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Los 40 años de Gizmo: en 1984 los Gremlins llegaban al cine

El producto final resultó más suave que el original, creando una nueva categoría. Esta mezcla entre comedia y terror pisó fuerte en un año rico para Hollywood

En vez de ser el futuro distópico que había imaginado George Orwell en su novela, 1984 fue un gran año para el cine. Indiana Jones y el templo de la perdición demostraba que segundas partes podían ser buenas, incluso mejores y más taquilleras.

Un detective suelto en Hollywood y Terminator­ convertían a Eddie Murphy y Arnold Schwarzenegger­, respectivamente, de figuras ascendentes a estrellas mundiales. Los Cazafantasmas, Karate Kid y Footloose se convirtieron, por distintas causas, en películas que marcaron una generación.

Y también fue el año de los Gremlins.

Por muchos motivos, esta película estrenada a principios de junio de 1984, hace 40 años, merece un destaque especial. Primero, fue un éxito total: recaudó 213 millones de dólares, cubriendo holgadamente un presupuesto de 11 millones. Segundo, estrenó una categoría, la PG-13. Su mezcla de terror y comedia no merecía la restricción más grande (vamos, no es El exorcista), pero tenía suficiente oscuridad para no ser apta para todo público. Tercero, se trató de una muy rara película de Navidad (lo que tenía medio escandalizado al estudio responsable), pese a ser estrenada en el verano del norte. Cuatro, la historia previa también es digna de contarse: el guion original incluía una trama mucho más brava, y Gizmo y Stripe eran, en vez de antagonistas, alter ego. Y, por supuesto, estaba el protagonista, que aún hoy provoca por partes iguales risas y ternura, tanto que fue lo que envejeció mejor de la película, con la obvia excepción de uno de sus productores, Steven Spielberg.

Acá están los distintos padres y madres de la criatura.

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Chris Columbus (el guionista, hoy 65 años)

La entrada por la puerta grande de Chris Columbus en el cine fue como guionista. Escribió Gremlins inspirado en el ruido espeluznante que producían los ratones en su apartamento por las noches. No era más que una prueba de escritura de un aspirante a lo-que-sea veinteañero. Hay que decir que su versión de los Gremlins, así como los cuentos originales de los hermanos Grimm, era bastante más oscura y aterradora de lo que acabó viéndose finalmente en la pantalla­, aunque­ respetaba la mezcla de terror y comedia que por entonces estaba ganando terreno en Hollywood. Además de la plaga en su casa, se había inspirado en los “gremlins”, unas traviesas criaturas que habían sido creadas para Disney por Roald Dahl (el de Charlie y la fábrica de chocolate y Matilda) para una película “infantil” de propaganda bélica aliada en la década de 1940. Por esas cosas que nadie entiende muy bien pero todo el mundo agradece, el guion cayó en manos de quien había fundado hacía muy poco Amblin Entertainment, un tal Steven Spielberg. Por esas mismas cosas, a quien ya había puesto patas arriba al mundo con Tiburón (1975), Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), el inicio de la saga de Indiana Jones (1981) e E. T. (1982) le pareció brillante.

Luego de una carrera como director que incluyó Mi pobre Angelito (1990), Señora Doubtfire­ (1993), Harry Potter y la piedra filosofal (2001) y Harry Potter y la cámara secreta­ (2002), Columbus sigue en el ruedo y es el nombre designado para dirigir la adaptación al cine de la novela The Thursday Murder Club, de Richard Osman, de 2020.

Steven Spielberg (el productor, hoy 77 años). Para cuando Gremlins se estrenó, Spielberg­ ya era un nombre pesado. Todavía­ no gozaba la respetabilidad que se granjeó años después al abordar temas históricos y dramáticos (que parece que es el límite que divide a un director comprometido con otro pasatista), y era encasillado en películas de aventuras y ciencia ficción. Lo cierto es que para esto tenía un olfato infernal. Leyó el guion de Columbus y le encantó, pero se reunió con él para convencerlo de cambiar algunas cosas. Uno de ellos fue sugerirle que la acción transcurriera durante la Navidad. Hubo otros que cambiaron notoriamente el tono. El adorable Gizmo era, en la versión original, mucho menos adorable que lo que terminó siendo (se convertía en el líder de los malos, bah); la madre y el perro de Billy­, el protagonista, no llegaban al final de la película­; la madre de Billy, Lynn, además de morir por estos bichos era adicta al Valium; ya convertidos, los gremlins devoraban a los clientes de una conocida cadena de comida rápida. Si bien muchas ideas bizarras permanecieron en el texto final (el monstruito que reventaba dentro de un horno microondas, el monólogo en el que Kate confesaba por qué odiaba la Navidad), las modificaciones permitieron llegar a un público mucho más amplio. De hecho, Gremlins estrenó en Estados­ Unidos la calificación PG-13, inapropiada para menores de 13 años, muy fuerte para ser apta para todo público y muy liviana para restringirla solo a un público adulto. Como director pensó en Tim Burton pero lo desechó­, todavía estaba muy verde; en su lugar llamó a Joe Dante.

¿Qué se puede decir de Spielberg que ya no se sepa? Luego de conseguir el ansiado prestigio, mejor decir que está embarcado como productor de la versión fílmica de The Heaven & Earth Grocery Store de James McBride­ (2023), un drama de misterio sobre la vida de los vecinos negros y judíos de un barrio de la ciudad de Pottstown, Pensilvania­, en las décadas de 1920 y 1930.

Joe Dante (el director, hoy 77 años)

Discípulo­ de Roger Corman, Joe Dante ya podía considerarse un nombre (medio) pesado en las filas del terror pochoclero. Había estado detrás de las cámaras en Pirañas (1978, al que nadie se le escapaba —y mucho menos a Spielberg— que se había basado en Tiburón) y Aullidos (1981). Don Steven también lo había convocado para dirigir uno de los segmentos de Dimensión desconocida (1983). Era lo suficientemente hábil como para nadar en los ríos del terror y la comedia sin ahogarse. También mostró temperamento: los productores de la Warner Bros. querían que se eliminara la escena en la que Kate decía por qué odiaba la Navidad y él se mantuvo firme. Más allá de que fue un gran éxito y escenas como las de los monstruitos haciendo estragos en una taberna y mirando Blancanieves no se olvidarán más de la memoria colectiva, Dante quedó muy atado a Gremlins y a su secuela de 1990, Gremlins 2 (bastante decente, hay que decir), sin que luego haya estado al frente de un proyecto relevante. En 2022 acusó a los responsables de The Mandalorian de que su bebé Yoda es “completamente robado” de Gizmo. Alguien podría decirle que le conviene soltar.

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Joe Dante, el director

Joe Dante, el director

Incansable, eso sí, ahora se supo que está detrás del reboot de La pequeña tienda de los horrores, una película de 1960 de su mentor Roger Corman (que vive y lucha) considerada pionera en eso de mezclar terror y humor.

Chris Walas (el diseñador, hoy 69 años)

Había un guion, había una idea, entonces alguien tenía que hacer los mogwai (digamos, las criaturas antes de que comieran luego de la medianoche) y los gremlins (los monstruitos­ propiamente dichos). Ese fue Chris Walas, quien había estado detrás de los efectos de ¿Dónde está el piloto? (1980), El regreso del Jedi (1983) e Indiana Jones y los cazadores del Arca Perdida­ (1981). Luego de Gremlins estaría en La mosca (1986) y Aracnofobia (1990). Darles vida a los macacos no fue fácil: al principio, por más increíble que parezca, se pensó en monos disfrazados. Luego primó la razón y se utilizaron marionetas, algunas de las cuales fueron animatronics muy complejos. Gizmo, el protagonista, era realmente expresivo. A diferencia de Spielberg, la primera vez que Walas leyó el guion le pareció una estupidez supina, pero trabajo era trabajo y precisaba dinero.

Aunque ganó un Oscar por su labor técnica en La mosca, por lo que más se lo sigue recordando en por los Gremlins. Por fuera de una película importante desde 2002, lo único que se recuerda de él son los aniversarios de estas criaturas.

Zack Galligan (el protagonista, hoy de 60 años)

A los 20 años, apenas uno después de haber debutado en ficciones para televisión, este joven talentoso y simpático tuvo la oportunidad de ponerse en la piel de Billy Peltzer, el joven que recibe de su padre un simpático macaco como mascota. Quedó para la posteridad como el gran amigo de Gizmo. Para ese rol le ganó a dos contemporáneos como Kevin Bacon y Emilio Estévez, se convirtió en un ídolo teen y en tapa de revistas. Sí, ese auspicioso debut fue prácticamente su despedida. Nunca más volvió a tener un papel de peso (con la relativa excepción de Waxworld, de 1988), salvo volviendo a ser Billy Peltzer en Gremlins 2. Tampoco es que lo suyo hubiera merecido un Oscar, ojo.

Fue profesor de declamación en una escuela vinculada a la Universidad de Nueva York, cargo que aceptó cuando vio que en Hollywood no tenía mucho futuro. Su vida ha girado en torno a las producciones derivadas de los gremlins.

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Billy Peltzer y Gizmo

Billy Peltzer y Gizmo

Phoebe Cates (la protagonista, hoy de 60 años)

“Era Nochebuena, yo tenía nueve años, mi madre y yo estábamos decorando el árbol…”. Un spoiler vale 40 años después: Kate Beringer le confesaba a Billy por qué odiaba la Navidad, historia que terminó con su padre muerto con el cuello roto cuando bajaba por la chimenea para sorprenderlas disfrazado de Papá Noel (Santa Claus, bah). En sí, es la parte más oscura de toda la película y la que causó más quejas de la Warner, que más que preocuparse por los destrozos humanos y materiales que hacían los macacos se horrorizaban con que alguien odiara la Navidad. El director se puso firme y la escena salió, y Phoebe Cates se ganó un lugar en la historia del cine. Casi no es parte de la historia, porque sus antecedentes en Paraíso­ y Picardías estudiantiles (ambas de 1982), donde aparecía en topless y hacía algunas escenas sensuales, no compaginaban con la idea de Spielberg de llevar a un público familiar.

Que haya protagonizado un bombazo de taquilla cuyas estrellas eran unas marionetas le terminó jugando en contra a ella y a su contraparte masculino. Sin embargo, ella decidió priorizar una vida familiar a su carrera, luego de casarse con el actor inglés Kevin Kline­. Hoy tiene un matrimonio estable y es feliz como comerciante en Nueva York.

Gizmo (el verdadero protagonista)

Las reglas las conoce todo aquel que haya sido teen en la década de 1980 y seguramente los hijos de estos teen también: no puede exponerse a la luz brillante y mucho menos a la solar, no debe mojarse y no debe ser alimentado luego de la medianoche. En el guion original, Gizmo pasaba de mowgai a gremlin (de bueno a malo, para ser más claro), convirtiéndose en Stripe, el líder de los monstruos, además de ser tremendo asesino. Spielberg le agarró tanto cariño que no solo pidió que siguiera vivo hasta el final sino que siempre fuera la adorable criaturita.

Fue protagonista de una secuela, de videojuegos y de una serie animada. Fue peluche en millones de hogares (aún hoy puede encontrarse en internet, por 1.700 pesos). También fue protagonista de la citada polémica cuando Dante acusó a Din Grogu (el bebé Yoda) de ser un plagio. Hay quien cree que los furbys, juguetes animatrónicos parecidos a cuises que comenzaron a venderse en 1998, tienen en Gizmo a un padre no reconocido. Como sea, sigue enterneciendo y causando risa 40 años después.