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Mariana Airaudo, pianista uruguaya: “Lo potente de la mujer se traduce en la música”

Entre la Orquesta Sinfónica del Sodre y proyectos independientes, como Che Papusa Dúo, cruza música clásica y tradición con una mirada crítica y actual

Redactora de Galería

El primer piano que Mariana Airaudo recuerda estaba en el living de su abuela, en Villa García. Un piano acústico, de pared, viejo, al que cualquiera de la familia podía arrimarse a tocar.

Entre canciones heredadas, hijos y nietos que probaban las teclas y otros que las abandonaban, ella valoró algo distinto: el simple hecho de que ese piano estuviera ahí, la importancia del acceso a la cultura y la música al interior de un hogar.

Mariana fue la que más se encantó por ese corredor de dedos blanco y negro, y a los cuatro años empezó a pedir ir a clases “en serio” cuando ya no le alcanzaba con improvisar. Quería leer partituras, entender el lenguaje y hacer parecer al piano la cosa más fácil de aprender del mundo.

Le terminó dedicando años de estudio, aunque en el medio probó otros caminos, como ingeniería química y educación física. Se formó en el Conservatorio Integral de Música como profesora de piano y solfeo, y más adelante estudió en la Escuela Universitaria de Música, hasta licenciarse en Interpretación de piano.

Ya como pianista profesional, completó una especialización en música de cámara y acompañamiento en Róterdam (Países Bajos), donde comprobó que la formación uruguaya en piano se sostiene de igual a igual frente a los conservatorios europeos, aunque en el país los cargos estables sean pocos y muy disputados.

Hoy, Airaudo habita la música desde múltiples lugares: en música clásica trabaja como pianista acompañante de la Orquesta Sinfónica del Sodre (Ossodre), donde la convocan para programas puntuales según su disponibilidad. El término no la convence mucho; prefiere llamarse pianista colaboradora y ponerse en un rol más activo, como alguien que guía, lee rápido, resuelve, crea y sostiene buena parte de lo que pasa sobre el escenario, aunque el público no siempre lo vea.

En paralelo, ejerce como docente y pianista preparadora en la Escuela Universitaria de Música y la Escuela Nacional de Arte Lírico del Sodre, y se mueve por festivales de música de cámara y de saxofón en toda América.

A eso se le suma su trabajo con el dúo Che Papusa, con la cantante Manuela Hernández, que revisita tangos y milongas desde una sensibilidad contemporánea y femenina, releyendo letras machistas, recuperando voces de mujeres y haciendo arreglos propios. Así ganaron el premio a Mejor álbum de tango en los Graffiti 2025 por su disco El tango se hizo mujer.

Mariana Airaudo pianista del Sodre música

Hace un año fue seleccionada como embajadora de Yamaha Latinoamérica (la única en Uruguay), un rol que la sorprendió porque no conocía que la marca eligiera artistas. La convocaron directamente a través de sus redes sociales y, tras corroborar que era real, comenzó a representar a esta marca de instrumentos en la región. La eligieron no solo por su nivel pianístico, sino por su capacidad de vincularse con el público, dar charlas y masterclasses.

En su repertorio, pasa de la música nacional a Bach, Schubert o Shostakóvich, siempre con la idea fija de que un intérprete no es un reproductor perfecto, sino alguien que investiga contextos, se mete en la piel de las obras y las reinventa cada vez que toca. Y en Airaudo esa reinvención tiene coordenadas bien marcadas: el Río de la Plata como punto de partida, una cabeza analítica que piensa la música y afina el pensamiento, y una energía de mujer que se abre paso hacia un repertorio históricamente masculino para removerlo, discutirlo y volver a ponerlo en circulación. Todo eso es mucho más que acompañar con un piano.

¿Cómo fue su experiencia en Róterdam?

Fue buena, pero acá hay una tradición pianística que nos deja bien parados técnica y musicalmente. Nunca fui sapo de otro pozo, lo que pasa es que allá hay mucha más competitividad, te das cuenta de que sos uno entre muchísima gente virtuosa y eso te impulsa a querer mejorar. Es muy desafiante. Me fui un año repartido en dos, un semestre y otro. Al año siguiente volví para no desprenderme tanto de las cosas de acá, tenía mi trabajo y conseguir una posición era (sigue siendo) redifícil­. Tampoco tenía la antigüedad necesaria para decir: bueno, me tomo un año sabático. Hoy sí podría, pero hay que hacerlo cuando sos joven. Yo tengo 43, hablo de cuando tenés veintipoco, sin trabajo, sin hijos. De hecho, ahora estoy ahí con un doctorado, tengo una oferta de una beca y me lo estoy pensando, pero no es una decisión fácil a esta altura de mi vida.

¿Siempre fue el piano?

Sí, mi abuela tenía un piano acústico en la casa y antes de los cuatro años ya tocaba, jugando. Como me iba bien en el estudio y me veían con la esperanza de que quería tocar… Siempre hubo estímulo. Recién a los 25 me metí en la Licenciatura de Piano, ahí definí que quería ser pianista profesional. Pero tuve acceso al instrumento desde muy chiquita, eso es muy importante, tener instrumentos en las casas.

¿Cómo describe su vínculo con la música del Río de la Plata?

Me gusta mucho, y es que nada podemos hacer mejor que lo nuestro. Si voy a Alemania a tocar Beethoven, no voy a sorprender a nadie; ahora, si hago tango… ¿Qué puedo hacer diferente? Lo mío. Por suerte en la Escuela Universitaria de Música, que es donde trabajo (ahora se llama Instituto de Música de la Facultad de Artes), se dedica una parte de la formación a estimular la música nacional. Eso te ayuda a descubrirla y a entender la importancia que tiene para la historia inmigrante, por ejemplo. Hasta nuestro himno tiene aires italianos. Pero tenemos una tradición de música muy propia. Me encantan los ritmos típicos de Uruguay que encarnan el campo, la música folclórica, rural, puesta en instrumentos clásicos, en mi caso, en el piano. Me gusta hacer músicas que tengan rasgos de las músicas nuestras. Estoy en un dúo, piano y saxofón, en el que hacemos eso. Que la gente conozca el Uruguay a través de su música. En cada concierto me gusta poner a la gente en contexto, entonces les hablo bastante de cómo son los bares, la comida, el campo, lo que es el candombe. Es como que completás esa imagen mental.

Me encantan los ritmos típicos de Uruguay que encarnan el campo, la música folclórica, rural, puesta en instrumentos clásicos, en mi caso, en el piano. Me gusta hacer músicas que tengan rasgos de las músicas nuestras Me encantan los ritmos típicos de Uruguay que encarnan el campo, la música folclórica, rural, puesta en instrumentos clásicos, en mi caso, en el piano. Me gusta hacer músicas que tengan rasgos de las músicas nuestras

¿Es inevitable el vínculo entre la música y el contexto?

Sí. Más allá de la popular, la música clásica tiene una tradición propia que no alcanza con ejecutarla: hay que entender el contexto histórico, social y cultural en el que fue creada­. Ser músico implica saber cómo se vivía, qué instrumentos existían, qué clima, qué conflictos atravesaban a la época en la que se compuso. No se puede interpretar a Bach sin pensar en que antes no era un piano, sino que era el clave, ni a Schubert sin imaginar el invierno que lo inspiraba, ni a Shostakóvich sin oír el sonido de la guerra y las bombas. Comprender todo eso te permite tocar desde un lugar más profundo; y aun así, el intérprete no queda preso de eso, tiene la libertad de reinventar esa música una y otra vez.

Mariana Airaudo pianista del Sodre música

Sus trabajos cruzan repertorio académico con música popular. ¿Qué pasa cuando un género musical cargado de “tradición” se mira desde una sensibilidad moderna y femenina?

Lo bueno de la música popular es que uno se siente identificado por ser de una cultura, por ser uruguaya, antes que por ser mujer. Lo que se escribe en el Río de la Plata te identifica con muchas cosas, pero cuando es de mujeres viene con una fuerza, con un empuje muy grande —porque todo el bagaje que existe nació de una visión masculina— y eso se traduce en la música, lo potente de la mujer. La visión femenina motiva, te dice: es nuestro momento y lo vamos a dejar todo. Es importante redescubrir mujeres que quedaron escondidas en la historia. Azucena Maizani, Violeta Parra, Beatriz Lockhart. Hay que volverlas a traer, renovadas.

Che Papusa tuvo una recepción fuerte. ¿Por qué cree que resonó tanto esa relectura del tango?

Los tangos son supermachistas, y nosotras los hacemos igual. Pero vos podés aprovechar para decir: mirá lo que estaba pasando, y lo mostrás como el ejemplo de lo que no querés que ocurra. La música, el cómo tocás lo transmite. Si tocás con esa fuerza, con toda la furia del mundo, es evidente que lo que estás buscando plasmar es ese “cómo puede ser”. Después existe el lugar de Tita Merello y Se dice de mí, que es un tango supermoderno con la postura del “¿qué me importa todo esto?”. Nosotras tenemos ganas de hacer algunas creaciones desde ahí, con letras propias, contextualizándolas en la mujer de esta época, que está bastante liberada. Yo creo que la apertura de cabezas está siendo para todo y no solo para la mujer, para los hombres también. Estamos cambiando.

Los tangos son supermachistas, y nosotras los hacemos igual. Pero vos podés aprovechar para decir: mirá lo que estaba pasando, y lo mostrás como el ejemplo de lo que no querés que ocurra. La música, el cómo tocás lo transmite Los tangos son supermachistas, y nosotras los hacemos igual. Pero vos podés aprovechar para decir: mirá lo que estaba pasando, y lo mostrás como el ejemplo de lo que no querés que ocurra. La música, el cómo tocás lo transmite

¿El intérprete debe desaparecer para que hable la obra o la interpretación es inevitablemente un acto de autoría?

Mientras estás interpretando estás creando. Inevitablemente sos vos tocando y te hacés­ parte de la historia. De hecho, lo podés tocar 100 veces y ninguna va a ser igual a la otra. Siempre lo estás reinventando desde tu lugar, eso es lo lindo del arte.

Y qué pesa más ¿la perfección o la expresividad?

Las dos se complementan. La perfección siempre se busca, pero que no sea en detrimento de la musicalidad. No pueden ser máquinas tocando. Los asiáticos son la perfección total, todo el mundo siempre los cita, pero son entrenados de una forma no muy saludable: niños que dejan de tener una vida normal para dedicarse exclusivamente a la música, eso puede ser muy traumático. Como docente de piano, apunto a que vayan una de la mano de la otra.

Mariana Airaudo pianista del Sodre música

Más futuro en la música al son del Río de la Plata

El próximo paso de Airaudo es la internacionalización de Che Papusa, un camino que ya comenzó a consolidarse a través de viajes y presentaciones en el exterior. En paralelo, está en marcha la idea de grabar un segundo disco.

En el plano individual, en distintos proyectos su carrera se enfoca en la música del Río de la Plata. En ese recorrido, Piazzolla aparece como un puente entre lo académico y lo popular, y también entre la música rioplatense y el mundo. A través de su obra, muchos músicos formados en conservatorios llegaron al tango, un género hoy completamente universalizado, con presencia en distintos continentes y espacios académicos. Esa circulación explica la buena recepción internacional de la música del Río de la Plata y habilita nuevos proyectos, como una gira de Airaudo por el sudeste asiático con un programa de piano dedicado a este repertorio.

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