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Suprema de pollo para uno, por favor

Siempre hubo gente que quiere estar sola y rechaza compañía, y gente que busca compañía y no la encuentra; algunos personajes del cine llegan a esta entrega de Películas para la vida a mostrarnos formas de vivir la soltería (con distintos niveles de ansiedad)

Editora de Galería

El otro día, una cocinera muy famosa en redes sociales anunciaba un nuevo ciclo de videos de recetas que tituló Soy solito. El primero, ese en el que daba la noticia, acumuló una cantidad de comentarios del tipo: “Harta de recetas familiares” o “La serie que necesitabaaa!”.

Me recordó a una escena de Se busca pareja (Must Love Dogs). Diane Lane interpreta a una mujer recién divorciada acostumbrándose a vivir sola, a comer sola. Cada vez que va al supermercado y pide media suprema de pollo, el carnicero le ofrece el pollo entero, le dice que hay una superpromoción, que no se la pierda. Y ella, cada vez más fastidiada, le responde que no. Hasta que un día la encuentra en un mal día: “¡Escúcheme, señor! Estoy divorciada, ¿OK? Como sola, normalmente de pie junto a la pileta de la cocina. No quiero un montón de pollos dando vueltas. Gracias”.

Los comentarios que recibió la cocinera de Soy solito en redes sociales me hicieron pensar en estas personas, que respondían como si por fin hubieran pensado en ellos. ¿Se reconocerán como solitos porque viven solos? ¿Porque no tienen pareja? ¿Porque tienen pareja pero igual se sienten solos? (Tener pareja no es garantía de sentirse acompañado, eso está claro). Siempre hay, siempre hubo, gente que quiere estar sola y rechaza compañía, y gente que busca compañía y no la encuentra. Puede que hayas estado en todos estos grupos en algún momento de tu vida. Yo lo estuve, por cierto.

A lo que voy es que cuando alguien dice “estoy solo”, muchas veces está diciendo “estoy soltero”.

¿Qué hay de malo en estar soltero? Nada. A menos que no quieras estarlo. Y si no querés estarlo, probablemente estarás de acuerdo conmigo en que lo peor es la BÚSQUEDA de compañía. A cada edad, tiene sus características, pero de la exposición no escapa nadie. Someterse a la mirada del otro, a esa radiografía —más o menos benévola dependiendo de a quién tengamos en frente—, interior y exterior, y gustar. La ansiedad haciendo estallar el ansiómetro, qué terrible. Parece increíble que una instancia así sea parte ineludible del proceso de enamorarse, de amar.

Virgen a los 40
Steve Carell y Paul Rudd en Virgen a los 40

Steve Carell y Paul Rudd en Virgen a los 40

Esto me lleva a la conversación que tuve con Celine Song (podés leer la entrevista completa acá y ver el video acá) a propósito del estreno de Amores materialistas en el cine, el jueves 31 de julio. Fue hace unos días, por Zoom. Ella es coreano-canadiense, y antes de dirigir Amores materialistas dirigió y escribió Vidas pasadas. Era su ópera prima, y resultó nominada al Oscar a Mejor guion original.

Si te despierta curiosidad el extraño comportamiento del ser humano (y a la vez comprensible, porque aunque a veces no lo quisiéramos, somos humanos) cuando se adentra en el salvaje universo de las citas, te va a interesar su nueva película. Antes de dedicarse de lleno al cine, Song fue casamentera profesional unos meses en Nueva York, por eso hizo de su protagonista en Amores materialistas (Lucy, Dakota Johnson) también una casamentera. “Siempre digo que (los clientes) son más honestos con la casamentera que con sus terapeutas. Porque pueden simplemente decir: ‘Esto es lo que quiero’”, recuerda Song. Y lo que le decían querer eran puros números: la altura, el peso, los ingresos y la edad. “Es un milagro cuando surge el amor. Y qué asombroso, qué raro, qué extraño que cuando les pides que describan a alguien a quien quieren amar, lo que describan sean números”. Song habla también de cómo tratamos a los demás y a nosotros mismos como mercancía. Tal vez las nuevas formas de conocer personas hayan incidido en esto de convertirnos en productos que deben ser atractivos para un público exigente.

El otro día escuchaba (accidentalmente) una conversación sobre esto de buscar pareja a través de redes sociales (¿a ustedes también les divierte escuchar conversaciones ajenas?). Eran jóvenes, rondaban los 30, y se quejaban de todo lo que mienten las personas (sobre todo las mujeres, aclaraba para mi sorpresa una mujer) con las fotos que eligen mostrar, con la edad que dicen tener. No es una mentira muy astuta, tiene patas cortas, estoy de acuerdo; se cae fácilmente al primer encuentro cara a cara. Pero le veo una explicación. ¿No será que estas personas apelan a que su verdadera apariencia pase a un segundo plano cuando el otro los conozca en persona? ¿A poder sortear la barrera de la imagen y gustar simplemente por lo que son?

Solteros, sin querer queriendo

Les propongo ir desmenuzando las bondades y las complejidades de la soltería a fuerza de comedias. Esta vez, solo hablemos de comedias. ¿Les parece?

Si pienso en solteras, pienso en Renée Zellweger como Bridget Jones (está en Prime Video y Mercado Play). En ella y en su lista de resoluciones de Año Nuevo. “Resolución número 1: obviamente, bajar 9 kilos. Número 2: siempre poner las bragas de anoche en el cesto de la ropa sucia. Igualmente importante: encontrar un novio bueno y sensato y dejar de encariñarme con cualquiera de las siguientes personas: alcohólicos, adictos al trabajo, adictos al sexo, fóbicos al compromiso, mirones, megalómanos, imbéciles emocionales o pervertidos. Sobre todo, dejar de fantasear con una persona en particular que personifique todas estas características”. No le es fácil escapar a esta tendencia suya, pero (spoiler alert) al final lo logra. Bien por Bridget.

Bridget jones
Renée Zellweger en El diario de Bridget Jones

Renée Zellweger en El diario de Bridget Jones

Si pienso en solteros, pienso en Steve Carell como Andy en Virgen a los 40 (está en HBO Max). El hombre tiene un desafío extra: ser virgen a los 40. Los miedos normales crecen exponencialmente si se les suma una energía sexual contenida por décadas, una falta absoluta de experiencia y un pecho demasiado peludo que, según parece, puede llegar a ser un inconveniente a la hora de la intimidad (¿?). Todo eso resulta en una torpeza pocas veces vista para comunicarse con mujeres en plan conquista. Por suerte, a veces se da eso que dicen: “Alguien en algún lugar está buscando exactamente lo que tienes para ofrecer”.

Un soltero solito y un soltero empedernido

Walter Matthau, en un papel que le sienta muy bien (inescrupuloso y gracioso en su cinismo), interpreta en A New Leaf (de 1971) a Henry Graham, un playboy que se queda sin fortuna por costear la vida que le gusta llevar. La solución que encuentra es tan sencilla como renunciar temporalmente a su soltería para casarse con una mujer millonaria, matarla luego y heredar todo su patrimonio. La desafortunada es Henrietta Lowell (Elaine May), una distraída profesora de Botánica con dinero y sin familia que se enamora locamente de este señor que se muestra encantador. Todo lo que sigue al casamiento son enredos, algunos intentos de asesinato fallidos y un proceso de descubrimiento para el exsolterón de Henry.

Acá te dejo la escena en que la conoce y la conquista, una joya en sí misma:

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Seguramente hayas visto La extraña pareja(1968). Si no la primera entrega, tal vez la segunda, que se estrenó 30 años después. O alguna de las series que se hicieron inspiradas en la obra de teatro, porque el autor del libreto es el genial Neil Simon, que lo escribió para Broadway. En La extraña pareja también actúa Walter Matthau, esta vez junto con Jack Lemmon. Dos hombres divorciados con caracteres totalmente incompatibles deciden compartir departamento. Felix (Lemmon) es un tipo hogareño, hipocondríaco, un poco obsesivo; Oscar (Matthau) quiere vivir la experiencia completa de su flamante soltería sin tener a alguien que va detrás limpiando sus desastres.

Afortunadamente acá no tenemos un sistema de castas estudiantil (tan marcado) como en Estados Unidos. Pero claro que algunos de los intríngulis que se plantean en películas como Jamás besada sí resuenan. Si Steve Carell llegó virgen a los 40, Drew Barrymore, en su papel de Josie Geller, llegó Jamás besada a los 25. Es periodista, trabaja en un diario, y le proponen una misión undercover: escribir un artículo sobre cómo es ser popular en Secundaria. Está aterrada pero esperanzada: esta vez no la llamarán Josie Grossy (Josie asquerosa), no la dejarán plantada en el baile de graduación. Esta vez será cool. Pero en esa misión encubierta Josie confirma lo que todos sospechábamos: no está en su naturaleza ser cool, ni pasearse por los pasillos presumiendo su relación con el jugador estrella del equipo de fútbol. Va otro spoiler: al final, Josie ya no es jamás besada. La película está en Disney+.

El casamiento de Muriel
Toni Collette en El casamiento de Muriel

Toni Collette en El casamiento de Muriel

Pocas veces vi en alguien tantas ansias de casarse como en Muriel, de El casamiento de Muriel (podés verla completa acá). La película, australiana, de cuando Toni Collette no era rubia ni se había ceñido a los cánones de Hollywood, es un retrato de esta chica que recorta vestidos de novia de revistas y los pega en una carpeta mientras suenan de fondo canciones de ABBA. El problema es que nunca tuvo novio. Y que es marginada por los jóvenes de su entorno, claro. El casamiento de Muriel es La venganza de los nerds en versión femenina. Me sentí empoderada (y un poco eufórica) a los 15, cuando la vi por primera vez.

Así que ya saben. Se puede llegar virgen a los 40 y jamás besada a los 25. Se puede cocinar solo media suprema de pollo. Se puede elegir “ser solito” o se puede buscar compañía. Se puede ser nerd y outsider y tener pareja, o no tener pareja. Se puede hacer una lista de resoluciones de Año Nuevo y no cumplir ninguna. Se puede no ser cool nunca en la vida. Y también se puede buscar el amor con determinación. Celine Song dice que es un milagro, que lo difícil son las citas y que el amor, cuando se da, es fácil. ¿Será?

Si estás con tiempo, te sugiero leer esta nota de María Inés Fiordelmondo sobre los riesgos de caer en el individualismo, y la crónica en primera persona de Santiago Perroni sobre los videojuegos como forma de conectar con la pareja.

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