Hace más de 30 años, Ludovica Squirru, conocida como LSD entre sus amigos, se acostumbró a pasar diciembre de gira para presentar sus predicciones del horóscopo chino. Lejos de su casa en las sierras de Córdoba, donde vive con su pareja Claudio y sus perros, a los que define como “espíritus” que han estado con ella “desde hace miles de años”, la astróloga viaja por la región para exhibir un libro que se volvió un clásico entre los regalos de Navidad. “Es un obsequio que a veces se da en fin de año, pero yo no creo en estas tradiciones occidentales. No me late”, confiesa en entrevista con galería.
Desde la recepción del Radisson, el hotel que elige cada vez que llega a Montevideo por su cercanía con la Ciudad Vieja, su zona favorita de la capital, Ludovica cuenta que su año recién comenzará el próximo martes 5 de febrero, cuando el chancho se apodere del horóscopo chino. Después del paso del perro, que consolidó fuertes movimientos como el empoderamiento femenino y las manifestaciones sociales, este animal llegará para reforzar las transformaciones en la política, los cambios climáticos y aumentar las migraciones. “No va a ser fácil, pero depende de la capacidad de cada uno de organizar ese caos con la fortaleza interna”, anticipa.
Es una continuidad, porque se construye con mucha información y lo produzco yo. También trabajo con un equipo que está en una sintonía perfecta y son muy profesionales. Siempre pensamos en qué queremos decir y cómo contar lo que se viene. Después me siento y escribo en un total de cinco meses. Es un proceso natural, porque la gente me trae material y no te puedo decir la cantidad de autoconvocados que quieren escribir. Mi libro es un gran río que funciona como un GPS, pero cada uno toma su camino. Para escribir me aíslo en Córdoba con Claudio, mi pareja, que está allá con nuestro perro. Está muy enfermo y sufrimos mucho. Pero es algo que siempre pasa a fin de año, son épocas pálidas.
¿Por qué considera que son épocas difíciles?
Están cargadas de cosas bravas. Es como un rejunte de spam. Y con esto hablo de tristeza. Por eso yo festejo el Año Nuevo chino, no me mueven las fiestas occidentales.
En febrero comienza el año del chancho. ¿Qué cambios traerá este animal?
Se va a consolidar lo que estamos viendo con el perro de tierra, que es muchísimo. Este año, literalmente, estuvo marcado por los cambios sistémicos en el planeta Tierra en los ámbitos político, social y cultural. Mirá cómo estamos las mujeres. Y eso es sistémico: el chancho viene a consolidar estos movimientos y a reforzarlos con justicia y autoridad. Este animal tiene su moral y quiere poner las cosas en orden. Si no lo logra, se enoja y ahí se puede convertir en un jabalí salvaje. No va a ser un año fácil, pero depende mucho de la capacidad de todos de ordenar el caos interno y de lo que te rodea. Se necesita una preparación interna porque el mundo está bravísimo. Y va a estar cada vez más bravo. El chancho es muy querido en China porque representa las relaciones afectivas, los vínculos y la pareja, además de la prosperidad. Nos va a mostrar que hay que volver a los más chiquito y cultivar con más fuerza los vínculos. Eso es lo que hace falta: el mundo está mal porque la gente no se ve, está todo el día enredada con el celular y los mensajitos de texto.
¿Falta una conexión más fuerte en los vínculos- afectivos en persona?
Sí, pero el chancho la va a traer. Este año fue feroz pero maravilloso. El perro vino a fortalecer, a hacer justicia y a sacar caretas. Lo hizo de una forma dura, pero fue importante. Es una ola que está creciendo y que va a llegar a todos. En el año del chancho van a seguir habiendo desastres naturales. La Tierra se va a mover mucho y va a haber inundaciones, porque su energía fija es agua y combinada con tierra da barro. ¿Viste las lluvias lo que son? Parecen un apocalipsis. Y rompen el techo. No es una época fácil, porque planetariamente estamos pasando por tiempos de mucha purificación. Ahora nos toca ser el fin de una civilización y este tiempo bisagra es el más difícil porque la conciencia está pegada a muchas cosas. Y de golpe viene un tsunami y borra todo. No nos podemos olvidar de las catástrofes y de la economía, que tiene que mutar, porque esto es insostenible.
En Uruguay, el 2019 será año electoral. En sus predicciones dijo que se anticipan cambios y también algunos conflictos en los servicios sociales. ¿Qué se puede esperar en los próximos meses?
A los uruguayos la política los mueve mucho pero son una sociedad que tiene continuidad en sus ideas y en los partidos. Con lo que me quedé un poco helada, lo voy a confesar, es con la aparición de Juan Sartori, porque salió de la nada. Se crio en Europa y es un multimillonario que quiere ser presidente sin experiencia en la política. Uruguay está en una buena etapa de crecimiento: en las industrias y en lo satelital. Han avanzado mucho. Se afianzaron en los mercados y no paran de crecer. Hay un potencial que, depende quién lo agarre, puede ser beneficioso para administrar y distribuir mejor. Siempre fue un país con una parte soñadora y realista: tiene una parte intelectual y material, pero es equilibrado y racional. Igual, el año que viene ya entra Urano en Tauro y viene a desestructurar todo. Y todo es todo: las instituciones, los gobiernos tradicionales. Puede haber posibilidades de cambio. Los veo bien y no veo nada catastrófico.
Pero la región está transitando por momentos complicados con conflictos políticos y sociales, además de económicos.
Sí, es una locura pero lo mismo pasa en Europa. El mundo se tiene que integrar, se tienen que borrar las fronteras y mirá lo que pasa con el Brexit. Estamos para atrás de lo que necesita la Humanidad. Y eso no es un buen síntoma para nadie, porque tarde o temprano la factura nos va a llegar. Es necesario que haya un mundo sin fronteras. ¿Qué importa si conviven distintas culturas mientras se distribuyen las cosas bien? Hoy, en Uruguay, me llamó la atención la cantidad de personas de Latinoamérica que hay. Y eso que viajo por todas partes del mundo.
En el libro incluyó una imagen y la fecha de desaparición del submarino ARA San Juan. ¿Por qué?
Lo puse porque vibré en cada ida al sur argentino. Hacía tiradas del I ching para ver qué pasaba y hablaba con la gente, todos tenían tanto dolor. Llegué a conocer amigos de las personas que murieron en el submarino. Y por lo menos apareció. Fue una locura, un año después. Los chicos se inmolaron por la patria y diez dólares. Son cosas muy pesadas. Es necesario un cambio de paradigma porque el problema está en que la gente se queda pegada a algo que la está matando. El cambio está en uno, y al chancho le gusta esto. Le gustan las comunidades, las familias, la gente que se reúne. A ellos los podés sacar del chiquero pero para darles ideas. Es un año de cambios intelectuales, el chancho de tierra es muy meditativo y contemplativo. Pero cuando se toma una decisión hay que efectuarlo.
Muchas veces en política se trabaja con astrólogos para analizar las campañas y gestiones de gobierno. ¿Tuvo contacto con políticos argentinos?
Me llamaron todos para que fuera a hacerles una consulta, desde (Carlos) Menem hasta los actuales, pero no me interesa ser la astróloga o la bruja de los políticos argentinos. Me han propuesto hasta ser diputada o senadora, pero agradezco a Dios tener claro que no me interesa mezclarme con ellos. Todos me leen. No me sentiría cómoda y no sería yo. Hay gente que incluso me llama por teléfono, como José Luis Espert, que después colaboró en mi libro para hablar de economía. Es un tipo esotérico que cree más que vos y yo en todo esto, y se influye más que todos.
Además de escribir el horóscopo con las predicciones para 2019 también estuvo en Uruguay para presentar Fundación espiritual de Argentina. ¿Cómo surgió la idea de este libro?
Surgió por una revelación que tuve hace quince años en Córdoba mientras miraba el cielo y hacía las predicciones del libro para el año de la cabra. Antes de hacer el horóscopo le tiro el I ching a mucha gente y veía que se repetía un hexagrama para la Argentina, que es el trabajo echado a perder, algo así como la repetición de errores sin poder salir de ese pantano. Ahí, quise ver qué pasaba con la carta natal originaria, que siempre se hace con la fecha de independencia del país. Era una carta muy mala porque es una luna llena en oposición al sol, un símbolo que muestra el eterno enfrentamiento entre el pueblo y el gobierno. Y este año me propuse escribir el libro. También es cierto que hay parte de nuestra historia que quedó en el olvido. Antes de la llegada de los españoles había culturas mucho más evolucionadas. El problema es que las diezmaron y aniquilaron el conocimiento que tenían. Es muy triste y difícil continuar si no se reconoce a los que estuvieron antes. Pero es un camino que hay que tomar.
El signo de los políticos
Julio María Sanguinetti, 6 de enero de 1936: Chancho de madera. “Es creativo, original y bien intencionado. También es culto, curioso y refinado”, dice Ludovica. Es casero, reservado y a veces hasta parece indiferente por su forma de mostrar sus afectos.
Daniel Martínez, 23 de febrero de 1957: Gallo de fuego
Es temperamental, arbitrario y nunca pasa inadvertido. “Tiene altos ideales, le apasionan los desafíos, se involucra en todo lo que le interesa y se esfuma cuando algo no le incumbe”, cuenta Ludovica. También es orgulloso y le gusta ser el centro de atención en las reuniones.
Carolina Cosse, 25 de diciembre de 1961: Búfalo de metal
Tiene grandes ambiciones personales, una fuerte vocación y un especial talento para la estrategia. “Tiene carácter más que irascible, se enoja y puede hacer volar la vajilla de la casa”, afirma Ludovica. También es carismático, intuitivo y confiable.
Luis Lacalle Pou y Verónica Alonso, 11 de agosto y 24 de octubre de 1973, respectivamente: Búfalo de agua
Es más realista que idealista. “Es paciente, pero, al mismo tiempo, es infatigablemente ambicioso”, comenta Ludovica. También es astuto y capaz de organizar sus actividades para encontrar el momento oportuno para atacar. Le preocupan mucho el estatus y la seguridad.