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Audrey Hepburn: intimidades de la mujer detrás del ícono en una biografía escrita por su hijo

Sean Hepburn Ferrer, el hijo mayor de la protagonista de Desayuno en Tiffany’s, es el autor de Audrey íntima, la biografía autorizada de su madre. Un recorrido por recuerdos personales desconocidos hasta el momento, que completan la historia de una mujer fuera de lo común

Se han escrito más de 300 libros que relatan e indagan en la vida de Audrey Hepburn. Ganó un Oscar, protagonizó Desayuno en Tiffany’s y es considerada un ícono de la moda y símbolo de talento.

Pero la actriz, posiblemente una de las mujeres más fotografiadas del siglo XX, se ganó la admiración y el cariño de todo el mundo por sus rasgos más personales y menos profesionales: su humanidad, su modestia y su papel de madre de sus dos hijos. “Era una persona normal. Mientras en el firmamento hay una Elizabeth Taylor vestida de Cleopatra, intocable, mi madre es la chica de la puerta de enfrente del pasillo que sale al mundo con un vestidito negro. Es una de nosotros”, señaló su hijo mayor, Sean Hepburn Ferrer, en entrevista con Elle.

La pluma de su primogénito es, justamente, la razón por la que Audrey Hepburn volvió a estar en boca de todos por estos días. De la mano de la biógrafa Wendy Holden, Hepburn Ferrer publicó Audrey íntima: la biografía autorizada, un libro que pretende mostrar a la verdadera mujer detrás de la leyenda, a la joven que vio frustrado su sueño de convertirse en bailarina, que fue abandonada por su padre y logró salir adelante tras la Segunda Guerra Mundial.

Fragilidad y determinación

Audrey Hepburn nació en Bruselas en 1929, y su infancia estuvo marcada por la separación de sus padres. Estudiaba en un internado de Inglaterra cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y su madre decidió que se trasladarían a Países Bajos, un espacio neutral donde consideró que estarían a salvo. Allí, la joven Hepburn atravesaría uno de los episodios más duros de su vida, por la dificultad de adaptarse a un país nuevo, la incertidumbre de la guerra y la posterior ocupación nazi en 1940. La familia de Audrey fue víctima, como tantos neerlandeses, de lo que se denominó “el invierno del hambre”. El país se sumió en un invierno extremo que, sumado a la destrucción de las vías de comunicación por la guerra, los canales congelados y el bloqueo de suministros por una huelga ferroviaria, provocó que 20.000 personas murieran de inanición entre 1944 y 1945.

Sin embargo, Países Bajos también supuso para Audrey Hepburn el despertar de su vocación como bailarina, lo que mantuvo vivo su ánimo durante un período tan oscuro.

La actriz nunca fue partidaria de ahondar en esta época de su vida en sus declaraciones públicas; ella prefería charlar sobre su carrera profesional y no tanto sobre su vida personal, pero a esto se unía el hecho incómodo de que sus padres fueran simpatizantes de los nazis.

Audrey Hepburn
Su última pareja y quien la acompañó durante su batalla contra el cáncer fue el actor neerlandés Robert Wolders.

Su última pareja y quien la acompañó durante su batalla contra el cáncer fue el actor neerlandés Robert Wolders.

Las privaciones de la guerra llevaron a la joven Hepburn a enfermar de anemia y desnutrición, lo que le dejó secuelas físicas y psicológicas que arrastraría de por vida y llevó por delante su sueño de ser bailarina. Pero su determinación hizo que no abandonara el mundo de la cultura y el arte, y optó por la interpretación.

Esta etapa de la vida de la actriz fue recogida por el cómic La guerra de Audrey, publicado por Planeta en 2025 y realizado por Salva Rubio, escritor y doctor en Historia y Artes por la Universidad de Granada, y Loreto Aroca, dibujante e ilustradora. Se trata de una publicación que honra la resiliencia de Hepburn y explica su apariencia frágil y la fuerte determinación que la caracterizó hasta el final.

La vida bella de Hollywood y la maternidad a los 40. Su decisión de convertirse en actriz la llevó a participar en pequeños papeles de producciones cinematográficas europeas sin demasiada repercusión. Pero fue la escritora francesa Colette quien la descubrió en una de estas producciones y la eligió para protagonizar Gigi, en la adaptación de su novela al teatro que realizó Anita Loos en 1951.

Su actuación en Broadway fue tan brillante que el realizador William Wyler la eligió para protagonizar Vacaciones en Roma (1953). Este primer trabajo de la actriz junto a Gregory Peck, que entonces estaba en la cima de su carrera, le valió su primer Oscar y el lanzamiento definitivo de su carrera como actriz.

Su segunda película en Hollywood se estrenó al año siguiente. Sabrina, uno de los clásicos de Billy Wilder, reunió a Humphrey Bogart, Audrey Hepburn y William Holden. La película fue candidata en 1955 a seis premios Oscar, entre ellos, Mejor actriz para Audrey Hepburn y Mejor director. Finalmente, la estatuilla fue para el mejor vestuario, lo que llevó a la actriz, además, a convertirse en un ícono de elegancia y estilo.

Audrey Hepburn
En un viaje como embajadora de Unicef.

En un viaje como embajadora de Unicef.

Por entonces, la artista cumplía 26 años y ya estaba casada con Mel Ferrer, su primer marido, también actor y 12 años mayor que ella. Trabajaron juntos en Broadway en la obra Ondine (Alfred Lunt, 1954), lo que le valió a Hepburn un Tony como Mejor actriz de teatro.

El triunfo de la actriz fue tan meteórico como el control férreo de Mel Ferrer sobre su carrera. Este hecho, unido a unos importantes celos profesionales por parte del actor, acabaron por deteriorar la relación y llevaron al divorcio en 1968. Fruto de este matrimonio nació Sean.

Durante los años compartidos con Ferrer, la actriz había protagonizado los principales papeles de su carrera: Desayuno en Tiffany’s (Blake Edwards, 1961), por el que ganaría el Globo de Oro; Charada (Stanley Donen, 1963), o My Fair Lady (George Cukor, 1964), que le valieron la nominación al Bafta y de nuevo al Globo de Oro como Mejor actriz, respectivamente.

Su segundo esposo fue Andrea Dotti, un psiquiatra italiano que se enamoró de ella en un crucero en el que compartían amigos en común. De esta relación nació su segundo hijo, Luca, cuando Hepburn tenía 40 años.

Fue en ese momento que la actriz decidió alejarse de los focos de Hollywood y se dedicó a su vida familiar. Realizó películas de menor presupuesto y se retiró a un pueblo de Suiza para disfrutar de su familia, un deseo que Audrey Hepburn quería ver cumplido tras haber vivido una infancia desestructurada.

La labor humanitaria en Unicef

Mientras ella buscaba una vida tranquila y familiar, Dotti frecuentaba fiestas en Roma. Se dice que mantuvo romances con unas 200 mujeres mientras estuvo casado con Hepburn. Tras el fracaso de su segundo matrimonio debido a las constantes infidelidades, la vida de Audrey Hepburn transcurrió en Suiza junto a sus hijos, sus perros y rodeada de naturaleza. Solo volvió a la vida pública para llevar a cabo su labor humanitaria con Unicef, hasta su muerte por cáncer en 1993.

Acerca de sus viajes humanitarios, su hijo relató a Elle que “volvía agobiada y cansada”. “La animábamos a que se tomara un descanso y ella decía: ‘Después pararé’. Y así estuvo cinco años. Obviamente, la veíamos agotada por el tipo de enfermedad que tenía, ya que el pseudomixoma peritoneal (PMP) —una rara enfermedad oncológica— crece lentamente. Como embajadora de Unicef, ella creía que era posible cambiar, pero dándole herramientas a la gente: educación para los niños, la aportación de un 1,5% del PIB global del mundo. Mi madre luchó mucho por los derechos de la infancia, el histórico documento de Naciones Unidas”.

Los recuerdos de una infancia en guerra la acompañaron toda su vida y, junto con la ONG internacional, tuvo la oportunidad de visibilizar, en aquellos años, el sufrimiento de los niños en los países más devastados del planeta.

Se convirtió en la primera estrella de Hollywood que aprovechó su proyección pública para recaudar fondos por los derechos de los niños en situaciones de guerra y hambre. Por esta labor fue condecorada con la máxima distinción civil de Estados Unidos, la Medalla Presidencial de la Libertad, que le entregó el presidente George H. W. Bush en 1992.

Junto a ella, en la última década de su vida, siempre estuvo Robert Wolders, su última pareja. La acompañó en sus viajes humanitarios, compartiendo la misma sensibilidad social, y estuvo a su lado hasta la muerte de la actriz. Unos meses antes había visitado Somalia, país asolado por una gran hambruna. La imagen de la actriz sosteniendo en brazos a los niños desnutridos fue la última que pudieron ver espectadores de todo el mundo.

Audrey Hepburn fue en pantalla princesa, viuda, prostituta, ciega o beatnik. En la retina de su legión de fanáticos siempre quedará su encanto único y un estilo minimalista que sigue inspirando a nuevas generaciones.

Morena, delgada y de pelo corto, su imagen era la antítesis de la voluptuosidad de otras actrices de Hollywood; sin embargo, durante el tiempo que dedicó a su vida profesional, su luz fue de las más brillantes.

En el libro Audrey íntima, publicado por Planeta, su hijo logra bajar a tierra a esta mujer que, como él dice, “aunque es un mito, pertenece a todos”.

FUENTE:A partir de EFE