La chef de la residencia de la Embajada de Francia, María Corzón, fue distinguida con la Medalla de Honor del Ministerio para Europa y Asuntos Exteriores por sus 26 años de servicio y en reconocimiento a sus cualidades humanas y profesionales.
Corzón dedicó el homenaje a su madre e hija
La chef de la residencia de la Embajada de Francia, María Corzón, fue distinguida con la Medalla de Honor del Ministerio para Europa y Asuntos Exteriores por sus 26 años de servicio y en reconocimiento a sus cualidades humanas y profesionales.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl homenaje tuvo lugar el jueves 3 por la noche en la residencia del embajador Jean-Paul Seytre, que reunió a familiares, amigos, colegas y allegados a la condecorada. En su discurso, el embajador la describió como “una de las funcionarias más fieles de la embajada” y destacó el papel fundamental que desempeñó en la representación del país: “La mesa refleja la gastronomía, el saber hacer y vivir y el arte de recibir a la francesa”. Con afecto y humor, recordó los últimos cuatro años de trabajo compartido en los que Corzón supo interpretar con maestría sus “manías, antojos y preferencias”, entre ellos uno de sus platos predilectos: conejo a la mostaza. “Digno de mi madre, y ahí está todo dicho”, dijo.
A pesar de su carácter reservado, Corzón pronunció un emotivo discurso en el que repasó su trayectoria personal y profesional. “Allá por los 90, la vida no venía con receta fácil. Mi sueño era la medicina, pero en el camino, siempre azaroso, fui encontrando razones para seguir adelante”, contó. También rememoró aquella noche en el restaurante Lo de Carlotta, cuando, tras servir un cordero, unos comensales pidieron conocer al chef. Eran el entonces embajador de Francia y su esposa, quienes esperaban a un cocinero compatriota, “no a una joven uruguaya de 24 años”, por lo que le propusieron trabajar en la residencia, “la cual hoy se convirtió” en su “casa”.
Finalmente, extendió el reconocimiento a quienes la acompañaron en ese trayecto y, en especial, a su madre —también cocinera— de quien heredó su forma de ser: “Me enorgullece pensar que hay en mí un poco de todo lo que fue ella”. Pero, por sobre todo, se dirigió a su hija Lucía Rius, presente en primera fila: “Siempre me esperaba despierta, sin importar la hora ni reclamar ausencias. En ella he fijado mi norte”, concluyó Corzón.