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La editorial Morisqueta, dedicada a la literatura infantil, inicia la colección Ilustres Ilustrados con dos clásicos uruguayos
Cuento, poesía y arte: La pelota, de Felisberto Hernández, con ilustraciones de Diego Bianchi (Bianki), y Las canciones de Natacha, de Juana de Ibarbourou, ilustrado por Alicia Baladan, son los primeros libros de la nueva colección
Son libros de tapa dura, con dibujos expresivos, divertidos. Están destinados a niños, aunque sus textos son disfrutables y atemporales, y los disfrutan tanto quienes los leen como quienes los escuchan. La editorial fernandina Morisqueta acaba de iniciar la colección Ilustres Ilustrados con dos autores y textos de lujo: Felisberto Hernández (1902-1964), con su cuento La pelota, y Juana de Ibarbourou (1892-1979), con Las canciones de Natacha, un poema que es una canción de cuna.
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La dirección editorial de esta iniciativa está a cargo de Alejandra González y Leonardo Noguez, quienes residen en Punta del Este. Ellos sumaron no solo a ilustradores, sino también a Andrés Echevarría —escritor, docente y miembro de la Academia Nacional de Letras—, que aporta notas biográficas sobre los escritores. De esta forma, la colección marca una línea bien definida: una excelente selección de textos y una información adecuada para conocer a sus autores y su época.
La pelota (1945) es un relato tierno, un poco nostálgico, un poco triste, y al mismo tiempo ocurrente y risueño. Lleva la “marca Felisberto” con su particular visión de la realidad. “Cuando yo tenía ocho años pasé una larga temporada con mi abuela en una casita pobre”, comienza el relato en tono autobiográfico.
Un día el niño ve en el almacén una pelota colorida y le pide a su abuela, insistentemente, que se la compre. Pero la abuela, en lugar de ir al almacén, comenzó a sacar trapos de un baúl. “Cuando me di cuenta que quería hacer una pelota de trapo, me vino mucho fastidio. Jamás esa pelota sería como la del almacén”, recuerda el narrador.
Cuando la pelota está lista y en las manos y pies del niño, comienza a cobrar vida propia, cambia de forma y de color. “Parecía un animalito, le venían caprichos que me hacían pensar que ella tampoco tendría ganas de que yo jugara con ella”. Magistral en crear un “duelo” entre la pelota y el niño, Felisberto tiene frases inolvidables en este relato, de esas que en pocas palabras ponen en contexto una situación o un estado de ánimo: “Cuando era día de fiesta o estábamos tristes, comíamos dulce de membrillo”. Qué grande, Felisberto.
Diego Bianchi, conocido como Bianki, le da formas redondeadas a sus ilustraciones: es redondeado el niño y es redondeada la abuela y el gato y la “ventanita” de la tapa. Todo recuerda a esa pelota rebelde, hecha con el amor de una abuela que tiene una barriga redonda como un almohadón. Con las ilustraciones de este libro, Bianki fue finalista de la exposición 2025 de la Bologna Children’s Book Fair.
Las nanas de Juana
Se enojó la luna, / se enojó el lucero, / porque esta niñita riñó con el sueño.
Duérmete, Natacha, para que la luna se ponga contenta y te dé aceitunas.
Duérmete, Natacha, para que el lucero/ te haga una almohadita/ de albahaca y romero.
Con estos versos comienza Las canciones de Natacha, un libro poco conocido de la poeta Juana de Ibarbourou. Gracias a la información de Echevarría, sabemos que estas nanas fueron escritas para la hija del crítico y ensayista dominicano Pedro Henríquez Ureña y que fueron publicadas por primera vez en 1930. “En este poema Juana toma las tradicionales canciones de cuna de origen español, tan presente en toda Hispanoamérica, ‘reversionándolas’ a su tiempo, a sus referencias cotidianas. En Juana prima la musicalidad y fantasía, que recrea un clima infantil, inocente y fantástico, que refleja el mundo de un recién nacido”.
La ilustradora Alicia Baladan captó el sentido onírico y simbólico de estas nanas con la silueta de una niña que viaja por paisajes variados, a veces en el lomo de una loba, a veces entre flores o estrellas. Viaja entre colores y formas, entre animales y personas.
Baladan nació en Treinta y Tres, pero reside desde los 11 años en Italia. Además de ilustradora, es docente de la escuela internacional de ilustración Ars in Fabula en Macerata. Las ilustraciones de este libro fueron finalistas de la exposición 2025 de la Bologna Children’s Book Fair.
Del rojo al verde
El inicio de la editorial Morisqueta fue auspicioso. Su primer título El rojo orgulloso, obtuvo el Premio Amazing Bookshelf 2023, en la categoría Ópera Prima, otorgado por la Feria Internacional del Libro Infantil de Bolonia. En el mismo año, también fue reconocida en esa categoría por el Premio a las Letras del MEC. Detrás de aquel libro de preciosa edición, que trata sobre la teoría del color, al mismo tiempo que sobre las diferencias y la tolerancia, estaban Alejandra González en los textos y Daniel Kondo en las ilustraciones. Alejandra nació en Montevideo, pero vive en Punta del Este con su familia; Daniel nació en Brasil y desde 2015 reside también en Punta del Este.
El encuentro entre escritora e ilustrador fue fructífero, y en 2025 publicaron juntos El primer día de clases, otro libro colorido y original, tanto en su historia como en las ilustraciones.
El primer dia de clases
Es la noche en vísperas del comienzo de clases y hay nervios, como sucede en todos los inicios. En este caso, los nervios de los niños están simbolizados en los juguetes y objetos del salón de clase, que se ayudan unos a otros para estar preparados. Uno de los protagonistas es Pepe, un sapo (¿o una rana?) que llena el relato con su cordialidad verde, y que tiene una sorpresa para desplegar. Un libro divertido que hace pensar en los miedos que produce lo desconocido.
Libros con historias e ilustraciones atractivas y de cuidada edición. Solo queda esperar que Morisqueta los continúe publicando.