No, no cambió en nada. Ni siquiera toqué la ropa porque creo que lo único que podía cambiar eran las medias o las pelucas. Tendría que haberme filmado el primer día y en la última temporada para ver si hubo un cambio interno. Lo único que noté fue que gocé cada vez más con la obra. La hice en lugares increíbles, con distintos espacios y público, pero siempre mantuve los mismos movimientos.
¿Siempre es así de metódica?
Sí, es algo que necesito para mantener la puesta. No me gusta agregar nada ni cambiar la letra. A veces tengo que hacerlo cuando no hay más remedio o cuando hay un accidente en el escenario, pero es algo que me cuesta. Eso no quita que las obras no sean diferentes: cada vez que termino una función te puedo decir si fue mejor o peor que la anterior. Por eso nunca me aburro, siempre terminan siendo distintas.
Después de interpretar tantos papeles, ¿es difícil encontrar personajes atractivos?
Te diría que es una de las cosas más difíciles. Es tan difícil, que antes de hacer El largo viaje de un día hacia la noche estuve dos años sin hacer nada. Ese tiempo me lo pasé buscando textos para mí y para Ana Rosa, porque queríamos trabajar juntas. Es complicado porque, después de estar horas, podíamos encontrar uno o dos libretos interesantes pero con derechos tan grandes que eran imposibles de pagar. Y ahora fijate que pasó lo mismo: también hace dos años que hice a Madame Curie. Es un problema mío porque siempre tengo que buscar un texto que me llegue con un personaje que me conmueva o que me diga algo.
La pasión de Telles por el teatro comenzó con su familia. Sus padres, que eran fanáticos de la Comedia Nacional, solían llevarla a la mayoría de los estrenos en Montevideo. La pequeña, que todavía iba a la Escuela Francia, se quedaba hipnotizada con la escenografía y la capacidad de los actores para transformarse en los personajes. Después de terminar el liceo estudió actuación y al poco tiempo interpretó su primer gran papel, Varia, en El jardín de los cerezos.
En 1974 formó parte del elenco de la aclamada obra Esperando la carroza, que se estrenó en el Teatro Circular con la actuación de Gloria Demassi, Carlos Frascos y Walter Reyno. Hacia fines de los 70 también interpretó el papel de La Duvija en Socorro Don Verídico, un texto de Julio César Castro en el Teatro Payró en Buenos Aires. Y quince años más tarde integró La última velada, otra de las obras del dramaturgo, actor y escritor. También actuó en Perdidos en Yonkers de Neil Simon, La gaviota de Antón Chéjov, Semilla sagrada de Sergio Otermin y en el clásico Viaje de un largo día hacia la noche de Eugene O’Neill.
Con sus papeles obtuvo importantes reconocimientos, como el Morosoli y el Cyro Scoseria, que se entrega cada tres años a artistas de larga trayectoria en los Premios Florencio. Con algunas de sus obras, como Madame Curie, también recorrió distintos países de América Latina y Europa.
Después de interpretar tantos papeles en su carrera, ¿hay un género que le gustaría explorar?
En este momento quisiera hacer una comedia. Después de lo que estoy haciendo, por supuesto, porque recién empecé con He nacido para verte sonreír. Vengo diciendo que quiero hacer una comedia hace un año, pero también llegó esta obra y me interesó mucho. Estoy abierta a nuevos proyectos y, para decirte la verdad, cuando busco un texto no estoy detrás de algo específico. Hubo meses en que llegué a contar lo que leía y eran cientos de obras. Me cuesta encontrar un nuevo desafío para crear o inventar un personaje, sin que sea algo cortito y al pie.
Hace cinco años detuvo una función de Madame Curie para pedirle a un espectador que se retirara de la sala porque su celular no dejaba de sonar. ¿Volvió a pasar por una situación similar?
Ahora se están portando mucho mejor. Lo de los celulares fue terrible y esa anécdota fue impresionante. Me acuerdo que fue en la primera escena de Madame Curie y como el público estaba al lado enseguida oí el celular. Paré para que lo apagaran pero no lo hicieron, entonces saqué las garras y le pedí al dueño que se fuera. Me dijeron que en otro estreno pasó algo similar, pero no lo escuché. El problema es que no se dan cuenta de que cuando te sacan de personaje, te cortan el hilo y caés. Quedás en la misma situación del espectador y es difícil volver a concentrarse. Tanto es así que en la función de Madame Curie pasé toda la obra pensando en lo que había sucedido y me desahogué cuando terminó.
¿Tiene algún método para concentrarse?
Soy disciplinada y tengo una vida muy ordenada y rutinaria. Siempre la tuve. Los días en los que tengo función me gusta hacer todo lo que tengo pendiente en mi casa sin perder la tranquilidad. También estoy acostumbrada a ir al teatro muy temprano. Siempre me sobra el tiempo y me ayuda para bajar la pelota al piso. Me gusta caminar por el escenario y la platea para espantar demonios (risas). Cuando ya está pronta la escenografía y la utilería, también tengo la costumbre de repasar todo lo que hay y lo que tengo que usar. Es como una cábala, una necesidad de saber todo.
Fue difícil mantener esa rutina en la grabación de Mr.Kaplan (2014), su primera película.
Ahí estaba todo más controlado.
¿Por qué no actuó en una película antes?
En realidad, tuve un primer acercamiento con Luis Puenzo, el director de La historia oficial (1985). Estaba en Argentina cuando él empezó a hacer unos comerciales con superproducciones que parecían de película. En Kaplan, igual, fue distinto porque se filmaba en un apartamento en Pocitos. Pero tuve que meditarlo por un tiempo antes de hacerlo.
¿Lo pensó dos veces?
No lo pensé nada, dije que no.
Entonces, ¿en un principio se negó? ¿Por qué?
Por miedo. Pensé que capaz que no servía para eso. Estaba insegura y tenía mucho miedo al fracaso. Tenía el mismo miedo que me viene el día del estreno de una obra. Y cuanta más experiencia tengo, más definitorio y más terrible es. Antes de acceder a actuar en la película sentí que estaba haciendo el papel de la boba. Me acuerdo que Álvaro Brechner (el director) me dijo que fuéramos a tomar un café para tranquilizarme. Después me incentivó para que fuera a sacarme una foto, entré a la productora y enseguida me encontré con dos o tres compañeros. El miedo se pasó bastante rápido, pero esas cosas también me pasan en el teatro. Al final, lo de Kaplan fue un placer.
Después de grabar, ¿se arrepintió de no haber hecho cine antes?
En verdad, no. Antes me habían ofrecido algún papel pero el libreto no me gustaba. Y tenía ese miedo. Me acuerdo que El último tren (2002) se filmó acá y me llamaron para hacer un casting. Yo dije que no lo hacía. No quería sonar como una diva, porque no lo soy, pero no los hago porque me da vergüenza. Es un poco de cobardía. Me acuerdo que una vez llegué a un casting en taxi, me bajé en el lugar, caminé tres metros y enseguida volví al mismo taxi.
¿Sintió los mismos nervios en el estreno de su última obra?
El estreno de He nacido para verte sonreír fue curioso y bastante diferente. Me doy cuenta a la distancia de que estuve relativamente serena, pero con una especie de estado de angustia. Es que el estreno es una función difícil que hay que sortear.
¿Por qué?
No lo sé todavía. Es extraño porque no siento esas dificultades cuando viajo. He hecho cuatro obras en el exterior y siempre lo gozo. Entonces, ¿por qué siento que es tan difícil el estreno acá? Una vez, Sergio Puglia me dijo una cosa con la que concuerdo: acá se siente que todos te están juzgando. Capaz que no es cierto, pero es una cosa que siento. También me pasa lo mismo cuando viene al teatro alguien de mi familia porque me genera una presión particular. Prefiero no saber quién vino. Y de vuelta: no siento el pecho oprimido cuando estoy en el exterior. Acá, antes de empezar la función del estreno el corazón no me para de golpear.
Este año también interpretó a la madre de Mauricio Rosencof en La noche de los 12 años, la película de Álvaro Brechner que se estrena en setiembre. ¿Cómo fue la grabación de la historia de Huidobro y Mujica?
Fue una grabación increíble, pero yo tuve una participación chica. No me importó tanto el rol porque ahí estuve al lado de una superproducción impresionante. Filmamos en Pamplona y fue un trabajo muy difícil. Había temperaturas de dos grados bajo cero y estábamos metidos en construcciones sin puertas ni ventanas que tenían siglos. Eran como catacumbas. No pude ver mucho de lo que hacían mis compañeros porque no te permitían estar cerca del lugar en el que se estaba filmando, pero sé que es un contenido conmovedor.
¿Aceptó participar por la historia?
En realidad, porque me llamó Álvaro.
¿Siente que los actores locales son valorados?
No. Para el público del teatro, que tampoco es mucho, sí. Pero quienes tendrían que hacer algo porque tienen poder no lo valoran. La prueba es que en una época los políticos, sobre todo diputados y senadores, iban mucho al teatro. Pero ahora, si van, es a ver algo al Sodre. Uno piensa que podría venir el ministro de Cultura a conocer las obras de teatro, pero si les preguntás te van a decir que trabajan mucho y no tienen tiempo. Casi que como si no fuera su trabajo. Y es algo que duele.
Una directora multifacética
En el estreno de He nacido para verte sonreír, el sábado 11, las miradas no solo se detuvieron en la actuación de Nidia Telles, que volvió a escena después de dos años. La atención también se dirigió a la encargada de poner la obra de Santiago Loza en escena: Vicky Rodríguez. La directora, que divide sus días entre el teatro y el Carnaval, se hizo conocida por interpretar a Susana en Bar de camareras (2001), de Jorge Denevi, y por ser la protagonista de Las troyanas (2007), en Espacio Palermo.
En las últimas dos décadas también integró el elenco del programa de televisión El show del mediodía y Guau!, además de participar en la miniserie Rotos y descosidos. Estuvo nominada a los Premios Iris y a cuatro Florencio, además de ganar uno como mejor actriz en la obra para niños El reino de Rada. Pero su mayor reconocimiento llegó junto a Carambola, La compañía y Los Zíngaros, tres agrupaciones con las que se presentó en Carnaval. “Es una mujer multifacética que utiliza el humor para generar un buen clima en los ensayos. Y siempre está pendiente del libreto”, dice Telles.
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2018-08-30T00:00:00
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