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Un gobierno “precioso” que “no le llegó a la gente”, y el reproche de Botana a Delgado por los cargos
Entre dirigentes blancos, advierten una “saturación” de la gira de autocrítica del Partido Nacional, porque lo que comenzó como “críticas de campaña” termina con “cuestionamientos al gobierno” de Luis Lacalle Pou
Ya se sabía que la gira de autocrítica blanca por distintos departamentos del Uruguay sería una especie de catarsis colectiva. Unos eventos que dependiendo de la locación y de los dirigentes presentes tendrían mayor o menor temperatura. Y eso es lo que ha ocurrido.
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Ha habido instancias en las que el tono es moderado y con ánimo constructivo —la famosa “oportunidad de mejora” y sin “antropofagia” que se ha cansado de repetir el presidente del Directorio del Partido Nacional, Álvaro Delgado— y otras en las que las críticas y los reproches fueron efectivamente lapidarios. “Sangrientos”, describió una fuente nacionalista. Y además autodestructivos, porque los cuestionamientos a la campaña viraron a valoraciones negativas al gobierno anterior.
A principios de noviembre, la gira hizo escala en Lavalleja. Y ahí hubo un discurso encendido y cargado de cuestionamientos por parte del senador Sergio Botana. El exintendente de Cerro Largo se dirigió a Delgado y se quejó largamente por la conformación de los elencos de gobierno y el reparto de cargos. Tanto cuando fueron oficialismo como ahora en la oposición. Botana dijo que ya había discutido este asunto “dos o tres veces” con Delgado. Y puso un ejemplo: “En Cerro Largo ganamos cinco, seis, siete a uno al sector de él. Y fueron cinco, seis, siete a uno (los cargos) para el sector de él”, dijo, señalando al presidente del directorio. “Bueno, esas cosas...”, reflexionó antes de volver a quejarse de lo “centralista” que “se está volviendo el partido”, con un foco alumbrando permanentemente a Montevideo y un descuido al interior. “Este partido es cada vez de un puñadito más chico y menos abierto a todo el país”, reprochó.
“Las demandas de los ciudadanos”
“Nos perdimos la oportunidad de haber transferido unas cuantas funciones nacionales a los departamentos y municipios. Podríamos haber cambiado todas esas estructuras”, dijo Botana. Y luego reclamó “abrir la puerta para que la sociedad se represente a sí misma”. Fue ahí que el senador se metió de lleno en la crítica a la gestión encabezada por el expresidente Luis Lacalle Pou. Dijo que fue un gobierno “precioso” e “incuestionable” desde el punto de vista de “la obra pública, del equilibrio fiscal, del manejo de las cuentas públicas, de la seriedad”. Pero matizó: “Lo que no hicimos fue atender las demandas de los ciudadanos, de la gente. A las cosas de la gente le respondimos muy poco desde el gobierno. Esas cosas que la mayoría de las veces son gratis”, señaló para referirse a lo micro, al día a día de los problemas de las personas, por encima de las grandes reformas.
En este punto, Botana puso énfasis en la situación que atravesaron los departamentos limítrofes con Argentina y Brasil durante el período pasado. “Al litoral lo tuvimos incendiado durante todo el gobierno. Fui una y otra vez a decirles estas cosas a casa de gobierno y a los ministerios. Fui 15 veces por este asunto”, recordó. Y agregó: “No podemos pretender que nos voten si la gente perdía comercios, empleos, estaba perdiendo todo, tenía todo incendiado. Y no era porque faltaran proyectos, ideas. Pero había una barra que entendía que éramos unos contrabandistas, cuando le estábamos dando soluciones de absoluto corte liberal”. Botana también lamentó haber “convivido todo el gobierno con el reclamo del atraso cambiario” sin que haya existido una respuesta.
Este tipo de cuestionamientos a la gestión liderada por Lacalle Pou comenzó a incomodar a la alta dirigencia blanca, dijeron a Búsqueda fuentes nacionalistas. Entienden que lo que comenzó como una gira para exponer y analizar los errores cometidos o las oportunidades desaprovechadas durante la última campaña electoral termina en una serie de críticas furiosas al gobierno anterior. Un “fuego amigo” que al ser amplificado en la opinión pública puede terminar perjudicando las propias chances de volver a gobernar. Ya hay una “saturación” de la autocrítica, señaló una fuente blanca, que opinó que con este “striptease” de la autocrítica se están pegando un tiro en el pie.
Uno de los mojones, uno de los planteos públicos que encendió alarmas fue el que hizo el intendente de Paysandú, Nicolás Olivera, cuando se refirió a la administración anterior como un “gobierno medio pelo” con “un buen presidente con mejor imagen”. “Eso dolió de forma generalizada”, comentó una fuente. Y es por eso que en la cúpula blanca ya quieren dar por cerrado este proceso. La última actividad de la gira será en Maldonado este sábado 23. Está previsto que el lunes 1 de diciembre se presente el informe final en el directorio, se apruebe, y se le dé un cierre al asunto autocrítica. Sin embargo, también hay otros dirigentes blancos que esperan una instancia más: una nueva convención en marzo, con 500 convencionales de todo el país, en la que se expongan y se debatan las conclusiones a las que se arribaron durante estos meses.
La penúltima fecha de la gira, que se detuvo en Canelones, fue particularmente tensa. Pero ahí hubo más cuestionamientos a Delgado como candidato que a la gestión de gobierno. El lugar del debate fue en Las Piedras, la misma locación donde los blancos suelen cerrar sus giras en las campañas para las elecciones nacionales. Allí Delgado tuvo que soportar duras críticas por cómo encaró el proceso electoral. Una dirigente local le lanzó: “Para ser presidente, lo primero que tenés que hacer es saludar a la gente una por una y no decir que estás cansado como excusa”, según reconstruyó Búsqueda. También le recriminaron “no escuchar” y no “recorrer” la totalidad del territorio. Y hubo —ha sido una constante— reclamos por la decisión de elegir a Valeria Ripoll como compañera de fórmula.
El diario El País consignó que, además, fue una instancia de reproches cruzados y pases de facturas entre dirigentes por las ausencias en determinadas giras o por hablar durante unos minutos al inicio y después no quedarse a escuchar a los demás compañeros.