La inauguración del complejo se realizó en medio de críticas por los costos elevados de la obra, que llegaron a 110 millones de dólares.
Lo bueno y lo malo del 2018
La inauguración del complejo se realizó en medio de críticas por los costos elevados de la obra, que llegaron a 110 millones de dólares.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa arquitectura es esencialmente democrática, por lo que habitualmente no suele abordar abiertamente cuestiones políticas, y en general se limita a los asuntos relacionados de forma directa con la arquitectura.
En este caso particular, creo que el edificio de Antel Arena escapó a lo normal de este tipo de situaciones.
Allí se ubicaba el estadio Doctor Héctor Grauert, conocido como Cilindro Municipal; fue diseñado por Lucas Ríos Demaldé y por los ingenieros Alberto Sydney Miller y Leonel Viera en el año 1956, y más tarde sus graderías fueron diseñadas por el arquitecto Adolfo F. Pozzi Guelfi en 1967.
La edificación lamentablemente se prendió fuego en el año 2010, cayendo su cubierta superior.
Allí, las autoridades del momento decidieron demolerlo, cosa que se hizo un fatídico lunes 12 de mayo de 2014.
Creo que muy pocos pensamos en por qué no se reconstruía tan fantástica cubierta y se le daba un nuevo uso a ese espacio que albergó tan diversas actividades, anexándolo al diseño del arena que las autoridades querían llevar a cabo a toda costa.
En ese lugar y en varios predios aledaños, las autoridades decidieron llamar a un concurso público de anteproyectos de arquitectura que fue ganado por los colegas arquitectos Pablo Bachetta, José Flores y Rodrigo Carámbula, siendo los ingenieros estructurales la firma de ingenieros Magnone y Pollio, quienes junto a otros equipos de reconocidos ingenieros y empresas constructoras lograron llevar a cabo el diseño y la construcción de esta obra. Mis felicitaciones para todos ellos, así como también para quienes operan el Arena.
Las bases del concurso hablaban de un gasto máximo de 40 millones de dólares, cuando todos sabemos que un arena de estas características cuesta entre 100 y 120 millones de dólares. Algún día quizás sabremos el verdadero costo de esta obra, que no entiendo por qué se le quiere ocultar a la población, que es quien en definitiva la pagó, ya que Antel es de todos los uruguayos.
La arquitectura, en este caso, pasó a ser un instrumento de las políticas estatales, un medio de representación de las aspiraciones del gobierno de turno, y un modo de definir el poder en una parte del territorio, en este caso, por una compañía estatal de telecomunicaciones.
La pregunta que me hago es si para ejercer la arquitectura a escala pública es necesario que el poder monopolice de tal manera su accionar en algo que se parece a la “megalomanía del poder”.
Quizás como uruguayo y como arquitecto, hubiera visto con muy buenos ojos que se construyeran un par de hospitales modelo que tanta falta le hacen al país, o que se decidiera volcar esta inversión en la educación de nuestros niños y jóvenes.
¿Quién sale ganando?, ¿es la arquitectura producto del poder, o es en realidad ese poder un derivado del ejercicio de la arquitectura? Parece ser que este edificio ha llegado para definir todo un barrio, trascendiendo los límites de su función material, llegando a simbolizar a Montevideo, y, por qué no, al Uruguay entero.
* Arquitecto.