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    “¿Alguien cree que los millones de hispanohablantes vamos a dejar de decir burras y burros y empezar a decir burres?”

    Entrevista con Darío Villanueva, director de la Real Academia Española

    En medio de reclamos de organizaciones feministas para aceptar el uso de variantes como el todes, tod@s o todxs, la Real Academia Española (RAE) dejó en claro su posición sobre el tema: el género masculino es el que abarca al femenino en ciertos contextos. Eso significa, por ejemplo, que si se habla de hijos, están contempladas también las hijas, y no es necesario hacer la distinción.

    Esas y otras aclaraciones están incluidas en el primer Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica de la RAE, un trabajo que comenzó a elaborarse en 2001 y se publicó en noviembre de este año. El texto se puede adquirir vía Amazon y estará disponible en Uruguay a partir de abril.

    El libro establece normas de ortografía y gramática, aclara cuestiones vinculadas al uso de la lengua en las nuevas tecnologías, e incluye un glosario con dudas, ejemplos y recomendaciones. Además, aborda cómo tratar las cuestiones de género. En ese sentido, el director de la RAE, Darío Villanueva, fue contundente: “No hay que confundir la gramática con el machismo”, dijo en diálogo con galería.

    Villanueva dirige la RAE desde 2015. Es licenciado en Filología Románica por la Universidad de Santiago de Compostela y doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid. Es catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Santiago de Compostela, institución de la que fue decano entre 1987 y 1990. Es académico de varias universidades, doctor honoris causa de instituciones extranjeras, profesor visitante en más de un centro de estudio y autor de publicaciones en español e inglés.

    ¿Por qué la RAE decidió publicar este libro?

    Nosotros tenemos siempre la preocupación, desde hace 305 años, sobre los grandes códigos de nuestro idioma. Que eso tenga una dimensión de acceso a la mayoría de la gente y le ayude a resolver los problemas que pueda tener con el manejo de la lengua. Para esto estamos siempre buscando instrumentos novedosos de servicio. El éxito de este libro ha sido enorme, lo presentamos un lunes hace tres semanas y el miércoles la primera edición estaba ya vendida. Eran 10.000 ejemplares. El martes era el libro más vendido en Amazon y en las librerías españolas.

    ¿Por dónde pasaron las principales dificultades al hacerlo?

    Más que dificultades fueron retos. Un libro de estilo de nuestra lengua ahora tiene que ser muy receptivo de los nuevos circuitos de comunicación que la tecnología actual permite. Hace 25 años un libro de estilo era distinto al de hoy, no había que atender a las redes sociales, a WhatsApp, Twitter, Instagram. Insisto mucho, casi como un karma: tenemos que trabajar para la academia de los nativos digitales, la gente que ya ha nacido en la burbuja tecnológica de Internet y que necesita un apoyo de la lengua española y de las academias de la lengua española que existen en nuestros países. Los que llevamos estas academias somos, más que nativos digitales, inmigrantes digitales, venimos de la cultura anterior. Eso no quiere decir que estemos inhabilitados o seamos insensibles acerca de este nuevo reto. Eso es lo que caracteriza a este libro de estilo: es el primero donde se resuelven no todas, pero sí muchas preguntas e interrogantes acerca de cómo se debe de utilizar la lengua en los nuevos circuitos de comunicación digital.

    Mucha gente considera que la RAE es una institución envejecida o que en algunos casos representa una lengua previa a las nuevas tecnologías. ¿De qué manera se preparan para afrontar esos desafíos?

    Sé que ese estado de opinión existe, pero también he de decirle que es totalmente injusto. Nosotros ofrecemos al día dos millones y largo de consultas al diccionario. ¿Quiénes son los consultantes? ¿Son todas personas mayores? Supongo que habrá alguno que tenga menos de 50 años. Tenemos 1.700.000 seguidores en Twitter, supongo que no todos son de mi edad. Habrá algún despistado de 20 años que nos escriba un tuit y que nosotros le contestemos. A veces los tópicos es muy difícil vencerlos y hay ese estigma o estereotipo de que la Academia es una institución vetusta, pero los datos demuestran que no es así en modo alguno. Nosotros estamos absolutamente integrados en el mundo digital.

    En general, cuando los más jóvenes usan las redes sociales dejan de lado signos de puntuación y mayúsculas. ¿Cómo hacen para promover el correcto uso de ellas?

    En el siglo XIX el gran avance en la comunicación fueron los telegramas. ¿Y cómo se escribían los telegramas? Con palabras simples, a veces monosílabos, los verbos nunca eran compuestos, se prescindía de los nexos, se prescindía de los tildes, porque lo que importaba era una comunicación directa, muy rápida, y además nos cobraban por palabras. Ahora estas nuevas posibilidades de comunicación digital electrónica permiten una serie de licencias. Pero yo me pregunto: ¿qué ocurría en el siglo XIX con la educación? La educación era muy sectorial y para privilegiados, en cambio ahora en nuestras sociedades, por suerte, la educación es universal y obligatoria. ¿Y qué objetivos persigue un sistema educativo como el nuestro? Pues varios, pero uno de ellos primordial es enseñar el manejo de nuestro idioma. Tenemos ahí un instrumento poderosísimo para que nuestros jóvenes sepan que en las redes sociales pueden utilizar esas licencias, pero que otra cosa distinta es escribir bien la lengua. De modo que si quieren solicitar por escrito un puesto de trabajo, tienen que utilizar reglas del español común, no se pueden permitir esas liberalidades que comunicándose con un amigo o un novio sin ningún problema.

    El director honorario de la RAE, Víctor García de la Concha, dijo que las nuevas tecnologías están cambiando la escritura y que eso genera dudas. ¿Cómo se decide qué se acepta o qué no?

    Hay que evitar la idea de que las academias somos las policías del idioma. Eso sería una concepción totalmente absurda. Si una academia no acepta algo, ¿qué ocurre? ¿La gente va a dejar de utilizar algo porque la academia no lo acepta? No es así ni mucho menos, la lengua es totalmente autónoma, los dueños de ella somos los hablantes y nos expresamos como queremos. Y muchos de ellos probablemente ni siquiera saben que existe una Academia Nacional de Letras del Uruguay o una Real Academia Española. Esa idea de las academias como policías de la lengua es una idea totalmente equivocada. Nosotros no somos los que aceptamos o rechazamos, nosotros vamos siempre un paso por detrás de la evolución del idioma porque nosotros no inducimos, no imponemos, simplemente registramos lo que hay. Cuando hay dudas o se nos pregunta, transmitimos nuestra opinión al respecto, pero no somos un organismo coactivo ni mucho menos.

    Otra de las críticas que se hace a la RAE es que se trata de una institución machista. De hecho, de los 46 académicos, hay solo ocho mujeres.

    Si por machismo entendemos una ideología, hay que decir que en modo alguno la Academia es una institución machista. Es cierto que la RAE cometió un enorme error en el siglo XIX, que fue cerrar sus puertas a importantes escritoras que deberían haber estado en ella. Hay que pensar lo que estaba ocurriendo en el poder político, la universidad, el Ejército, en las grandes empresas, los diarios. Ojo, no convirtamos ahora ese error de la Real Academia en un error solitario y único de lo que era una sociedad en la que la mujer, de una manera injusta y desafortunada, no estaba ocupando el espacio que le correspondía.

    Pero en el ámbito político se han tomado medidas para corregir eso. Por ejemplo, la cuota política. ¿Están pensando en alguna medida en ese sentido?

    No, en absoluto. Las propias académicas que tenemos son contrarias a las cuotas. Lo que tengo para decirle es que de las ocho mujeres que están en la academia, seis han ingresado en los últimos ocho años. Eso indica una tendencia que todavía no es suficiente, pero que yo como director he procurado promover. No por razón de cuota o de oportunismo político, sino por pura razón de realidad efectiva como es nuestra sociedad. Y sobre el supuesto de que la aportación de la mujer a la academia tiene una importancia extraordinaria.

    El manual cierra la polémica en lo que respecta a los géneros cuando dice que “en español el género masculino, por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos. De ahí que el masculino pueda emplearse para referirse a ambos sexos (...). Desde el punto de vista lingüístico, no hay razón para pensar que este género masculino excluya a las mujeres en tales situaciones”. Ese tipo de lectura generó críticas de organizaciones feministas. ¿Qué responde a esos cuestionamientos?

    No hay que confundir nunca la gramática con el machismo, son dos cosas completamente distintas. Las lenguas tienen una lógica distinta, tienen una organización que además se ha decantado a lo largo de los siglos y que es muy difícil alterar por una voluntad política determinada. Los dictadores que lo han intentado alguna vez han fracasado siempre, porque la lengua va a su aire y con su lógica propia. No solo en el español sino con otras lenguas. En todas las lenguas románicas, por el principio de economía lingüística, hay un género no marcado que es el inclusivo, que es el masculino, y otro género marcado que es el femenino. De modo que si yo le digo a alguien “oye, Pepe, ¿cuántos hijos tienes?”, todos los hispanohablantes entendemos que le estoy preguntando por chicos y chicas. En cambio si le digo “oye, Pepe, ¿cuántas hijas tienes?”, él entiende que le estoy preguntando solo por las chicas. Eso no es así porque la Academia lo haya inventado o porque yo ahora lo diga, es así porque es la lógica gramatical de la lengua española. Contra eso ninguna función ideológica va a conseguir nada, porque existe un sentido común lingüístico del que participamos todos los hispanohablantes y contra eso no cabe ninguna imposición normativa o imposición dictatorial.

    ¿Hay reclamos ideológicos detrás de los planteos de inclusión en la lengua?

    El feminismo, no cabe duda, es una ideología muy seria, enormemente valiosa, que está propiciando una de las revoluciones más importantes en la historia de la humanidad. Creo que es la gran revolución de los siglos XX y XXI. Pero también hay que decir que como toda ideología puede tener en algún caso aplicaciones que no van a ser efectivas ni operativas. Eso va a ocurrir precisamente en la cuestión de la lengua.

    Ustedes dicen que la lengua es algo vivo y que va cambiando. En esos cambios, por ejemplo, ¿no se maneja la posibilidad de aceptar el todes o todxs?

    Por supuesto que cabría esa posibilidad. Pero yo le pregunto: ¿cómo se pregunta una arroba? ¿Y cómo se pregunta una equis en lugar de una vocal? Estamos en un asunto muy serio. No estamos hablando de un juego donde todo sea posible. Hay una serie de reglas. Lo de todes me parece una ocurrencia estrambótica. ¿De repente alguien cree que los 575 millones de hispanohablantes vamos a dejar de decir burras y burros y vamos a empezar a decir burres? Si alguien me convence de que esto va a ocurrir, yo me apuntaría a esa tendencia, pero no creo que eso sea razonable ni posible.

    La RAE recibe 60 millones de consultas al mes en su página web. ¿Cuáles son las más comunes?

    Yo todos los meses recibo las consultas, de qué país proceden, de qué dispositivo, de qué sistema operativo, y también qué palabras son las más consultadas. Cuando en 2014 el rey Juan Carlos I abdicó, la palabra más consultada en el diccionario fue abdicar. Cuando en 2012 Hugo Chávez se presentó por última vez a las elecciones presidenciales de Venezuela, la palabra más consultada fue majunche, un término propio de Venezuela, que viene a ser lo que ustedes podrían denominar boludo o pelotudo. La explicación de esto era que Chávez a su opositor, que era (Henrique) Capriles, nunca lo llamaba por su nombre sino que le decía “el majunche”. Esas consultas indican lo que son las preocupaciones en cada momento de la sociedad.

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