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Matilde Antía: “Me divierto horas en X­ buscando mi nombre a ver qué dicen”

Edad: 26 Ocupación: Alcaldesa del Municipio CH Señas particulares: vive con Creta, su gata adoptada en una feria; de niña era gaucha y de adolescente se urbanizó; prefiere saber de antemano los finales de series y películas

Editora de Galería

Sos la menor de 36 primos y llegaste de sorpresa, con 9 y 11 años de diferencia con tus hermanos. ¿Eso te convirtió en mimada o en la niña que tuvo que crecer de golpe?

En las dos. Era la chiquita de la casa y la única nena, además de la última nieta. Tuve una sola abuela. Los padres de mi mamá murieron cuando ella tenía 14, y mi abuelo (paterno­) llegó a enterarse en vida de que mi madre estaba embarazada de mí. Quedó mi abuela Consuelo, que fue mi modelo a seguir. Era la consentida de la abuela y de mamá.

Con 16 te fuiste sola a estudiar a Oxford por dos meses. ¿Fue una especie de declaratoria de independencia?

Ni siquiera la declaré. Yo me quería ir y no le dije a nadie. Me anoté para tener más información en una academia. Puse el teléfono de contacto de mi madre porque era menor. Un día llaman a mi madre y le dicen que me había anotado para hacer un intercambio. Cuando llegué a casa después del colegio, me preguntó. Le dije: “Sí, me había olvidado de decirte nomás”. Eso fue lo que la convenció. Me dijo que le gustaba que tomara decisiones por mí misma, que me hubiera tomado todo el trabajo de averiguar. Así que me fui, cumplí años sola, que fue el único momento en el que lloré. Hice la full experience, me quedé en el campus, con roomates y todo. Esos amigos los tengo hasta el día de hoy.

Quizás no haya sorprendido tanto esa decisión, teniendo en cuenta que con 7 años te tomabas el ómnibus sola para ir al campo de uno de tus tíos.

Mi madre siempre se las arregló sola. Imaginate, quedó huérfana a los 14. Al campo me iba casi todos los fines de semana, tuve una época más campestre. Me encantaba, pasaba semanas, hasta que después, entrando a la adolescencia me urbanicé. No sé ni cuándo fue la última vez que me subí a un caballo.

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Matilde Antía con su gata, Creta.

Matilde Antía con su gata, Creta.

Tenés una fijación con la historia, sobre todo con las guerras mundiales. ¿A qué se debe?

De la Segunda Guerra Mundial he visto 1.500 cosas. Siempre estoy mirando una serie y me come la ansiedad. Los fines de semana puedo estar hasta las cinco de la mañana mirando una serie. Es feo lo que voy a decir, pero a veces me da tanta ansiedad que las pongo en x1.5, o las adelanto y voy a la parte interesante. La última serie que vi fue Ginny y Georgia­. Me faltaban cinco para el final y le tuve que preguntar a ChatGPT cómo terminaba. Después la vi como si no lo supiera.

Así que sos de las pocas personas que prefieren el spoiler.

Sí, obvio. Empecé viendo Grey’s Anatomy sabiendo quién se moría. Y la vi tres veces.

Tuve una época más campestre. Me encantaba, pasaba semanas, hasta que después, entrando a la adolescencia me urbanicé. Tuve una época más campestre. Me encantaba, pasaba semanas, hasta que después, entrando a la adolescencia me urbanicé.

En el liceo no te callabas si alguien hacía comentarios sobre tu tío o la participación política de tu familia. ¿Te causó algún problema?

Es verdad. En el 2000 Coqui (Enrique Antía) salió intendente y su primer período fue muy comentado, con muchas difamaciones. Eso pegaba colateralmente en Montevideo. Teniendo el apellido, la gente aprovechaba esa situación para herirte. En el colegio tuve alguna situación porque yo me plantaba. No estuve cerca de que me echaran, pero una vez hubo tensión por una profesora de Filosofía que para un parcial en otro colegio utilizó una foto de un diario de izquierda que difamaba a mi tío con cosas que ya estaba probado que no eran verdad. A mí me llegó la foto por un alumno. También daba clases en mi colegio, y a la salida hablé con ella, le mostré el parcial, le dije todo lo que pensaba. Después, en plena clase entró el director y me citó a su despacho. Me dijo que estuve mal, que no tendría que haber ido a encarar a la profesora, aunque lo hice con total respeto. Fue una reunión muy tensa. Lo mismo me pasó con un compañero que en plena clase tiró un comentario, yo salté, le dije que me mirara a los ojos y me lo dijera a mí, y me terminaron echando a mí de clase. Pero cero rencor, es algo con lo que conviví­ toda la vida.

Todo eso se multiplica hoy con las redes. ¿Te afecta?

Tenés que estar bastante fuerte para bancarlo. En definitiva, vos sacrificás un montón de cosas por este laburo, entre ellas tu privacidad. Yo, que siempre fui muy de ir para adelante, me formé una coraza, al punto de que hoy en día me divierto horas en ­X (antes Twitter) buscando mi nombre a ver qué dicen. Me lo tomo con humor, aunque a mi madre no le divierte nada.

¿Cómo te llevás con la cocina? Dicen que aprendiste por las malas que el aceite prendido fuego no se apaga con agua.

Era bastante grande, mis viejos estaban de viaje, yo estaba sola en casa. Dije: me voy a hacer unas papas fritas. Pero no se me da para la cocina. Se me sobrecalentó el aceite, se prendió fuego, y en ese microsegundo pensé: ¿cómo se apaga el fuego? ¡Con agua! Abrí la canilla y me quemé la cara, la mano, salí con la sartén al patio, como para tirarme a la piscina, pero me di cuenta de que estaba bien. Justo estaba haciendo videollamada con alguien y esta persona vio todo, el fuego, yo saliendo a los gritos. Llamé al 911 y cayó una ambulancia. Me quemé los pelos, la mano, la nariz… Y quedó toda la cocina negra. Hoy es la foto de WhatsApp­ del grupo con mis hermanos. Podría haber sido fatal, pero la saqué baratísima.

¿Tenés amigos de otros partidos e ideologías políticas?

Sí, claro, tengo un grupo como de 14 amigos del colegio y hay de todo ahí.

¿Se habla de política?

Se habla. En campaña electoral tratamos de no charlar mucho del tema. Pasa que hay un vínculo de tanta hermandad que a veces las busco para que se enojen. Pero muchas veces charlamos de distintos temas y generalmente estamos de acuerdo, no hay muchas fronteras.

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