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    El gobierno está golpeado por errores propios y el desgaste de la oposición, aunque tiene oportunidades de recuperarse

    Analistas políticos entienden que el caso de la camioneta de Yamandú Orsi es un “problema” que impactó en la imagen del presidente, pero tiene posibilidad de revertirla con los proyectos económicos y de seguridad anunciados para el segundo semestre

    Fueron días de tormenta. Una serie de eventos críticos que se golpeaban entre sí y caían como piezas de dominó. El episodio de la camioneta del presidente de la República, Yamandú Orsi, con sus derivas permanentes, sus explicaciones a medias, los mensajes confusos desde Torre Ejecutiva, las idas y vueltas, le terminó pegando en la banda de flotación al gobierno. Y mientras todo era una misma y frenética noticia en desarrollo, en el sistema político se empezó a hablar —acaso con una inquietud recurrente— de cuidar la institucionalidad, de proteger la investidura presidencial, de tener responsabilidad republicana.

    El temporal parece haber amainado. Pero cuando baja su intensidad emergen consecuencias que deben ser atendidas, hay que ver qué queda en pie y cuáles son los impactos a mediano y largo plazo. Para el politólogo Adolfo Garcé, el gobierno tiene “problemas serios”. Y el “más grave de todos es el inusualmente alto nivel de desaprobación de la gestión del presidente”. La caída de la imagen pública del mandatario fue uno de los coletazos del vendaval. En estos días, la empresa Cifra reveló que un 65% de los encuestados desaprueba la gestión de Orsi. Ayer, miércoles 1, la consultora Factum ubicó en 56% el rechazo a su forma de conducir el gobierno. El director de Factum, Eduardo Bottinelli, explicó a Búsqueda que el liderazgo presidencial ha sido visto por la población “con menos fuerza que presidentes anteriores”. “Hay elementos vinculados al contexto político y cuestiones personales. Algunas virtudes que Orsi tiene como persona y como político no son trasladables al cargo presidencial, y en el ejercicio de la presidencia quedan expuestas algunas debilidades”, opinó.

    Así y todo, su colega Garcé entiende “exagerado” concluir que hay una “crisis” que se proyecte al gobierno. “Al contrario, creo que encara el segundo semestre del año con al menos tres iniciativas que podrían fortalecer su imagen: el uso de vehículos militares para patrullaje en zonas de alta incidencia del delito, el proyecto del Ministerio de Economía sobre competitividad y costo de vida, y el aumento del gasto en la Rendición de Cuentas”, señaló en diálogo con Búsqueda. “No puedo saber si esto será suficiente para que el gobierno repunte ante la opinión pública. Pero lo está intentando”, añadió. La directora de la empresa Cifra, Mariana Pomiés, coincide con Garcé y consideró que el proyecto de Economía “puede tener impacto en la vida de la gente”. En una entrevista con Lado B (TV Ciudad) cuestionó la “ansiedad” de algunos actores políticos y de la opinión pública. “No se acabó el gobierno, llevamos un año. Parece que estuviera todo perdido. ¿Qué hacemos los otros tres años y medio? Tenemos que vivir”, reflexionó.

    Bottinelli también habla sobre los tiempos “acelerados” que atraviesan la sociedad y la vida cotidiana. Algo que tiene, inevitablemente, su correlato político. “Por un lado, cierta necesidad imperiosa de resultados inmediatos. Por otro, la dificultad de los oficialismos para generar continuidades. Y la alternancia como síntoma de estos tiempos”. Para el director de Factum, había “expectativas previas del electorado, especialmente de quienes en 2024 votaron al Frente Amplio, centradas en resolver los temas de pobreza, empleo y de ingresos, a lo que se agrega las personas en situación de calle y la seguridad pública”. Bottinelli explicó que estas altas expectativas estaban “fuertemente ancladas en el recuerdo de los primeros gobiernos frenteamplistas, pero también en cinco años de una oposición que señaló errores y prometió, tácitamente, que con el Frente Amplio la situación sería distinta”.

    ¿Y el rol de la oposición? En el medio de la tormenta política hubo más voces de cautela que otra cosa. El presidente del Directorio del Partido Nacional, Álvaro Delgado, señaló a Búsqueda que los blancos actuaron con “reflejo institucional”, pero advirtió: “Es difícil ayudar a quien no se deja ayudar”. Y aunque trascendió que hubo pedidos desde el oficialismo para bajar la espuma de la crítica y preservar la institución presidencial, en público los dirigentes opositores lo niegan. El senador colorado Robert Silva fue directo: “En esto el gobierno actuó de manera torpe, en etapas y omitiendo información, comunicando mal. Y dejó todo abierto para la suspicacia”. Andrés Ojeda, secretario general de los colorados, lo apoyó: “La nuestra es una responsabilidad clara: respaldar lo que está bien y criticar lo que está mal. Y hemos sido muy justos”.

    Garcé advierte que las democracias precisan “oposiciones firmes, severas”. Sin embargo, cree que “la comunidad de práctica democrática uruguaya debería revisar la forma concreta en que se hace oposición”. “Una cosa es vigilar. Otra es escandalizar. Una cosa es controlar. Otra es exagerar”. El analista político observa que la oposición en Uruguay “tiende escandalizar y a exagerar”. “Esto es independiente de quién esté en la oposición. Es una práctica extendida en el sentido más técnico del concepto. Es lo que se considera correcto. Sin embargo, me parece discutible que realmente lo sea. Puede ser efectivo en el corto plazo. Pero es destructivo en el mediano y largo plazo”, señaló.

    “El 90% de la energía de la oposición suele estar en este país en ganar la próxima elección. El 10% restante de la batería se enfoca en los cinco años posteriores a la elección”, consideró Garcé, y citó al sociólogo Aldo Solari, que “solía decir que la política uruguaya tiene algo de pleito deportivo”. “Los partidos, cuando están en la oposición, deberían dedicar mucho más energía y recursos a elaborar alternativas de política pública y a formar cuadros de gobierno. Los mejores gobiernos siempre son los que se preparan con tiempo”.

    Bottinelli, por su parte, consideró que en lo visible, en lo público-mediático, la oposición ha logrado “desgastar al gobierno rápidamente a partir de una acción continuada de señalamientos y utilización de herramientas parlamentarias”. Pero señaló que la oposición “no ha funcionado como bloque, salvo en algunos aspectos puntuales: todo lo vinculado a temas impositivos y de tarifas”.

    El director de Factum entiende que hay una parte de la oposición más “colaborativa”, que se ve menos, y que es la que genera acuerdos en el Parlamento —aunque advierte que ese vínculo “se ha deteriorado rápidamente en los últimos meses”—, y hay otra parte de la oposición más dura, firme y mediatizada que provoca mayores repercusiones. “La oposición ha sido exitosa en una parte, el desgaste al gobierno. Sin embargo, se observa que dentro de su propio electorado tiene dificultades de sintonía con su actuación, que no significa para nada que eso se traslade a lo electoral, es más un desacuerdo que un retiro de apoyo”.

    La amenaza del outsider

    Semanas atrás, con las pocas certezas que daba el presidente y su mesa chica sobre las razones para aceptar un descuento en la compra de una camioneta para uso personal antes de asumir, con lo demorado y confuso de sus explicaciones, no fueron pocos los dirigentes políticos que empezaron a repetir con temor la palabra outsider. Es una amenaza latente. La llegada en paracaídas de una figura que prometa barrer con los privilegios de la casta política. “¿No estaremos abonando el terreno para eso?”. La pregunta se la hizo un senador blanco que prefirió reserva.

    Para Bottinelli “es notorio que el fenómeno de outsiders se ha extendido, y que formas rupturistas de hacer política han irrumpido en varias democracias del mundo”. Sin embargo, consideró que Uruguay sigue “teniendo fortalezas institucionales”. “Los casos que han surgido hasta ahora no han logrado un éxito permanente, en parte, porque el sistema los absorbe o los expulsa”, recordó. Pero advirtió que Uruguay “no está vacunado” contra estos fenómenos.

    Garcé hace esta reflexión: “El gobierno no conforma. Algunos datos sugieren que la oposición tampoco. Hay un clima de creciente descontento con la política. Si mi interpretación es correcta, hay demanda de novedad. De caras nuevas y discursos diferentes”. El analista político se apoya en algo que le enseñaron sus profesores, y es que los partidos uruguayos persisten mediante el cambio. “La ciencia política contemporánea plantea este asunto en términos de adaptación. Los partidos que duran son los que se adaptan a los cambios del entorno. Los partidos uruguayos han sido capaces a lo largo de la historia de renovarse. Renovar caras, renovar discursos”, señaló. “Es posible que sean capaces de renovarse una vez más. Si no lo hacen, la demanda de novedad encontrará alguna oferta nueva, en otros líderes, eventualmente en outsiders. Dicho sea de paso, cada vez escucho a más gente hablar de Eduardo Lust”, cerró Garcé.

    Búsqueda consultó a Lust, exdirigente de Cabildo Abierto, líder del Partido Constitucional Ambientalista, actualmente retirado de la política y con participación activa en algunos medios de comunicación. “He recibido una cantidad enorme de invitaciones para que vuelva a la política activa y para reunirme con gente que ni siquiera conozco. Hasta yo estoy sorprendido”, dijo. Y se preguntó si realmente puede llegar a ser esa figura que aparece de la nada y reúne un caudal electoral con cierto peso. Pero recién resolverá sobre su futuro político a mediados del 2028.