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María Eugenia “Tuque” García: “Intento siempre volver a la simpleza del barrio, de los amigos, de los planes familiares”

Edad: 35 Ocupación: Periodista y comunicadora Señas particulares: Su matera tiene un tag para no perderla; bailó flamenco durante muchos años

¿Cómo surgió el apodo Tuque, por el que todos te conocen?

Viene desde chica, incluso desde antes de nacer. Me llamo María Eugenia y muchos me decían Uge como diminutivo de Euge o Eugenia. Y mi hermana mayor empezó a decirme Tuque, y quedó. Nadie podía llevarle la contra. Así que me dicen Tuque desde antes de nacer. En San Carlos hay gente que no sabe cómo me llamo de verdad.

San Carlos fue la ciudad donde naciste y creciste, ¿qué cosas de esa etapa siguen presentes en tu vida?

Todo. Mi padre sigue viviendo en San Carlos, mi suegra y mi madre en Maldonado. Me queda todavía familia en San Carlos. Conservo el y la forma de hablar de San Carlos. Además, intento siempre volver a la simpleza del barrio, de los amigos, de los planes familiares. Alfonso (su primer hijo, de dos años y medio) ya nació en otro lugar, en otro mundo. Pero intentamos que vaya a ver a los primos y anden en bicicleta, jueguen en la vereda. Aparte, mi marido también es de San Carlos. Entonces, tratamos de conservar nuestras raíces.

Sos muy unida a tus hermanos, Eva y Santiago. ¿Cómo es esa relación y qué lugar ocupa la familia en tu vida?

Mis hermanos son como la columna vertebral de mi vida. No hay forma de que resuelva algo sin ellos. Atravesamos juntos la separación de nuestros padres cuando yo tenía 15 años, mi hermana 17 y mi hermano 10. Se nos derrumbó la vida. En casa eran los padres fenomenales a los que nunca escuchábamos discutir. No nos vimos venir su separación y posterior divorcio. Cuando pasó nos dijimos: “¿y ahora qué hacemos los tres?”.Quedamos en Pampa y la vía. Ahí resolvimos hacer una terapia vincular, a la que asistimos durante años los tres juntos, todos los viernes, en Maldonado. Eso fue lo que terminó de sellar la muralla alrededor nuestro. Sucedió hace 15 años, pero ese bloque que construimos los tres es un lugar que siempre nos ilumina para llegar.

Tenés un emprendimiento de soluciones para la maternidad y la primera infancia que se llama Akú, que en este momento está en un impasse. ¿De qué se trata? ¿Pensás retomarlo?

Sí. Akú fue la primera palabra que dijo Alfonso. Siempre pensé en buscar soluciones desde la experiencia de madre que pudieran facilitar la vida a los padres con productos de calidad para sus niños. Empecé con bolsos maternales, porque ya los conocía. Después Alfonso creció un poco más y desarrollé la línea Montessori­. A partir de su crecimiento fui viendo oportunidades y las fui desarrollando. Pero la realidad es que cambié de laburo. Yo hacía los móviles para Telemundo (Canal 12) y se me dio la oportunidad de ser una de las conductoras de Puesta a punto. Cambié mi rutina, cambié de horario, de responsabilidad, todo. Y tuve que ponerle una pausa. Pero estoy en el camino de reactivar la marca.

Una vez perdiste tu mate y empapelaste todo Telemundo con carteles de “se busca”…

Sí, y había recompensa: un metro de pizza­ con una cerveza.

¿Por qué tanto apego a ese mate?

Pierdo mucho los mates, todo el tiempo. Hace poco le puse un tag a mi matera para poder encontrarla, porque era un problema que revestía importancia. Y la importancia está en que la bombilla me la regaló mi abuelo cuando cumplí 18 años. El mate y el termo en sí mismos no me generan nada, pero la bombilla sí. En un momento pensé en guardarla, por lo mucho que pierdo el mate. Pero después me di cuenta de que, si tengo ese recuerdo y no le doy uso, lo voy a tener guardado en un placard con las cucharas, los tenedores. Me propuse disfrutarla, pero tengo siempre el corazón en la boca porque lo pierdo. Igual, hasta ahora, siempre ha vuelto. Una vez pedí las cámaras del canal y todo para rastrearlo.

Hace unos meses te convertiste de forma inesperada en blanco de enojo de los fanáticos del grupo de pop coreano BTS, por un comentario en el que te referiste a los integrantes de la banda como “pelos pintados”. ¿Cómo viviste esa situación?

La viví muy mal, la verdad. Nunca imaginé que fuese a tomar la magnitud que tomó. Me escribieron desde muchos países, le escribieron a mi familia, los insultaron. Se metieron con mi hermana y con mis primas que viven en Bogotá. Con Jonhatan, mi esposo. Se autoconvocaron en la puerta del canal un sábado a las seis de la tarde para hacer un escrache al que no vino ni una persona. Ameritó un protocolo interno en el canal. Podía quedar en la nada como podían haber venido 50 personas a la puerta del canal. Por suerte, no pasó. Yo entraba y salía con miedo. Hubo amenazas de muerte para mi hijo. Eso desencadenó que yo hiciera un laburo de recopilar los perfiles reales de mujeres, algunas que podían ser nuestras madres, de 50 o 60 años, que se habían detenido a insultarme y amenazarme­. Agarré 140 perfiles reales y los denuncié en Delitos Informáticos. Y ahora la Fiscalía está actuando en consecuencia, ya empezó a llamar a algunas de ellas. Va a ser importante para que quede el antecedente de que no es gratis amenazar a alguien por algo que dijo, que ni siquiera es algo malo.

Estás esperando a tu segunda hija, Justina. Hace poco dijiste que los embarazos te potencian. ¿En qué sentido?

Me siento más empoderada. Estoy creando vida, soy magnífica. Soy superpoderosa, lo puedo todo. Me da mucha vitalidad, pero también es tener suerte, porque los embarazos son todos distintos y, por supuesto, hay situaciones que pueden cambiar el estado de ánimo. En eso, gracias a Dios, tengo mucha suerte. Soy una bendecida, con hijos sanos. Me siento muy vital.

¿Qué plan te hace feliz un domingo cualquiera?

Estar echada en mi casa, con un jogging­ que me quede cómodo, gigante, descalza y sin una gota de maquillaje.