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Cristina Fernández y Washington Carrasco celebran 50 años de amor y música

El dúo celebra 50 años de trayectoria el viernes 13 y el sábado 14 de noviembre en el Teatro Solís, junto a músicos amigos

Coordinadora de Sociales

Su hogar atesora una vida entera, es el escenario donde conviven la música y el arte con sus recuerdos personales, desde antiguas fotografías y reconocimientos hasta el delicado legado familiar de las tazas de Limoges. La casa de Cristina Fernández y Washington Carrasco, en el barrio Cordón, es un refugio de memorias íntimas y también compartidas con amigos, referentes de la canción y poetas.

En 1976, Washington y Cristina unieron sus caminos artísticos consolidando un dúo símbolo de la resistencia y referente de la canción popular en Uruguay. Washington ya tenía 12 años de trayectoria y ocho discos, y Cristina había crecido en un entorno con fuerte tradición musical mientras desarrollaba su carrera profesional como docente de educación física.

Nacido en plena dictadura, el dúo logró sortear los obstáculos de la época, la censura y diversas prohibiciones. Aunque a menudo a Carrasco se le impedía actuar, la solidaridad de sus colegas aseguraba que el canto de Cristina no se apagara en los escenarios.

Tanto en sus etapas solistas como en su posterior faceta conjunta, se enfocaron en preservar la poesía y los ritmos de culturas latinoamericanas, así como las tradiciones gallegas, un homenaje a las raíces familiares de Cristina. Indudablemente, la poesía actuó como el lazo fundamental que los unió, con un protagonismo especial de los textos de Federico García Lorca, un autor imprescindible en sus espectáculos.

Su vínculo sentimental se consolidó tras superar sus propios “naufragios” y se casaron por civil en 2005, años después de haber iniciado su convivencia. La discreta boda fue impulsada por la actriz, directora de teatro y abogada Nelly Goitiño, por ese entonces presidenta del Consejo Directivo del Sodre, organismo que Cristina también integraba.

El viernes 13 y el sábado 14, Cristina Fernández y Washington Carrasco celebrarán medio siglo juntos en el Teatro Solís, su “segunda casa”. En esta oportunidad, en dos horas de concierto condensarán un repertorio que contará con varios artistas e incluso un “invitado europeo”, con quien Cristina tiene una conexión especial. Por si fuera poco, la fecha inaugural coincide con su cumpleaños.

Su amor individual por la poesía entrelazó sus destinos. ¿Cuándo se vieron por primera vez?

Cristina Fernández: Él tenía su carrera y yo era profesional de educación física, pero además siempre canté. Mi padre fue actor, director de coro y en casa todos éramos muy cantores. Con mi hermana también teníamos un grupo que después seguí, con mi amiga Siboney Montaldo (con quien integraba el dúo Canta Dos). La primera vez que nos vimos fue en Radio Sport, él promocionaba el espectáculo Quererte como te quiero sobre Federico García Lorca, que realizaba con Leonor Álvarez y Juan Gentile, y nosotras habíamos ido a promocionar nuestro espectáculo en AEBU, un bastión en la época de la dictadura. Entonces nos invitó a nosotras dos, a Canta Dos, a verlo. Fui con resquemor, pensando “¿qué puede hacer un folclorista cantando a Federico?”. Y me encantó porque no se hacía el español, era su música ensamblada con la poesía. Al terminar lo fui a saludar y a felicitar.

Washington Carrasco: Y yo le pedí el teléfono.

C. F.: Nosotras también lo invitamos a nuestro espectáculo y ahí fue el primer contacto, en el año 75 más o menos, y en el 76 él armó el espectáculo Inticanto, con Siboney Montaldo y con el gran músico Daniel Queirós.

En esa época no era común un dúo mujer-hombre. ¿Cómo amalgamaron sus carreras?

C. F.: Sí, casi todos eran dúos de hombres. Los Vidalín, Los Olimareños, Los Zucará, Larbanois-Carrero. Entonces, nosotros llamábamos la atención.

W. C.: No éramos tan diferentes. Cristina cantaba folclore y poesía, yo venía del folclore, canto popular y poesía, además, tenía mi repertorio, en aquel momento componía mis canciones.

C. F.: Después se dedicó más a la musicalización de la poesía, y yo además traía otra veta, que también hacemos juntos, la música gallega. Washington fue un poco el culpable de que yo integrara esas canciones, que las hacía solamente para la colectividad gallega. En aquellos tiempos de la dictadura teníamos que presentar las letras por triplicado, yo las escribía en gallego y, como no las entendían, esos poetas decían lo que nos estaba pasando a nosotros acá.

¿En qué momento se enteraban de la censura a Washington?

C. F.: Las prohibiciones llegaban a su casa una hora antes de presentarnos. Nosotros queríamos que la gente supiera que había sido prohibido, entonces el espectáculo se hacía gracias a que muchos compañeros del canto —como Rubén Olivera, Toto Méndez, Gabriel García, Carlos Vicente, Gustavo Fernández— habían aprendido parte de nuestra repertorio y me acompañaban mientras se iluminaba una silla con la guitarra como símbolo. Era rarísimo, porque nos prohibían en el Estadio Centenario o en un club, pero no nos prohibían en un teatro; por eso el Teatro del Centro fue como nuestro lugar, porque hicimos espectáculos que duraron siete meses en cartel.

Esa fue otra faceta, los espectáculos músico-teatrales, como Amor, sol y sombra, que Cristina protagonizó con Antonio Taco Larreta. ¿Les queda alguien por compartir escenario?

C. F.: Hicimos muchos espectáculos con actores, de los que no se sabe tanto. Nos encantaba la voz hablada y la voz cantada, así, abrazadas. Hicimos con Taco Larreta, Estela Castro, Nelly Goitiño, Leonor Álvarez espectáculos que duraban toda la temporada.

W. C.: Durante siete meses hacíamos funciones los viernes, sábados, domingos y el lunes era popular. Cuatro días a la semana, siempre lleno, y eso que era una época jorobadísima. Nosotros no grabamos hasta 1982, o sea, desde el 76 al 82 solo hicimos espectáculos porque queríamos tener contacto con la gente.

¿Y qué canción resume el espíritu del dúo?

C. F.: Muchas. Nunca hicimos concesiones con las canciones, ningún productor nunca nos impuso qué cantar, ni productor ni discográfica. Siempre hicimos lo que nos gustaba y por suerte también le gusta a la gente, si no, no estaríamos cumpliendo los 50 años.

Los textos de Federico García Lorca siempre han estado presentes.

C. F.: Sí, además Lorca es nuestro Cupido, fue el que nos unió. Como contaba al principio, fui a ver a Washington a su espectáculo Quererte como te quiero, sobre Federico García Lorca. Lo curioso es que los dos estudiamos con Daniel Viglietti, pero nunca nos habíamos cruzado.

W. C.: Viglietti siempre decía que él había sido nuestro Cupido.

C. F.: Ahora, nuestra canción emblemática es El romance del enamorado y la muerte, que estrenamos en Canelones. La cantamos como estreno y fue tan grande el aplauso, tan impresionante, que la tuvimos que repetir dos veces y de nuevo en el bis. Nunca nos pasó de tener que cantar tres veces la misma canción en un espectáculo. Ahí dijimos “acá pasa algo”. Mucha gente nos reconoce por El enamorado y nos piden que esté en el repertorio. Si hay una canción emblemática, es esa.

¿Qué enseñanza les dejó Viglietti?

C. F.: Una rigurosidad impresionante, que había que trabajar, trabajar y trabajar. Yo fui a clase de muy joven, 17 o 18 años, era medio inconsciente. Llegué y le dije “mirá lo que canto”, y me puse a cantar delante de Daniel Viglietti. Él me dijo: “Está muy lindo, muy bien, pero tenés que aprender solfeo”. Y aprendí todo lo que nos enseñó.

¿Qué aconsejarían a jóvenes que aspiran a dedicarse a la música?

C. F.: Que sin trabajo no existe nada. Podrás tener un “éxito”, podrás tener reconocimiento, pero si no trabajás no vas a perdurar.

W. C.: Ahora la juventud tiene muchas posibilidades, mucha tecnología, y eso es fantástico. Nosotros no teníamos nada, teníamos que ir a los libros. Pero teníamos una ventaja en relacióncon la juventud de ahora: escuchábamos muchísima música en la radio. Antes pasaban música italiana, francesa, mexicana, latinoamericana, y ahora se escucha solamente inglés.

Este festejo de 50 años de carrera también es una celebración de vida de pareja. ¿Cuándo se casaron?

C. F.: Nosotros venimos de dos naufragios. Él estaba casado y tenía dos hijas y yo también venía de un matrimonio. Nos casamos muchos años después porque él me había propuesto casamiento y yo me olvidé.

Nelly Goitino fue testigo del casamiento de Cristina y Washington el 8 de noviembre de 2005.

Nelly Goitino fue testigo del casamiento de Cristina y Washington el 8 de noviembre de 2005.

¿Cómo que se olvidó?

C. F.: Una amiga me decía que solo yo podía olvidarme.

W. C.: ¿Y sabés quién fue la promotora? Nelly Goitiño. Fue testigo de nuestro casamiento, también su hermana y su marido.

C. F.: En ese momento yo había sido nombrada por (el entonces presidente de la República) Tabaré Vázquez para integrar el Consejo Directivo del Sodre, en el que estaban la divina de Nelly Goitiño y Fernando Condon. Ella me decía: “Casate, Cristina”. En ese momento, las oficinas del Sodre estaban en Sarandí y Misiones, al lado del Registro Civil, y todos los días veíamos a la gente tirando arroz. Tanto hizo que el 8 de noviembre del 2005 nos casamos. Pero ya teníamos esta casa y una vida juntos. La verdad es que no tenía interés en casarme, ya había probado una vez. No le dijimos a nadie que nos casábamos, ni siquiera a las hijas de Washington; no queríamos fiesta ni nada. Pero la noticia salió en el informativo porque un poco antes se había casado José Mujica con Lucía Topolansky. Ahí nos llamaron las nenas de Washington.

¿Y cuál es el secreto para ser felices por 50 años? Convivir es difícil y trabajar juntos debe serlo aún más.

C. F.: No hay secreto. Nosotros conocemos cantidad de parejas que trabajan en lo mismo y siguen juntas y conozco otras que tienen profesiones distintas y están separadas. Quizás ese sea el secreto: el hacer y el estar juntos.

¿Será que los dos cocinan muy bien?

W. C.: Ni que hablar. Cristina hace la tortilla más rica.

C. F.: Eso dicen los músicos porque me quieren. Me encantan la cocina y la comida gallega, hago empanada gallega, tortilla, ajadas, mariscos, todo.

El amor por Galicia trasciende la música…

C. F.: Yo tengo dos discos editados en Galicia en gallego, y una de las veces que viajé por la edición un productor me propuso quedarme a trabajar: me ponía un piso, me daba una orquesta, todo. No podían creer que yo cantara tan bien por fonética y que hablara como si hubiera nacido allá. Pero como buena uruguaya me tiraba más el país y me volví. Pero la respuesta que tuve de Galicia siempre fue maravillosa.

¿Y nunca se arrepintió?

C. F.: Siempre me acuerdo de (Joan Manuel) Serrat, a quien admiro y nos queremos muchísimo, que en una canción dice que “los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio”; no nos dejan irnos, tenemos ese arraigo. Nosotros hicimos una gira por Japón, estuvimos 42 días y hasta los 21 días la bancamos bien, pero después lloraba a diario por volver. Imagínate si me hubiera quedado en Galicia.

Joan Manuel Serrat, amigo de la pareja, invitó a Cristina a cantar Es capricho el azar en el Sodre.

Joan Manuel Serrat, amigo de la pareja, invitó a Cristina a cantar Es capricho el azar en el Sodre.

¿Cómo fue actuar con Serrat?

C. F.: Somos muy amigos y me invitó a cantar hace como nueve años. Canté seis días con él en el Sodre. Fue muy generoso en el escenario. Sumamente generoso.

W. C.: Nos conocimos después de la dictadura, y a partir de ahí quedamos amigos. Cada vez que venía nos invitaba y después íbamos a comer con él.

C. F.: Si me pongo nerviosa cuando cantamos nosotros, imagínate cómo me puse con Serrat, y él se dio cuenta; subió al camarín y me tranquilizó. Menos mal que nunca me tiembla la voz, salió bárbaro.

¿Y cuáles son los momentos que disfrutan más juntos?

C. F.: Cuando no estamos cantando o ensayando nos gusta estar en casa, somos bien caseros, la pasamos bien juntos.

W. C.: Yo pinto.

C. F.: Y yo le cebo mate, por ejemplo. Me gusta estar viendo lo que él hace. Y él también interviene conmigo. Además me enseñó a hacer guisos, feijoada, que la hacía riquísima. También leemos mucho. Somos felices estando juntos.

W. C.: En nuestra casa tenemos todo lo que nos gusta. Abajo están mis máquinas de grabación y arriba, el taller de pintura. A los muchachos les digo que cuando salgo a 18 de Julio parezco un tropero del medio del campo, porque voy tropezando con la gente. Estando acá perdés la noción de todo. La pasamos bien.

Esta casa es su refugio, lugar de trabajo, hogar. ¿Cómo la encontraron?

W. C.: Después de mucho buscar apareció un aviso en el diario: “Casita en mal estado”.

C. F.: No daba ganas de verla, pero nos interesó la zona, y cuando llegamos nos gustó la puerta de calle.

W. C.: Cuando entramos era espantosa, estaba en muy mal estado. Este living no existía, la ventana estaba donde la puerta, había un corredor que no tenía sentido y abajo había un sótano. Empezamos a ordenar, le hicimos esta arcada, tiramos paredes, abrimos el techo para que nos diera luz; hasta encontramos un espacio abajo que estaba cerrado y se transformó en la cabina de grabación. Estuvimos cuatro años de reformas.

C. F.: Mi hermano nos decía que siguiéramos cavando que capaz encontrábamos el tesoro de las Masilotti.

¿Y qué esperan para los espectáculos de los días 13 y 14?

C. F.: Nosotros esperamos que se llene el Solís. Tenemos un cierto público que son nuestros seguidores, que ya sabemos que van a estar, que siempre nos piden que les avisemos cuando vamos a presentarnos. Y que son divinos.

W. C.: Sabemos que viene gente de Rivera, de Tala, de Salto, de Colonia, Carmelo, de Canelones. Ya son nuestros amigos; cuando vamos al interior nos invitan a comer a sus casas; después de tantos años se formó una relación.

¿Qué significa celebrar los 50 años en un escenario tan emblemático como el Teatro Solís?

W. C.: El Solís es un poco como nuestra casa. El director Martín Jorge nos propuso hacer un librillo, una especie de programa con nuestra historia.

C. F.: O sea, no es el programa habitual. Será un librillo de 30 páginas con fotos, tapas de discos, completo.

W. C.: El otro día estábamos pensando cuántas veces estuvimos en el Teatro Solís. Desde el 80, ellos tienen contabilizadas unas 16 veces, pero estuvimos muchas más como solistas e invitados.

C. F.: El Solís es divino, la sala se impone por su belleza. El Solís es un abrazo, porque al tener los palcos tan cerquita del escenario sentís como que la gente te está abrazando. Entro al Solís y siento su perfume, de la madera, del terciopelo, de las sillas, todo es bello ahí. Además, la historia que tiene para mí es especial, por mi padre actor; él comenzó en la Comedia Nacional.

¿Qué pensaron para el repertorio?

C. F.: Eso fue lo más difícil, tratar de condensar 50 años de canciones en una hora y media, dos horas máximo. Además, el 13 es mi cumpleaños, entonces festejamos todo.

Por supuesto que habrá algún texto de Lorca.

C. F.: Va a estar Lorca, Atahualpa Yupanqui…

W. C.: De Lorca hacemos un pequeño homenaje porque se están cumpliendo los 90 años de su asesinato y habrá muchas sorpresas, aparte de los invitados. A esta altura ya podemos anunciar que estarán Carlos Benavides, Numa Moraes, Mónica Navarro, Mauricio Ubal, Las Pandereteiras y Dúo Tantomán. Y un invitado que viene de Europa.