Luego el propio presidente Mujica descartó la creación del ITS, promovida por su partido, y propuso en el acuerdo partidario de febrero de 2012 la idea de una universidad tecnológica. El borrador presidencial proponía más bien una suerte de reconversión de UTU como instituto autónomo, que integraría verticalmente la educación media tecnológica —sin precisar si ello implicaba también la educación tecnológica básica, dirigida a chicos de 12 a 15 años, y el nivel terciario y superior. Pero no implicaba un proyecto de reconversión de UTU en una universidad tecnológica, para el cual solo estaba preparada una parte de la antigua institución: centralmente el Instituto Tecnológico Superior Arias - Balparda, responsable de la carrera de Ingeniería Tecnológica. Esta formación, auténticamente superior ha sido siempre resistida por la hegemonía cultural de las ingenierías tradicionales.
Ante la fuerte contradicción entre dos proyectos frentistas opuestos y ante tantas ideas e iniciativas disímiles, provenientes del mismo gobierno (al menos cuatro proyectos diferentes): UTU autónoma, ITS terciario no universitario, UTU “paralela” y finalmente, ITS reconvertido en Universidad Tecnológica), parece casi un milagro que el proyecto de UTEC haya sido finalmente aprobado en la Cámara de Diputados.
Hoy, el país se enfrenta a un desafío central: reunir las piezas rotas de los diversos proyectos confrontados, desechar algunas, seleccionar otras y darle a la nueva universidad naciente un proyecto unívoco, un mandato fundacional nítido, que garantice el éxito futuro de la institución. Las instituciones no nacen porque sí ni para realizar cualquier cosa. Es necesario y urgente que posean una misión y un proyecto de futuro que exprese las necesidades sociales y la voluntad inteligente de quienes las erigen.
La universidad tecnológica deberá estar centrada en la creación y vinculación tecnológica y en la articulación entre ciencia, tecnología y sociedad.
En este sentido, parecería que debe hacerse lo posible para apoyar a este nuevo proyecto -que nace con la rémora del ITS previsto en la ley de educación oficialista. Para apoyarlo, entre otros recursos, el país cuenta con una larga tradición de educación técnica y tecnológica en la UTU —entre otras instituciones— asumiendo que no todo el actual Consejo de Educación Técnico-Profesional de ANEP es compatible con una universidad tecnológica y que ninguna universidad tecnológica, puede desconocer la acumulación de UTU —en especial, en lo que respecta a sus formaciones netamente superiores: las ingenierías tecnológicas.
Si el Senado aprueba el proyecto sin modificaciones, es fundamental comprender que la nueva universidad tecnológica requerirá un fuerte direccionamiento inicial desde el nivel central de la política pública, desde el Estado.
El mensaje debe ser que la nueva institución no es un nuevo juguete para bloquear. Será una institución cara. Será un mecanismo delicado, que debe guiarnos proactivamente a la punta de la innovación y la vinculación tecnológica. Aún no somos conscientes de cuán caro y de cuán delicado, pero, si va a ser una universidad tecnológica, lo será en alto grado. La financiaremos todos —en especial quienes no asistirán a ella— y no admitirá politiquerías y sectarismos —y menos en el órgano directivo.
El Partido Nacional, el Partido Colorado y el Partido Independiente, con base en una oportuna moción de este último, propusieron en la mutipartidaria que el órgano jerarca fuera pequeño, ligero, proactivo, prácticamente una “agencia reguladora”, un centro inteligente que fijara objetivos generales, metas y estándares.
Luego, los Institutos Tecnológicos Regionales —ITR— (donde el proyecto de la oposición incluía el “cogobierno” sin ningún tipo de prejuicio, pues allí sí, sobre decisiones concretas, se necesita la perspectiva de los actores) serán los encargados de realizar un desempeño excelente en la formación, la investigación y la conexión al medio, un desempeño que por una norma del proyecto, estará sujeto a la evaluación y la acreditación cuando esta exista en el país.
Más allá de las discusiones en torno al co-gobierno, lo cierto es que hoy, nos guste o no, no existen aún órdenes de la nueva institución, ni habrá cogobierno en lo inmediato. (Ello está previsto en el Capítulo IX, disposición transitoria a, Primera integración del Consejo Directivo Central).
Pero sí será necesario al menos un ligero cambio en el actual texto con media sanción, sea en esta instancia, sea por una ley inmediatamente posterior —si no se desea retrasar la decisión y que el proyecto modificado no regrese a la primera Cámara. Debe acordarse inequívocamente por todos los partidos, en esta misma instancia, que los egresados de la ingeniería tecnológica de UTU, están en condiciones, como otros egresados universitarios, de integrar el Directorio y ello requerirá un pequeño aditivo o una norma complementaria, o interpretativa (previsiones del artículo 17).
El Consejo de Educación Técnico-Profesional continuará existiendo, al menos por ahora y resulta por ello fundamental que en un futuro ambas instituciones operen en el marco de un planeamiento estratégico compartido. Lo ideal sería que el segundo ciclo de enseñanza media dictado por UTU, funcione como un verdadero colegio pre-universitario, desde el cual los chicos y chicas puedan orientarse a continuar estudios en la UTEC –también en Udelar y en las privadas. Dado que en el texto con media sanción, este “colegio” no estará funcionalmente en la UTEC, al menos, deberá ser firme y visible la conexión.
El proceso de diferenciación institucional vivido por la educación superior a escala mundial en los últimos treinta años, es pródigo en ejemplos de promoción al nivel universitario, de instituciones que antes pertenecieron al subsistema de educación superior no universitaria, como las Fachschulen alemanas, o los institutos politécnicos británicos (el sistema binario terminó en el Reino Unido en 1989). Sus diplomas pasaron a tener un valor convergente con los de las universidades tradicionales.
La Universidad Tecnológica Nacional UTN argentina es un magnífico ejemplo de una institución pública federal, con veintinueve Facultades regionales, en el que se realiza una contribución clave a la enseñanza de las ingenierías y a la vinculación tecnológica. Su misión es: “crear, preservar y transmitir la técnica y la cultura universal en el ámbito de la tecnología”. Se trata de una universidad de alta calidad, que ha realizado un proceso de Autoevaluación Institucional y que ha participado del proceso voluntario de Acreditación de las carreras de grado de Ingeniería en 2002 (RM 1232/01) y de las carreras de grado de Ingeniería (RM 1054/02), en la convocatoria obligatoria de 2005, habiendo acreditado el 97 % de las carreras involucradas.
La oferta de la UTN, por ejemplo, incluye tecnicaturas y carreras cortas, licenciaturas: ingenierías (aeronáutica, civil, eléctrica, electromecánica, electrónica, industria automotriz, industrial, mecánica, metalúrgica, naval, pesquera, química, sistemas de información, textil) y especializaciones, maestrías y doctorados en ingenierías: http://www.utn.edu.ar/secretarias/academica/basesutn.utn
La Universidad Tecnológica Federal de Paraná –UTFP - http://www.utfpr.edu.br/ - con sede principal en Curitiba, es un buen ejemplo de reconversión institucional. Una suerte de “UTU” paranaense, fundada en 1912, que desde 2009 se convirtió en una universidad tecnológica federal. La UTFP dicta, en doce campus, cursos de educación media superior (como nuestros Bachilleratos Tecnológicos), carreras de grado, un programa de formación pedagógica, especialización, maestrías, doctorados, educación a distancia y posee un centro de lenguas extranjeras modernas.
La oferta de la UTEC deberá asociarse a los núcleos dinámicos de la economía y la sociedad uruguayas, a las oportunidades que ofrecen las cadenas nacionales, regionales y globales de valor y en alguna medida, pero no mecánicamente, a las ventajas comparativas del contexto departamental. Deberá ofrecer oportunidades ciertas de formación a los jóvenes del Interior y de Montevideo y prever y facilitar su movilidad interna.
El país tiene hoy la oportunidad de generar una institución valiosa, necesaria, de la que habremos de enorgullecernos un día, si somos capaces de diseñarla e implementarla adecuadamente. Ojalá seamos capaces de aprovecharla.
Enrique Martínez Larrechea
CI: 1.521.610-1