¿Qué es lo más loco que hiciste para conseguir un objeto para una película?
Edad: 51 Ocupación: Director de arte, artista plástico, guionista, actor Señas particulares: Estudió cine en San Antonio de los Baños; escucha big bands tropicales latinoamericanas de los años 40; Steven Tyler rescató una obra suya abandonada
¿Qué es lo más loco que hiciste para conseguir un objeto para una película?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHe hecho pila de cosas. La primera película que hice fue 25 watts. Éramos muy chicos y no había plata. La intendencia nos dio un camión abierto, alto, gigante, para hacer la mudanza de toda la casa del protagonista, el Leche. Habíamos juntado todas las cosas y el camión que nos mandaron acababa de sacar un caballo muerto del Miguelete. Esa fue la primera dirección de arte que hice y dije: bueno, será así (ríe). Hacés cualquier cosa por (conseguir) cosas. A mí realmente me gusta la dirección de arte porque te permite conocer hospitales, iglesias, conventos, campos, fábricas, casas, cantegriles, casas de ricos. El cine te permite investigar sobre mundos que no tienen nada que ver.
¿Qué puede contar una habitación sobre un personaje antes de que diga una sola palabra?
Una película es personaje y acción. La acción es cómo se transforma ese personaje, pero el personaje para existir tiene que transformarse; es una cosa dinámica. Estoy hablando del cine clásico. Y muchas veces los guiones no te describen de qué color son las paredes ni qué tiene el tipo en la casa. No dice realmente qué afiches tiene, qué libros hay; no dice nada. Entonces vos tenés que interpretar, por las acciones de ese personaje, qué cosas podría llegar a tener. Está buenísimo el trabajo porque terminás dándole la tercera dimensión al personaje.
Después de recibir varias distinciones en cine, ganaste en marzo uno de los premios Adquisición en el Premio Montevideo de Artes Visuales. ¿Qué significa este primer reconocimiento a tus dibujos?
Yo soy antes que nada dibujante, es una actividad que tengo desde siempre, la que más quiero en mi vida… Al mismo tiempo que trabajo en cine, con guiones, dirección de arte, que actúo y todo eso, también soy artista plástico. Pero es algo que llevo a un ritmo muy íntimo, muy personal, porque no es una necesidad, porque puedo vivir de otro oficio. Entonces he hecho pocas muestras. Y en el mundo de los concursos nunca había entrado. Pero me gusta mostrar (mi trabajo), y el reconocimiento de tus iguales, o de tu medio, está buenísimo.
¿Coleccionás arte?
No, solo de amigos. Comprar, solo compré uno, de Marcos Medina, porque me parece uno de los mejores dibujantes de mi generación. Uno de los que tiene más fuerza, más vitalidad, una propuesta ideológica y estética, y me parece honesto. Me despierto y me duermo mirando ese dibujo.
¿Qué escuchás mientras pintás?
En general pongo radio, una voz humana; puede ser un podcast. Prefiero una conversación ininteligible porque la música me distrae. Puedo poner un podcast en inglés de historia, por ejemplo. Me gusta mucho la historia, estudié en Humanidades un año, pero de grande ya.
¿Qué te inspira para dibujar?
Es una cosa bastante física, como bailar. No es un trabajo cerebral cuando pinto, trato de no hacer lo que hago con todo el resto de las cosas, que racionalizo todo el tiempo. Intento que salga sin control, que sea un borbotón. Por eso no me interesa hacer un marco teórico, un discurso sobre lo que hago; vos podés pensar que es una porquería, y está todo bien. Yo valoro más que sea un refugio para el borbotón emocional, físico, y que no sea otra cosa más que podés construir desde el raciocinio.
¿Es cierto que te gusta cocinar?
Me gusta mucho, pero hago cosas normales, soy normalísimo. Ahora estoy soltero y estoy cocinando menos, porque es aburrido cocinar para uno mismo.
Pertenecés a una generación prodigiosa del cine uruguayo. ¿Cómo fue ser parte de eso?
Con (Pablo) Stoll nos hicimos amigos antes de conocer a (Juan Pablo) Rebella, estudiando cine a los 15 años en una escuela con César de Ferrari en el Club Juventus. Iba también Arauco Hernández y un montón de otra gente. Después, de esa misma generación, conocimos a Juan, a (Fernando) Epstein, a Inés Bortagaray y a otros en la Católica. Ahí yo me fui a Cuba, y cuando volví ellos estaban terminando su carrera. Yo empecé a trabajar y, cuando ellos fueron a hacer la tesis, la tesis se volvió 25 watts y la hicimos juntos.
¿Cómo se vivía en los 2000 ser parte de un equipo de gente que cambió el cine nacional?
No sé si lo cambió. Cuando yo estaba en Cuba, uno que fue también alumno de Cuba de generaciones anteriores, Pablo Dotta, hizo El dirigible; entonces, si hubo una película fundacional, para mí es esa. Pero después también en Argentina estaban pasando cosas, había un cine independiente muy simple, tipo Labios de churrasco. No sé por qué yo a los 15 años estudié cine, ahora no me puedo acordar. Antes, en las generaciones anteriores, realmente no venían estudiando en Uruguay cine. De hecho, César de Ferrari volvió por el exilio; ahí volvieron algunas personas que tenían que ver con el audiovisual, abrieron algunas productoras. La dictadura había sido cruel. Esto, sumado a que era la época del cable y empezaba a haber más predominio de lo visual, hizo que nos tocara ser una generación de los primeros jovencitos (que hacían cine)... aunque tampoco éramos tan jovencitos cuando se hizo 25 watts (ríe).
¿Cómo te enteraste de que Steven Tyler rescató un cuadro tuyo de una volqueta en su visita a Uruguay?
Me enteré por Tiranos temblad. En el momento fue gracioso y después también fue gracioso. Yo no conocía la banda, básicamente; la conocía de nombre, el rock a mí no me interesa nada, no me gusta.
¿Qué película recomendás siempre?
Un burgués pequeño, pequeño. Es una película en la que actúa Alberto Sordi, muy linda. Tiene una cosa de la construcción que, en vez de en tres actos, está hecha en dos actos. La primera mitad es una comedia y la segunda es un drama. Me gusta mucho esa estructura en general de los guiones, que te agarran por la comedia, te aflojan y la segunda mitad es “bueno, ahora que te reíste, tomá”. Y Alberto Sordi me parece que es un gran actor de comedia, pero cuando se vuelve dramático es realmente espectacular. Y en la película hace eso. Es un padre masón, un burgués pequeño, pequeño, que quiere meter al hijo en la masonería. Empieza siendo muy muy graciosa y de repente se vuelve una tragedia y es espectacular (ríe).