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Roxana Corbran, precandidata por el Partido Nacional: "Si me siento y espero a que me pongan, no te pone nadie"
Señas particulares: Fue coordinadora de la Comisión Latinoamericana de Aviación Civil; es profesora de Derecho Internacional; creía que era sobrina de Voltaire
¿Cuánto hay de la cultura francoitaliana en su familia? Crecí con eso de ser mitad uruguaya, mitad francesa, con un poquito de tana. Canto dos himnos porque el 14 de julio también es fecha patria para mí. Mi padre decía que me corría fromage por las venas. Como queso como una desgraciada, hasta después del postre. Mi familia es tan tan francesa que de niña estaba convencida de que Voltaire era mi tío, de lo mucho que lo citaba papá. En casa pasaban las cosas más increíbles en los momentos ideológicos más fuertes del país, había uno en cada punta de la mesa que pensaba diametralmente opuesto con el otro. Eso me llevó a ver la política de una manera diferente.
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¿Y cómo es como política? Soy un problema, no nací para ser obediente, sigo lo que siento. Tengo millones de cosas estudiadas, soy azafata en tierra, pero nunca quise formarme en política. Yo pago mi campaña. Entiendo que la política es un instrumento para hacer el bien y me llevo bien con todo el mundo. Pero es difícil sentarse a negociar conmigo porque yo planteo ideas más allá de si me toca un cargo o no. Hoy quiero un electivo, la suerte de ser senadora. Si llego a presidente, te puedo asegurar que no sabés lo que hago con este país.
¿Es coqueta? Mamá era excesivamente coqueta, elegante, una mujer bonita. Miraba todos los desfiles. Yo la verdad que nunca fui tan así. Una vez estaba vistiendo un modelo de falda que era más largo de una pierna que de la otra y yo, a lo bestia, le pregunté qué le había pasado en la pollera. Me miró, me dio unos golpecitos en la cara y me dijo: “Ay, mi vida, si largaras un poco los libros”. Era muy traga.
Recorrió todo Uruguay con sus padres en una casa rodante. ¿Cómo recuerda esa experiencia? No solo Uruguay, ¡también hicimos Francia así! A mi padre y a mí nos encantaba el campo, la naturaleza. Los franceses son muy de los pícnics, pero a mamá no le gustaba tanto el tema con las hormigas, las moscas, entonces para conciliar papá mandó hacer una casa rodante. Ahí mamá ya estaba más contenta porque tenía su casita sin bichos e hicimos cantidad de recorridos maravillosos. Empecé a ver el Uruguay con una visión más romántica. Me acuerdo que aprendí a nadar en el río Santa Lucía de muy chica. Fue en un momento en que ella había pegado un grito como gallina con un pollo solo porque papá se había puesto a conversar y yo había dejado de hacer pie. En vez de salir corriendo a buscarme, que me estaba ahogando (esta es la diferencia entre un uruguayo y un francés), me grita: ¡nadá! Y yo reaccioné.
¿Qué hace desde su hogar por el medio ambiente? Todo, yo soy un reciclado permanente (risas). Hago un poco de todo: me desafié a estar dos años sin comprar ropa. Reciclo, hago compost, reutilizo, reparo, también cuido mucho, y soy muy del intercambio de ropa con mis amigas.
¿Cómo es que se especializó en derecho aeronáutico y espacial? Habrá empezado porque me gustaba volar cometas, no sé, pero siempre me gustó la astronomía. Cuando estaba en el liceo, una compañera me contó que estaban tomando para ser azafata y me anoté enseguida. Tendría 16 años. Me había olvidado de que era hija de mis padres (risas). Adiós posibilidades. Después pensé en ser diplomática, hice abogacía pensando más en lo internacional. Me acuerdo de que iba a cursar una materia de sociales, me equivoqué de salón, y terminé escuchando una extracurricular de aeronáutica. Quedé prendida. No es una rama muy conocida, mi objetivo es popularizar esas materias para que así como la gente resuelve un divorcio, un desalojo, también trabaje en una empresa de transporte aéreo.
Tiene fotos con Javier Milei en su Instagram, ¿es una especie de referente? Desde las elecciones anteriores que el eslogan nuestro es “libertad para evolucionar”, y no existía Milei. Mi referente es Aparicio Saravia, un revolucionario que dijo que prefiere a sus hijos pobres que sin patria. Para mí, es muy fuerte eso. Pero es difícil identificarse 100% con alguien. Me llegaron a decir que soy la Milei uruguaya y en algunas cosas coincido, sin lugar a dudas, como defender la libertad económica, toda libertad, achicar el Estado (nosotros planteamos siete ministerios), bajar impuestos… No coincidimos en las formas, soy más dulce de leche, es otro estilo.
Dice ser mujer femenina, no feminista. ¿Me explica? Soy una mujer que llegó, compitiendo siempre con hombres y que siempre les ha ganado. Marie Curie decía no merecer tratos especiales porque eso sería reconocerse inferior. A veces me pregunto qué fue lo que las llevó a la defensiva, que tuviéramos que ponernos así… Se nos viene una maroma en contra si seguimos por ese camino. Yo creo en los talentos, las virtudes y el currículum. Estoy totalmente en contra de la cuota. ¿Defender a una persona indefensa? Sí, a toda máquina. Pero eso no tiene nada que ver con que sea mujer. En aviación daba la casualidad que todos los demás eran hombres, y yo no me daba cuenta. Una va, se planta y se acabó. En política, ¿para que los dejás armar a ellos las listas? Armátela vos. Juntar 100 firmas es algo tan ínfimo, es salir y hacerlo. Pero, claro, si yo me siento y espero que me pongan, no te pone nadie.