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    Presidencia argentina dio apoyo “muy fuerte” a la elección de José Mujica

    “Como hicimos con Tabaré, pondremos todo, sin que nos pidan, aunque nos nieguen y nos insulten”, escribió poco antes de los comicios Rafael Follonier, el canciller en las sombras de los gobiernos kirchneristas

    En su oficina de la Casa Rosada a siete metros del despacho presidencial, Rafael Follonier escribió un correo electrónico con el corazón “desgarrado”. Era 19 de setiembre del 2009 y el canciller en las sombras del gobierno de Cristina Fernández había leído que José Mujica se refería al kirchnerismo como una “patota” en el libro Pepe Coloquios. Pese a su malestar por las “estupideces” del líder tupamaro, sobre el final de su comunicación, Follonier le adelantaba a la referente del Movimiento de Participación Popular (MPP) en Buenos Aires, Lilian Alfaro, que seguirían poniendo “todo” para facilitar la victoria del Frente Amplio en las elecciones que tendrían lugar un mes después en Uruguay.

    Ese es uno de cientos de correos del coordinador de Asuntos Técnicos de la Unidad Presidencia de Argentina y secretario de Néstor Kirchner durante su mandato en la Unasur que arrojan más luz sobre los vínculos de Mujica con el gobierno kirchnerista antes y después de su victoria en el balotaje de noviembre del 2009.

    Entre los correos, filtrados y divulgados en una página web en 2011, pero que no tuvieron mayor repercusión en Uruguay, hay detalles del apoyo gubernamental argentino a la candidatura de Mujica, algo que el dirigente tupamaro buscó que pasara desapercidio durante la campaña electoral pasada.

    “Diferenciarse de Tabaré”

    A comienzos de la década de 1970, Argentina era un hervidero de grupos de izquierda que pretendían derrocar la dictadura militar gobernante y terminar con la influencia del “imperialismo” en el país. Entre ellos estaba el Partido Revolucionario de los Trabajadores, de orientación marxista, que había constituido el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) como su brazo armado.

    Follonier integró el ERP y como consecuencia pasó buena parte de esa década exiliado en países de América Latina y Europa. Mantuvo su militancia política y a su regreso adhirió a proyectos políticos menores, hasta que se sumó a las filas del kirchnerismo. En 2004, Néstor Kirchner lo nombró al frente de la Unidad Presidencia, y de a poco se convirtió en parte de la diplomacia paralela de su administración y de la siguiente. Para lograrlo se valió, en parte, de los contactos entablados durante su actividad en el ERP. De acuerdo con un artículo divulgado por La Nación en 2010, Follonier y Mujica se conocían desde la “época tupamara” del uruguayo.

    Entre los correos, filtrados y divulgados en una página web en 2011, pero que no tuvieron mayor repercusión en Uruguay, hay detalles del apoyo gubernamental argentino a la candidatura de Mujica, algo que el dirigente tupamaro buscó que pasara desapercidio durante la campaña electoral pasada.

    La campaña electoral de Mujica es uno de los temas sobre Uruguay que más se repiten en los correos filtrados. Uno de ellos, con fecha de noviembre del 2008, es entre Follonier y Juan Abdo, otro funcionario kirchnerista de la Presidencia argentina.

    “El otro tema es uruguayos del MPP. Me llamó la operadora del mov. (Lilian Alfaro). Están pidiendo pista para un acto de Mujica en el conurbano. Cuando estés, te cuento detalles. Pretenden mantener lazos contigo y diferenciarse del tema Tabaré (Vázquez)”, escribió Abdo.

    En aquella época, las relaciones entre los gobiernos de Argentina y Uruguay estaban en uno de los peores momentos de su historia. La raíz del problema era la instalación de una planta de pasta de celulosa en Fray Bentos, a la vera del río Uruguay, lo que derivó en un conflicto diplomático que llegó hasta los tribunales internacionales en La Haya. Apenas unos meses antes, el presidente Vázquez había anunciado que Uruguay no apoyaba la designación de Néstor Kirchner como secretario general de la Unión de Naciones del Sur (Unasur).

    Aunque “nos insulten”

    A medida que las elecciones en Uruguay se acercaban, el interés por sus resultados crecía al otro lado del río. Los datos de las encuestas llegaban al correo electrónico de Follonier con periodicidad.

    Durante la campaña, con la relación bilateral por el piso, el apoyo explícito del kirchnerismo era algo que quemaba. En abril del 2009, a poco de las internas en las que Mujica competía con Danilo Astori, Kirchner y el sindicalista Luis D’Elía declararon su respaldo al tupamaro. Incluso, D´Elía dijo que el “aparato” del peronismo estaba a su disposición.

    En seguida Mujica buscó distanciarse. “Si Kirchner quiere ayudar, que destape los puentes”, declaró a la prensa. En los medios argentinos hablaban de la “calentura” de Mujica con Kirchner. Incluso, aseguró además que se trataba de una operación de la oposición para complicar su candidatura.

    Los correos electrónicos mues­tran que, antes y después de esos comentarios, entre las preocupaciones casi diarias del funcionario de Presidencia de Argentina estaba el tópico “Mujica (ayudar elecciones)”.

    A un mes de las elecciones nacionales, un episodio complicó las relaciones. “¿Qué tengo que hacer, ahora, compañera?”, le escribió Follonier a Alfaro. Acababa de leer algunas declaraciones de Mujica en Pepe Coloquios recogidas por Búsqueda.

    “La pregunta es también para María (Minacapilli, secretaria de Mujica) y a pesar de las estupideces, también para el Pepe, que lo quiero presidente”, decía el exmilitantes del ERP, a quien le molestaba que el entonces candidato se refiriera a los peronistas como “patoteros”. “A ver si alguna vez los compañeros de la patria sudamericana entienden que de este lado del Río demasiados ‘progres’ han sido casi siempre gorilas y la mayoría de los peronistas son los populares que ponen el cuerpo, la sangre y las ideas para hacer mejor la vida de los laburantes y del pueblo argentino. Yo me banco las groserías de cierto gorilaje oriental, pero me cuesta un güevo y medio aguantar los agravios gratuitos de mis más queridos camaradas de los últimos 45 años de luchas comunes en el sur del mundo”.

    Follonier aclaraba sobre el final de su correo, enviado el 19 de setiembre del 2009, que “de todas formas” su actitud con el Frente Amplio no iba a cambiar. “Como hicimos con Tabaré, pondremos todo, sin que nos pidan, aunque nos nieguen y nos insulten, para que el voto de los orientales de este lado del charco sea un aporte para mejorar el futuro de los hermanos de la patria de Artigas, el mejor argentino de la Banda Oriental”, escribió, y cerró el mensaje: “Un abrazo (desgarrado) desde el corazón. Hasta la victoria siempre”.

    Alfaro, quien tiempo después sería designada por Mujica como cónsul general en Buenos Aires, contestó días después e intentó justificar a su líder. Sostuvo que fue una “operación” de la oposición y que el tupamaro ya había hablado con Cristina Fernández y “otra gente del gobierno” argentino.

    “Lo de la patota en el Uruguay, no es porque son pesados, sino porque van para adelante, y juntan a muchos. Acá cuando sos patotero en el Uruguay es pechar al otro. Se lo que te pasó, pero estando acá, las cosas las vimos diferentes”, argumentó. “Un abrazo y gracias por estar siempre en nuestra causa”.

    La campaña electoral de Mujica es uno de los temas sobre Uruguay que más se repiten en los correos filtrados. Uno de ellos, con fecha de noviembre del 2008, es entre Follonier y Juan Abdo, otro funcionario kirchnerista de la Presidencia argentina.

    El apoyo “total” anunciado tendría otra expresión días más tarde, cuando el gobierno kirchnerista aprobó el decreto que daba asueto a los uruguayos que querían votar en las elecciones en las que competía Mujica. Follonier le escribió al secretario Técnico y Legal de la Presidencia argentina: “El Pepe avisado y agradecido con saludos a N y presidenta; le mandé copia”.

    Mujica reconocería el respaldo de los argentinos en el libro Una oveja negra al poder, publicado en mayo del 2015. “Los argentinos nos dijeron: ‘Vos pedinos lo que precises, lo que precises te damos’”, relató el entonces presidente. Ese apoyo se tradujo, sobre todo, en transporte de uruguayos al país el día de la votación, aseguró. “No nos dieron más porque no pedimos más”.

    El embajador argentino en Montevideo, Hernán Patiño Mayer, era uno de los que mantenía informado a Follonier acerca de la realidad local. Le enviaba las encuestas que se publicaban en Uruguay y que, en noviembre de 2009, de cara al balotaje con Luis Alberto Lacalle, ubicaban al candidato del Frente Amplio como favorito. También le daba detalles de otros episodios, como el arsenal que había sido encontrado en la casa de Saúl Feldman, que algunos políticos atribuían a los tupamaros.

    “El episodio armas, según me dijo hoy un dirigente del MLN, nada tiene que ver con ellos. Por ahora parece ser un boomerang para la derecha, pero habrá que ver”, escribía el diplomático.

    Patiño Mayer se cruzó con Mujica diez días antes de la segunda vuelta. “Lo vi muy optimista —ojalá no se equivoque—, muy agradecido con Cristina por el decreto de asueto para el 29 que yo le mandé apenas lo recibí”, escribió. “Me dijo que había hablado con ella por teléfono”.

    “Estoy ayudando muy fuerte (en las) elecciones uruguayas, obvio que con amigos comunes de Montevideo”, le escribió Follonier a otro contacto. Y agregó: “También estoy hasta las manos en Chile ayudando a amigos comunes en próximas elecciones. Para completar, también votan los bolivianos, pero esta viene más fácil”.

    Las “tareas prometidas”

    El día del triunfo de Mujica, Follonier estaba en Montevideo. Era un buen momento para empezar a cosechar el resultado de los trabajos bajo cuerda, pero su encuentro no pasó desapercibido, porque dirigentes del oficialismo transmitieron a periodistas uruguayos que un enviado de la presidenta argentina había llevado una propuesta para destrabar el conflicto binacional.

    El interés que despertó en los medios su reunión disgustaba al ex-ERP. “Me están llamando desde ayer los medios, NO hablé, NUNCA hablo con los periodistas; así que por mi lado no hay dudas ni doble discurso (con la prensa NO tengo discurso). Yo ya informé ayer a mi jefa sobre el encuentro con Pepe”, le escribió el 1º de diciembre al embajador argentino, quien estaba preocupado por la difusión de la información.

    Follonier mantuvo su perfil bajo pese al requerimiento de los medios. Y, como le dijo a Patiño Mayer, siguió su trabajo diplomático en las sombras para cumplir con “las tareas prometidas” a Mujica.

    Poco tiempo después de la asunción del segundo gobierno del Frente Amplio en marzo del 2010, terminó el corte del puente internacional que une Gualeguaychú y Fray Bentos. Poco antes, Mujica había levantado el veto que Uruguay mantenía sobre la designación de Kirchner como secretario general de la Unasur.

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