Luego de cinco horas de charlas sobre salud, derechos sociales y derechos laborales, Karina Núñez, líder de la Organización de Trabajadoras Sexuales (Otras), quiso cerrar el primer Seminario sobre prostitución y trabajo sexual con una imagen simbólica. Por primera vez en la mañana del 30 de noviembre, hizo pasar al frente de la sala principal de la sede del PIT-CNT a las verdaderas protagonistas de la jornada: una veintena de trabajadoras sexuales. Les fue pasando el micrófono a cada una para que dijeran su nombre y desde dónde venían.
El seminario era en realidad la antesala de un encuentro que tendrían solas después. Allí, asesoradas por el PIT-CNT, resolvieron conformarse formalmente como una organización, con el horizonte de crear un sindicato.
Otras, que comenzó como un movimiento impulsado por tres trabajadoras sexuales, logró reunir el viernes a 42 provenientes de 14 departamentos. Para seguir consolidándose organizarán un evento en enero en San Gregorio de Polanco, uno en Paso de los Toros en febrero y otro en Montevideo en marzo.
En el seminario que sirvió como punto de partida de esta nueva etapa, quedó claro que les sobran temas sobre los que trabajar. En esa instancia, por ejemplo, hicieron sentir al gobierno su reclamo inmediato de fiscalización real de la actividad de los prostíbulos y las whiskerías, con relatos de muy malas condiciones de trabajo. También quedaron en evidencia las carencias del abordaje de las políticas de salud y el bajo alcance de las herramientas de registro de la actividad en la seguridad social.
La teoría y la práctica
El reclamo de una mayor y más severa fiscalización de la actividad fue la conclusión más sobresaliente que se llevaron los representantes de organismos públicos que participaron de la primera mesa del seminario, sobre acceso a la salud en el ejercicio del trabajo sexual. En particular, la demanda iba dirigida a Gastón Casaux, de la División de Salud Ambiental y Ocupacional del Ministerio de Salud Pública, que expuso sobre el rol de esa dependencia.
El abogado había explicado que entre sus competencias sobre “condiciones y medio ambiente de trabajo” estaba el control de los prostíbulos, las whiskerías y establecimientos afines. Dijo que ejercían el rol de “policía sanitaria” y que vigilaban tanto la salud de los trabajadores como las condiciones higiénicas y sanitarias de los edificios, incluso en aspectos como la iluminación o el acceso al agua. Por las particularidades del rubro, sostuvo que decidieron bajar de cinco a dos años la vigencia de las habilitaciones que expiden.
El reclamo de una mayor y más severa fiscalización de la actividad fue la conclusión más sobresaliente que se llevaron los representantes de organismos públicos que participaron de la primera mesa del seminario, sobre acceso a la salud en el ejercicio del trabajo sexual.
Cuando se abrió el espacio a la participación del público, las trabajadoras sexuales pusieron sobre la mesa otra realidad: condiciones edilicias muy malas, siete trabajadoras utilizando la misma habitación y el mismo colchón destrozado, mujeres obligadas a trabajar a los pocos meses de dar a luz o con una pierna quebrada.
“En los cuartos en los que trabajamos nos podemos agarrar cualquier enfermedad. ¡Y los habilitan!”, protestó una trabajadora. Otras les reclamaron a los funcionarios que salgan de la oficina, que “levanten el culo” y vayan a los lugares.
Daniel Márquez, referente de poblaciones vulneradas en la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), reconoció que no hay en la carrera de Medicina formación sobre las particularidades del trabajo sexual y que es necesario incorporar ese conocimiento con las trabajadoras para poder generar una mejor “práctica medicinal en territorio”. Cuestionó a su vez que los controles de salud de esa población “se restringen a la genitalidad”.
“Pareciera que cuando entra una trabajadora sexual a un consultorio solo se le tiene que controlar los genitales”, dijo.
En la intervención de Miriam Olivera, obstetra encargada de una Policlínica de Trabajo Sexual de ASSE en Trinidad (Flores), y a través de intervenciones del público fueron surgiendo otros problemas de salud derivados del oficio. Uno de ellos fueron los daños al hígado y al estómago, producto del consumo de alcohol; varias trabajadoras pidieron medidas para evitar que en los prostíbulos se las obligue a tomar. Las enfermedades derivadas del frío fueron planteadas como uno de los problemas específicos de quienes trabajan en la calle.
“En los cuartos en los que trabajamos nos podemos agarrar cualquier enfermedad. ¡Y los habilitan!”, protestó una trabajadora. Otras les reclamaron a los funcionarios que salgan de la oficina, que “levanten el culo” y vayan a los lugares.
Por su experiencia en la clínica de Trinidad, Olivera llamó a poner atención sobre el consumo de viagra en las trabajadoras transexuales, que muchas veces mezclan con alcohol, cocaína o marihuana.
La segunda mesa intentó aportarles herramientas a las trabajadoras sexuales sobre derechos sociales y laborales. Allí, representantes del Ministerio de Trabajo y del Banco de Previsión Social (BPS) les informaron sobre las posibilidades que tienen para registrarse y tener derecho a una jubilación y a la salud. La realidad actual muestra que de unas 12.300 trabajadoras inscriptas en el Registro Nacional de Trabajo Sexual (Ministerio de Salud Pública), solo 87 hacen uso de la posibilidad de aportar como monotributo en el BPS.
Una de las primeras preguntas formuladas al terminar las exposiciones de los representantes estatales fue el mejor resumen de todo el trabajo que tienen por delante tanto los organismos gubernamentales como las trabajadoras: “¿Qué es el Fonasa?”.
Las deudas
Karina Núñez dedicó la mayor parte de su intervención en la apertura del seminario a agradecer a las personas y organizaciones que aportaron para que el evento pudiera concretarse. Lo hizo intercalando también varios palos, y sin perder su estilo: hosco, pero entrador y carismático.
“Yo después de que agradezco ya no debo nada”, les advirtió, generando risas entre los asistentes.
Otros dos disertantes de ese panel, con tono más serio, pusieron sobre la mesa sus deudas. Una de ellas fue Patricia González, la directora de la Asesoría para la Igualdad de Género de la Intendencia de Montevideo.
“El feminismo ha tenido un debe enorme con las trabajadoras sexuales. Porque mientras discutimos si somos más abolicionistas o menos, si queremos abolir o si estamos de acuerdo, las compañeras están solas. Entonces, lo que vemos ahora es que no pueden pedir crédito, no pueden tener una garantía de vivienda, no pueden acceder a la salud. Hay muchos derechos que no tienen. Mientras discutimos y nos ponemos de acuerdo en la teoría, las compañeras tienen serios problemas”, dijo.
Unos minutos más tarde, el presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira, redobló la apuesta y dijo que la deuda del sindicalismo con las trabajadoras sexuales era todavía mayor que la del feminismo. En su opinión, no existe otro tema en Uruguay que se trate con tanta “hipocresía” como ese.
El presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira, dijo que la deuda del sindicalismo con las trabajadoras sexuales era todavía mayor que la del feminismo. En su opinión, no existe otro tema en Uruguay que se trate con tanta “hipocresía” como ese.
Con mirada autocrítica, señaló que el trabajo sexual “fue y sigue siendo” uno de los sectores “más perseguidos”. Sin embargo, “nunca aparecen” en los discursos sindicales en los que se suele levantar reclamos de los sectores vulnerables.
En el mismo sentido, dijo que si bien es costumbre que cuando un sindicato atraviesa una crisis toda la dirección del PIT-CNT se ponga a trabajar para superarla, no sucedió lo mismo con el de las trabajadoras sexuales. “Acá nos desapareció el sindicato de meretrices del Uruguay y nadie movió un dedo. Absolutamente nadie”, recordó.
Para empezar a enmendar las deudas, Pereira les dijo a las trabajadoras que tenían a disposición toda la estructura del PIT-CNT para continuar ampliando su proceso de organización. También les aseguró que tendrían las puertas abiertas para trabajar en pie de igualdad dentro de la organización, si finalmente deciden formar un sindicato.
“Lo vamos a garantizar militando, no hablando”, afirmó.