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Eduardo Bottinelli: el gobierno tiene un problema de “control de agenda”, y la oposición no conforma a su electorado
El director de Factum sostiene que en Uruguay el descreimiento y desinterés en la política está creciendo y alcanza al 28% del electorado, y que fenómenos políticos similares a los de la región pueden emerger si “la gente empieza a ver que la política no es la solución a sus problemas”
Eduardo Bottinelli, director de Factum, durante su entrevista con Búsqueda.
La consultora Factum midió en agosto y diciembre, por primera vez, el desempeño del gobierno y la oposición en un esquema competitivo. ¿A quién está viendo actuar mejor en este período: al gobierno, la oposición o a ninguno de los dos? Esa fue la pregunta que formuló en dos momentos del año pasado y que reveló que el gobierno luce mejor que la oposición, aunque con una leve caída a fin de año.
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En la última encuesta, el 26% respondió que el gobierno está actuando mejor, el 13% que lo está haciendo la oposición, el 59% consideró que ninguno de los dos actúa mejor que la otra parte y el 2% no opinó.
En entrevista con Búsqueda, el director de Factum, Eduardo Bottinelli, explicó las claves del estudio y analizó fortalezas y problemas de la actual administración.
—La última encuesta de Factum muestra al gobierno con mejor desempeño que la oposición, pero también una caída de cinco puntos de las opiniones favorables en relación con la medición anterior. ¿Qué factores están incidiendo?
—Este es un ejercicio que busca, más allá del número global, ver cómo están valorando los electorados del oficialismo y la oposición la actuación de lo que votaron. Tiene que ver con el humor de los propios votantes. Y es esperable que el gobierno sea mejor evaluado que la oposición porque es quien tiene que llevar adelante la agenda. Ahora, hay una caída de quienes mencionan que el gobierno actúa mejor que la oposición, un leve aumento de la oposición con respecto a lo que midió la vez anterior y un aumento de los que dicen que ninguno de los dos está actuando mejor que el otro. El gobierno y (Yamandú) Orsi comenzaron con niveles medios de aprobación, con saldo positivo pero con una característica particular: un nivel muy alto del término neutro, comparado con presidentes anteriores. ¿En qué se basaba eso? En que los no votantes del Frente tendían a ir hacia el término neutro y no masivamente hacia la desaprobación. Pero a medida que fue avanzando el gobierno, empezó a disminuir el término neutro y a aumentar la desaprobación, que era algo esperable. Es muy difícil sostener un término neutro cuando se está actuando en el gobierno. La caída de quienes mencionan que el gobierno actúa mejor que la oposición se da primero entre votantes de la coalición. El segundo factor es que en los votantes del Frente Amplio aparece un aumento de quienes dicen que no actúa mejor el gobierno ni la oposición. Hay cierta desilusión de una parte que a mediados del año pasado sí identificaba al gobierno actuando mejor que la oposición.
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—¿Identifica alguna fortaleza del gobierno en este momento?
—Desde la opinión pública, se está consolidando una imagen vinculada a la seriedad, al diálogo, a tender puentes. Eso tiene que ver con Orsi y con la actuación de varios, sobre todo del Poder Ejecutivo, de los ministerios. Se vio en la campaña y se ve en la actuación esta idea de buscar entendimientos. Eso se va transformando en un elemento distintivo, mirado positivamente desde la opinión pública.
—¿Atraviesa a quienes votaron al gobierno y a la oposición?
—Sí. Esa mirada de la búsqueda del diálogo, sí. No quiere decir que signifique lo mismo para los dos. No necesariamente eso implica un factor positivo, depende de cómo desencadene si terminará siendo positivo o no. Y después (aparecen como fortaleza) algunos avances con respecto a confrontar, a cambiar la agenda o a deshacer cosas del gobierno anterior. Eso acerca a una parte del electorado frenteamplista.
—¿Al núcleo duro?
—Al núcleo duro, no. Es como un segundo círculo frenteamplista.
—Cardama, el proyecto Neptuno, el tema educación y tabaco. Esa idea de que había cosas que se criticaron al gobierno anterior por parte de los frenteamplistas y que este gobierno empieza a deshacer es valorada positivamente por ese segundo círculo. El núcleo más duro tiene algunas cosas que le están rechinando.
—¿Eso explica el corrimiento de quienes ven mejor el gobierno hacia una opinión neutra?
—Exactamente.
—¿Ese corrimiento es el precio que paga Orsi por buscar el centro?
—Sí. La idea de no mover las estanterías que plantea Orsi, o la “revolución de las pequeñas cosas”, no sintoniza totalmente con el núcleo más duro militante del Frente Amplio fuera del Movimiento de Participación Popular.
—¿Esta baja conformidad con el gobierno se explica también por altas expectativas?
—Hay varios factores. Las expectativas más altas estaban puestas en una fuerte recuperación salarial, en una mejora de las condiciones de trabajo, de la educación, de la situación de pobreza y la pobreza infantil. Era como una especie de mandato del votante del Frente Amplio que esos eran los puntos neurálgicos y que esperaba respuestas rápidas. Un primer momento de desilusión tiene que ver con atacar esas grandes políticas en el contexto en el que se está. Se arranca con un discurso más cuidadoso de las cuentas públicas y del poco margen que se tenía. Lo otro es cuáles son las expectativas que se tienen con respecto a lo que fueron los gobiernos del Frente Amplio. Y eso también estaba atravesando la ilusión de una parte del electorado. Las expectativas no eran tan altas, pero había algunos hitos que se esperaban y que todavía no han asomado de la forma en que el votante del Frente Amplio quería.
Eduardo-Bottinelli
Eduardo Bottinelli durante la entrevista en Búsqueda.
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—¿Qué problemas tiene el gobierno?
—Está teniendo un problema de agenda, de control de agenda, que tiene que ver en parte con esa búsqueda de consensuar, del diálogo. Se le dificulta sostener la agenda, porque cada vez que avanza lento hacia un lugar, desde el otro lado le están avanzando y colocando otros temas. El gobierno ha tenido momentos específicos: con Cardama, por ejemplo, agarró el toro por las guampas. Después están los otros problemas que tiene el gobierno en términos de articulación de la comunicación.
—¿Son problemas de comunicación o hay un punto más?
—En general hay como una cuestión muy fácil de los gobiernos de echarle la culpa a la comunicación, pero si hiciste bien las cosas, la gente se da cuenta, no es idiota. Ahora, en varios aspectos aparece desarmado el discurso o con algún grado de contradicción, por las características personales de Orsi y del elenco ministerial, que tiene desigualdades importantes en experiencia política y de comunicación política. No es solo comunicar bien, (sino) qué fin último persigo a partir de la comunicación. Eso es bastante dispar. Entonces, necesita un grado de coordinación, de cohesión, que no ha logrado. Y entre otras cosas está la característica del presidente, que es muy bueno en su vínculo personal cercano, pero le cuesta mucho el vínculo más distante y de comunicación a través de los medios o en rondas de prensa. Por eso, una de las características que mostró Orsi a lo largo de la campaña y también ahora, por ejemplo en el discurso en ADM, es leer para no cometer errores. Que no son errores gramaticales, sino de fondo.
—¿Hay problemas de liderazgo en el Frente Amplio?
—El Frente Amplio está atravesando un segundo proceso. El primero fue el de la renovación de candidaturas en el 2019, que le costó mucho, y que volvió a renovar parcialmente en 2024. Y otro es la renovación de liderazgos, que tiene que ver con el 2019, la desaparición de la escena electoral del tridente que termina desapareciendo físicamente en el período 2020-2025. Esas son figuras que dejan un vacío enorme, lo que podemos encontrar en cualquier momento de la historia en todos los partidos. El Frente Amplio todavía no ha construido un liderazgo de la dimensión siquiera parecida a la que tuvieron (Danilo) Astori, (José) Mujica y (Tabaré) Vázquez. Probablemente esté transitando hacia una idea de liderazgos más colectivos.
—¿Orsi está cerca de ser el líder del Frente Amplio?
—No aparece hoy visualizado. Todavía le faltan cuatro años de gobierno, ni más ni menos. Hoy no aparece automáticamente la mirada de que es la construcción de un líder que va a ser el líder del Frente Amplio hacia adelante. Depende mucho de lo que pase estos años.
—¿Se visualizan posibles candidatos del oficialismo para 2029?
—En parte, el desinterés del que hablamos está vinculado a esta idea de que se está permanentemente en una campaña electoral. Y sí, estás en una campaña electoral permanente, y sí, ya hay nombres. No había asumido el gobierno y ya estaban. Es tal el vacío que está teniendo hoy el Frente Amplio que el abanico es muy amplio. Va desde gente que ya fue candidata en algún momento, como (Carolina) Cosse, (Óscar) Andrade o (Mario) Bergara, a Fernando Pereira, (Alejandro) Pacha Sánchez como líder o construcción de líder del MPP. Aparecen las figuras más externas o con menos trayectoria, como Blanca Rodríguez o Cristina Lustemberg, (Gabriel) Oddone o Jorge Díaz. Nombres han surgido muchos. El tema es cuántos se pueden construir como candidaturas presidenciales, no solo a partir de lo que quiera la persona y los grupos, sino la gente.
—¿Cómo viene procesando eso el oficialismo?
—Hay bastante acuerdo en no hablar de los temas electorales en estos primeros años de gobierno. Más allá de alguna referencia que se ha hecho al pasar, en general tiende a desactivarse cualquier mirada electoralista.
Eduardo Bottinelli Factum
Eduardo Bottinelli, director de Factum.
Javier Calvelo / AdhocFotos
—Hablemos de la oposición, que cosecha menos aprobación que el gobierno, pero crece tres puntos en relación con la anterior medición. La foto favorece al gobierno, pero la película puede entusiasmar a la oposición. ¿Es muy prematuro plantearlo así?
—Es muy prematuro. Este electorado no tiene una homogeneidad. Hay una parte mayoritaria del electorado de la oposición que es más tendiente al diálogo. Y hay una barra, tanto en el oficialismo como en la oposición, cerrada, que no quieren dar el brazo a torcer frente a la otra parte, y eso es lo que genera mayor interacción en redes sociales. La crispación te posiciona en un lugar privilegiado en momentos en que lograr visibilización es muy difícil. La cantidad de convocatorias y de interpelaciones que hemos tenido muestra que la oposición quiere dominar la agenda, pero sostener este ritmo desgasta la herramienta y el efecto que produce. Ese es un riesgo que corre la oposición.
—¿Es inteligente la estrategia de Luis Lacalle Pou de distanciarse de este tipo de discusiones?
—Sí, en la medida en que el gobierno está teniendo dificultades para tomar la agenda y la oposición no encuentra su lugar o está tratando de ver cómo dialoga con sus electorados. Además, los votantes de la oposición tienden a ser dialoguistas. En ese entorno, donde hay mucho desgaste de figuras, para Lacalle Pou aparece inicialmente como una buena estrategia no estar desgastándose hoy en la cancha. No tener que estar dando entrevistas, no estar en la discusión en el Senado o no estar en el directorio todas las semanas de alguna forma preserva su imagen. ¿Qué es lo que lo puede condicionar? Que sus salidas estén limitadas o enfocadas solamente en los cuestionamientos a su gobierno, que es lo que ha pasado hasta ahora. Las dos salidas que ha tenido han sido por Arazatí y Cardama. Si cada salida que tiene es por cuestionamientos a su gestión, le puede complicar.
—¿Por qué realizaron esta medición sobre qué bloque cosecha más respaldo?
—Cuando analizás el Latinobarómetro, encuestas internacionales y las propias, el país está en un lugar distinto al que estaba hace 10 años. Hay más desilusión con la política. Los dialoguistas son la enorme mayoría, pero la tercera parte del electorado te dice que está desinteresada (el 9%) o descreída de la política (el 19%).
—¿Y en relación con el resto del continente?
—Todavía estamos en situaciones mejores que el resto del continente. Y eso es lo que a veces nos lleva a ciertas miradas relativas de lo que viene pasando. Cuando mirás los rankings, cada año Uruguay está liderando el ranking de confianza y satisfacción en la democracia, en confianza en los partidos políticos. En sí mismo, Uruguay viene cayendo. Y han aparecido fenómenos que no se asimilan necesariamente a lo que ha sucedido en otros países, ni en características ni en volumen, pero que en realidad no son casualidad. (Juan) Sartori es un fenómeno que en seis meses logra salir segundo en una interna del Partido Nacional. (Gustavo) Salle es un fenómeno. (Guido) Manini fue un fenómeno. Con características totalmente distintas. (Andrés) Ojeda, (Ernesto) Talvi también son fenómenos. En 2019 y 2024, el voto a estas expresiones nuevas se ubica más o menos en el 20%.
—¿Salle puede captar ese botín electoral?
—Salle encaja en una parte de esas características. Una parte del electorado que captó es gente que votó a Cabildo Abierto en 2019.
—¿Visualiza a algún dirigente que pueda capitalizar ese voto a lo nuevo?
—Hoy no. Pero una de las características que tienen estos fenómenos es que emergen rápidamente. No son una construcción de largo plazo. A veces es una construcción de largo plazo que no vimos, porque no estaba en el sistema político; estaba en un programa de televisión, era columnista de humor, como pasó en Italia, o un invitado que hablaba de economía y defenestraba a todo el mundo.
—¿Puede pasar en Uruguay que surja una figura de extrema derecha, como Javier Milei o como está ocurriendo en otros países?
—Hoy no están dadas las condiciones para la existencia de alguien con las características de ese tipo. Eso no significa que no puedan estar generándose gérmenes que terminen derivando en algo parecido, si es que hay cosas que no cambian. Nosotros venimos en un proceso de los últimos 40 años en que gobernaron todos los partidos políticos y si eso no está generando el grado de satisfacción de las necesidades que la gente está depositando en la política, a la larga la gente empieza a ver que la política no es la solución a sus problemas, o al menos la política como la conoce.
—En ese escenario, ¿la coalición debería estar pensando en un candidato que pueda captar ese descontento?
—Depende de si lo que se está pensando es la coalición como un partido o la coalición como un conjunto de partidos que votan por separado. Si la coalición va sola como un partido, no tiene chances de poder explotar esa pata, salvo que esa pata sea mucho más grande. Eso es un dilema que probablemente siga atravesando este año: cuánto se compacta la coalición para ser más fuerte en primera vuelta y caer lo menos posible en la segunda, o cuánto le conviene ir con un abanico más amplio para ser más fuerte en octubre, aunque la redistribución de bancas le sea negativa, como le pasó ahora en 2024, y a riesgo de mayor pérdida en la segunda vuelta. Si hacés una coalición multipartidaria, podés tener mucho más heterogeneidad. Pero ese electorado que votó en primera vuelta algo disruptivo —o al menos una parte importante—, probablemente no va a votar a un candidato tradicional en segunda vuelta. De hecho, explica el movimiento que hubo entre primera y segunda vuelta de 2019.
Eduardo-Bottinelli-Entrevista
Botinelli: “La gente empieza a ver que la política no es la solución a sus problemas”.
Javier Calvelo / adhocFOTOS
—La encuesta muestra un repunte de 3% de quienes piensan que la oposición está quedando mejor que el oficialismo. ¿A qué se debe?
—El repunte tiene que ver con un alineamiento del electorado de la coalición con la coalición. Ahí hay una tensión también. Algunos dicen: “tenemos que ser duros y no dejar ni respirar, porque la gente quiere eso”. Y otros dicen: “tenemos que ir por el diálogo, la gente no quiere el palo en la rueda todo el tiempo”. Las dos cosas son ciertas, y ese es el tema. Hay una parte del electorado que quiere que la oposición le respire en la nuca y no deje ni mover al gobierno, y otro que lo que quiere es que se construyan políticas más dialogadas.
—¿Hay alguna parte de la oposición que se está afianzando más?
—Discursivamente hay diferencias en el Partido Colorado entre Ojeda y (Pedro) Bordaberry, (pero) no hay mediciones claras. Y la mayoría de la gente todavía no ha decodificado que Ojeda y Bordaberry han tenido estrategias distintas, salvo el sector más politizado. Lo mismo pasa con el Partido Nacional.
—¿Qué importancia le da el electorado al posicionamiento de partidos y del gobierno en asuntos internacionales que han invadido la agenda en estas últimas semanas?
—No son temas que aparezcan en las preocupaciones de los uruguayos. Hay cuestiones específicas en los que la gente puede tener un poco más de información, sea porque es de gran dimensión mundial o porque tiene una construcción a lo largo del tiempo. El tema Venezuela es algo que ha llevado varios años en la agenda de discusión. Se han conocido sus referentes de gobierno, ha habido distintas discusiones nacionales sobre el tema; todo eso lo posiciona. Ahora, ese no es un lugar donde la gente ponga su atención. El que pone la atención en los temas internacionales es quien no tiene algunas necesidades y tiene interés específico en seguir los temas políticos en general y los temas políticos internacionales en particular.