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Enrique Piñeyro aterriza en el Sodre: “Cada vez que tenemos miedo de algo alguien hace caja, factura”

El multifacético pero modesto empresario, activista, médico aeronáutico, actor y director de cine ítalo-argentino, Enrique Piñeyro, presenta su unipersonal Volar es humano, aterrizar es divino donde desmonta los discursos de miedo con lucidez, humor, datos y crítica

Redactora de Galería

Enrique Piñeyro no es un tipo que haya vivido una sola vida. O al menos, no vive una de forma lineal. Es un hombre polifacético; médico y piloto, actor y director ítalo-argentino —nacido en Génova en 1956—, empresario dueño de un restaurante (Anchoíta­, donde también es chef) y de un teatro (Teatro Maipo en Buenos Aires).

Por si todo eso fuera poco, es un filántropo y activista humanitario que transporta vacunas, rescata refugiados y hasta arriesga su vida volando hacia zonas vedadas con apenas horas de preparación en un Boeing 787 que adquirió a través de su ONG Solidaire­. Sin embargo, no parece gustarle que lo enaltezcan ni por esto ni por nada. Y se encarga de aterrizarse solo.

Cumplida la mayoría de edad, cruzó el Atlántico para instalarse en Argentina y estudiar, y terminó metiéndose en los mundos en los que jugaba de niño. La cabina de un avión, la piel de sus personajes, una cocina. Pero lo suyo no solo fueron cambios de oficio (o de juego), sino convertir cada trabajo en una herramienta de transformación. El combustible de sus vuelos parece ser una mezcla de curiosidad, incomodidad, compromiso y la rutina de estar siempre en movimiento.

Estudió Medicina —en la Universidad Austral Argentina—, teatro —con Lito­ Cruz— y Aviación —todo el “periplo” de aviador civil— a la vez. Terminó siendo médico aeronáutico e hizo películas con temática­ de aviones. Cada situación parecía caerle con exactitud matemática.

Voló con Líneas Aéreas Privadas Argentinas (LAPA) de 1988 a 1999 —renunció dos meses antes del accidente del vuelo LAPA 3142 que causó 65 muertes, el cuarto accidente más grave de la historia de la aviación argentina—. Participó en la investigación de otro accidente, el vuelo Austral 2553 estrellado en Fray Bentos en 1997, donde detectó graves fallas de seguridad en la empresa e irregularidades que le inspiraron guiones. El cine se presentó como una pista de aterrizaje para estas revelaciones y denuncias, y sus documentales llegaron a la Organización de Aviación Civil Internacional, a la ONU y hasta a la NASA.

Tras su renuncia creó la productora Aquafilms. Ganó premios (Konex de Platino, y en festivales de cine), pero el mayor de todos fue haber generado cambios significativos en la regulación aérea y judicial argentina, como hizo con Whisky Romeo Zulu (2004) —donde debutó como director, guionista y protagonista—, Fuerza Aérea Sociedad Anónima (2006) y El Rati Horror Show (2010), que combinan investigación con narrativa cinematográfica.

A Piñeyro, quien batió un récord mundial en un vuelo sin escalas de 20 horas de Seúl a Buenos­ Aires, a veces también le toca estar arriba de un escenario haciendo reír (y reflexionar) con su inmersivo unipersonal Volar es humano, aterrizar es divino, que llega al Sodre este 20 de julio.

En entrevista con Galería se muestra desinteresado sobre sus propias hazañas, como un niño que está jugando y solo piensa en hacer lo que le divierte, y listo. Habla poco, lento y pausado, despreocupado respecto a todo, excepto porque Messi deje la selección argentina.

Tiene su propia (muy propia) visión de todo. A fin de cuentas, Piñeyro entendió que volar no es escapar del mundo, sino tener la posibilidad de mirarlo con distancia para poder transformarlo.

enrique piñeyro

¿Cuántas vidas tiene Enrique Piñeyro?

Una sola y a duras penas.

Hace de todo.

Y todo mal. A medias. A veces me dicen que no es así, pero yo no les creo mucho. Básicamente hago lo mismo que hacía cuando tenía seis años. Jugaba con aviones, cocinaba en una sartencita, y no cambió mucho el panorama.

¿Qué piensa de que la gente dice nunca tener tiempo para nada?

Hay un tiempo vital que genera una sensación de prisa, inherente a la vida misma. Yo ya no puedo pensar en cosas de acá a 20, 30 años. Después, hay mucha falta de tiempo construida, que no es real. Los mensajes de WhatsApp (que te sacan mucho tiempo, por eso yo no tengo) son algo caótico, notificaciones permanentes que te hacen detenerte, tomarte el tiempo de mirar pero acelerando el audio. Eso nos desestabiliza el cerebro, y colabora con esa fantasía de falta de tiempo. Son situaciones muy raras.

Estudió Medicina y Aviación a la par, y terminó siendo médico aeronáutico. ¿Todo siempre encajó así de bien en su vida?

En general, no. Tampoco es planificado. Yo empiezo a hacer las cosas sin tener muy claro el porqué y para qué, pero a mitad de camino todo empieza a encajar. Es mi lado más intuitivo. Iniciar cosas que no sé a dónde me llevan pero después terminan confluyendo. Me acuerdo que empecé volando monomotores con una bolita en la cola que los hacía ir mirando para arriba (por el peso) y no veías para adelante. Recién a los 50 metros tenías velocidad suficiente como para levantar un poco la cola y bajar otro poco la nariz. Ahí empecé a ver de qué se trataba, eran aviones del año 47, muy básicos, pero muy divertidos de volar. Ahora con la tecnología te metés en cada una… Tenés la posibilidad de ir a lugares complejos, manejar meteorologías complejas; tenés otro tipo de gestión del vuelo y por ende otro tipo de fallas. Es el devenir de la complejización de las tareas humanas, que en el fondo es lo que buscamos, ir complejizando nuestras tareas. Cuando algo nos resulta demasiado simple sentimos que tenemos que estar buscando otra cosa, pero termina encajando.

¿Cuánto de vocación, cuánto de insatisfacción y cuánto de esto (de que las cosas se terminan complementando) hay en los giros de su vida profesional?

La complementación ocurrió de manera natural. Todo es pasión por las cosas que hago, me divierto. El 100% del tiempo estoy jugando, no siento que estoy trabajando, ya te dije, es lo mismo que hacía con seis años con un distinto nivel de complejidad.

Es la rutina más larga y menos rutinaria que escuché en mi vida.

Para mí, la rutina es el cambio permanente. Y es que cada vez que despegás vas a encontrar un cielo distinto, nunca es el mismo; entonces, de alguna manera siento que mi búsqueda siempre estuvo orientada así. Variación, variedad, escenarios cambiantes, eso es lo que me da satisfacción.

Cuando algo nos resulta demasiado simple sentimos que tenemos que estar buscando otra cosa Cuando algo nos resulta demasiado simple sentimos que tenemos que estar buscando otra cosa

De todo lo que hace, ¿qué es lo que más disfruta?

Volar.

¿Cuánto tiempo llegó a pasar en un avión?

20 horas y 19 minutos, dos atardeceres, un amanecer, de Seúl a Buenos Aires.

volar es humano aterrizar es divino sodre

Es una pérdida de tiempo preguntarle si alguna vez tuvo miedo de volar...

Yo no me subiría a un avión con un piloto que vaya diciendo que nunca tuvo miedo, porque entonces es un suicida. Sí diría que para mí es muy natural. Mis primeros despegues, cuando levantaba la rueda y la nariz del piso, me venía una excitación… Pero la destreza del piloto es justamente la de aprender a lidiar con sus miedos. Apretar los dientes y atender el altímetro, el velocímetro, el rumbo y todas las variables mientras el avión siga volando, que es, básicamente, hasta que toque el suelo. Es muy seguro, de verdad. Nadie se asusta de los mosquitos y matan a un millón de personas por año. En 2017, por ejemplo, no murió nadie a bordo. Sí murieron más de 270 personas cazando pokemones en la calle.

¿Esa observación mordaz es un poco el fundamento de Volar es humano, aterrizar es divino?

Sí. Porque cada vez que tenemos miedo de algo hay alguien haciendo caja, facturando, y yo me alucino con que algo tan seguro como la aviación, así como los tiburones que matan de a 10 personas por año nomás, generen todo el cine catastrófico de Hollywood­. Encima el año pasado sacaron una con aviones y tiburones, no daba crédito, los tiburones entraban al fuselaje del avión caído bajo el agua. Fabuloso. Después la gente se va al aeropuerto en taxi, que ahí sí se van a matar porque en taxi se matan un millón trescientas mil personas al año. Es todo muy bizarro. Los pilotos encabinados cruzan al salón de pasajeros y dicen “¿qué le pasa a esta gente? ¿Cómo puede ser que yo la esté pasando tan bien y acá atrás están tan tensos?”. Y bueno, es eso. El miedo es un buen negocio. Si no, preguntale a la propaganda farmacológica. “¿Tuviste herpes zóster? ¿No? Entonces seguro lo vas a tener, porque uno de cada tres ya lleva el virus adentro. Consultá a tu médico, que te va a hacer comprar las pastillas que vendemos nosotros”. Es una cosa de locos.

¿Cómo puede ser que yo la esté pasando tan bien y acá atrás están tan tensos? ¿Cómo puede ser que yo la esté pasando tan bien y acá atrás están tan tensos?

A todo esto, la puesta en escena es muy inmersiva, una suerte de terapia de shock para quien tiene miedo de volar y los aviones. ¿Qué propone?

Que suban sin miedo y que disfruten como lo estamos disfrutando nosotros. Es muy lindo estar en la cabina. Tenés unas visuales que en tu vida terrestre no vas a tener. Fijate qué es lo más lejos que podés mirar. De visibilidad tenés, que sé yo, 10 metros hasta que haya alguna pared. Porque paredes siempre hay, y si hay ventanas, tienen rejas, y allá a lo lejos podés ver parcialmente un árbol. En el avión vos tenés 200 millas de visibilidad a 43.000 pies, que se ve hasta la curvatura de la tierra. Ves tormentas de afuera que parecen el Everest prendiéndose como un arbolito de Navidad. Gotones de lluvia del tamaño de una pelota de golf. La aurora boreal. No podés creerlo. Las vistas son muy poderosas. Los Andes, el Himalaya, los desiertos, los mares. De alguna pobre manera la inmersividad del espectáculo pretende llevarte ahí. Yo siempre los dejaba pasar si me pedían para conocer la cabina, porque si se trata de un niño, es un piloto en potencia, y si se trata de un adulto, es un piloto frustrado que no se dio cuenta de que lo podía hacer. En cualquier caso, la cabina algo te despierta.

enrique piñeyro sodre

En otras entrevistas ha dicho que el miedo a volar es un miedo injustificado pero muy democrático. ¿Qué descubrió sobre los seres humanos a través de este miedo bastante común?

Que las cosas terminan volviéndose ridículas de por sí con una simple comparativa entre nuestra vida en la superficie y la vida en los aviones. De eso se trata el show. Y nadie está exento de la gran industria montada para que vos tengas miedo. Los medios titulando “la feroz pelea callejera…” y no llegaron ni a darse un cachetazo.

En 2017, por ejemplo, no murió nadie a bordo. Sí murieron más de 270 personas cazando pokemones en la calle. En 2017, por ejemplo, no murió nadie a bordo. Sí murieron más de 270 personas cazando pokemones en la calle.

Además del miedo a la altura, el despegue y las turbulencias, en los aviones la gente se queja mucho: las demoras, la comida, el tamaño de los asientos… ¿Qué tips tiene para antes de viajar en avión?

Que vayan por barco. Es que es desconcertante el deterioro del servicio. Hoy un pibe de 1,90 metros no entra. Ya no es servicio, es la comodidad de ellos por llenar un avión a reventar. Por algo el servicio público se extingue.

¿Qué siente que puede hacer una película que no puede hacer una denuncia en papel?

Se ve en El Rati Horror Show. Una causa armada donde se le pegaron veintipico de balazos a un auto que no era, y para arreglarlo, tiraron una pistola adentro diciendo que era de ladrones. Mirando las fotos de la Policía científica había una inmediata al tiroteo donde el asiento del acompañante estaba libre, y en la descripción se especifica que los supuestos ladrones llevaban unos lentes Ray Ban. En otra foto, ya sobre las cinco de la tarde, aparecen unos lentes Ray Ban en el asiento del acompañante, que no estaban. La foto sin lentes en la causa policial aparecía, imaginate, en el archivo 138 bis, y la foto con lentes en el 4784… En cambio, en una película, aparece la imagen del auto sin los lentes y en exactamente­ un lapso de cuatro segundos es suficiente para demostrar que fue una causa armada donde la escena y la evidencia del supuesto crimen fue manipulada. Para mí, eso hacen las películas, tienen una potencia comunicativa cuando todo, especialmente en la Justicia­, está hecho para esconder la verdad.

¿Y le parece que hoy, en el escenario actual argentino, se podría hacer una denuncia similar a las que ya hizo a través de una película?

Me parece que no. Salvo que encuentre herramientas tan contundentes que silencien todo el griterío y el circo que hay. Los Kirchner­ son una especie de fuerza de centro-derecha demócrata cristiana que se autopercibe como socialdemócrata de centro-izquierda. Macri es una derecha liberal ortodoxa y Milei una ultraderecha demente. Entonces, todo eso junto hace que todo se reduzca a una megainterna de derechas con una teatralidad extrema y totalmente inconsistente, con un excesivo y surrealista cruce de insultos, donde no se puede debatir una idea. ¿Entrar en la discusión política argentina actual? Me quedo afuera, salvo que tenga algo muy urgente y poco obvio que decir.

Las películas tienen una potencia comunicativa cuando todo, especialmente en la Justicia­, está hecho para esconder la verdad Las películas tienen una potencia comunicativa cuando todo, especialmente en la Justicia­, está hecho para esconder la verdad

De sus vuelos humanitarios puede haber buen material. Ha sobrevolado Israel, incluso cuando le prohibieron ingresar a su espacio aéreo, para rescatar a 200 chicos de un viaje de estudios. Al rato hubo un bombardeo…

Error de cálculo. Yo en ese momento no esperaba que pudiera pasar eso, estaba tranquilo. En el último rescate en barco me acuerdo que nos rodeaban barcos libios de milicia y otros de traficantes que estaban ahí dando vueltas, todos armados, pero en el fondo… No sé, no iba a pasar nada con eso.

Arriesga la vida, ¿es consciente de eso?

No lo siento así.

¿Qué le da miedo?

Que le pase algo a mi familia. Esas cosas me dan miedo. Me da miedo que pierda Argentina, que Messi se retire. Me da mucho miedo eso.

¿Le gustaría un documental sobre usted mismo?

No creo. No me lo imagino. Tengo miedo de que me hagan decir esas frases solemnes terribles que dicen que digo. Una vez leí en un portal que decía: “A mí lo único que me importa es seguir con mi lucha”. ¡Jamás en la vida dije eso! ¿Cómo me van a poner esa frase tan salame? Me pareció una cosa de pésimo mal gusto, pero además, está mal armada. Nadie habla así.

¿Cree que lo que usted hace lo podría hacer alguien más?

Sí, why not?

¿Qué hace un sujeto como usted en los ratos libres en casa?

Cocina.

Si supiera que el que está pilotando es su último vuelo, ¿qué es lo último que diría por la radio?

Que en principio estamos concentrando todo el esfuerzo en que este sea por lo menos el penúltimo, porque no estoy muy de acuerdo con que sea el último.

Volar es humano, aterrizar es divino en el Auditorio Nacional del Sodre. Entradas por Tickantel.

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