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Celina Pereyra: “Fui muy rebelde pero siempre con fundamento”

Edad: 23 • Ocupación: Actriz, cantante y comunicadora • Señas particulares: Es tímida pero logra disimularlo; sabe armar el cubo Rubik; se considera propensa a las obsesiones

Editora de Galería

Recreando el éxodo en una fiesta de la escuela, todos arrancaron para un lado y vos fuiste para el otro. ¿Fue rebeldía o despiste?

Me comparo mucho con el personaje de Phoebe Buffay de Friends. Soy muy despistada, es algo con lo que lucho todos los días de mi vida porque me olvido de las llaves, las dejo en cualquier lado. Convivir conmigo es bastante complicado porque de repente aparecen medias en la cocina, la sal en la heladera. Es algo que la gente a mi alrededor entiende porque me conocen y saben que no lo hago a propósito, de hecho es todo lo contrario, soy bastante responsable, entonces es una lucha todo el tiempo entre esas dos cualidades: mi despiste y mi exceso de responsabilidad.

¿Te considerás rebelde?

Fui muy rebelde en un momento de mi vida, cuando cumplí 15, por ahí, que también era muy aplicada. En mi adolescencia sentía que tenía que romper con todo. Coincidió con el auge del movimiento feminista en 2018, creo que eso tiene mucho que ver. Entendí que había muchas cosas que no estaban funcionando bien e igual capaz me iba de mambo porque discutía en todas las clases con mis compañeros. Pasa que tenía compañeros nazis, ¿qué voy a hacer?, ¡discutía con ellos! Ahí empezó mi lado más rebelde pero con fundamento siempre, nunca una rebeldía porque sí, siempre buscaba que todo fuera lo más justo posible.

Dicen que de niña eras tímida y que te destapaste arriba de los escenarios. ¿Conservás algo de esa timidez?

Siempre fui tímida, pasa que ahora lo logro disimular. Cuando era chica estaba callada, hasta que me destapé en la adolescencia. Cuando mi familia me vio en un escenario por primera vez no lo podían creer, porque era de verdad muy callada, a ellos tampoco les hablaba mucho. Era una niña bastante sola, me llevaba muy bien conmigo, me armaba mis propias historias. En mi universo estaba bárbara, pero no lo sacaba para afuera. En teatro pensé: este es mi lugar, no me siento así en otro lado.

Has asumido responsabilidades muy grandes de muy chica, como ser jefa de escenario del musical Chicago con 18 años. ¿Sos de estresarte con ese tipo de cosas?

En su momento sí. Ahora elijo vivir la vida un poco más tranquila, un poco más relajada con respecto a todo, teniendo en cuenta la fortuna que es tener un trabajo y haciéndolo valer. Más allá de eso ya no elijo que me sobrepase ni que mi vida entera sea mi profesión. Elijo poder dar todo de mí esas horas y después tener mi momento para descansar y estar en familia, por ejemplo. Antes para mí el trabajo era todo, salía y estaba todo el tiempo pensando en cómo mejorar y qué hacer. Tengo otras cosas que disfrutar también, porque la vida se te va si estás todo el tiempo pensando en el trabajo. Capaz que lo que más me importa es la gente que amo.

¿Cuáles son los momentos que más valorás de la rutina diaria?

Cuando me despierto a la misma hora que mi pareja, el desayuno. Pasa poco, es algo que queremos empezar a hacer más seguido. Y el momento previo a dormir también. Después, los sábados y domingos son días de almuerzo familiar y esos para mí son los momentos más lindos de la semana.

Se te conocen muchos talentos. ¿Tenés alguno desconocido?

Sé armar el cubo Rubik. Solo hay que aprender patrones. Formás la cara blanca con los de los costados donde tienen que ir y el resto son patrones y nada más. Otro dato, que no es un talento, es que me sueno todas las articulaciones. No hay articulación de mi cuerpo que no sea sonada regularmente en mi día a día: el cuello, los hombros, la cadera, los dedos. Tengo una personalidad un poco obsesiva, aprendí a sonarme los dedos de chica y desde ahí no pude parar. También me como las uñas, fumaba pero pude dejar. Soy bastante propensa a agarrarme obsesiones o adicciones.

¿Has intentado dejar de comerte las uñas?

En un momento me llegué a hacer las uñas de acrílico, que ahí no te las podés comer. Probé esmalte de ajo, de todo, pero no hubo caso.

Te independizaste a los 18. ¿Descubriste algo de vos misma?

Que al final no era tan desordenada­, que depende del lugar en el que estés qué tan desordenada sos. En lo de mi madre era un caos.

¿Hay algún momento de tu infancia al que te gustaría volver por un ratito?

No, de hecho la infancia fue de las peores etapas de mi vida. Por suerte la cosa mejoró.

¿Escuchás a tu tío, Darwin Desbocatti (Carlos Tanco)?

Hay mucha gente que lo ama. Mi tío es brillante, y en las conversaciones familiares también es brillante. Como tío también es brillante. Es un tipo muy especial y por suerte encontró algo en lo que hacerlo ver y que a la gente le gusta. Me ha pasado muchas veces que me lo nombran sin saber que es mi tío, y yo a veces lo digo, a veces no. Cada tanto lo escucho, pero me es difícil con la rutina y los horarios. Me hace reír mucho.

¿Cuál es tu sueño?

Van cambiando los sueños en mi caso. A veces vuelvo a soñar con hacer teatro musical. Hay algo muy difícil en Uruguay: el techo está muy cerca, por eso también empezás a pensar en qué es lo importante, si lo profesional, la familia. Siento que el techo está muy cerca y en teatro musical todavía más. Cada vez se hace más, por suerte, pero si querés realmente dedicarte al teatro musical, el abc de la gente que lo hace es que se va del país. Yo no quiero irme del país. A mí me encanta vivir en Uruguay. ¿Con qué sueño? Con que el género crezca en el país, con que cada vez sea más sencillo dedicarse a lo artístico en Uruguay, que la gente consuma cada vez más arte. En el año, más allá del Carnaval, conozco muy poca gente que consuma arte uruguayo, entonces es difícil soñar con algo puntual. Igual siempre la realidad sorprende más de lo que uno pueda soñar.