Por tener como sede un país poco futbolero, esta edición de la Copa América viene presentando estadios semivacíos y ciudades que no vibran al ritmo de la máxima fiesta del fútbol latinoamericano.
Muchos aprovecharon las vacaciones de julio para viajar al torneo para ver a la Selección Uruguaya con amigos o en familia
Por tener como sede un país poco futbolero, esta edición de la Copa América viene presentando estadios semivacíos y ciudades que no vibran al ritmo de la máxima fiesta del fútbol latinoamericano.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPero poco parece importarles a los miles de uruguayos que viajaron a Estados Unidos, con confianza en una selección renovada que aspira a alcanzar su decimosexto título a nivel continental de la mano del rosarino Marcelo Bielsa.

Muchos aprovecharon las vacaciones de julio para viajar al torneo con amigos o en familia, ya sea a los partidos de la fase de grupos (Panamá en Miami, Bolivia en Nueva Jersey, Estados Unidos en Kansas City) o a los partidos definitorios, sin importar el destino, la fecha o el rival.
Al primer encuentro, Uruguay llevó casi 10.000 hinchas, cifra que triplicó en la goleada frente a Bolivia, gracias a la enorme comunidad uruguaya que reside en los alrededores de Nueva Jersey y Nueva York.
Contra los locales, tocó sentirse visitante, aunque algunos fanáticos se las ingeniaron para llegar hasta Kansas y representar a más de tres millones en la trabajosa victoria por 1 a 0 ante Estados Unidos, en un partido parejo y áspero.
Hay tantas historias como hinchas. Gastón Oromí, por ejemplo, viaja desde hace años por la selección. Estuvo presente en los Mundiales de Sudáfrica y Brasil, y en un par de ediciones de la Copa América. En este caso, la oportunidad fue perfecta para visitar a sus cuñados, que viven en Weston, Florida, acompañado de su hijo Agustín. Si Uruguay avanza a instancias finales, el equipo se agrandará, ya que su esposa no quiere perderse una eventual final.
Andrea Garcés, por su parte, está de vacaciones en Miami y aprovechó para alimentar una de sus pasiones. Vive en Buenos Aires, por lo que viaja regularmente a ver partidos por Eliminatorias a Montevideo y ya recibió a la selección en la Copa América 2011, que Uruguay ganó en Argentina. Vio el primer partido de la fase de grupos, y pese a que no tiene pensado trasladarse a otra ciudad, si el equipo avanza a la final, la tendrá a ella en la tribuna.
Por otro lado, Estados Unidos es uno de los países que alberga más inmigrantes uruguayos, que pocas veces tienen la oportunidad de ver de cerca a Federico Valverde, Darwin Núñez, Luis Suárez y a las demás figuras del equipo.
Por dos semanas los tendrán al alcance, y pese a que hay que recorrer cientos de kilómetros entre sede y sede, las banderas uruguayas ondean en la puerta de los hoteles, frente a los centros de entrenamiento y en el corazón de cada ciudad.
Dicha pasión se puede ejemplificar en los casos de Camille Kilian, Andrea Costazo y Valentina Krysko, que desde hace años viven en Florida, San Francisco y Nueva York, respectivamente, y no suelen tener la oportunidad de ver a la Celeste. Además de mucha ilusión, este torneo les permite sentirse cerca de Uruguay y recibir la visita de viejos amigos.
La hinchada de Uruguay no puede compararse en volumen con la de Brasil, Estados Unidos, México o Argentina, pero bien saben los uruguayos que están siendo bien representados, dentro y fuera de la cancha. Y los jugadores en la cancha responden, con buen fútbol y una fase de grupos récord: tres triunfos y nueve goles, con tan solo uno en contra.