Durante los 14 años de trayectoria, Pro Ópera fue la cuna de una generación de grandes artistas y un referente cultural. Se presentaron 22 óperas, 25 conciertos y se televisaron ocho espectáculos. Se recuerdan títulos como Don Carlo, Macbeth, La flauta mágica, Don Giovani, Turandot, Lucia di Lammermoor, las actuaciones de los cantantes Plácido Domingo y José Carreras, el Ballet Bolshói y los musicales Evita, Jesucristo Superstar y María de Buenos Aires.
Sí, la ópera es un género que acá y en todas partes del mundo, si no se busca una fusión de la parte estatal y la privada, es inviable por los costos muy altos. Increíblemente, cuanto más vigencia tenía Pro Ópera menos contábamos con el respaldo del Estado.
En los últimos tiempos la temporada de ópera ha sido escasa. En 2025, por ejemplo, no hubo ninguna representación en el Sodre.
Justamente por eso el actual Consejo Directivo del Sodre y el Ministerio de Cultura están a favor de la integración mixta pública y privada, además de la idea de establecer acuerdos de coproducción. En la primera época de Pro Ópera, de vez en cuando el Sodre nos cedía los cuerpos estables, pero ahora en los acuerdos de coproducción se establecen en forma detallada y prolija las responsabilidades de cada parte. El Sodre aporta determinadas cosas muy importantes, entre ellas el teatro, nada menos, los cuerpos estables, el personal del teatro, los talleres de realización de escenografías y de vestuario, y Pro Ópera contribuye con la contratación de cantantes, el alojamiento y los traslados de los artistas del exterior, la promoción de los espectáculos. Y también acordamos de manera conjunta, el diseño artístico.
¿Por qué eligieron L’elisir d’amore para volver?
La elección del título es fruto de una circunstancia que no tiene nada que ver con la reactivación de Pro Ópera. En los veranos 2024 y 2025 en mi chacra Santa Panda, cerca de Punta del Este, hicimos festivales líricos y justamente L’elisir d’amore estaba en el programa. Entonces, cuando el actual Consejo Directivo del Sodre toma posesión de sus cargos, nos reunimos. Ellos me conocen de toda la vida y sabían sobre mi interés de reivindicar, de alguna forma, la memoria de Pro Ópera, porque desde que me fui al exterior, me juré que algún día iba a retomar la senda de Pro Ópera.
La temporada está a punto de estrenarse. ¿Qué tienen pensado para el 2027?
Para el año que viene ya hay dos óperas con el Sodre y también organizaremos conciertos conjuntamente con las embajadas. También está la posibilidad de traer, por ejemplo, una figura como Andrea Bocelli, que atrae público tanto de la ópera como en general. Lleva 45 años cantando y nunca vino a Uruguay. Esa es una de las propuestas que hay sobre la mesa.
¿Qué títulos puede adelantar para el año que viene?
El año que viene tendremos un concierto dentro del Ciclo Sinfónico de la Orquesta del Sodre, con la plana mayor de los cantantes uruguayos que triunfan en el exterior. Después vamos a hacer Rigoletto y otro título que está todavía por definirse. También vamos a delinear una programación en la Vaz Ferreira con conciertos cada dos, tres meses, cinco o seis conciertos en el año, para ir consolidando la nueva Pro Ópera.
¿Extraña estar en el escenario?
Sí, por supuesto que sí.
¿Y por ese motivo creó los festivales líricos en su chacra?
Siempre me motivó mucho la producción, tengo una verdadera vocación de producir espectáculos y de movilizar gente a través de la cultura.
Vivien Hewitt: “La vida del campo es universal como los temas que explora Donizetti”
L'elisir d'amore tendrá una puesta en escena inédita que traslada la historia concebida por Gaetano Donizetti desde la campiña italiana a la Banda Oriental de comienzos del siglo XIX.
La directora escénica irlandesa Vivien Hewitt propone una lectura uruguaya inspirada en el universo pictórico de Juan Manuel Blanes. Hewitt, radicada en la Toscana italiana, posee una trayectoria internacional con más de 80 producciones de ópera en Europa, Asia y América. Dirigió obras de Mozart, Rossini, Donizetti, Verdi y Puccini, en los principales teatros del mundo.
¿Cómo surgió la idea de trasladar L’elisir d’amore a la Banda Oriental de comienzos del siglo XIX?
Fue una decisión natural. El año pasado estuve en la chacra del vicepresidente de Pro Ópera Antonio Soto y al mirar la belleza del campo vi que no es tan distinta a la Italia del norte de Donizetti.
Vivien Hewitt, directora escénica de L'elisir d'amore.
Gentileza Sodre.
¿Hasta dónde puede reinterpretarse un clásico sin perder su esencia?
Hasta cuando tenemos respeto por el texto, la música y la intención de los autores.
¿Cuándo apareció Juan Manuel Blanes como referencia visual?
Casi inmediatamente. He estudiado a varios pintores en la época romántica, desde Emeric Essex Vidal hasta Adolphe d’Hastrel y Carlos Morel, útiles para comprender el mundo de la época, la vestimenta y la arquitectura. Pero Blanes es único por su técnica y su estatura internacional. Además, es un pintor muy “italiano”, estudió en Florencia en los años cincuenta en la misma escuela de Fattori y, como su contemporáneo toscano, narra tanto la historia de su patria joven como la vida del campo de una manera muy ideal. Entonces tomo su atmósfera para recrear una estancia rural y una pulpería.
¿Qué tienen en común el mundo rural italiano de Donizetti y el campo oriental de esa época?
Todo, solo que en Uruguay seguramente había un mundo menos formal y más posibilidad de movilidad social. Recordemos que Donizetti nació terriblemente pobre en un sótano ciego. Pero la vida del campo es universal como los temas que explora Donizetti: el amor entre dos niveles sociales distintos, la presunción donjuanesca de algún militar como Belcore, la capacidad del charlatán de vender esperanza, la alegría arrolladora de la ópera que quedan muy bien en esta vida del país.
¿Qué aporta esta ambientación uruguaya?
Donizetti buscaba lo “exótico” a través de la ambientación vasca. Para nosotros lo exótico es más bien la distancia temporal y de costumbres. Es más fácil creer en un joven gaucho que no sabe ni leer ni escribir que admira a una mujer que sabe leer y administrar una estancia. Y es muy fácil creer en Dulcamara, que convence a la gente de comprar su elixir universal en un mundo donde la medicina y la ciencia eran cosas de las grandes ciudades.
¿Qué desafío tuvieron en la recreación?
Es muy difícil encontrar tejidos naturales para el vestuario. La sastrería hizo un gran esfuerzo tiñendo a mano materiales de algodón para llegar a los colores y texturas de la época.
¿Cómo se reconoce la Banda Oriental?
A través de ponchos, chiripás, árboles y cactus autóctonos, arquitectura rural y blandengues auténticos que llegan al pueblo. Gracias a la participación del Ejército podemos tener uniformes de la época de Artigas.
El vestuario y la ambientación se elaboró en los talleres del Sodre.
Gentileza Sodre.
¿Qué elementos de la identidad uruguaya aparecen sobre el escenario sin alterar la esencia de la obra?
Obviamente la presencia de los gauchos, que por ahí también hay en la Maremma toscana de Fattori (se llaman butteri) y en el campo español.
¿Por qué sigue emocionando una historia escrita en 1832?
La modernidad y vitalidad de Adina, que es una mujer que sabe lo que quiere, la melancolía amorosa de Nemorino. Dulcamara es el pícaro perfecto y nos encanta Belcore, que tiene mucho sex-appeal aliado a poca autoconciencia. Es un melodrama tan lleno de grandes melodías que no hay un momento que no sea perfecto. Es la alegría destilada para el público.
Después de dirigir más de ochenta producciones, ¿qué le entusiasma al volver a L’elisir d’amore?
Me hace feliz y cada vez (este es mi cuarto Elisir) encuentro la ópera más perfecta.
¿Qué le gustaría que el público reciba de la obra?
La felicidad y el amor por el mundo irreal del teatro que nos ayuda a vivir.