¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
stopper description + stopper description

Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

Suscribite a Búsqueda
DESDE

UYU

299

/mes*

* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

Margarita Azpiroz: "Cuando somos jóvenes creemos que los viejos dejaron de sentir"

A partir de la publicación de su tercer libro y primera novela, Nos conocimos tan poco, esta escritora de 84 años habla sobre la amistad femenina, la curiosidad, la tecnología y las ventajas en esta etapa de su vida de hacer muchas cosas sin pensarlo dos veces

Editora de Galería

La terraza del apartamento de Margarita Azpiroz es amplia y con una población de plantas siempre en aumento. Cada visita que llega hace el mismo comentario en forma de pregunta: cómo hace para mantener el esplendor de semejante jardín. Y lo hace sin comprender que ahí está, justamente, la gracia: hay una gran mesa de madera y una generosa vista al Río de la Plata, pero lo que la invita a salir no es ni una cosa ni la otra, sino que cada nueva maceta es una razón más para cruzar el ventanal. Podrá parecer una práctica de lo más intrascendente, pero en Belcha, como le dicen los suyos y no tan suyos, comprar plantas para tener que salir a regarlas es una lógica que se extiende a su modo de vida.

“A esta edad estoy jugada”, comenta al aceptar esta entrevista que se propuso, concretó y llevó a cabo en un mismo día.

Son muchas las cosas que hoy elige no pensar dos veces. Mientras sirve café y budín de pan, cuenta que al día siguiente viajará sola a Buenos Aires por el simple hecho de que en este período no le duele nada, aunque luego profundiza y permite concluir que, en realidad, estas escapadas a su propio ritmo son un alimento para su curiosidad, la misma que la llevó durante décadas a encontrar el “calor humano” en su trabajo como contadora pública y que en los últimos años la impulsó a nutrirse de la observación y los recuerdos para sentarse frente a una computadora y escribir sin mayores intenciones que el propio gozo.

Un día, Roberto Appratto, su tallerista durante 20 años —fallecido en octubre del 2025— le dijo: “Belcha, publicá esto; es una novela”. Y tampoco lo pensó dos veces.

Fue así que en 2022, poco después de cumplir 80 años, la editorial Fin de Siglo publicó Cuando creíamos que la vida era una línea recta, una autoficción que entrelaza las voces de tres mujeres (la autora, su madre y su abuela) para narrar la historia de su familia y sus misterios. Dos años después escribió Fronteras atravesadas, un libro de crónicas de su vida en Montevideo, en Rivera (donde vivió 42 años) y en sus viajes al País Vasco.

El pretexto para esta entrevista es la reciente publicación de su tercer libro, Nos conocimos tan poco, una novela —esta vez de ficción— que tiene como protagonistas a cuatro amigas de diferentes generaciones y que se centra, entre revelaciones, pensamientos y sueños, en las verdades y las apariencias detrás de la amistad femenina, un lazo que hoy ocupa un lugar primordial en su vida.

Una protagonista de Nos conocimos tan poco es Gloria, una setentona que transcurre sus días en un residencial. Son personajes que suelen ocupar roles secundarios, muchas veces “abuelos de…”. ¿Qué buscó decir a través de ella?

Te confieso que, cuando hice el cronograma y la ubiqué en 70 y pico, pensé: mejor la pongo en una década más joven que yo, porque, si no, no resultará verosímil que tenga deseos, ganas. Juzgué que para ser lo más verosímil posible era mejor bajarle una década, pero me costó porque yo lo hacía desde la mirada de una década después, y creo que si se guarda la lucidez a esta altura lo que uno tiene es una acumulación de recuerdos, y también la conciencia de que esto no va a durar mucho, que se puede ir apagando, te podés enfermar, está el dolor de las pérdidas de tus amigos cercanos o familiares. Este libro surgió con esos encuentros de generaciones y con algo que Roberto dijo siempre: si tenés ganas de decir algo, qué mejor que decirlo en literatura. Gloria es un personaje que se sintió decaer, que estaba en un residencial y además había tenido una vida que había elegido pacata. Y en un determinado instante, en ese residencial y en contacto con la idea de que aquello era una antesala, sintió que la fuerza de la vida existía, al igual que la fuerza de los recuerdos y de lo que fue su pasión. Y eso creo que te puede llegar a suceder, que te podés identificar con la idea de tener esas oportunidades de sentir la vida con fuerza. Y con las hijas, en ese despiste de encontrar un camino, también es fácil identificarse, porque cuánto tiempo transcurrimos sin saber mucho por dónde andar.

Publicó su primer libro a los 80 años. ¿Cómo llegó la literatura a su vida?

Soy contadora. Trabajé como loca porque me divorcié con 30 y poquito, con tres niños y en el interior. En Rivera tenía que trabajar o trabajar. Y luego me casé con un viudo, con tres niños más. Formamos un familión, fueron 17 maravillosos años en que los chicos crecieron todos juntos. Después nos pasó un evento muy trágico: el menor de él con 20 años falleció. Era mi hijito también, porque tenía 4 años cuando empezó a vivir conmigo. Fue terrible, ya en la época en que nosotros nos habíamos quedado solos en Rivera porque todos se habían venido a estudiar a Montevideo. Quedamos solos con esa tragedia y nos separamos. Vivíamos diferente el dolor; no podíamos con el duelo. Me quedé sola y empecé a viajar todos los fines de semana a Montevideo, entré en psicoanálisis nuevamente, 15 años más. Una vez me pregunté si podría entrar en un taller de literatura los sábados de mañana, porque no me cabía nada en la semana. Y ahí me recomendaron a Roberto Appratto. Fue mágico, porque me abrió la literatura, a no hacerlo en absoluto por algo intelectual, sino por el gozo, por encontrar algo que me haga disfrutar. Él era un gozoso de la literatura. Entre mis corridas, los viajes, las dormidas en Turil dos noches a la semana, sumé el ejercicio de empezar a escribir, porque a un taller vas a eso. Cada tanto salía un cuento. En esos 20 años nunca me había preocupado de juntar para publicar, y tampoco había pensado en escribir nada más que por entretenimiento. Recién cuando se juntó un material que parecía una novela se nos ocurrió la posibilidad de publicar. Hasta que se armó esa primera novela.

Margarita Azpiroz
Más conocida como Belcha, Margarita Azpiroz publicó recientemente su tercer libro, Nos conocimos tan poco.

Más conocida como Belcha, Margarita Azpiroz publicó recientemente su tercer libro, Nos conocimos tan poco.

La contabilidad y la escritura parecen mundos muy distintos. ¿Usted lo ve así?

Vos sabés que no es tan contrario. Son carreras que, al tratar la economía, tratan el alma humana. Lo había encarado como un trabajo de escritorio, pero también desde el trato con los clientes, el emprendimiento, los deseos como algo que me daba un calor humano especial. A lo mejor es porque uno le sabe sacar el jugo a eso en cualquier experiencia, pero la mía yo la encontraba muy muy humana.

Su primera novela, Cuando creíamos que la vida era una línea recta, es muy personal. ¿Cómo reaccionó su entorno cercano?

Primero fui a la papelería y les puse rulito a 10 publicaciones. Se las mandé a mis hijos y a mis ex, que son dos. Y dije: si mis hijos y mis ex lo aprueban… El primero me dijo: “Llegué a la página 62, no pude seguir, me venían calores. Al otro día lo retomé. Publicalo, te felicito”. Al segundo, el gran amor de mi vida, con el que perdimos a nuestro hijo menor, le dije: “Mirá que hay relatos que te identifican. Lo único que te digo es que una amiga me dijo que se enamoraría de ti. Te dejé muy bien”. Y me dice: “¿Vas a publicar? Publicá, ¡pero ni en pedo lo leo!”. Mis hijos, entusiasmadísimos de que yo estuviera en estas cosas. La vieja se entretiene. Mis nietos, fascinados. El de 14, el día que presenté la primera, se creyó que yo era famosísima. Eran las tres de la mañana y seguía leyendo y llamándome: “¿En serio te pasó eso? ¿Y cómo hiciste?”. No podía creer. Con el primer libro yo necesitaba aprobación.

Su último libro, a diferencia de los anteriores, es de ficción. ¿Cómo surgió?

He estado en contacto con muchas amigas en residenciales. También leí a Magalí Etchebarne, y me gustó cómo insertaba los cuentos cortos. En el comienzo y el final eran los mismos personajes, a pesar de que era una narrativa breve. Me pareció muy interesante esa estructura. Cada uno saca de otro las ideas, por supuesto. Yo creo que escribís porque leés.

Las protagonistas son mujeres de distintas generaciones, madres e hijas. ¿Qué le interesa de esos encuentros?

Es que pueden llegar a ser tan francos a veces, y otras apenas insinuados. Y cómo uno se aferra a esos instantes en que viste que el contacto fue realmente hondo. Con nuestras madres, que eran madres del 1900, a veces un solo comentario te hacía descubrir un mundo en el que podía haber coincidencias, pero no conversaciones.

Desde el residencial, Gloria le dice a su hija que quiere ser prostituta. Y usted le bajó 10 años para que resulte más verosímil. ¿Percibe prejuicios acerca de lo que ya no parece permitido a esa edad?

Cuando somos jóvenes creemos que los viejos dejaron de sentir. Lo vas descubriendo a medida que transitás. Con la vejez tuvimos y seguimos teniendo prejuicios. Recuerdo que una vez, viniendo de Rivera a trabajar, ayudé a mamá a tender la cama y ella, con 80 largos, de repente me mira, alisa la sábana y me dice: “Sabés que tu padre a veces falla y yo disimulo”. A mí me dejó como: ¿y estos todavía…? Yo tendría 40 y fue una revelación. Nunca en la vida habíamos hablado de sexo. No es que fueran prejuicios, es que no traspasábamos esa realidad.

Libro margarita
Cuando creíamos que la vida era una linea recta. Fin de siglo, 184 paginas, 690 pesos.

Cuando creíamos que la vida era una linea recta. Fin de siglo, 184 paginas, 690 pesos.

Son cuatro mujeres pero sobre todo amigas. ¿Qué encontró en ese tipo de vínculo, el de la amistad femenina, que no vio en ningún otro?

Por lo menos a mi edad es el más fuerte; es decir, lindísimo si tenés un amigo, pero es raro. Las parejas me parecen preciosas, sí, pero no me tocó a mí, no les tocó a mis amigas. Con las del grupo de WhatsApp de Rivera nos llamamos Las Magníficas, las hay un poquito más jóvenes y bastante mayores que yo, así que imaginate…

Todo es distinto para las amigas que quedamos solas. Por ejemplo, voy a un grupo de literatura donde somos todas mujeres. Hay algunas casadas y otras no, viudas o separadas, pero los intereses van por ahí. También voy a otro grupo de literatura en el Biguá, con Ramiro Sanchiz. Hay hombres, pero son muchos menos. Y ojo que quizás sean más los escritores hombres. En casa también hacemos cine semanalmente desde hace 13 años. Se llama Cine Belchis, nombre que le puso una amiga. La historia empezó cuando varias amigas ya jubiladas nos anotamos en un curso de cine que daban dos chicas de Cinemateca en un zonal. Un día se pelaron con el director del lugar y yo dije: “Bueno, somos pocos, si quieren venir a mi casa seguimos el curso acá”. Las gurisas nos daban los DVD de las películas, y después de la clase nos quedábamos a verlas. Nos juntábamos seis, siete, ocho, y éramos todas mujeres. Ahora somos menos, pero seguimos reuniéndonos los viernes. Además tengo un blog donde, desde 2013, registro todas las películas que vimos.

Margarita Azpiroz
Nos conocimos tan poco tiene como protagonistas a cuatro amigas de diferentes generaciones y se centra, entre revelaciones, pensamientos y sueños, en las verdades y las apariencias detrás de la amistad femenina.

Nos conocimos tan poco tiene como protagonistas a cuatro amigas de diferentes generaciones y se centra, entre revelaciones, pensamientos y sueños, en las verdades y las apariencias detrás de la amistad femenina.

Ha dicho que mantiene la curiosidad, que es materia prima para sus libros. ¿Qué la despierta?

La gente, lo que sucede, lo que te transmite lo otro, lo que hay. Es estar abierto. Mañana me voy a Buenos Aires, y realmente me voy porque es una ciudad divina que está ahí, y porque en este período no me duele nada.

Razón suficiente.

Voy sola. El año pasado fui por primera vez sola a Buenos Aires. He viajado sola porque me tocó, pero Buenos Aires no lo había hecho nunca sola. Cada vez que iba con otra gente seguía el ritmo de otros y pensaba “qué ciudad tan magnífica”, y yo no la he vivido a mi ritmo. El año pasado lo hice, y este año dije: “No me duele nada, voy a ir”. Eso antes no se me ocurría. Es típico de cumplir 84 decir “ah, no me duele nada, ¡voy a ir!”.

¿Siente que el paso de los años trae también cierta libertad?

Pienso que sí. Primero porque no te importa ya mucho la imagen. ¿Qué vas a hacer? Fuiste así y sos de este modo. Después, te sentís con el privilegio de que no te duela nada. Lo vivo como privilegio porque ya me ha dolido, ya he tenido períodos de salud duros, porque los viví con 80 y pico. No te podés saltear etapas así. Entonces, empezás a valorar cosas chiquitas, y entre cosas chiquitas, esa inmensa ciudad que está tan cerca.

Saqué entradas, pero fundamentalmente me apunté a unos free tours. Los hago el rato que pueda. Son cosas muy tontas, pero que tienen un gran valor, porque llevan esa conciencia de que se termina.

¿Cómo transita los cambios tecnológicos, la vida rodeada de pantallas?

Me enganché con todo. Y lo disfruto. He vivido la tecnología como un regalo que nos tocó.

Imaginate que en Rivera, durante años, primero tenía que ir caminando a la central de teléfono para hablar, para pedir la llamada, quedarme esperando para comunicarme. Y si te lo puedo contar, que era casada y con niños cuando pasaba eso, no fue hace tanto. ¿Cómo no me va a parecer impresionante que cuando tengo familiares lejos puedo hablar con ellos todos los días? La tecnología es milagrosa, y yo me zambullo.

Hay ambientes tenebrosos, como los niños o los jóvenes que se quedan solo encerrados en eso. Ese es el lado oscuro que puede tener todo esto. No verlo es desconocer la realidad. Pero yo creo que se pueden propiciar encuentros sensibles. Si ves el lado positivo de lo que te aporta, es una herramienta.

Fronteras atravesadas
Fronteras atravesadas. Fin de siglo, 144 paginas, 550 pesos.

Fronteras atravesadas. Fin de siglo, 144 paginas, 550 pesos.

En su segundo libro, Fronteras atravesadas, habla de fronteras geográficas pero también de las que aparecen a lo largo de la vida. ¿Cuál fue la más difícil de cruzar?

Me ennovié muy jovencita y me fui a vivir a la frontera, que era un mundo diverso y diferente. Luego me quedé sola con tres niños. Fueron etapas en que el esfuerzo de sacar adelante una familia, más lo económico, era el centro de mi existencia. Fue duro, de mucho empeño, pero muy disfrutable. Pasada esa etapa, quedé sola, con hijos en el entorno, pero pasé a vivir sola, a resolver sola, y elegí escribir, pintar, viajar en lo posible. Pero avanzar sola para mí significó un corte grande. Esa fue la mayor frontera, que me llevó a tener que volver a psicoanálisis para asumirlo. Yo no me lo imaginaba sin mi pareja, por ejemplo. Porque después de que me separé la primera vez de un compañero que habíamos iniciado el noviazgo cuando éramos niños, y me casé de nuevo, lo había encarado como que ese era el modo de vida, y bueno, el modo de vida no resultó ese, fue otro. Pero lo encaro así, de esa manera, con actividades que no he podido dejar de tener. En mi vida nunca hubo nada que saliera tal como lo planeado. Nada, nunca. El eje fue que me guiaran los afectos, lo más importante en la vida. Cierta seguridad económica también es fundamental, pero después, las amigas, los amigos, la familia; vivir dándole prioridad a eso.