El triunfo de Lula fue celebrado por la izquierda regional, pero los desafíos que tiene por delante su gobierno pronostican unos próximos años complicados, según el analista Óliver Stuenkel.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva (c), reacciona junto a su esposa Rosângela da Silva (i) y el vicepresidente, Geraldo Alckmin (d), durante un discurso al ganar las elecciones presidenciales de Brasil el domingo 25 de octubre de 2026, en el Hotel Intercontinental en Sao Paulo (Brasil).
El voto a voto del PT y el FA
La celebración en el FA respondió no solo al vínculo con el gobierno de Lula, sino también al contraste entre la expectativa de una derrota irreversible y el resultado final favorable.
Lula llegó a la segunda vuelta después de recibir 45,16% de los votos en primera vuelta el 4 de octubre, detrás de Bolsonaro, que obtuvo 47,03%. En un contexto internacional donde los oficialismos suelen perder las elecciones y en la región aumentan los gobiernos de derecha, la suerte parecía echada.
Sin embargo, el domingo 25 cerró con una victoria de Lula, quien comenzará en enero su cuarto mandato tras conseguir 51,7% de los votos, frente al 48,3% del senador de derecha. El presidente cosechó 4,4 millones de votos más que su rival en el balotaje.
Apenas terminó la elección, comenzaron los análisis. Stuenkel, politólogo y columnista de Estadão, dijo a Búsqueda que el resultado en primera vuelta había tenido efectos opuestos en las campañas de Bolsonaro y de Lula, lo que después se vio reflejado en sus campañas.
“La derrota en la primera vuelta fue un choque para el gobierno, realmente Lula creía que iba a ganar en la primera vuelta, lo que muestra también una peligrosa desconexión con el país”, evaluó Stuenkel. Tras el golpe, la campaña oficialista, que había sido “muy mal organizada y con tensión entre sus asesores”, cambió de manera radical.
“La izquierda se organizó, se movilizó. Se notó un cambio muy grande en los grupos de izquierda, que se energizó. El canal de WhatsApp conocido como Ejécito de Lula, con unos 10 millones de personas, fue un ejemplo, pero apenas uno de muchos ejemplos de organización diaria, con videos hechos para viralizar”, relató Stuenkel.
La nueva estrategia digital fue comandada por el diputado André Janones. En su discurso tras conocer el resultado, el propio Lula dejó clara la importancia que le asigna a ese dirigente. “Quiero aprovechar que está acá mi general Janones para decir lo siguiente: dudo de que Rusia, China o Estados Unidos tengan un ejército tan victorioso como el ejército de la democracia de este país. Un abrazo a los soldados y a las soldadas de nuestro ejército”, arengó emocionado, antes de bajar el micrófono.
André Janones, el “general” del ejército digital de Lula en Brasil.
AFP
En los 21 días que separaron la primera vuelta del balotaje, Janones se encargó de orientar digitalmente a la militancia del PT. “¡Personal, urgente! Hagan que esta foto sea la que más ‘me gusta’ acumule en la vida de Lulinha”. “Hagan que explote este video”. “Mándenle esto a un indeciso”. “Avísenle al país entero que somos el mayor ejército democrático del mundo”.
La estrategia del diputado de Minas Gerais, plasmado en su libro Janonismo cultural (2023), impulsa a la izquierda a adaptarse al lenguaje de las plataformas digitales y responder a los frecuentes ataques de los líderes de derecha utilizando sus mismos métodos y canales. Plantea que el progresismo debe dejar de lado la comunicación solemne y tradicional para volcarse al lenguaje llano, claro, y que apele a la emoción.
Stuenkel coincidió en que el papel de Janones fue clave, aunque fue un poco más crítico con la estrategia general. “Janones ya hizo eso hace cuatro años. Eso generó también críticas, porque hubo una porción considerable de fake news en estos canales”, cuestionó. “Hubo bastante contenido, por ejemplo, sobre la posibilidad de que Flávio terminaría con el sistema Pix. Fueron más tolerantes por el ocasional uso de técnicas utilizadas por el bolsonarismo. Mirando los contenidos, hay muchas cosas que considero excesivo. Pero es verdad, se apropiaron de la estrategia de la derecha y esto genera resultados”.
Pereira sostuvo que el triunfo no fue solo por la disputa en las redes sociales. “Hubo una disputa territorial, que la gente fuera a buscar el voto a voto”, opinó. “Lula y la esperanza del pueblo brasileño supo triunfar sobre el miedo y el odio que planteó Bolsonaro”.
Pereira dijo a Búsqueda que el PT tomó como referencia la estrategia del FA del “voto a voto, de golpear cada casa de cada vecino” para convencerlo de que vote por Lula. Esa estrategia de mayor “capilaridad” del despliegue “fue fundamental”, en particular empujada por los jóvenes, acotó. El dirigente recordó que en la campaña de la izquierda para derogar la Ley de Urgente Consideración apelaron a que cada militante convenciera a su entorno y luego “ir ampliando los círculos hasta llegar a la movilización popular”.
Stuenkel afirmó que algo de eso se vivió en Brasil, porque había una instrucción del comando de Lula de que la militancia saliera a convencer. “Conocí un montón de gente que hizo eso, que paró de trabajar durante tres semanas para hablar con desconocidos en la calle”, dijo.
Así, mientras la izquierda se energizó y cambió su estrategia, la derecha de Brasil se confió. “Estaban convencidos de que iban a ganar, estaban discutiendo los cargos, lo que proyectaba cierta arrogancia”, opinó.
El excandidato presidencial Flavio Bolsonaro llega a hablar con periodistas el domingo 25 de octubre de 2026, en el barrio Lago Sul, en Brasilia (Brasil). Bolsonaro afirmó que “es imposible reconocer” la victoria del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil por la decisión de un juez de ampliar en dos horas el horario de votación a petición del líder progresista.
EFE/ Andre Borges
Un mal candidato
Stuenkel consideró que la movilización de la izquierda fue importante, pero también habría que tener otros puntos en mente a la hora de analizar por qué triunfó Lula. Uno de esos puntos es el rival que tenía por delante, al que definió como un mal candidato.
“Jair Bolsonaro puede gustar o no, se puede o no estar de acuerdo con sus ideas, pero es un tipo carismático, auténtico. Todos conocen a alguien en la familia así, nosotros los llamábamos ‘el tío del churrasco’, ese tío que dice las cosas políticamente incorrectas en el almuerzo familiar de domingo”, describió. “Flávio Bolsonaro es un chico que creció rico, que su primer trabajo fue un trabajo fantasma, que no existía, era en el despacho de su padre, y al que no iba; o sea que tenía un salario sin trabajar. No tiene historia de proponer proyectos legislativos”. A eso se sumaba que era un político “muy involucrado con escándalos de corrupción, que tiene conexiones desde hace muchos años con el crimen organizado en Río de Janeiro; o sea, era un candidato con muchas vulnerabilidades”.
“Todos entre la derecha sabían que había otros candidatos mejores, pero que Jair Bolsonaro, que está preso, preferiría alguien de su familia que lo pudiera ayudar a salir de prisión y que Tarciso de Freitas, por ejemplo, no necesariamente tendría la liberación de Jair Bolsonaro como su gran prioridad”, dijo el politólogo.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, asiste a la apertura del Encuentro Internacional de la Industria de la Construcción en Sao Paulo, 19 de mayo de 2026.
EFE/ Isaac Fontana
Un futuro complicado
El triunfo fue celebrado por la izquierda uruguaya y la brasileña. Para Stuenkel, si bien es lógico el espíritu de alegría actual en esos espacios políticos, lo que se viene por delante tiene un tono más oscuro.
Lula, cuyo gobierno ya tenía una situación de deuda compleja, tomó medidas en campaña para favorecer a los sectores económicos más bajos. El costo inicial, según publicó el Financial Times, rondaría los casi US$ 7.000 millones, pero podría ser mayor.
Stuenkel las definió como medidas “totalmente populistas”. En su opinión, el cuarto gobierno de Lula debería comenzar como su primero, con un recorte de gastos que después le permita aumentar prestaciones sociales. Esa posibilidad, sin embargo, parece difícil de implementar.
“Existe una base en el Partido de los Trabajadores que ya, ahora, se está movilizando contra cualquier decisión de reducir los gastos públicos, una izquierda no responsable fiscalmente”, advirtió. A eso se suma que en la primera vuelta los partidos de derecha obtuvieron una amplia mayoría, lo que dificultará al oficialismo llevar adelante su agenda.
“Hay una parte del Congreso dispuesta a negociar su apoyo de forma totalmente ‘pragmática’, que se puede alquilar”, explicó Stuenkel.
Lula ha sabido acordar con distintas facciones, pero “hay una parte del Congreso que tiene una convicción ideológica muy fuerte, que está movilizado para iniciar el proceso de impeachment contra integrantes de la Suprema Corte de Justicia, lo que traerá muchas dificultades”, añadió. “Y creo que existe un riesgo de impeachment contra Lula también, entonces será un presidente más frágil que en mandatos anteriores”.
“La izquierda está celebrando, pero la derecha ganó mucha influencia, entonces va a ser bastante complicado y no veo mucho espacio para grandes iniciativas. Porque el Congreso quiere también fragilizar a Lula, no le interesan grandes proyectos si esto genera un impacto positivo para él”, concluyó. “Entonces, soy bastante pesimista para los próximos cuatro años”.