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El Pacha y Jorgito no la tienen fácil. Cada vez que el Yama abre la boca (y que la abre, la abre, por más que no sea fácil descifrar sus alocuciones) a ellos se les tranca la tarea, porque hay que rebobinar y “sacar el partido” como sea, remándola con estoicismo.
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Después de la más extraordinaria alocución del presidente en lo que va de su mandato (no es preciso decir que fue el show de la conferencia de prensa por el caso Cardama) hubo que salir a remendar los alambrados, porque la confusión creada fue, por lo menos, significativa.
El presidente habló tres minutos, por primera (y única) vez en primera persona (“he decidido rescindir el contrato que…”) y el resto de las alocuciones se las llevaron los otros dos integrantes del trío Los Pachos (hace tiempo hubo un trío de música melódica y tiernos boleros que se llamaba Los Panchos, pero esa es otra historia). Al presidente lo interrogaron los periodistas días más tarde al salir de un evento público, y le preguntaron cómo se resolvía ahora lo del entuerto de Cardama y sus ulteriores consecuencias, y el mismo que había dicho “¡he decidido!” dijo entonces “¡y yo qué sé!”.
Los Pachos ahora tienen que reunirse a cada rato para ver cómo desandan estos enredos informativos fruto del cortocircuito que se le descarga en la mente a este hombre bueno, simpático, honesto y generoso que es el presidente cada vez que emite algún sonido o realiza un comentario en su calidad de tal.
Las expresiones “y yo qué sé”, “vamos a ver, porque ese es un tema delicado”, “habrá que ir viendo por dónde viene la cosa” y “eso merece un análisis, y veremos por dónde enfocamos el asunto” registran un centenar de comentarios por los más diversos temas, que van desde las lanchas patrulleras hasta la plantación de plátanos estériles que no larguen pelusa, pasando por la oficina de la ANII en Jerusalén, el cambio climático que causa la primavera ventosa, lluviosa y cálida y la invasión de Rusia a Ucrania.
—Hay que buscarle una solución a este tema, aunque sea temporaria, porque así no podemos seguir —le dijo el Pacha a Jorgito mientras compartían unos mates en el piso 10 de la Torre Ejecutiva, donde tienen instalada su zona de encuentro, control y supervisión general, con computadoras, cámaras, grabadores, micrófonos y pantallas con sensores de estados de ánimo, justo debajo del despacho del Yama en el piso 11. Después de evaluar algunas ideas que a ambos les parecieron muy locas, al fin ambas mentes lúcidas creyeron haber dado con la solución, que estaba claro que no sería definitiva, pero podría ayudar a enderezar el rumbo.
—Mirá —dijo Jorgito, a quien sin duda se lo oye menos que al Pacha, pero piensa más—, estamos de acuerdo en que tenemos que sacárnoslo de encima al menos por seis meses, prorrogables por otros seis, y después vemos —enfatizó mientras el Pacha se aprestaba a esbozar el plan.
—Tenemos que armarlo bien —dijo el Pacha—, porque en todo caso no va a ser sencillo. Le proponemos una licencia con goce de sueldo por seis meses, alojado en Anchorena, con servicio de canilla libre de pizza y fainá, evitando eso de los ojos de bife asados con ensalada de hojas de rúcula, kale, aguacate y semillas de girasol, con salsa de jengibre y aceto balsámico, que lo complican. Vamos por lo que más lo tiente, así facilitamos las cosas.
—Tenemos que agregarle que van a estar listas la piscina y las lanchas para navegar por el San Salvador —agregó Jorgito— y…
—¡Por el amor de Dios y del Pepe, no me hablés de lanchas al menos por dos años! —vociferó el Pacha—. Le decimos que habrá botes para pasear con los niños y pescar alguna mojarrita, y eso le va a gustar, en fija.
Los dos jerarcas prosiguieron armando los detalles del complejo proyecto que estaban pergeñando, que pasaba por explicarle que, junto con la licencia, él delegaría en ellos dos la firma de los decretos del Poder Ejecutivo y los proyectos de ley a enviar al Parlamento. La representatividad interna en actos oficiales, cortes de cintas y demás kermeses quedaba delegada en manos del Pacha, y la representatividad exterior quedaba en el canciller Lubetkin, quien asistiría a todos los foros (dije foros, no forros) de inutilidad probada, tales como la Celac, el Comité Mercosur-Unión Europea, la Cepal, el C20, el grupo de Santa Marta, y el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en oportunidad del traspaso de la presidencia de Venezuela a Nicaragua, y demás ceremonias de parecida jerarquía.
Jorgito, que es el asesor letrado del grupo, quedó en redactar el texto del extenso decreto que confirmaría este hallazgo institucional de la licencia presidencial con delegación, que sin duda despertaría la admiración de todos los países del mundo, y utilizaría la misma fórmula jurídica con la que decidió rescindir el contrato con Cardama y denunciar ante la Justicia penal a los gallegos por estafa y fraude, a pesar de que el contrato se viene cumpliendo normalmente.
—El tema va a ser la oposición, que va a poner el grito en el cielo —dijo el siempre más prudente Pacha y agregó—: van a pedir que se evalúe la constitucionalidad de un engendro como el que estamos proponiendo, y hay que pensar en eso también.
—No hay drama —contestó Jorgito—. Ni bien pidan que se analice el respeto a la constitución y la ética de semejante innovación, se lo mandamos a la Jutep.
—Pero la sala de abogados la va a hacer trizas, vas a rebotar seguro —insistió el Pacha.
—No problem —replicó Jorgito, muy seguro de sí mismo—, bajo nuestro gobierno los dictámenes de la sala de abogados de la Jutep son meros insumos a considerar, pero no son vinculantes. El tema va a directorio, y es como en Maracaná: volvemos a ganar 2 a 1.