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Conociendo a Mateo Sujatovich: el artista argentino que multiplicó su música en el Sodre

El frontman de la banda Conociendo Rusia hizo en el Auditorio del Sodre un repaso por su discografía en una noche que tuvo de todo: desde stand up y selfies hasta un festejo político

Redactora de Galería

Se abrió el telón del Auditorio Nacional de Sodre. Cuatro focos cenitales blancos en un escenario casi vacío apuntaban a Mateo Sujatovich. La luz se difuminaba con el humo. El micrófono, el piano y una mesa de sintetizador y sampler lo rodeaban. El artista llevaba colgada una guitarra y tocaba la armónica sostenida con un soporte de cuello. Al fondo, una cortina con brillantes estilo glam volvía al ambiente íntimo y hasta algo nostálgico.

Conociendo Rusia presenta Mateo fue el título del show con el que se presentó el domingo 25 de octubre. Por primera vez desde el comienzo de la banda, en 2018, el cantautor y multinstrumentista relacionó su nombre de pila con la banda para una gira solista. Días antes le había dicho a Galería que tocar solo le “hace extrañar a la banda para el año siguiente volver” y que le “encanta no tener que darle órdenes a nadie”.

Ya en el recital, diría que en este mundo tan atomizado “una canción todavía se puede sostener solo con una guitarra y la voz”. Pero cuando empieza a tocar, Mateo se multiplica y uno parece ver doble, triple y hasta cuádruple.

Su último single, Películas de acción (2026), fue el tema elegido para romper el hielo con un público que, lo sabía, era bastante más tímido que el de Argentina, país desde el que venía con una intensa gira por Buenos Aires y el interior. Ese comienzo tuvo algo de la intimidad mística que creó Luis Alberto Spinetta en su MTV Unplugged Estrelicia de 1997: los focos de luz sobre el músico, la simplicidad del vestuario (camisa, jeans holgados y championes) y los lentes de sol.

Le siguieron Puede ser, Bruja de Barracas y Se me hizo tarde. Cada ambiente sonoro en el que el canto y los instrumentos iban metiendo al espectador era acompañado de forma brillante por construcciones lumínicas monocromáticas.

Cuando las luces iluminaban al público, quedaba claro que el líder de Conociendo Rusia quería que cantara. Lo hizo. Al comienzo entonaban sus canciones de forma tímida, pero con bastante celeridad subieron los decibeles. ¿Cómo logró llegar a ese clímax tan rápido? Recurriendo a una habilidad que, se nota, tiene bastante desarrollada y que no tiene mucho que ver con la música.

El showman

“A veces pinta un poco el stand up. Es bastante gracioso”, dijo en la entrevista con Galería, y esta vez en varias ocasiones “pintó” sacar al Mateo comediante.

“Si quieren cantar, ¡sáquenlo todo!”, lanzó y Luces de neón sonó con un coro de voces de un público compuesto por hombres y mujeres en sus 30, como el propio artista, que tiene 35 años. Había, de todos modos, alguna que otra pareja más grande y varios niños.

La guitarra que usó es un instrumento amarillo tipo Les Paul Junior, que confesó que era nuevo, por lo que un par de veces tuvo que tomarse unos momentos para afinarlo. En esos segundos la gente aprovechó para gritarle y él respondió con humor. Los “te amo” con voces femeninas, Mateo los correspondía. “Yo también te amo, no te conozco, pero siento la vibra”.

“¿Por qué todos lo aman?”, les preguntó a sus padres una niña de unos siete años. “Porque es un capo”, fue la respuesta que le dieron ambos, uno detrás del otro.

Su omnipresencia se vio en su dominio del escenario y sus cualidades de showman, pero sobre todo, por una razón técnica muy bien ejecutada: los samplers y los loops, que le dieron una dimensión multinstrumental a muchos de los temas. En La puerta, además de la guitarra y el piano, sampleó su voz en distintas notas. “Todo el tiempo me pregunto para qué venimos a este mundo, tu mirada me lo explica solo en un segundo”, repetían los distintos tonos de Mateo. Y en la balada melancólica Quiero que me llames, que le sucedió, aparecieron efectos sonoros de tormenta y lluvia de fondo. El Sodre quedó inmerso en una especie de trance.

La estética casi de folk-rock eléctrica, con spots de seguimiento redondos color ámbar sobre el fondo, contrastaba con los “piano-momentos”. Pero Mateo es ambos y se movió como pez en el agua en esa mezcla de baladas y rock.

A la carta

Todo iba de acuerdo con el plan. Hasta que el músico quiso romper con la lista que tenía estipulada para el show. Explicó que se suele pelear con su propia propuesta y que, como se trataba de uno de los últimos conciertos que daría en la gira, iba a deshacer y rehacer en vivo su setlist. Para ese momento desde varios rincones surgieron propuestas sobre con qué canción seguir.

“Ahí dice Cicatriz pero también puedo hacer La Luna”. Midió la adhesión a una u otra y se decantó por arrancar con la segunda, aunque, también a demanda, hizo Cicatriz. Solo a la primera, que interpretó con magistralidad en el piano, le ensayó una introducción: “No sé muy bien qué pasó con esta canción. Es una canción que le compuse a mi hermana, que se llama Luna —y, además, es pianista—. No sé si estábamos peleados o distanciados, no me acuerdo. Lo lindo es que tengo una canción para ella y ella me tiene que hacer una en algún momento”.

Jet Love

De repente los focos se tornaron color rojo y Mateo le dio lugar a un beat, que fue evolucionando con los pedales y el sintetizador, y tomó forma completa cuando comenzó: “No sé el día ni la hora, estoy perdiendo la memoria, ya no sé bien quién está dentro de mí”. Se trataba de Jet Love. Después le siguieron Canciones —a pedido de un “señor que dejó la garganta” desde las gradas—, A la vez y Cosas para decirte.

Se sentó en el piano, tomó agua, y en ese instante se escuchó un grito: “Mateo, ganó Lula”, en referencia al resultado electoral de las presidenciales de Brasil. Su reacción: “¿En serio? ¡Vamo’ carajo!”. Hubo muchos aplausos y hasta chiflidos de aliento. Luego sumó: “Lo siento para el que no le guste y está en todo su derecho, pero yo festejo”.

Mateo Sujatovich tocó en formato solista en el Auditorio del Sodre este domingo 25 de octubre.

Mateo Sujatovich tocó en formato solista en el Auditorio del Sodre este domingo 25 de octubre.

Nadie se extrañó. Horas antes había subido una historia a la cuenta de Instagram de Conociendo Rusia. Era él haciendo la “L” con los dedos y tirando un beso. Encima del video escribió: “Uruguay, nos vemos esta noche. Vamos Lula hoy”. Te lo voy a decir y su melodía con silbidos bien logrados entre la gente y su propio loop fue un punto alto tras la euforia del triunfo del mandatario brasileño.

“Otra oportunidad”, gritó alguien. Y en seguida tocó esa canción del disco Cabildo y Juramento (2019). Seguido de Lo mejor vino otro pequeño sketch. Una joven en la segunda fila, que desde el comienzo del concierto le pedía insistentemente sacarse una foto con él, persistió en su solicitud. Mateo, entre risueño y entusiasta, se levantó del piano. “Dame el celular”, le dijo. Ella se lo tiró sin pensarlo demasiado, él lo atajó y sacó varias selfies desde el escenario: con ella, con ella y su amiga, y de él con el fondo de todo el teatro. Tiró varios besos a la cámara.

No faltó Montaña infinita. Y, tras esta, vinieron los hits: Cabildo y Juramento —con las luces apagadas y las linternas de los celulares encendidas— y Loco en el desierto.

Y al final, ya con un público de pie y la luz prendida, el broche de oro vino con una versión de La mexicana, que incluyó el siguiente verso en el que se declaró fan de un bar montevideano (algo que ya le había confesado a Galería): “No queríamos casarnos en un templo. Solamente emborracharnos en el Tinkal”.