Esta es la primera vez que se hace una con- vocatoria pu´blica para representar a Uruguay en la Bienal de Venecia, algo que celebro, ya que es la manera ma´s homologada de encarar este evento. Me puse a pensar en el proyecto cuan- do el recie´n creado Instituto Nacional de Artes Visuales (INAV) del MEC anuncio´ que se hari´a es- ta convocatoria. Ya habi´a tenido la oportunidad de visitar el Pabello´n en otras oportunidades y el hecho de conocer el espacio me ayudo´ mu- cho a visualizar la propuesta. A partir de ahi´, fue un lento proceso de anotar ideas, descartarlas o armonizarlas, al tiempo que me poni´a en con- tacto con Patricia Bentancur y David Armengol, que se entusiasmaron con la posibilidad de su- marse al proyecto. De ahi´ en adelante, fue un trabajo en equipo, muy enriquecedor, en el que todos —cada uno desde su a´rea— aportamos conceptos para cohesionar el proyecto y darle una lo´gica interna que lo estructurara y fuera eficaz comunicando. El contexto de la Bienal de Venecia es un contexto global, el ma´s impor- tante en el universo de las bienales, y un a´mbito en que el mensaje ha de ser capaz de llegar a un espectador absolutamente heteroge´neo, en su inmensa mayori´a desconocedor del trabajo de los artistas que se presentan, salvo los del pai´s del que cada uno sea originario, claro.
¿Co´mo eligio´ a los curadores de su proyecto, Patricia Bentancur y David Armengol?
Sabi´a —porque asi´ lo habi´a anunciado el INAV— que se podi´an presentar proyectos de artistas uruguayos con curadores extranjeros. Uno de los tantos sujetos de mi trabajo, y que es consustancial al espi´ritu del proyecto La ca- sa empa´tica, es el mestizaje, lo transfronterizo, la identidad compleja. Al mismo tiempo, queri´a rodearme (y lo he conseguido) de las personas que no solo me han apoyado todos estos an~os sino que tambie´n son profundamente conoce- doras de los entresijos de mi obra. Con estas premisas, fue fa´cil convocar a Patricia Bentan- cur, artista y curadora uruguaya, y a David Ar- mengol, curador de Barcelona, la ciudad en que vivo desde mediados de los 70. Patricia Bentan- cur es quien mejor conoce mi obra, y su compli- cidad me acompan~a profesionalmente desde la primera curadori´a que hizo de mi exposicio´n La mirada rampante, en 1993, en el Museo Blanes, hasta curadori´as ma´s recientes para el CCE, el Premio Figari o la 1a Bienal de Montevideo. Por su parte, David Armengol es uno de los cura- dores de referencia en el a´mbito espan~ol y un profundo conocedor de mi obra, y para David no es nuevo participar conmigo en un proyecto uruguayo. Otro aspecto interesante a resaltar es que una curaduri´a mixta uruguayo-catalana es armo´nica con la estrecha relacio´n histo´rica entre ambas cultu- ras. Recordemos que Batlle era de origen catala´n, su familia era de Sitges (batlle significa “alcalde”, en ca- tala´n). A partir de ahi´, se pueden citar algunos perso- najes fundamentales del mundo del arte (si bien hay decenas en todos los a´mbitos), como son Joaqui´n To- rres Garci´a y Rafael Barradas, la actriz Margarita Xirgu y el arquitecto Antonio Bonet, ejemplos emblema´ti- cos del entrecruzamiento de culturas, y que han sido capitales, a la vez, en ambas sociedades. La mu´sica flamenca llama a esto “cantes de ida y vuelta”, aires musicales que cruzan el Atla´ntico, que van y vienen y van, tejiendo una tela infinita. Uruguay es el pai´s que ma´s lazos culturales tiene con Catalun~a. Queri´a que en un proyecto donde lo transfronterizo es protago- nista, este hecho de hermandad tambie´n estuviera presente. No podi´a faltar.
Si bien la Bienal no tiene una tema´tica estricta y cerrada, el ti´tulo de la misma, May you live in inter- esting times, ¿influyo´ en la gestacio´n del proyecto?
Digamos que ha sido una feliz coincidencia. Aun- que “feliz” no sea la palabra ma´s apropiada en estas circunstancias globales. Efectivamente, Ralph Rugoff, el curador de la 58a Bienal de Venecia, eligio´ May you live in interesting times (una antigua maldicio´n china, de fina ironi´a) como nombre de esta edicio´n. La frase alude a la continua inestabilidad, al vaive´n de los es- cenarios mundiales. En otra parte de la declaracio´n de intenciones, Rugoff argumenta que “El arte no puede frenar el auge de los movimientos nacionalistas y los gobiernos autoritarios en diferentes partes del mun- do, por ejemplo, ni puede aliviar el tra´gico destino de los pueblos desplazados en todo el mundo (cuyas cifras ahora representan casi el 1% de la poblacio´n mundial)”. Estoy de acuerdo con que el arte es inca- paz de frenar estos movimientos, pero es y ha sido capaz de sen~alarlos y denunciarlos. Ha sido capaz de ser empa´tico con las sociedades. Mi obra abarca mu- chos a´mbitos —algunos de una poe´tica ma´s univer- sal, de emociones— y tiene aspectos performa´ticos; intenta abrir el concepto de “paisaje”, interroga a mi subjetividad. Pero tambie´n trabajo, desde hace mu- chos an~os, con cartografi´as cri´ticas, con la compleji- dad de la “construccio´n del lugar” en las sociedades contempora´neas, con lo transfronterizo. Hablo de muros en el paisaje real y en el paisaje del lenguaje (para mi´, el lenguaje es paisaje) e intento hacer visi- ble la transculturalidad. Siempre cito una frase que He´lio Oiticica escribio´ sobre la tela de una de sus ins- talaciones de Tropica´lia, en los an~os 60: “La pureza es un mito”. Todos estos discursos son atacados por lo que Rugoff llama “los movimientos nacionalistas y los gobiernos autoritarios”. En ese sentido, si bien no es una tema´tica que los envi´os nacionales deban seguir, el proyecto La casa empa´tica es totalmente armo´ni- co con la declaracio´n de Rugoff. Pero si la propuesta de la organizacio´n de la Bienal hubiera sido otra, mi proyecto hubiera sido el mismo.
La casa empa´tica dara´ cuenta del entrecruza- miento de culturas, ¿siente que sus obras, y en es- pecial el proyecto para la Bienal, son claro resultado de esto, pero tambie´n de un entrecru- zamiento de su trabajo, en general?
Es una puesta en escena de algunos de los dispositivos con los que he estado trabajando estos u´ltimos an~os; dispositivos que han ido articulando la grama´tica de mi lenguaje. Pero, ma´s concretamente, respondiendo a lo que me preguntas, mi obra es manifiestamente mes- tiza. Es mestiza, en primer lugar, por mi expe- riencia como migrante, como migrante abierto a los inputs a los que esa experiencia nos en- frenta. Es un proceso de suma, de agregacio´n, nunca de sustitucio´n. Es un proceso de si´ntesis continua. Recuerdo siempre una ane´cdota de cuando estaba en Rotterdam, preparando una exposicio´n en los 90. Crei´a que mi obra estaba siendo influida por la mirada del arte del “nor- te”, sobre todo en los colores tan particulares del arte holande´s, con unas gamas croma´ticas que incorpore´ definitivamente a mi repertorio. Tambie´n suponi´a que mi obra estaba dialogan- do con ciertas corrientes picto´ricas locales del momento. O sea, ¡que me senti´a muy holande´s! Y un amigo artista de Rotterdam, que un di´a me visita en el estudio, me comenta esponta´- neamente —para mi sorpresa— que admira la libertad de los artistas latinoamericanos, que mi obra y mis colores, a sus ojos, son muy lati- noamericanos. Con esto quiero decir que hay referentes que te construyen y que siempre es- ta´n latentes, que son un sustrato permanente, abierto a nuevas agregaciones. En algunos as- pectos, tanto conceptuales como de grama´- tica, siento —o quiero creer— que mi obra es, tambie´n, muy uruguaya. Que mi obra es hija del paisaje en el que aprendi´ a mirar y del arte local que formo´ tempranamente mis referentes es- te´ticos. Pero, tambie´n, es un entrecruzamiento formal. Desde finales de los 80, he ido constru- yendo una obra que incorpora un repertorio di- verso y disperso de recursos formales, muchas veces contradictorios entre si´.
Esa complejidad y diversidad de la experien- cia no la puede resumir un “estilo”. Pienso que, si el arte tiende a ser —ma´s alla´ de la volun- tad de los creadores— un “modelo del mun- do”, ese modelo no lo puede asumir un u´nico co´digo formal.
Usted vive en Barcelona y es uruguayo; para un latinoamericano, ¿co´mo es el hecho de estar en los grandes carriles del ar- te?, ¿siempre se esta´ como reivindicando el lugar?
En mi caso, no entiendo otra manera de aportar que no sea desde la construccio´n de un lugar, un lugar emocional, este´tico, existen- cial, etc. La construccio´n del lugar ha sido el tema central de muchas de mis exposiciones. En 2012, sin ir ma´s lejos, presente´ la instala- cio´n Hay lugar en la 1a Bienal de Montevideo. Construccio´n de lugar es el nombre de un libro que ha sido central para mi´, de Amanda Beren- guer, publicado en 1976. Incorporo uno de sus poemas visuales en el proyecto de Venecia. Esa construccio´n esta´ detra´s de todo lo que te estoy diciendo, es un tema irrenunciable. Es algo tan humano y universal como intentar explicarnos nuestro lugar en el mundo, algo que todos nos preguntamos cada di´a. En todo caso, es un lu- gar complejo y abierto.
Ha trabajado con la combinacio´n de mu´l- tiples te´cnicas, ¿hay alguna con la que se sienta ma´s co´modo?
Por formacio´n, dibujo y pinto, en ese orden. Y, desde hace unos an~os, incorporo fotografi´as en mis exposiciones. Tengo, tambie´n, una idea expandida de lo que son la pintura y el dibujo, idea que desarrollo en mis instalaciones. Pero no pienso el arte de manera disciplinaria, y me- nos ahora, cuando se han incorporado canti- dad de nuevas disciplinas. En ese sentido, creo que el arte contempora´neo es —obviamente— mul- tidisciplinario, transversal y contradictorio. Y creo que ese cuerpo complejo desde el que trabaja ha ne- cesitado alumbrar nuevos campos disciplinarios pa- ra acabar de dar respuesta a las sinergias que estos nuevos tiempos generan. En ese contexto, creo que pintar o dibujar sigue siendo, tambie´n, absolutamen- te contempora´neo. No creo que una disciplina valide o no la obra de un artista. Lo que la valida es algo tan inmaterial y preformal como el lenguaje.
Su obra parece siempre llevar al espectador a destronar ha´bitos de pensamiento, ¿es un objetivo cada vez que plantea su obra?
En una muestra muy reciente, en Barcelona, expu- se un dibujo de gran formato llamado Incidente Aleph, en clara referencia a ese momento de epifani´a del per- sonaje del cuento de Borges en que se agolpan todas las ima´genes presentes, pasadas y futuras. Lo mi´o es un intento siempre fallido de acercarme a esa utopi´a de abarcar la totalidad. Y, en la manera de comunicar mi trabajo, busco que el espectador se vea continua- mente interrogado, obra a obra; que no se acostum- bre, y que cada obra sea un nuevo planteamiento que lo interrogue. Se trata de provocar que la mirada este´ atenta en cada tramo del paseo, que cada obra sea un fragmento nuevo de una misma realidad, de ese paisaje que las agrupa. Instalo las obras a la altura que reclama su iconografi´a o su cualidad subjetiva. Hay obras que ocupara´n el espacio que esta´ sobre la li´nea del horizonte; otras, el que esta´ en la li´nea del horizonte; y otras, el espacio situado debajo de ella. La li´nea del horizonte es el elemento que, desde hace an~os, transforma mis instalaciones en paisajes.