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    “Los pensamientos y las experiencias que vivís moldean tu cerebro”

    El biólogo argentino Estanislao Bachrach asegura que el dolor es inevitable, que el cerebro ama quejarse y no correr riesgos, y que las amenazas solo sirven para generar un cambio a corto plazo

    Estanislao Bachrach es doctor en Biología Molecular por la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de Montepellier. Eso quiere decir que conoce el cerebro como pocos. ¿Para qué sirve conocer el cerebro? Para cambiar, claro. ¿Y para qué cambiar? “Para qué es muy individual”, dice. Pero además, Bachrach agregó, entre otras cosas, a su extenso currículum académico una maestría en Dirección de Empresas de la Universidad de Torcuato Di Tella. Eso quiere decir que hace más de 10 años que empresas, organizaciones o deportistas lo contratan para que los ayude en el manejo de emociones, cambios y mejoras en la parte creativa.

    Además de su actividad académica y empresarial, en 2012 publicó AgilMente, un libro que ayuda a entender el funcionamiento del cerebro para potenciar la creatividad. En unos meses se volvió el más vendido en la categoría no ficción en Argentina y superó los 300.000 ejemplares.

    En el marco de un ciclo de charlas en la Universidad Católica del Uruguay, Bachrach expuso sus ideas a la audiencia y luego mantuvo una entrevista con galería, mientras comía chocolate para subir el azúcar en la sangre después de hablar tres horas frente al público.

    ¿Qué porcentaje del cerebro conocemos?

    Poco. Muy poco. Es verdad que en los últimos 10 años gracias al avance de la tecnología se ha entendido su funcionamiento mucho más que en toda la historia de la humanidad. El cerebro es como una galaxia de grande, literalmente. Conoceremos una o dos estrellas. No vamos a llegar a ver si algún día se sabe todo, pero creo como científico que no es tan importante conocer todo. Me parece que como biólogo, y voy a decir algo contradictorio, somos mucho más que un cerebro. No se acaba al conocer todo el cerebro.

    ¿Cree en los beneficios de la psicología?

    Sí, absolutamente. Mis dos padres eran psicoanalistas. Me analizo hace muchos años. No creo en una disciplina como mejor que otra, sino en que cada persona tiene que encontrar la herramienta, técnica, gurú o acompañante que lo ayude a mejorar en su vida. Para algunos es la psicología, para otros la Iglesia y hay quienes se apoyan en Netflix. No soy un talibán de la neurociencia que cree que todo lo demás es basura. Para mí, todo sirve.

    ¿Leyó al historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari?

    Sí, obvio. Hace poco tuve una entrevista con él en Miami. Me pareció un tipo brillante. Es muy extremista y radical en lo que dice, pero me encanta.

    ¿Es semejante su teoría sobre “creer” y el hombre como creador de mitos que dice Harari?

    Se asemeja desde una mirada diferente a la mía. Él es más filósofo. Me gusta mucho lo que dice, pero él me cae muy radical en su forma de argumentar. A medida que voy creciendo y me van pasando cosas en la vida, creo cada vez menos en lo que digo. No pienso que haya una verdad revelada, una fórmula mágica para ninguno de estos temas. Ni siquiera que haya ciencia o evidencia científica lo hace mejor.

    Sin embargo, da pautas o lineamientos a seguir.

    Porque es mi trabajo, es lo que sé, me rindió y he visto cosas buenas que les pasaron a mis clientes y a la gente que trabaja conmigo, pero también he visto fracasar a algunos. Yo soy mi propio conejillo de Indias, pruebo mucho lo que hice en mi propia vida; hay cosas que me funcionan y hay cosas que no. A veces prefiero ir a terapia, leer un libro o salir a correr.

    ¿Quiénes son sus clientes?

    El 90% son empresas. El otro 10 son deportistas y escuelas. Con las empresas vivo, y los atletas y la educación son mi pasión, lo disfruto. ¿Por qué me llaman a mí? Suena muy porteño lo que voy a decir: tengo la suerte de que desde que empecé a trabajar en esto, hace 10 u 11 años, no publicito mi trabajo, no tengo página web ni tarjeta personal, no tengo nombre, pero soy respetado y hay mucho boca en boca.

    ¿Destaca a algún deportista en particular con los que trabajó?

    A River Plate, Pico Mónaco, Guido Pella, la selección sub-20 de rugby y Las Leonas.

    ¿Le gustaría trabajar con la Selección mayor de fútbol?

    No, ni loco. Hoy no me siento cómodo en el ambiente del fútbol, en especial con los dirigentes. Estuve con la celeste. Tuve una entrevista con el Maestro y quedé fascinado y enamorado.

    ¿Por qué?

    Es brillante. Brillante. Las hijas parece que son fanáticas de mis libros y tuve una reunión con él. Me hizo unas preguntas muy inteligentes.

    Con el surgimiento de los pensadores posmodernistas la ciencia es por primera vez cuestionada en el sentido de que no es una verdad absoluta, sino otro tipo de relato. ¿Qué opinión le merece?

    Estoy de acuerdo.

    Sin embargo, se basa en conocimiento científico para exponer su trabajo.

    Pero porque es lo que estudié, lo que sé, lo que aplico. La pongo en cuestión porque pongo en cuestión a las personas y la ciencia la hacen las personas. Viví en Boston un hecho muy puntual de corrupción de datos científicos. Entonces, que venga un artículo científico, un paper, hecho por un científico no significa que sea verdad o que funcione. Creo que las personas tendemos a cambiar, mejorar y aprender, no necesariamente por evidencia o datos científicos. No cuestiono a la ciencia, cuestiono a la gente que hace ciencia.

    En su libro EnCambio habla sobre cómo cambiar el cerebro. ¿Cambiar para qué?

    Lo primero que tiene que hacer alguien es preguntarse para qué. En un momento en la charla anterior dije “no hay que cambiar”. La pregunta es: “¿Vos querés cambiar? ¿Sos consciente de que vos tenés que hacer un cambio para estar mejor, para tener más plata, un mayor bienestar, para llevarte mejor con tu pareja?”. Lo primero es para qué. Lo que yo cuento es cómo funciona el cerebro frente al cambio y cuáles son las herramientas que se van probando hoy que favorecen ese cambio. La pregunta “para qué” es muy individual.

    ¿Qué debe tener un líder para estar al frente de una empresa o grupo humano?

    Hoy, con la generación millennials, con las nuevas fuerzas de trabajo que están creciendo y teniendo en cuenta que pronto van a ser los líderes de las compañías y países, fundamentalmente se necesita un líder vulnerable, persona, capaz de equivocarse, que tenga emociones y las pueda mostrar, que acompañe y no necesariamente tenga que dirigir. Ahora, paréntesis, depende del equipo que te toque. A veces te toca un grupo de personas que si no tiene un líder fuerte que lo dirija, no funciona. Dependiendo del contexto, de la situación, se necesitan distintos tipos de líderes. Pero las emociones, las personas y las historias tienen que estar ahí en el liderazgo. No solo lo técnico o lo táctico.

    ¿Lo comparan con un coach?

    Todo el tiempo. Todos los días.

    ¿Qué sensación le genera?

    No soy coach.

    Y no quiere serlo.

    No dije eso. No soy coach porque no estudié coaching, no sé mucho qué es, solo de lo que leo en los periódicos. No tengo nada contra el coaching. No tengo nada contra nada. Si a vos te hizo bien y no lastimaste a nadie en el camino, genial. No quiero que porque a vos te haya hecho bien, creas que a mí me va a hacer bien. Cada uno tiene que encontrar lo suyo. Mi ex me decía: “Vos tenés que hacer yoga. El yoga te va a hacer bien. El yoga es genial”. Es genial, sí, y está comprobado científicamente, pero a mí me aburre. Puedo preferir ir a correr, nadar, meditar, rezar.

    ¿Hace mucho deporte?

    Menos del que querría, pero sí. Hago natación, bici y corro. No hago deporte de contacto porque ya me siento un viejo.

    Dice que el cambio siempre genera dolor. ¿Es inevitable?

    El dolor es inevitable... Ahora, ¿cuál es el problema con que haya dolor? No es problema. Se dice que el dolor es malo, pero es natural y parte de la vida. Si tenemos aprendido durante muchos años que el dolor es malo, el cambio va a ser malo. Ahora, si incorporamos el dolor como parte del proceso de cambio... Y bueno, es lo que hay. Todos salimos adelante.

    ¿Se puede aclarar en la entrevista que se está separando?

    Sí, separado hace seis meses.

    ¿Cómo hizo para superar el dolor o el cambio?

    Primero, no lo superé. Voy seis meses. Lo que me permití hacer, que muchas veces por mi creencia y educación no podía, es atravesar el duelo, vivirlo, sentirlo, estar triste, llorar y no evitarlo. Mi forma y estructura psíquica anterior era evitar cuando algo malo me pasaba. Entonces un día a los 33 años me explotó en la cabeza. Todo lo que había ocultado salió. Ahora aprendí con un poco de terapia, con psicóloga, no psicoanálisis, que me estaba separando, que tenía dos hijos y que me iba a doler. Por más que sea para mejor y esté bien. Lo estoy atravesando y no lo apuro.

    ¿El hombre y la mujer tienen cerebros diferentes?

    La diferencia es absolutamente cultural. No es biológico ni fisiológico. Si el hombre tira los problemas debajo de la alfombra y la mujer lo expresa más es por cómo fueron educados cuando eran chicos. Por ejemplo, las mujeres no son más emocionales que los hombres. Ahora, si viviste en una casa con una hermana y a ella le permitían llorar y a vos no, cuando seas grande va a haber diferencias.

    Asegura que el cerebro ama quejarse. ¿Por qué?

    Naturalmente, cuando te quejás y culpás a otro te ponés en una posición de víctima donde no podés hacer nada porque la culpa es del otro. En esa posición de la nada, el cerebro no corre riesgos. Al no correr riesgos, sobrevive. El cerebro busca ser eficiente, no correr riesgos, estar en la zona de confort, es decir, vivir. Cuando te quejás todo el tiempo, sigue vivo y no toma riesgos.

    Entonces, eso de que los uruguayos se viven quejando no es cierto.

    No. Los uruguayos sí se viven quejando, pero los argentinos y los brasileños también. Los de Turquía también. Es natural.

    ¿Las amenazas sirven para generar un cambio?

    No. Las amenazas según la biología sirven para generar un cambio a corto plazo, para que la gente reaccione y cambie una actitud o un comportamiento porque algo no está haciendo bien o no está gustando. Pero con esa amenaza el cambio no es sostenido a largo plazo. Una vez que se atraviesa esa dificultad, que se hace un cambio por un período de tiempo, luego se vuelve a la zona de confort. La amenaza es una herramienta para reaccionar, no para cambiar. Qué es reacción: “cambio a corto plazo”.

    ¿Cuándo se regeneran las neuronas?

    Se regeneran si hacés algo con tu cerebro. Si ves todo el día tele, las neuronas se mueren y no se regeneran. Si vivís estresado, las neuronas se mueren y no se regeneran. Ahora, si leés, practicás deporte, tocás un instrumento, charlás con tus viejos, ves una película, laburás, ahí sí se regeneran.

    Asegura que el cerebro no distingue la realidad de la fantasía. En esta época de la masividad de la información y las fake news, ¿cómo puede el cerebro discernir entre verosimilitud y desinformación?

    No lo sé. Si yo soy kirchnerista o de un partido político y leo noticas malas sobre ese partido político, voy a decir que son mentira. Es un tiempo peligroso. Se manipula mucho a la gente.

    Cuando una persona toma conciencia de que su cerebro no distingue entre la realidad y la fantasía, ¿cómo debe afrontar esa realidad?

    En primer lugar, no hay que afrontarla. Si uno tiene ganas, con lo que tiene que enfrentarse es con sus propias creencias. Preguntarse por qué cree en tal cosa, desde cuándo. Es un trabajo profundo de autoconocimiento que es difícil. ¿Creés en la educación, la política, el amor...? Cuando armás todo tu mapa de creencias puede que encuentres cosas anticuadas que ya no te sirven. Es difícil porque son cosas que se tienen incorporadas hace más de 30 o 40 años.

    ¿Cómo se rompen los hábitos?

    La biología juega a no romper el hábito sino a reemplazarlo por uno más sano; de uno antiguo que no hace bien, que está obsoleto en tu vida, a otro más sano que elijas y lo generes. Por ejemplo, el hábito de fumar no se elige: estabas con amigos a los 15 años, fumaste y listo. Ahora, con 40 años, ¿cómo reemplazo un hábito que yo elijo, sano, como tomar agua, hacer deporte, ir al gimnasio, charlar con un amigo, por fumar? Ese es un trabajo que muchas veces requiere ayuda externa.

    Cita y esta de acuerdo con varios personajes de la humanidad, como Buda, Gandhi o Churchill, que aseguran que la forma de pensar hace a las personas.

    El contenido y la calidad de las cosas que vos pensás todos los días van modificando la estructura y la función de tu cerebro. Entonces, los pensamientos no son inocuos, tienen un impacto en quién sos. Los pensamientos y las experiencias que vivís en tu vida moldean tu cerebro. Si tendés a vivir siempre la misma experiencia o pensar siempre lo mismo, tendés a no cambiar. Nosotros trabajamos en cómo puedo cambiar la forma de pensar para cambiar yo.

    GALERIA
    2019-03-07T00:00:00

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