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Verónica Llinás hace llorar de risa en ‘Una Navidad de mierda’, en el hotel Enjoy Punta del Este
La versión argentina de esta comedia de autor vasco, gran éxito de Corrientes, agota cuatro funciones por semana y estará en cartel en el salón Montecarlo hasta fines de enero
Tomás Fonzi, Verónica Llinás, Alejo García Pintos y Anita Gutiérrez en ‘Una Navidad de mierda’.
El salón Montecarlo del hotel Enjoy Punta del Este luce, a priori, bastante inhóspito para una obra de teatro. Más apropiadas para grandes conciertos, las importantes dimensiones de la sala atentan contra su acústica y hacen que la voz de los actores, incluso amplificada, suene como perdida en el espacio, con eco y algo asordinada. Sin embargo, luego de unos minutos el oído se acostumbra a las condiciones sonoras y todo comienza a fluir. Las 500 personas que han llenado la función comienzan a reír con intensidad y Una Navidad de mierda empieza a dar lo que prometió: carcajadas de principio a fin.
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Se trata de una obra escrita por el dramaturgo español Markos Goikolea, oriundo del País Vasco y formado como dramaturgo y guionista de cine en Barcelona. Fue estrenada en el teatro Principal de Donostia, histórica y prestigiosa sala de San Sebastián, con el título Nunca he estado en Dublín y luego tuvo una exitosa temporada en el Teatro Pavón de Madrid.
La historia promete los enredos y equívocos habituales del género, los que con pequeñas variaciones son los mismos desde hace siglos. En este caso, Elena, una joven que se ha ido a vivir a Europa (a Irlanda, más precisamente) vuelve a su casa en Buenos Aires a pasar la Navidad con sus padres (Blanca e Ignacio) y trae consigo a su novia, llamada Cindy, para presentársela a sus padres y su hermano y compartir así con sus seres queridos su nueva opción afectiva. Lo que sucede en realidad es que nadie ve ni escucha a Cindy. Solo Elena. Hasta aquí, nada demasiado llamativo. La novia imaginaria (o lo que al menos eso parece) es el disparador de la comedia.
Una navidad de mierda 4
Verónica Llinás en ‘Una Navidad de mierda’
RGB Entertainment
Esta versión argentina, que colmó el Teatro Apolo de Buenos Aires durante todo 2025 y que desde el 20 de diciembre agota las cuatro funciones que ofrece cada semana en el Enjoy (de jueves a domingos a las 22.15 h) es una adaptación radicalmente porteña. En los modismos, en el lenguaje corporal e incluso en lo contextual, con varios guiños a la actualidad argentina. Pero allí no radica su gran virtud.
La obra desembarcó en Punta del Este —una plaza difícil para el teatro— con la chapa de haber sido una de las obras más taquilleras —ergo, exitosas— de la temporada 2025 en avenida Corrientes, el circuito de teatro comercial de Buenos Aires. El nombre elegido para esta versión puede despertar la sospecha de estar frente a un producto liviano, pasatista y pasajero. El formato de producción es el que impera en esa plaza teatral, en el que el productor —en este caso, Gustavo Yankelevich, protagonista de la industria escénica y mediática argentina— toma todas las decisiones. Esto puede incluir la elección del título, el cambio de nombre, la compra de los derechos, la elección de la dirección y el elenco, e incluso cuestiones netamente artísticas.
Una Navidad de mierda trailer
RGB Entertainment
Pero la presencia de Verónica Llinás —en el rol protagónico y en la dirección (junto con Peto Menahem)— es razón más que suficiente como para que ir a verla resulte interesante no solo para el público puntaesteño, sino para cualquier espectador ávido de buen teatro.
Y aquí es donde hay que poner un punto. Lo que se entiende por buen teatro puede parecer diametralmente opuesto en una plaza como la Broadway sudamericana (el enorme circuito comercial porteño) respecto del paladar teatral montevideano, en el que predominan otras estéticas más asociadas al teatro de arte que a la comedia comercial, cuyo objetivo primordial es vender la mayor cantidad de entradas posible.
Lo cierto es que si un espectador ávido de teatro de calidad deja sus prejuicios afuera de la sala, paga los 60 dólares que cuesta la entrada (en suticket.com) y entra a ver Una Navidad de mierda, se va a encontrar con un notable espectáculo, que cumple con creces con lo que promete: alta y permanente comicidad. Y es preciso señalar que gran parte de ese estado de hilaridad que se instala en la platea durante los 80 minutos —no decae nunca— se debe a la extraordinaria performance de Verónica Llinás. El resto del elenco, integrado por Alejo García Pintos, Tomás Fonzi y Anita Gutiérrez, acompaña con oficio. Los tres aportan lo suyo con eficacia y contribuyen con la química que necesita la obra para “meter para adentro” a la platea. Pero lo de Llinás es sencillamente formidable. No se pone al hombro la obra: ella es la obra.
Una navidad de mierda Verano
El elenco de ‘Una Navidad de mierda’ con el director Peto Menahem.
RGB Entertainment
Como fue dicho, la anécdota no es la gran cosa. Sí lo es el trabajo de esta experimentada actriz, que da una cátedra de histrionismo y de todos los rubros de la comedia. La Llinás es maestra en el humor físico, gracias a un virtuoso repertorio gestual y al soberbio manejo de su cuerpo para acompañar los impulsos explosivos de su personaje. También demuestra un estupendo dominio de la palabra, del error en la dicción del paupérrimo inglés que maneja su personaje. Como Rabinovich leyendo mal en Les Luthiers o Espalter en sus mil gags de lenguaje fallido, Llinás hace llorar de risa cuando intenta hablar en inglés con la invisible Cindy o cuando le dice “salí de acá” a su lábil marido. Lo suyo es de una verdadera capocómica, y el resto del elenco la acompaña como se debe. Y el público lo agradece con incontables aplausos espontáneos, cada vez que hay un buen chiste o un gag que lo hizo desternillarse de risa.
Ese grado de interacción entre artistas y público es un rasgo bien característico de la comedia porteña, que en Uruguay tiene su correlato más cercano en el carnaval. Los clásicos aplausos al inicio de la obra, ante el ingreso de cada uno de los intérpretes a escena (más intensos cuanto más “famoso” es) son un signo inequívoco de que la mayor parte de la audiencia es argentina. Y el elenco retribuye, destruye los preconceptos, hace reír y logra que Una Navidad de mierda sea un espectáculo redondo.