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La pizza sin un trozo que cambió la industria de los videojuegos: el Pac-Man cumple 45 años
En 1980 salió a la venta un videojuego en el que no había que tirotearse con nadie y en el que las mujeres no se sentían excluidas; el 22 de mayo es el Día Internacional del Pac-Man
Para 1980, este era un mundo violento. Leonid Brézhnev, el mandamás de la Unión Soviética, hacía que la Guerra Fría aumentara la temperatura. Una percibida mayor debilidad de la defensa de Estados Unidos llevaba, entre otras cosas, a Ronald Reagan a ganar las elecciones. El Cono Sur estaba en dictadura. En el cine pululaban antihéroes como Harry el Sucio, interpretado por Clint Eastwood. Muerto y enterrado el hippismo, estaba en boga la música disco como una diversión efímera y pasatista, pensada para disfrutar el presente, ya que en cualquier momento todo volaba por los aires. El mundo de los videojuegos no era ajeno.
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Era la época de oro de los arcades, aquellas maquinitas con palancas y botones. En ellos abundaban los juegos del tipo shoot ‘em up (“dispararles a todos”), como lo era el más popular: el Space Invaders. Era violento y apuntaba predominantemente a un público masculino. También para los varones estaba pensada otra subespecie: los videojuegos deportivos, con el Pong como pionero y emblema.
En todo eso pensaba, bastante hastiado, un joven japonés de 25 años, diseñador e informático autodidacta llamado Toru Iwatani, que desde 1977 trabajaba en la multinacional del entretenimiento Namco. Había tenido un relativo éxito con Gee Bee, parcialmente basado en los juegos del tipo pinball (que eran su verdadera pasión), que supo de secuelas. Pero todo cambió cuando en la oficina pidieron una pizza redonda. Uno de sus compañeros tomó el primer slice y Toru tuvo algo así como una epifanía. Lo que para todo el mundo era un redondel sin un pedazo, para él era una cabeza con la boca abierta, una criatura que corría por un laberinto, que corría comiendo cosas y huyendo de unos fantasmas.
Había nacido el Pac-Man. El nombre provenía de paku, una onomatopeya japonesa sobre el ruido que se produce al abrir y cerrar la boca.
El 22 de mayo de 1980, hace 45 años, el Pac-Man (versión online para jugarlo acá) salió al mercado. El mundo de los videojuegos conmemora esa fecha el Día Internacional del Pac-Man. Llegó a ser el arcade más exitoso de la historia, vendiendo 293.822 unidades en todo el mundo entre 1981 y 1987, marca registrada en los Guinness World Records. Era una cifra sideral antes de que comenzaran a popularizarse las consolas caseras, cuando todavía era necesario ir a gastar fichas a los salones de maquinitas.
Iwatani ha dicho que pensó en un juego amigable que podría atraer tanto a hombres como a mujeres y a niños. ”Muchas (jugadoras) tenían la tendencia de escapar de los juegos de laberintos, pensando que iban a ser muy difíciles para ellas. Ese es el motivo por el que decidí hacer el fondo del laberinto de color negro y las paredes de azul neón, de modo que el laberinto se fundiese con el fondo y redujera la impresión de que en realidad es un laberinto. También hice que cuando Pac-Man se come a los fantasmas después de tomar el power up (estos) apareciesen de color azul para que no se tuviera la sensación de que los estaba matando. Esto se hizo para que los padres viesen que era seguro dejar a sus hijos jugar”, dijo en una entrevista a la revista Hobby Consolas, cuando su creación cumplió 40 años.
El Pac-Man trascendió en mucho los límites del videojuego en la cultura popular
AFP
El juego era fácil, intuitivo y adictivo. Era innovador en el hecho de que no habían tiros ni corría sangre. La “muerte” del Pac-Man era más divertida que traumática, y los fantasmas que se devoraba —una vez tomada la píldora mágica que potenciaba en un tiempo limitado su energía— no daban miedo. De hecho, tenían nombre: Akabei, Pinky, Aosuke y Guzuta, que en el mercado anglosajón se tradujeron en Blinky, Pinky, Inky y Clyde. Pronto comenzaron a verse muchas mujeres y niños en las colas interminables que se formaban para jugar un rato pasando pantallas y pantallas (256 en total) y batiendo récords de puntuación.
La popularización del nombre también es cómica. La romanización de Paku es Puck, que en inglés suena “pac”. Pero Puck se prestaba para el chiste fácil (fuck, quizá sea el término anglosajón que menos traducción necesita). Por lo tanto, se decidió llamarlo Pac.
Como suele pasar con los productos de éxito, no solo el “comecocos” (como se lo conoció en España) adquirió fama. Los fantasmas también demostraron tener trascendencia propia: Blinky es el rojo cazador que a cada pantalla aumenta su velocidad y es el de más temer; Inky es el azul estratega que suele combinarse con el anterior para emboscarlo; Pinky es rosado y se anticipa a los movimientos del Pac-Man; mientras Clyde sería algo así como el infaltable bobo de la película, que solo logra su objetivo si se choca con él.
El éxito del Pac-Man fue tal que al año siguiente surgió la primera de sus secuelas (que en total superan las 50), Ms. Pac-Man, que no era sino una versión femenina de la cabeza comilona, con moño, labios pintados y un ojo cerrado. Le seguirían otros, con mayor o menor suceso, como Super Pac-Man, Baby Pac-Man, Pac-Man Plus, Pac-Land o las versiones aniversario o 3D. Sería tan exitosa la versión para Atari como la del juego de caja o la serie de dibujos animados. Su último protagónico fue en la película de 2015 Pixels, en la que es uno de los villanos. Con la comercialización de merchandising de todo tipo y realización de convenciones y eventos en torno a él, ya es una figura convertida en un ícono pop, mucho más allá del mundo restringido de los juegos de video.
“Ahora que miro atrás, al diseño del juego, sinceramente no creo que haya nada que pudiera cambiar o quitar y que hiciese mejor el juego. Desde la perspectiva de equilibrio del juego, los túneles, el algoritmo, la relación de velocidad de Pac-Man respecto a los fantasmas y más cosas están equilibradas casi a la perfección. Lo que también es algo notable es que no tuvimos que recortar el diseño por razones técnicas, de modo que incluso siendo una coincidencia, no creo que se pudiera haber hecho mejor. Hablando de esto, el nivel 256 es simplemente el final del juego, de modo que tampoco es algo que cambiaría”, dijo Iwatani en la entrevista antes citada. El Pac-Man es como la sonrisa de la Mona Lisa en la pintura, no hay que tocarle nada, así está perfecto.