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Moda e IA: el futuro de la creatividad según Francesca Tavanti, directora en Instituto Marangoni Florencia

En su primera visita a Latinoamérica, la historiadora del arte italiana abordó la intersección entre el arte, la moda y la tecnología

Redactora de Galería

Si un día de estos transita por las calles de Florencia, puede que se tope con sus botteghe, muy frecuentadas por la aristocracia renacentista. Si bien quedan cada vez menos, la ciudad italiana conserva desde el siglo XVIII miles de espacios de artesanos que ofrecen desde orfebrería hasta encuadernaciones, pasando por textiles de lujo, y mantienen su modo de producción 100% artesanal, con técnicas transmitidas de generación en generación.

Ese tipo de talleres fueron la cuna de artistas como Leonardo da Vinci o Sandro Botticelli. Y hoy conviven con tiendas más ostentosas y exclusivas de marcas locales como Gucci o Salvatore Ferragamo, así como con sucursales de Valentino, Prada, Miu Miu, Dolce & Gabbana, Versace, Hermès, Fendi, Yves Saint Laurent, entre otros, en lo que es considerado como un epicentro de la alta costura mundial.

En esa intersección entre la curaduría del arte, la valoración de la artesanía y la moda y el diseño vanguardista se mueve Francesca Giulia Tavanti, directora de Educación de la sede florentina del prestigioso Instituto Marangoni, una de las escuelas de moda, diseño y lujo más importantes y reconocidas del mundo. Desde allí llegó al país, invitada por FAD Connection, representante oficial de Marangoni en Uruguay.

Historiadora del arte, curiosa, creativa y apasionada, Tavanti es reconocida a nivel internacional por posicionar a la moda como un lenguaje cultural interdisciplinario y lleva 10 años haciéndolo desde Marangoni. Sobre ella se posan los reflectores internacionales año a año cuando cumple el rol de directora de Arte de los desfiles globales de la institución.

Desfile Mirabilis (2026).

Desfile Mirabilis (2026).

La también curadora de arte está detrás de los conceptos de pasarelas como las de The Witness (2024), Text(s)ture(s) (2025) y Mirabilis (2026), con amplias críticas positivas y un especial destaque a la transformación de los eventos de moda en experiencias multisensoriales que incorporan proyecciones en vivo y la presencia de arte digital.

Educa y prepara a las nuevas generaciones de profesionales para diseñar en los llamados entornos phygital (físicos y digitales) y, en esa mímesis, valoriza tanto el tradicional craftsmanship como la creación de indumentaria para avatares en el metaverso, la exposición de diseños de manera digital previo a su producción y el uso de herramientas de inteligencia artificial en las creaciones.

Para Tavanti “la creatividad siempre necesita reinventarse” y en ese sentido ve con ojos positivos la “crisis” de la IA, de la que opina que “podemos aprender mucho”.

Es su primera visita a Latinoamérica. ¿Tuvo algún impacto cultural aquí o ve más similitudes que diferencias con la cultura europea?

Ambos. No puedo hablar de impactos culturales de forma literal. Creo que en algunos elementos somos muy similares, así que puedo encontrar una conexión.

También entiendo que su país está conectado con mis raíces, pero creo que la naturaleza que tienen alrededor y la relación entre ustedes y toda esa naturaleza es diferente que la mía. Algo que realmente me sorprendió es el océano, la forma en que su vida está estructurada alrededor de la naturaleza. Eso es realmente diferente de Italia y Florencia.

Y en ese punto, ¿qué de esa conexión con la naturaleza ve usted reflejada en el arte y la moda en Uruguay?

Creo que el proceso creativo siempre es afectado o influenciado por la experiencia de cada país. Entonces, si pienso en artistas de Uruguay o diseñadores, ahora puedo entender la conexión.

En mi visita estuve en la Fundación Atchugarry. Ir desde Punta del Este a ese entorno campesino, ver esa enorme naturaleza y las tierras de alrededor te hace entender, no solo la obra de Atchugarry, sino también su elección de tener una fundación en ese lugar específico.

Francesca Tavanti en el Instituto Marangoni Florencia

Francesca Tavanti en el Instituto Marangoni Florencia

Usted es historiadora de arte, ¿en qué punto una prenda deja de ser un bien de consumo y se convierte en una creación artística?

Todo depende de la marca y del momento histórico. Podemos abordar una pieza de vestuario relacionada con sus usos y su aspecto funcional o no. En algunos casos es más evidente.

Si pensamos en (el diseñador de moda belga) Martín Margiela o muchos otros directores de moda y diseñadores, podemos separar la función de la relevancia cultural de una manera muy fácil. Pero depende del contexto. Esta mañana estaba hablando sobre la Bienal de Moda que se organizó en Florencia en 1996, hace muchos años. Fue realmente interesante porque, por primera vez en el mundo, la moda se aproximó, se decodificó y se presentó a la audiencia fuera de su negocio, pero principalmente desde un punto de vista histórico, artístico y filosófico.

También Valentino o Armani tuvieron exhibiciones de debut dentro de escenarios relacionados con piezas de arte como las de Miguel Ángel.

Desde ese punto de vista, el arte tiene un afán de trascendencia que contrasta con la moda, que es definida por su naturaleza efímera y el cambio constante. ¿Cómo coexisten en la misma narrativa cultural?

Creo que el tiempo es neurálgico para ambas disciplinas. Ambas enfrentan al tiempo como un tema, de maneras completamente diferentes, pero el propósito es muy similar. Es cierto que cuando un artista crea un trabajo de arte, piensa en la eternidad. Esto sucedía especialmente en el pasado, porque si pensamos de nuevo en Miguel Ángel, cuando hizo el David, quería crear algo fuera de tiempo, para el futuro. Por eso trabajó con mármol y no con madera u otro material. Pero también es cierto que, incluso en ese momento histórico y artístico específico, estaba hablando de sí mismo.

Y esto es algo que conecta al arte y con la moda. Son espejismos sobre la sociedad en la que vivimos. Son herramientas o lentes para moverse en el tiempo y volver a la época en la que las obras de arte o colecciones fueron hechas.

Antes mencioné a Margiela. Margiela tuvo su relevancia en un momento específico de la moda y la historia de la moda también. Es realmente interesante moverse alrededor del tema del tiempo porque está relacionado con el espectador: lo que está buscando ahora, cuál es el ángulo al que querés que observe.

Ha dicho que cuanto más digital se vuelve el mundo, más valor adquiere la humanidad. ¿Por qué considera que el uso de la máquina y la inteligencia artificial generan en nosotros un necesidad de volver a lo artesanal?

Eso lo dije durante otra entrevista en la que analizaba la manera en la que especialmente las nuevas generaciones están enfrentándose y aproximándose a las tecnologías y en particular a la inteligencia artificial. Puedo afirmar que, por supuesto, las nuevas generaciones de creativos tienen la tarea de integrar la inteligencia artificial dentro del proceso.

Pero la oportunidad y el talento de los humanos en el hacer y en la artesanía es algo que no es negociable y es irremplazable. Y es muy interesante entender cómo combinarlos. No es elegir uno o el otro.

Es realmente una cuestión del punto en el que pueden ser combinados. En Italia y en particular en Florencia, la excelencia de la artesanía está relacionada directamente con el desastre que puede ser reemplazarla por máquinas o nuevas tecnologías. Es un gran talento reconocer y manipular un material. Es crear algo con inteligencia artesanal.

Nunca había escuchado el concepto de “inteligencia artesanal”, ¿en qué consiste?

Es algo que investigamos hace dos años en un show de moda. Y fue una invitación a todos los estudiantes de diferentes departamentos a reflexionar sobre su propio origen y raíces, que están de alguna manera conectados, incluso si el background es diferente. Todos estamos conectados con la inteligencia artesanal.

¿Cómo dialoga esta inteligencia artesanal con la inteligencia artificial?

Bueno, ese es el punto que todavía tenemos que entender. En mi opinión, la inteligencia artificial es muy útil en algunos procesos porque puede facilitarlos y nos da la oportunidad de enfocarnos en diferentes tareas. Mi escuela, Marangoni, está trabajando en eso.

Florencia y La Toscana tienen mucha historia vinculada con el arte, sobre todo. ¿Cómo tomar ese pasado y reimaginarlo hacia el futuro?

Florencia para mí es como un archivo enorme y con archivo me refiero a que es como un organismo vivo en el que los estudiantes, aunque sean extranjeros o de otras localidades, pueden encontrar inspiración. La tarea que tenemos es reivindicar la herencia que tenemos a través de nuestros ojos.

¿Por qué el Renacimiento todavía es importante? Porque el arte renacentista fue creado por jóvenes. Leonardo, Miguel Ángel, Brunelleschi, Masaccio, Botticelli eran jóvenes cuando innovaron con su obra y querían cambiar su propia sociedad. Querían proponer y presentar un nuevo modo de pensar, una nueva interpretación y, para eso, regresaron al arte romano y al arte griego y reinventaron lo que vieron. Hicieron lo que querían y lo que consideraban relevante en su propio tiempo. Y fue una revolución enorme, cultural y filosófica. Debemos aprender esas lecciones, tomar algo, preguntarnos por el pasado y mirar hacia el futuro.

En Marangoni trabajan con la moda digital, ¿de qué manera se cuela este nuevo formato?

La moda digital es realmente interesante y útil, porque muchas marcas están integrándola para cambiar el sistema de producción: desde el sistema de fabricación, hasta la relación con los clientes y con las comunidades. Puedo mencionar muchas marcas relevantes que están probando nuevas colecciones de forma digital en diferentes segmentos de su propio negocio con resultados realmente interesantes, porque pueden salvar materiales en la producción. Ellos presentan la colección 100% digital y producen solo las piezas exitosas. Es decir, las que les interesan a los clientes. Y así ahorran mucho material, pero también dinero, tiempo y más.

Eso es un cambio enorme en la sostenibilidad del negocio de la moda. Pero, ¿cambia la estructura del pensamiento creativo de un diseñador?

En mi opinión, no. Porque ser un diseñador hoy en día significa manejar conocimiento e ir profundo en la comprensión de lo que es la moda. La moda es un montón de cosas diferentes. También es lo digital, por supuesto, pero es sobre todo materiales, manipulación, coherencia y autenticidad de una estética personal dentro de un contexto específico. Así que no creo que estemos perdiendo algo de eso con la moda digital.

Estamos en una especie de crisis de la que podemos aprender mucho. Soy muy positiva, honestamente, porque la creatividad siempre necesita reinventarse, no solo en sí misma, sino inventando algo nuevo, yendo de un punto a otro. Así que tenemos que decidir qué debemos dejar ir y qué mantenemos.

Vino a Uruguay para hablar sobre nuevas formas de pensar la educación creativa. En un mundo en el que el conocimiento técnico cambia cada seis meses, ¿qué conocimiento duradero en materia de arte debe garantizar un centro educativo hoy?

Tenemos que cubrir todo y enseñar las diferentes habilidades, como la tecnológica y lo digital. Pero también en un colegio como el Instituto Marangoni Firenze le prestamos mucha atención a los bordados, la moldería, la ropa de punto. Es algo que está muy conectado con el legado de la artesanía local. Es una cuestión de, por un lado, escuchar las necesidades del mercado y de las marcas. Y, por otro lado, tenemos que intentar predecir el futuro y entender en qué dirección se moverán las tendencias y la nueva generación de creativos.

¿Qué ha aprendido en Uruguay que tomaría para Europa?

He aprendido mucho. Lo primero que me viene a la mente es la curiosidad, la pasión y el entusiasmo de toda la gente con la que he interactuado. Eso es realmente un tesoro y me ha servido. Volveré a Florencia con mucha energía, mucha pasión, y el deseo de hablar de su país y de que los vean más desde afuera. Tienen un país increíble: realmente dinámico, con una vida cultural enorme, mucho más de lo que esperaba. Me quedo también con esa conciencia de un país lleno de cultura, que está esperando su momento desde afuera.

¿Cree que es posible para un país tan pequeño destacar en el mundo de la moda?

Creo que sí, porque tienen todo, así que eso espero.