuenta con el respaldo público del titular de la FIFA. La propuesta, impulsada oficialmente a la FIFA por el presidente de la AUF, Ignacio Alonso, todavía no tiene una fecha ni un órgano definidos para su resolución.

    En la AUF entienden que el desgaste político de Infantino no necesariamente compromete la iniciativa, ya que la decisión final dependerá de las 211 asociaciones miembro de la FIFA. Según dirigentes sudamericanos, los sondeos informales realizados hasta el momento muestran una leve mayoría favorable a la ampliación del torneo, que ya pasó de 32 selecciones a 48 para el Mundial 2026. Para Uruguay, el proyecto tiene un valor estratégico: un Mundial con 64 equipos permite que el Estadio Centenario no reciba únicamente un partido, sino tres partidos de la fase de grupos de la selección uruguaya. Esto fortalece el argumento económico del gobierno y de la AUF para allanar la inversión de reforma al Centenario y amplía el impacto del torneo sobre la actividad turística y la economía del país.

    En cuanto a la elección del presidente de la FIFA en 2027, la situación actual introduce un factor de incertidumbre. Hasta ahora Infantino ha sido un socio para la Conmebol y la AUF. Su movimiento más contundente fue impulsar la novedosa participación de Uruguay, Argentina y Paraguay en el Mundial 2030, cuando la candidatura sudamericana no disponía de los votos suficientes para ser elegida sede frente a España, Portugal y Marruecos. También apoyó públicamente la propuesta de Alonso de extender el campeonato a 64 selecciones e incluso dejó abierta la posibilidad de que el sorteo del Mundial se celebre en Punta del Este en diciembre de 2029. Durante su presidencia, además, la AUF alcanzó una presencia récord de cinco representantes uruguayos en distintos comités de la FIFA.

    Aunque la AUF pierde un aliado si Infantino no es reelecto, en la asociación también consideran favorable la eventual postulación de varios candidatos para la presidencia de la FIFA, ya que así se incrementa la capacidad de incidencia del voto uruguayo y el peso político de la AUF dentro del organismo. Al mismo tiempo, si la imagen de Infantino continúa deteriorándose, como ha ocurrido en la última semana y media, Domínguez puede ser otro eventual candidato a la presidencia de la FIFA. El dirigente paraguayo lidera la Conmebol desde 2016 y, hasta ahora, algunos de sus asesores proyectaban una candidatura para 2031.