La expresión que titula esta columna está entre comillas porque no se me ocurrió a mí (ni se me habría ocurrido).
La expresión que titula esta columna está entre comillas porque no se me ocurrió a mí (ni se me habría ocurrido); pertenece textualmente a unas declaraciones públicas del ministro del Interior, el doctor Negro
La expresión que titula esta columna está entre comillas porque no se me ocurrió a mí (ni se me habría ocurrido).
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPertenece textualmente a unas declaraciones públicas del ministro del Interior, el doctor Negro, las que, más que a un ministro, pertenecen a la refinada retórica de un exfiscal, de pulida habla y de más que sutil expresividad.
Las pronunció en oportunidad de ser entrevistado por los medios, tras el horrendo asesinato de un niño de 12 años con motivo de una venganza narco, en medio de las alborotadas picadas de hace unos días. El jerarca respondió con esos sofisticados vocablos a la pregunta de un periodista acerca del inminente uso de las tanquetas militares en la actividad represora de la delincuencia y su finalidad. Las tanquetas son —dijo el jerarca— para combatir “la problemática de la letalidad”.
Estas expresiones tranquilizaron a los delincuentes que operan en el narcotráfico, ya que, en algún asadito de confraternidad con colegas, en los que estaban tramando la próxima vendetta contra otra familia enemiga, alguno de ellos le habrá dicho a otro “no te preocupes, bo, por ahora los pintas estos están pa’ una cosa que se llama la problemática de la letalidá, que ni ahí sé lo que quiere decir, pero en todo caso no tiene nada que ver con el combate a los delincuentes como nosotro. Tranquilo, y servime otra birra, bo”.
Lo peor de esta interesante iniciativa del ministro fue que, ni bien se puso en práctica y la primera tanqueta, conducida por inteligentes policías que en apenas dos semanas aprendieron a manejar tanques, salió a hacer pruebas, se estropeó: se le rompieron unas mangueras del motor, se trancó el freno de mano y marchó rapidito para el taller.
Claro que la arreglaron, y tanto esa nave insignia como sus otras colegas militares tuneadas de policía salieron a recorrer la ciudad para darle duro a la letalidad con el “policiamiento”, otra de las expresiones que utiliza con frecuencia don Negro.
Una de ellas llevaba a bordo unos cuantos agentes armados hasta los dientes y recorrió un par de barrios problemáticos a plena luz del día. Los vecinos las veían y se alejaban raudos del curioso engendro, causándoles a los vigilantes la sorpresa de verlos alejarse corriendo. Por fin, uno de los ocupantes de la tanqueta se dio cuenta de lo que estaba pasando al notar que, en el retrete que tiene para que sus ocupantes puedan hacer sus necesidades, faltaba la tapa inferior por la que se desagota el contenido. Los represores de la letalidad, a su paso por el barrio, iban dejando un rastro nada amigable, que hacía que los vecinos rajaran para sus casas para alejarse del desastre ecológico que dejaba la tanqueta.
Otro de los vehículos, cuyo conductor creyó que iba manejando un patrullero, hizo una curva muy cerrada cuando circulaba junto a una feria barrial y se llevó puesto un carrito de chorizos, desparramando su contenido, pero afortunadamente sin que hubiera víctimas. Apenas un revolcón del choricero y unas magulladuras en los brazos de la ayudante, pero nada más. Sin contar el carrito, claro, que quedó seriamente dañado.
Por fin, los policías, al cabo de una jornada llena de inconvenientes y malos ratos, se juntaron entre ellos, sin la presencia de sus jefes, para analizar la situación y cambiar ideas sobre el futuro. Hicieron un asadito en la casa de uno de ellos y aprovecharon para brindar por el nuevo armamento con unas botellas de vino (unas cuantas botellas) que el dueño de casa tenía guardadas en el fondo de su casa.
A eso de las dos de la mañana, con el espíritu alegre y entusiasta gracias al vinacho tinto que se habían tomado, a uno de ellos se le ocurrió una idea genial, la cual fue apoyada por todos los presentes. Gracias a que uno de ellos tenía la llave del galpón en el que estaban guardadas las tanquetas, marcharon alegremente a buscarlas, con el fin de aprovechar la hora y la oscuridad y llevar a cabo una picada de tanquetas.
Se las llevaron a la rambla ahí a la altura del Teatro de Verano, y sonrieron al ver y comprobar que no había nadie en la vuelta.
Aprontaron las tanquetas en línea y, al sonido de un silbato que llevaba el autor de la idea, las tanquetas salieron raudas por la rambla en dirección a Punta Carretas, a toda la velocidad a la que pueden andar esos paquidermos blindados.
Hubo un par de roces cuando una de las tanquetas trató de superar a la que venía a su lado, y otras dos, para evitar un choque con estas dos, se subieron a la vereda y siguieron la carrera por la acera, en la que por suerte no venía trotando algún maratonista en modo entrenamiento.
Lo peor fue cuando se enfrentaron a tres motos que venían en sentido contrario, rumbo al Parque Rodó. Les pasaron por arriba y ni se detuvieron para ver lo que había quedado atrás.
Cuando el presidente Orsi se enteró de este zafarrancho, decidió tomar una medida radical y, lejos de pedirle la renuncia al ministro, decidió darle otro destino (en este gabinete ministerial no se despide a nadie) designándolo canciller de la República, para que pusiera toda su imaginación en la conducción de la política exterior del país, que viene tan desequilibrada e incierta como la picada de las tanquetas. La problemática de la letalidad quedaba, pues, a salvo.
Cuando la prensa le consultó al presidente cuál sería, entonces, el nuevo destino del canciller Lubetkin, si se trataba de un trueque y se integraría al gabinete como ministro del Interior, el primer mandatario dijo que ese no sería el caso, ya que Lubetkin había recibido una oferta para integrarse al Cirque du Soleil como equilibrista en la cuerda floja y la había aceptado con entusiasmo. Fernando Pereira sería el nuevo ministro del Interior.
Todo va a funcionar mejor a partir de ahora, ya lo revelarán las encuestas.