A fines de 2016, el realizador le entregó al editor Sebastián Cerveñansky horas y horas de conversaciones con más de 30 entrevistados. “No soy periodista, soy alguien que conoce el tema pero lo planteo como charlas. Entonces participo en la conversación, lo que hace que después en la posproducción me odien, porque no me aguanto y meto cuchara”, contó Gutiérrez a galería. Ninguno de los nombres que figuraban en su lista de personas para entrevistar se negó a dar su testimonio. Mientras el editor trabajaba con el material en bruto, él se dedicó de lleno al archivo. “León Morelli (exdiputado nacionalista, casado con la hija de Wilson, Susana Ferreira), que falleció hace un par de años, me confió un material audiovisual espectacular, sobre todo de audio y de fotografía. Era su yerno y su primer fanático, su primer militante, su primer seguidor. Es un material exquisito al que agradezco a Dios haber podido acceder. La confianza de la familia para mí fue fundamental”, dijo el director, que también recurrió a los canales de televisión en busca de imágenes.
¿El documental de Wilson era un asunto pendiente?
Wilson fue tema de conversación en mi casa desde que tengo uso de razón, siempre fue algo muy cercano a mí como experiencia familiar. Cuando hice el documental anterior me di cuenta de que había una deuda ahí, un material enorme por trabajar, que estaba pasando el tiempo. Amigos de él ya no estaban, y me dije: “Este es el momento de hacerle un homenaje a Wilson”, para retratar su personalidad, que era superrica en todo sentido. Política y filosóficamente hablando, Wilson abarca un espectro muy grande de gente, es un tipo que llegó a la masa popular, entonces las visiones de él pueden ser diferentes. Yo cuento la mía, tratando de serle fiel a la historia que conocí, que sacudió a mi familia primero con la experiencia de la muerte del Toba, mi viejo, y después al ser testigo con 15 años de la salida de la dictadura. Por una cuestión de edad estaba mucho con mi madre en esa época, y tuve en ella una interlocutora importante. Este trabajo de Wilson es como un resumen.
¿Qué recuerdos tiene de él?
Hay una anécdota que explica un poco de dónde viene todo esto. No lo recuerdo exacto, pero me lo han contado tantas veces… Fue en Buenos Aires, en 1975. Yo tenía seis años y Wilson fue a nuestra casa, a donde vivíamos antes del secuestro del Toba, y papá creo que no estaba; no sé si yo le abrí la puerta o mamá le abrió y fue a buscar algo. La cosa es que quedó solo en el hall, había como una especie de comedor al lado de la puerta, y yo fui, lo encaré y le dije a ver si no encontraba nada nuevo en la casa. Esas cosas de niño. El loco empezó a mirar para todos lados como que no entendía, y yo le mostraba mis zapatos, porque parece que yo tenía un par de championes nuevos y estaba desesperado porque él se diera cuenta. Entonces siempre digo en joda que debo haber sido de los pocos que dejar sin respuesta a Wilson, porque no supo qué decirme (risas). Imaginate que Wilson, además, en 1975, tendría bastantes cosas de que preocuparse antes que mis championes.
Después de la muerte de su padre, ¿lo siguió viendo?
Mi familia sí. Mi madre viajó a verlo en 1978 con mi hermana y en el 80 con mi hermano mayor. Entonces en diciembre del 83, cuando Wilson volvió a Argentina invitado por (Raúl) Alfonsín, que iba a asumir como presidente, mi vieja fue, porque Wilson fue a recibir gente y a dar un discurso en la Casa Radical. Y yo fui con ella; tenía 14 años. Esa fue la primera vez que tomé conciencia de quién era. Quedé impactado. Más allá de la política, de blancos y colorados, tenía un carisma personal, un magnetismo, una mirada, una cosa que impresionaba. Esas experiencias son una explicación de este trabajo. Por suerte, el documental se hace en esta época, en el sentido de que pasaron 20 años. Yo voté recién después de la muerte de Wilson, o sea que mi madurez política o histórica para hacer este trabajo trascurre después de su muerte. Ahora me siento con la capacidad de repasar aquella época con otra perspectiva, y me pareció que estaban los elementos dados para hacer algo sobre él.
¿Cómo fue el proceso de investigación para el documental? ¿A qué personas recurrió primero?
Hicimos un trabajo conjunto. Yo tenía una lista que abarcaba la mayoría de las personas que están porque tengo relación con la familia, conozco quiénes son. Hay gente que me podría decir que falta tal entrevistado, pero en ese sentido me hago responsable: yo elegí a los interlocutores. Trabajé con Mariana Secco, que es la productora, y con Antonio Pereira, profesor e investigador de Historia que me ayudó a no cometer errores en ese sentido y a estudiar a los entrevistados. Por medio de ellos se sumó gente de la CNT, o del Partido Comunista, que fueron interlocutores buenísimos. Por el lado, de Mariana conocí a una prima de Wilson, Marta Ferreira, que aporta al Wilson joven y adolescente, al primo buenmozo, que fue fantástico. Entonces si bien tenía una columna vertebral de entrevistados que sobre todo eran políticos, la gente que trabajó conmigo me ayudó a cubrir otras áreas. De hecho, hicimos un montón de entrevistas que en el corte final quedaron afuera. Fue horrible porque tuve que llamarlos para decírselo. No fue porque no estuvieran buenas las entrevistas, sino porque en la narrativa que uno va construyendo a veces no calzan. Te podría dar ejemplos preciosos que guardamos como material para sacar el año que viene.
¿Cómo se maneja la información para lograr un equilibrio cuando el tema es tan personal?
La experiencia anterior de DF —el documental sobre mi viejo y Michelini— me ayudó a aprender eso. Trabajé con Fernando Epstein, era mi primera experiencia, y tanto él como el productor Diego Arsuaga me ayudaron a darme cuenta de qué era importante para mí porque yo estaba revolviendo mi vida, y qué también era importante para el documental. Me llevó meses darme cuenta. Acá fue más fácil. Estoy más grande, me siento con más experiencia. Si bien en las entrevistas pregunté cosas para saber yo, acá tenía más claro qué era para el documental y qué era por interés personal.
¿Hubo algún testimonio o imagen que dudara en incluir?
Hay cosas que se revelan pero me parece que no tienen mucho misterio a esta altura. Lo que me dio más prurito fue mostrarlo a él enfermo. Fue duro, porque fue una descomposición muy rápida: Wilson en un año se enfermó, se descompuso y se fue. Fue todo demasiado rápido para la magnitud de la figura, la gente quedó en offside. Entonces ahí fui cuidadoso en seleccionar lo que me parecía necesario para contar lo que le pasó, pero no soy de mostrar 100 por ciento las cosas para provocar sensibilidad barata, en ese sentido traté de ser muy respetuoso. Me quedó una cantidad enorme de material que seguramente en un futuro haga algo, como una base de datos de Wilson, un sitio en el que puedas ir al discurso en la Federación de Golf y escucharlo entero. Porque Wilson no mandaba mensajes partidarios, mandaba mensajes filosóficos, patriotas. Es una voz como para tener en cuenta todavía hoy; no solo políticamente sino como figura uruguaya. Wilson fue un sacrificado, más allá de que tuvo un patrimonio familiar que lo dejó moverse con libertad —porque eso es cierto también—, lo aprovechó muy bien, y sacrificó todo por el país.
Algunos entrevistados en la película dicen que el estrés de sus últimos años pudo haber tenido que ver con la enfermedad.
Sí, estamos hablando de un personaje tan intenso y uno repasa los años y son poquitos… Entre el 80 y el 88, son ocho años y pasa de todo: las internas, el Obelisco, las conversaciones con los militares en el Parque Hotel; él viene, va preso, sale, sale electo Sanguinetti, la ley de caducidad; pasa de todo. Con la perspectiva, lo miro ahora y debe ser difícil de soportar. Creo que el cúmulo de todo eso le jugó una mala pasada.
¿Cómo se piensa un concepto estético para un documental que trata temas dolorosos para muchas personas?
Ahí me ayuda mi carrera publicitaria. Soy fotógrafo y trabajé con la estética fotográfica toda mi vida. Eso te marca un gusto y da referencias, y me muevo a partir de eso. Teníamos claro que queríamos algo de narrativa moderna, ágil, que no te distrajera, que no fuera formal ni excesivamente informativo. No es un trabajo didáctico, por más que pueda cumplir la función. Ojalá suceda, pero no hice el documental pensando en eso. Entre el editor y yo tratamos de congeniar el archivo y las entrevistas con dinamismo y cierta modernidad en cuanto a la edición. Y el director de sonido sonorizó ese material de archivo que en general no tiene audio, e hizo que se convirtiera en un todo, que fluyera con esa narrativa ágil que intentamos buscar. Eso y que te llegue, que te logre emocionar, sin duda.
¿Qué opina del género documental como entretenimiento? ¿Comparte esa visión?
Hablaba con gente que me ayudó con esto de la promoción y me decían que de afuera sienten como que la palabra documental sigue sonando aburrida. Es verdad que el documental antes era un trabajo televisivo, de una hora, didáctico en general. Ahora, con experiencias de este tipo en todo el mundo, se empezó a hacer el documental como largometraje, de hora y media, y se habla de películas documentales. Entonces uno se concentra en eso: en que sea una película entretenida, linda de ver, que te queden sensaciones, que te suceda algo.
¿Tiene alguna regla de oro como realizador?
Uno tiene sus propios códigos. Yo viví este tema y lo sufrí también, conozco las sensibilidades. En este trabajo todos los que rodean a Wilson en la película aparecen como que está todo ok, pero hay flechazos de todos lados; el mundo político es complicado y uno no se puede distraer en eso porque te vas del foco. Entonces tengo mis propios códigos, sé lo que lastima, y lo que es gratuito, y lo que hay que decir igual, por más que lastime. Tengo mi propia regla, eso no lo tengo que consultar con nadie; lo tengo incorporado por la vivencia. Pero es personal, es totalmente subjetiva. Es una regla que me propongo: ser fiel a la figura, a la historia, a su familia, y ojalá que sea un ejemplo que traiga de vuelta al Wilson que todos conocimos. No pretendo conformar a todo el mundo. El hijo me decía: “Está bien que así sea; Wilson nunca dejó conforme a todo el mundo” (risas). Así que creo que esto va con él.
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2017-07-27T00:00:00
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