En 1929, Felisberto Hernández escribió un texto que tituló Juan Méndez o Almacén de ideas o Diario de pocos días en el cual, igual que en otros, da pistas de sus viajes entre la música y la escritura, un asunto que siempre ha despertado curiosidad.
Nueva mirada sobre el pianista fabulador: la experiencia de Felisberto como músico itinerante por el interior de Uruguay, y parte de Brasil y Argentina, fue una rica materia prima para su escritura
En 1929, Felisberto Hernández escribió un texto que tituló Juan Méndez o Almacén de ideas o Diario de pocos días en el cual, igual que en otros, da pistas de sus viajes entre la música y la escritura, un asunto que siempre ha despertado curiosidad.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEntonces ya era compositor y pianista nómade; la música fue una actividad que había comenzado siendo niño. El libro Fulano de tal había salido discretamente en 1925, el mismo año en el que se casó con María Isabel Guerra. Libro sin tapas, publicado en Rocha, no solo no tenía cubiertas, sino que era verdaderamente de bolsillo, pues cabía en el del chaleco de sus amigos: 45 páginas en un formato de 8,5 por 11 centímetros.
La singular obra narrativa de Felisberto Hernández (1902-1964) ha sido motivo de muchos ensayos y tesis. Aunque la biografía más valorada la escribió José Pedro Díaz, varios autores —entre ellos Ida Vitale (en 1974), Roberto Echavarren (en 1981), Paulina Medeiros (con quien mantuvo una relación), Norah Giraldi, Ángel Rama y Carlos Martínez Moreno— se han ocupado de su producción y de su multifacética vida.
Años después, cuando el prestigioso narrador Italo Calvino lo introdujo a los lectores en italiano advirtió que era “un escritor que no se parece a ninguno” y el argentino Julio Cortázar, que también lo admiró, prologó la primera presentación a los lectores de lengua francesa. Todo eso ocurrió bastante después de su muerte, lo que seguramente llevó al ensayista y poeta mexicano David Huerta a preguntarse, en la introducción a la edición de sus obras completas por el sello Siglo XXI Editores, si Felisberto, a quien definió como “el pianista fabulador”, habrá tenido conciencia de que iba a convertirse en un clásico.
La novel editorial uruguaya Da Vinci acaba de publicar Felisberto en gira. El “extraño viaje” entre el músico y el escritor. El libro fue escrito por Carina Blixen, profesora de literatura, investigadora durante años de la Biblioteca Nacional y desde 2023 miembro de la Academia Nacional de Letras.
Es un trabajo muy bien organizado, de menos de 200 páginas divididas en cinco capítulos, además de una Advertencia, una Introducción y un Epílogo. La lectura, como la propia autora hace constar, no es siempre fácil porque aborda aspectos de la técnica narrativa de Felisberto y resume muchos años de investigación acerca de un aspecto menos conocido, precisamente el “extraño viaje” del músico, en el que se combinan las largas giras por el interior de Uruguay y parte de Brasil y Argentina con la publicación casi secreta de sus primeros libros.
La experiencia como músico itinerante y el aprendizaje del piano sirvieron como riquísima materia prima para la etapa en la que se dedicó a escribir novelas, y entre ellas destaca, en 1942, Por los tiempos de Clemente Colling, su maestro.
La etapa de músico que recorría pequeñas localidades, en la cual buscaba, entre otras cosas, mantener a su familia, se desarrolló aproximadamente entre 1926 y 1940. Blixen explica que el volumen de cuentos Nadie encendía las lámparas (1947) “abrió su escritura a un encuentro más caudaloso con la extrañeza (concebida en situaciones, personajes o relaciones que el narrador establece)”.
Durante sus prolongadas giras, Felisberto tuvo oportunidad de profundizar amistades y vivir experiencias diferentes a las de Montevideo. “Cuando llegamos a una ciudad por primera vez y donde se han anunciado mis conciertos, aquel interés por lo desconocido, aquella ilusión romántica que a veces provoca un artista de quien aún se ignora todo, recae sobre las barbas de él, porque todos creen que él es el pianista”, escribió en alusión a su barbado representante y amigo Venus González Olaza, que lo acompañó durante un tiempo.
El libro confirma que la vida profesional de Felisberto no fue fácil. Llegar a los pueblos y conquistar público para los espectáculos —además de tocar el piano, como primer trabajo, en proyecciones de cine mudo— no fue algo tan redituable desde el punto de vista económico, aunque la autora muestra que, sin duda, había en esa actividad una necesidad que iba más allá de ganarse la vida con el arte porque, como decía el narrador: “No solo me gusta viajar por distintas ciudades, sino por artes y ciencias”.
Tampoco con la beca en París, entre octubre de 1946 y mayo de 1948, logró, explica Blixen, “el gran reconocimiento que esperaba, aunque fue recibido y valorado por escritores e intelectuales”.
Además de tener dos novias y de vivir en una pensión en la que tenía que lavar los platos en un bidé, en París Felisberto comenzó “una escritura diferente” con Las Hortensias, en la que narró en tercera persona y “puso el foco en la indagación de la sexualidad del hombre adulto”.
Para Blixen, Felisberto “no fue un vanguardista en el sentido militante del término”, pero a su vez actuó como “un experimentador contumaz” que, “cuando decidió ser escritor, comenzó a contar amorosamente algunos momentos de su pasado con una escritura que encontraba una nueva forma de narrar”.
La investigadora destaca que en la personalidad y en la obra “es posible señalar rasgos modernos y antimodernos”, que “en una perspectiva de género no es posible afiliar a Felisberto a una imagen masculina patriarcal” y que “formó pareja con mujeres excepcionales con las que podía dialogar, pensar y compartir sus intereses”.
Luego de separarse de María Isabel Guerra, estuvo casado con Amalia Nieto, con quien mantuvo una rica correspondencia e instaló la librería El Burrito Blanco, en Pocitos. Fracasado también su segundo matrimonio vendió su piano y se dedicó a escribir. En 1943, comenzó una relación (que no llegó a matrimonio) con la escritora Paulina Medeiros, quien, muchos años después, publicó Felisberto Hernández y yo (1974).
Tuvo un breve matrimonio con la española África de las Heras, que resultó ser coronel de la KGB, y después se casó con la pedagoga Reina Reyes, de quien se separó en 1958. Cuando falleció había comenzado una relación con María Dolores Roselló, que era su compañera de trabajo en la Imprenta Nacional.
Blixen afirma que el autor de El caballo perdido “hizo de la cultura y el arte una forma espiritual de vivir” y, a diferencia de la mayoría de los intelectuales de su época, no se ubicó ideológicamente en la izquierda, pero tampoco en el nacionalismo o el criollismo. La autora percibe su peculiar vínculo con el interior como “el recorrido por lo marginal, insignificante para lograr un medio de vida y una paradójica realización profesional”.
La construcción del escritor no estuvo solo relacionada con las giras musicales. Felisberto cultivó un vínculo fuerte con intelectuales como Carlos Vaz Ferreira, con quien se relacionó en torno a la filosofía, y con otros como los asistentes a las tertulias del café La Casa del Arte, entre ellos Julio J. Casal y Alfredo Mario Ferreiro.
Realizó conciertos importantes en Montevideo y Buenos Aires, pero en La Casa del Arte Felisberto tocó algunas de sus composiciones sin decir que eran suyas, lo que fue destacado por un crítico que puso como título a su nota El artista de la acústica interior.
Aunque ganó el escritor, la música siguió sonando. Poco antes de fallecer de leucemia, a los 61 años, estaba preparando el que iba a ser su último gran concierto.
El jueves 30, en la Fundación Benedetti (Joaquín de Salterain 1293), cuando Blixen presente su libro, la pianista uruguaya Mariana Airaudo interpretará cuatro piezas de Felisberto: Canción de cuna, Primavera, Marcha fúnebre y Negros.