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Los preparativos y ensayos del Ballet Nacional del Sodre para el estreno de Cenicienta

La compañía estrena por primera vez esta obra en versión de la coreógrafa brasileña Marcia Haydée, montada en Uruguay por Pablo Aharonian, con escenografía y vestuario de Hugo Millán

Editora de Galería

Del miércoles 16 al jueves 31 de octubre, el escenario principal del Auditorio Adela Reta dejará ver ante unas 2.000 personas por día sus múltiples metamorfosis. Un lugar tenebroso, mohoso, intrigante y oscuro se transformará en segundos en un palacio colmado de flores, colores y fantasía; un mundo mágico basado en uno de los cuentos más famosos de la literatura universal. Por primera vez el Ballet Nacional del Sodre (BNS) presenta Cenicienta, obra que un miércoles de principios de octubre al mediodía mantiene al auditorio en su pico de producción. En el gigantesco taller de telones, unas pocas personas siguen pequeños bocetos para pintar la escenografía con una calma propia de quienes, pese a la magnificencia del proyecto y a que falten solo 14 días para el estreno, tienen muy claro su rol en todo ese engranaje. Dos pisos más arriba suena el piano en una de las salas de ensayo, mientras decenas de bailarines se expresan con sus movimientos. Desde las butacas, cuatro personas dan indicaciones: la maestra y ensayadora mexicana Isabel García­, el maestro y coreólogo uruguayo radicado en Chile Pablo Aharonian, la maestra y coreógrafa residente Marina Sánchez y, en medio de ellos, la coreógrafa de esta versión de Cenicienta­, la brasileña Marcia Haydée.

Los bailarines danzan de malla, medias y pollerines. Aún no hay vestuarios ni indicio alguno de ese mundo mágico que en pocos días los rodeará en el escenario. Sin embargo, no hace falta ser un bailarín o entendido en el tema para entrar enseguida en la conocida historia contada en clave de ballet. En este pequeño fragmento de ensayo se ve a la bailarina Yasmin Lomondo­ moverse en forma claramente antiballet­: no estira los pies, se desplaza a veces con zancadas y brusquedad y en su rostro se dibuja una sonrisa engreída que denota una mezcla entre arrogancia y envidia. Los movimientos de la bailarina Careliz Povea son similares­, pero­ su expresión compasiva, sin embargo, contrasta con la crueldad de Lomondo. No caben dudas: se trata de las hermanastras. La segunda, a diferencia del cuento original de 1967, es la “hermanastra buena”, un personaje que aparece en la versión de la película de Disney de 2015, en la que se inspiró Marcia Haydée­ para crear esta coreografía para el Ballet de Santiago en 2018.

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El espectáculo que el BNS está por presentar es la primera reposición de la versión de Cenicienta­ de Haydée, bailarina, directora y coreógrafa de 87 años, con una carrera que la convierte en uno de los mayores nombres en la historia del ballet (ver entrevista).

El ensayo ya deja ver uno de los diferenciales de esta versión, que es su carácter teatral. Aharonian —quien trabaja hace décadas con Haydée— explica que además de la exigencia técnica, este ballet demanda sobre todo talento actoral de parte de los bailarines, y no cualquier compañía está a la altura del desafío. Cenicienta­, príncipe, hada madrina, padre, madrastra, hermanastras, mayordomo, marqués, modista, elfos. Cada uno de los roles está muy marcado a nivel actoral. “La parte teatral está muy muy desarrollada y cada rol tiene que ser trabajado y estudiado”, detalla el coreólogo, que eligió cada personaje de acuerdo a la personalidad de los integrantes del elenco. “Los bailarines que toman roles tienen que ser muy artistas. Tenemos cuatro repartos para todo el ballet, y eso es algo bastante inusual. Aquí se puede hacer debido a la capacidad que tienen los bailarines no solo técnicamente, sino interpretativamente”, subraya.

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Además de su preponderancia en la teatralidad, en la Cenicienta de Haydée no hay zapatito, sino antifaz. La protagonista, entonces, pasa a ser un personaje misterioso que oculta su identidad.

Otra diferencia con respecto a la música de Cenicienta compuesta por Serguéi Prokófiev es su duración, mucho más “liviana”, ya que dura aproximadamente 95 minutos con un intervalo de 15 minutos. “La partitura de Prokófiev es maravillosa musicalmente, insuperable, pero puede ser muy larga, y el público ha cambiado”, subraya Aharonian, quien montó esta coreografía para el BNS en dos semanas, para dedicarse las dos semanas siguientes a ensayar junto a Haydée­ (quien llegó a Uruguay por un mes) y pulir los detalles hasta el día del estreno.

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Manos uruguayas

Para el estreno de Cenicienta­, la compañía dirigida por María Riccetto­ apostó a una producción 100% uruguaya. Desde el estreno de El lago de los cisnes­ en 2013 bajo la dirección de Julio Bocca, la producción nacional de los ballets está asociada al nombre de Hugo Millán, y esta no fue la excepción­. “Hace más de un año estoy con esto en la cabeza”, bromea Millán, que no ve la hora de que se levante el telón el 16 de octubre para que todo el trabajo finalmente vea la luz.

Para montar este ballet, el escenógrafo y vestuarista empezó por crear una propuesta estética, “un concepto” que primero le presentó a Riccetto y luego, vía Zoom, a Marcia Haydée, que vive en Alemania. “A Marcia le gustó mucho ese mundo que yo proponía”.

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Para idear la escenografía y el vestuario, Millán­ miró videos de la coreografía de Haydée pero creó su propuesta de cero, sin buscar inspiración en otras versiones. Y la inspiración la encontró en los jardines de los relatos de la escritora uruguaya Marosa di Giorgio. “Cuando me invitaron a hacer Cenicienta, me vino a la mente Marosa di Giorgio, por esos mundos y seres de los jardines, las flores, los bichos; esa contemplación de los mundos fantásticos que puede tener un niño en los jardines cuando juega”. En esa visión coincidió con Haydée, ya que en su proceso creativo y coreográfico evocó sus juegos y fantasías de niña.

Una vez planteada la idea, llega el momento de ejecutarla y con él, el desafío de priorizar la funcionalidad manteniendo la fantasía.

El hilo conductor de toda la estética es la vegetación. En partes, la escena es oscura y fantasmagórica, muestra una casa venida a menos, llena de humedad, integrada y al mismo tiempo aislada de la naturaleza que la rodea.

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Hugo Millán es el vestuarista y escenógrafo de Cenicienta

Hugo Millán es el vestuarista y escenógrafo de Cenicienta

Al igual que en la historia original en la que una calabaza se transforma en carroza, la esencia del contexto cotidiano de la Cenicienta se mantiene durante todo este ballet, incluso cuando el escenario se transforma en un palacio. “Todo lo que ella ve en su entorno doméstico pasa a formar parte en el otro mundo también. Las barandas de su casa, los objetos que están alrededor, el moho se transforma como algo vivo y llega hasta el palacio. El mayordomo tiene algo de lo que serán los elfos después”. El vestuario, si bien es más acotado en el primer acto, también presenta una continuidad durante toda la obra mediante la paleta de colores y la presencia de flores, tanto en el vestuario femenino como en el masculino. “No hay un clásico esmoquin de hombre elegante. Es algo diferente y fantástico. No aterriza en la formalidad, en el protocolo real. Para Cenicienta, todo lo que ve alrededor es mágico y está vinculado a lo que conoce o vivió”, explica Millán, quien explica que hay obras en las que el vestuario es cómplice de la escenografía, mientras que en otras es disonante. En este caso, los trajes “conviven” con el mundo fantástico que los rodea.

El escenógrafo asegura que una vez empezado el tercer acto, la diferencia con el comienzo es muy notoria. “El tercer acto tiene que tener lo palaciego, porque en definitiva es un mundo fantástico”.

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