Este tipo de relaciones de consumo, muy frecuentes a la hora de analizar esta realidad, realmente pone los pelos de punta. Es una nueva revolución industrial, con todo lo que eso significa.
El consumo de la IA
La UNEP ha elaborado un punteo técnico sobre este tipo de impactos de la IA. Como en todo, hay aristas positivas y negativas. Estas tecnologías reproducen el pensamiento humano, por lo tanto pueden detectar patrones, anomalías y antecedentes, lo que puede servir —por ejemplo— para predicciones. Esto, señala esa agencia, es muy útil para gobiernos, corporaciones y sociedades para tomar decisiones “amigables” con el entorno. La UNEP, por ejemplo, “utiliza la IA para detectar cuándo las instalaciones de petróleo y gas ventilan metano, un gas de efecto invernadero que impulsa el cambio climático”, indica ese reporte.
Pero a la hora de pensar en la proliferación de data centers con servidores de inteligencia artificial, realidad a la que no escapa Uruguay, hay que pensar en mucho consumo de agua y mucha tecnología, que equivale a decir mucho deshecho. La mayoría de estas implementaciones se alojan en lugares de este tipo, que tienen un alto costo ambiental. La UNEP calcula que una computadora de dos kilos requiere 800 kilos de materias primas, casi una tonelada.
Cuando se habla de deshechos, se habla de mercurio y plomo. Mucho antes que empezara a proliferar el concepto de inteligencia artificial se sabía lo dañino que podían ser estas sustancias.
Estos centros de datos requieren agua para su construcción y luego para refrigerar sus componentes. Según estima la UNEP, la infraestructura global de la IA puede llegar a consumir seis veces más agua que Dinamarca, un país escandinavo cuya población araña los seis millones de habitantes. “Esto representa un problema porque una cuarta parte de la humanidad carece de acceso a agua potable y saneamiento en la actualidad”, indica Naciones Unidas.
Y no hay que pensar que estos centros no apelarán a la energía brindada de formas más clásicas: la quema de combustibles fósiles. En Irlanda, un país cuya industria de software es mirada por Uruguay como un ejemplo a seguir, los establecimientos de este tipo ahí instalados podrían significar el 35% del consumo energético de ese país para 2026, según la Agencia Internacional de Energía (AIE). Esto ha crecido exponencialmente, ya que en 2012 los data centers sumaban 500.000 en todo el mundo y ahora se estima son 8.000.000. Y siguen surgiendo como hongos.
Las herramientas de IA pasan por cuatro fases, producción, transporte, operación y descarte como basura electrónica, debido a las constantes actualizaciones y reemplazos de hardware. Las primeras dos, según Heraldo, no tienen mayor impacto de huella de carbono. La historia es muy distinta en las últimas. La huella ambiental es significativa en consumo de datos, energía, agua y materiales, según establece otra agencia de ONU: la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por su sigla en inglés).
Aún así, si se opta por usar energías renovables para la refrigeración de las infraestructuras —que representa entre el 33% y 40% del consumo— se puede pensar en la inteligencia artificial como aliado en pos de la sostenibilidad y una barrera contra el cambio climático.
A nivel industrial, por caso, la reducción de costos y tiempos ya repercute en el consumo energético. “Además, la IA puede facilitar la transición hacia una economía circular, donde los recursos se reutilizan y reciclan en lugar de ser desechados. La gestión de residuos es otro de los aspectos que se verá optimizado, ya que la IA identificará los que pueden resultar todavía útiles y separarlos de los que no lo son para que tengan una segunda vida útil”, agrega la nota.
Aún así, si se opta por usar energías renovables para la refrigeración de las infraestructuras —que representa entre el 33% y 40% del consumo— se puede pensar en la inteligencia artificial como aliado en pos de la sostenibilidad y una barrera contra el cambio climático.
Hay cuestiones, sin embargo, que todavía son una incógnita dentro de una incógnita mayor: qué tanto afectarán las aplicaciones de IA al medio ambiente. Todo lo que hay al momento se basa en cálculos y conjeturas. Sin embargo, esto afecta a todos los aspectos de una sociedad. Se da por cierto que en un futuro proliferarán vehículos autónomos, impulsados por esta tecnología, que en principio serán muy onerosos y luego se irán abaratando y tornándose más accesibles con el tiempo; esto podría redundar en más conductores, menos ciclistas y menos usuarios de los servicios públicos de transporte, o sea, en màs emisiones de gases contaminantes.
El impacto en Uruguay
“Los gobiernos se apresuran a desarrollar estrategias nacionales de IA, pero rara vez tienen en cuenta el medio ambiente y la sostenibilidad. La falta de barreras ambientales no es menos peligrosa que la falta de otras salvaguardas relacionadas con la IA”, ha dicho Radwan, según la web de la UNEP. La jerarca habla de políticas escasas y desarticuladas entre sí.
Sin embargo, agrega el portal, casi 200 países —o sea, el mundo en su práctica totalidad— están adoptando recomendaciones sobre el uso ético de la IA que incluya el medio ambiente. Estas recomendaciones, como tales, no son vinculantes. En cambio, la Unión Europea y los Estados Unidos “han introducido legislación para atenuar el impacto ambiental” de esta tecnología.
En Uruguay aún no hay una ley específica sobre el impacto de la inteligencia artificial en el medio ambiente. Hay, empero, una buena base. Entre 2017 y 2020, las energias renovables significaron entre 91% y 97% de su matriz eléctrica, según Uruguay XXI. Esto lo lleva a una posición de liderazgo en la región.
El primer informe de Evaluación del Estadio de Preparación de la Inteligencia Artificial de Uruguay de la Unesco, apunta a la “creciente demanda de responsabilidad ambiental en el sector tecnológico”. Como ejemplo está la instalación del data center de Google en el Parque de las Ciencias de Canelones, “que llevó a un cambio significativo en su tecnología de enfriamiento para reducir el impacto en los recursos hídricos”.
Como publicó Búsqueda el 3 de octubre, el plan inicial “preveía un consumo de 7.600 metros cúbicos de agua potable al día para enfriar los servidores, equivalente al consumo de aproximadamente 55.000 personas”. Luego de hacer “ajustes ambientales”, el gigante tecnológico logró la aprobación del gobierno a finales de julio. El 30 de agosto el gobierno anunció su construcción, el segundo data center de América Latina, que significará una inversión de más de 850 millones de dólares.
La gestión de residuos es otro de los aspectos que se verá optimizado, ya que la IA identificará los que pueden resultar todavía útiles y separarlos de los que no lo son para que tengan una segunda vida útil” La gestión de residuos es otro de los aspectos que se verá optimizado, ya que la IA identificará los que pueden resultar todavía útiles y separarlos de los que no lo son para que tengan una segunda vida útil”
De acuerdo con esa misma nota, exige significativamente más energía que las aplicaciones de nube convencionales. Pone como ejemplos que una consulta en ChatGPT requiere casi 10 veces más electricidad que una búsqueda común en Google, según Goldman Sachs, y que las emisiones globales de los data centers podrían llegar para 2030 a las 2.500 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, según Morgan Stanley.
Esta agencia de Naciones Unidas, señaló también ese artículo, aconsejó a la industria nacional de las TI que deberá “integrar las consideraciones de impacto ambiental” como un aspecto central de su planificación, si quiere acompasar los estándares internacionales.
El ejemplo de Google sirve para determinar que estas directrices deben aplicarse no solo a los emprendimientos nacionales sino a aquellas con sede fuera de Uruguay. En todo caso, la industria local deberá articular “pautas ambientales específicas y viables” y desarrollar “métricas claras para medir y evaluar” la contribución y el impacto medioambiental de los sistemas de IA. Por supuesto, estas métricas deberán ser rectoras en la evaluación de las empresas para minimizar progresivamente efectos adversos, señala la Unesco.
En Uruguay aún no hay una ley específica sobre el impacto de la inteligencia artificial en el medio ambiente. Hay, empero, una buena base. Entre 2017 y 2020, las energias renovables significaron entre 91% y 97% de su matriz eléctrica, según Uruguay XXI. Esto lo lleva a una posición de liderazgo en la región.
Toda esta política, agrega el informe, debe desembocar en un ecosistema de inteligencia artificial sostenible que equilibre el desarrollo tecnológico con el medio ambiente. “Incorporar estas consideraciones ambientales en la estrategia de IA no solo mejorara el compromiso de Uruguay con la sostenibilidad, sino que tambien posicionara a su sector de TI como lider en el desarrollo de tecnologia ambientalmente responsable. Estas medidas tambien deben integrarse perfectamente en las evaluaciones de impacto ambiental existentes para garantizar un enfoque integral y coherente de la responsabilidad ambiental”, señala.
Recomendaciones finales
La UNEP realizó cinco recomendaciones sobre el tratamiento que los gobiernos deben hacer para manejar esta evolución en clave medioambiental. El primero de ellos señala que “los países pueden establecer procedimientos normalizados para medir el impacto ambiental de la IA”. Hay una razón del artillero, ya señalada: por más que se hayan escrito ríos de tinta, lo cierto es que hay una escasa información confiable sobre el tema.
En segundo lugar, la agencia se pone a la orden para que los gobiernos elaboren “reglamentos que exijan a las empresas que divulguen las consecuencias ambientales directas de los productos y servicios basados en la IA”. El paso siguiente, apuntando a las empresas, les sugiere que mejoren la eficiencia de sus algoritmos, “reduciendo su demanda de energía, al tiempo que reciclan el agua y reutilizan los componentes cuando sea posible”.
En el cuarto punto, la UNEP alienta a los gobiernos a motivar a las empresas “a que sus centros de datos sean más ecológicos, incluso mediante el uso de energías renovables y la compensación de sus emisiones de carbono”. Al anunciar el data center de Pando, la ministra de Industria, Elisa Facio, ratificó que se trató de un proyecto sustentable “dado que va a utilizar aire, en lugar de agua, para la refrigeración".
Finalmente, Naciones Unidas pide que en las normativas medioambientales nacionales estén efectivamente integradas las políticas de IA. Por ahora, como toda cosa nueva, se maneja aparte. La burocracia no suele acompañar los tiempos reales