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A través de retratos de cuatro uruguayas, la artista brasileña Mariana Cobra creó “Divinas”, un manifiesto y proyecto fotográfico en formato fanzine que explora la belleza real de las mujeres reales
Contaba Alicia Keys que un día, al llegar del gimnasio, una fotógrafa le propuso fotografiarla así, tal como estaba, con ropa deportiva y un pañuelo debajo de un gorro de béisbol y, claro, sin maquillaje. “¡Tengo que fotografiarte así, ahora mismo!”, le dijo la fotógrafa. “La música es cruda, real, así que estas fotos también deberían serlo”. A la cantante y actriz británica no le pareció tan descabellado. “Cada vez que salía de casa me preocupaba no llevar maquillaje. ¿Y si alguien quería una foto conmigo? ¿Y si la compartían en las redes sociales? Esos eran los inseguros y superficiales pensamientos que tenía”, escribió más tarde en “Lenny Letter”, el semanario feminista online creado por Lena Dunham (creadora, guionista y directora de “Girls”) y Jennifer Konner (showrunner y guionista de la misma serie de HBO). Keys sintió inseguridad, pero finalmente aceptó. Hizo la sesión de fotos. Y no solo eso: luego dio conciertos y entrevistas… sin maquillaje. De este modo se acopló al movimiento que, bajo la etiqueta #nomakeup, suma adeptas en la industria del entretenimiento (la industria del estereotipo), y que por medio de un gesto aparentemente sencillo vuelve a demostrar que no hay un solo paradigma de belleza.
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Más acá, la brasileña Mariana Cobra, fotógrafa, ilustradora y cineasta, hizo un recorrido similar. En tiempos digitales, de selfies y snaps, de Instagram y Pinterest, cuando parece, al menos desde las redes, que todas las personas están muy seguras de sí mismas y gloriosamente felices con sus vidas, decidió realizar una serie de fotografías en formato analógico, sin retoques de Photoshop y, además, recurriendo al fanzine, un género originado en el siglo XIX, hoy casi olvidado, y perpetuamente ligado a la contracultura de las décadas de 1950 y 1960. Y no es casual que así sea. “Divinas” se alinea con lo que busca Keys y otras tantas: mostrar la belleza real de mujeres reales. En este caso son cuatro uruguayas a través de 40 fotografías. Su intención es ampliar el proyecto, y extender la propuesta a Argentina y Brasil.
Intimidad. Diseñado por la directora de arte brasileña Bô Brega, el fanzine muestra, por medio de fotos de una belleza como de otro tiempo, entre viva y espectral, a mujeres distintas y a la vez similares. Aparecen en ropa interior, con lencería sutil, en el espacio íntimo de un cuarto de hotel, mirando a la cámara, en el reflejo de un espejo o sobre la cama. Hay miradas cálidas, desafiantes, tatuajes, curvas, gestos suaves. Casualidad o no, todas vinculadas al mundo del arte. Y divinamente alejadas del molde de la belleza perfecta impuesta en la cultura de Occidente. Ellas son la comediante y activista Laura Falero, la cantante de Croupier Funk Victoria Ripa, la diseñadora y emprendedora María José Camaño, la maquilladora y vestuarista Ana Clara Gandolfi. Las sesiones se hicieron en el Splendido Petit Hotel & Hostel, en Ciudad Vieja.
“Me interesaba hacerlo en Uruguay porque las mujeres en Uruguay suelen andar muy vestidas”, dijo Cobra a galería durante la presentación de “Divinas” en la librería Escaramuza en octubre. Quizás por eso, supone, no fue fácil llegar a las elegidas. “No quería que las chicas estuvieran desnudas, quería prendas muy sencillas, como una segunda piel, muy delicada, y fue Loreley Turielle, de Srta. Peel, que me suministró esas prendas y me ayudó a contactar a algunas chicas. Me puse en contacto con amigas y amigas de amigas. Muchas me dijeron que les parecía una buena idea pero no se animaban a sumarse”.
Directora del premiado cortometraje “El remordimiento”, Cobra estuvo en Montevideo presentando su proyecto en formato fanzine, aprovechando una pausa en el desarrollo del guion de su primer largometraje, “Lucía y la piscina”. La cinta, cuenta ella, se relaciona con la desigualdad de género, asunto que le interesa particularmente, y cuyas manifestaciones se propuso abordar desde su actividad artística.
“Si tuviera que sintetizar el espíritu de ‘Divinas’ diría que es la celebración. El celebrar a las mujeres reales, tal como son, confiadas de su cuerpo, de un modo que también inspire a las demás. Porque cualquiera de nosotras siente vergüenza o tiene algunos temas sin resolver respecto a su propio cuerpo debido más que nada a los estereotipos instalados”, explica la realizadora. “El proyecto tiene la intención de inspirar a la mujeres a apoderares de su territorio más cercano, su cuerpo, y a partir de ahí sentirse bien, sin miedo a lo que da por sentado la sociedad, que por lo general la coloca en un lugar de inseguridad”.
Cobra es cineasta, trabajó en publicidad, en campañas de moda para distintas marcas en el Río de la Plata, por lo que estuvo en contacto con los estereotipos y los patrones de belleza que excluyen a cada vez más personas. Fueron estos trabajos los que la trajeron, años atrás, por primera vez a Uruguay. Asegura tener una “conexión magnética” con Montevideo. “Después de la primera vez que vine, traté de volver siempre, cada vez que se presentaba la oportunidad”, comenta. Aunque su hablar evidencia su origen brasileño, al hacerlo se cuelan palabras y expresiones típicamente uruguayas. Dice con naturalidad “laburar” y recurre a muletillas como “ta” y “viste”.
La artista contó que el origen de “Divinas” fue más oscuro y dramático. “Llevaba tiempo con ganas de hacer un proyecto artístico acá. En junio, cuando vine de vacaciones a Uruguay, hacía poco que en Río de Janeiro había sucedido algo terrible, el estupro colectivo de una adolescente, y estábamos todos muy conmovidos”. Se trata del caso ocurrido el 20 de mayo, cuando una chica de 16 años fue drogada y violada por 33 hombres, quienes luego la grabaron inconsciente en un video de 40 segundos que fue divulgado, junto a algunas fotos, en las redes sociales. La joven se dirigía a una fiesta funk, no muy lejos de su casa, en la favela del morro da Barão. Allí iba a encontrarse con su novio, de 20 años, jugador de fútbol y asociado a un grupo de narcotraficantes de la zona. “Cuando vine estaba con ese tema en la mente. Lo tenía muy presente”, expresó. “Sentí la necesidad de hacer algo con eso, con la idea de que la mujer no es dueña de su cuerpo, que su cuerpo es una mercancía, que si se viste de una manera o de otra gana o pierde derechos. Lo hablaba con la gente. Estando acá me llamaba la atención que en una sociedad súperculta se mantenían con tanta fuerza algunos estereotipos. Yo, por ser brasileña, lo siento en la piel, porque supuestamente debía vestirme de una manera determinada, con faldas bien cortas, mostrando mucho más, por ser brasileña”.
Mirada interior. “Al comienzo tenía una idea más combativa, más guerrera, de protesta, ‘mi cuerpo, mis reglas’, pero cuando empecé a hacer las fotografías y vi la belleza que había en todas ellas me di cuenta de que no se trataba de una pelea sino de la posibilidad de que la mujer se pusiera en un lugar de igualdad respecto al hombre. Al ir mirando las fotos, mi reacción fue: son todas increíbles, son todas divinas. Entonces el proyecto no solo encontró un nombre, también empezó a mutar, cambió el foco”, explica. “Igualmente, la intención siempre fue, en el fondo, trabajar sobre los prejuicios. Los de los demás y los que están dentro de uno, porque el peor prejuicio es el que las mujeres tienen sobre ellas mismas. Es más fácil cambiar tu cabeza que la de los demás. Y no se puede cambiar ni influir en la cabeza de los demás si vos misma no cambiás antes tu cabeza, si no revisás tus prejuicios. Si no te preguntás qué es lo que te provoca vergüenza de vos, de dónde viene esa vergüenza”.
Cobra tuvo la intención, en un momento, de incluirse en las páginas de “Divinas”. “Le pedí a un amigo que me hiciera unas fotos. Fue difícil. Raro. Entré en contacto con mis propios prejuicios, con sentir que no estoy tan flaca como quiero; pero la idea no prosperó por otro motivo: las mujeres debían ser uruguayas y los retratos debían ser míos, con mi luz y mi mirada”, contó. “Tal vez cuando haga la versión brasileña me incluya, tendrán que ser autorretratos, tendrán que ser mis fotos, pero en esta, que es uruguaya, con mujeres uruguayas, me di cuenta de que yo no debía estar. De todos modos, la experiencia de posar, de exponerme a una sesión de fotos de este modo, me sirvió para entender lo que se experimenta, ese proceso de sentir incomodidad al principio y relajarse y apreciar más confianza después”.
La fotógrafa, de 32 años, reconoció que a lo largo de su vida, la relación con su cuerpo “no fue la mejor” ni la más sana. “Cuando tenía ocho, nueve años, era gordita, una pelotita, y me daba vergüenza mostrarme”, dijo. Y concluyó: “Todavía hoy es una pelea sentirme bien con mi aspecto. Sigo en la misión de sentirme divina, de verme divina. Es algo interior. Es la mirada que importa. Empieza desde adentro”.