De alma docente, Alexandra Magariños no tiene miedo a las reformulaciones ni los cambios. Comenzó a cocinar en su casa, que convertía algunas noches a la semana en una pequeña escuela para aficionados a la gastronomía. Con los años empezó a crecer, tanto en cursos como en servicios de catering, y en abril de 2016 se mudó a una casa reciclada —conocida como casa chorizo— en la calle Pablo de María, en Parque Rodó.
La cocina es el centro de este espacio que acaba de cambiar su firma de Alex Cocina por Alexandra Club Gourmet. “Me di cuenta de que en este espacio suceden muchas cosas al mismo tiempo, como cursos, celebraciones de cumpleaños donde los invitados cocinan, eventos empresariales, servimos almuerzo. Cuando uno va al club desarrolla una cantidad de actividades que tienen por núcleo central el desarrollo físico e intelectual. En nuestro caso entendimos que somos un club que tiene como eje central el encuentro a través de la gastronomía”, explicó la chef.
Como restaurante, Alexandra nació de casualidad. “Si bien la gente me lo pedía, no me animaba. Un día me llamaron los chicos de Sinergia para ofrecerme que ocupara un espacio durante un evento en Sinergia Design. Me entusiasmaron, calculamos lo que tenía que preparar y les dije que sí. Finalmente, la actividad no resultó como se esperaba y me quedaron los freezers llenos de comida. Al día siguiente le mandé un WhatsApp a toda la base de datos anunciando un open house a la hora del almuerzo. La comida voló, fue un éxito, y nos convenció con el equipo para seguir con los mediodías”, contó Magariños.
Desde entonces, además de los cursos de cocina para amateurs por las noches y los fines de semana, en esta casa con una decoración inspirada en los años 50 se sirven comidas al mediodía. Los comensales se reúnen alrededor de una gran cocina abierta, que ocupa dos habitaciones, y que oficia de hall de distribución para cuatro salones contiguos, incluida una claraboya.
Alex es reconocida como una profesional en el uso de las especias, creativa y generosa con sus conocimientos, siempre abierta a compartir una receta o los secretos detrás de su sazón característica. En el caso de su restaurante, el más evidente de estos secretos es el espíritu explícito de la chef y su equipo de ofrecer una cocina de hogar. Allí, a los comensales se los hace sentir amigos, al punto que se los invita a servirse el agua, levantarse a buscar el postre y curiosear las ollas antes de elegir qué comer.
En palabras de Magariños: “Era muy importante que la gente entrara por la cocina. Pensé que desde la intendencia no me lo iban a permitir, pero cuando vino Bromatología a inspeccionar no tuve una objeción. Quería que se generara una cercanía, que los clientes pudieran ver lo que hacemos, conocerlos”.
Cada mediodía un máximo de 60 personas pueden almorzar al mismo tiempo en esta casa estándar montevideana. “Quería que la cocina fuera muy transparente, que se relacionara con la cocina que conocen. Me encanta cuando los clientes dicen: ‘Es como comer en la casa de mamá, pero con onda’, porque intentamos sorprenderlos con algunos sabores distintos. Por ejemplo, a la lasaña le ponemos especias”, dijo la chef. Para los más conservadores ofrecen pascualina, milanesas y pasta, pero también hay curry de India con el picante aparte, salsas audaces para varias preparaciones y falafel.
El menú en Alexandra Club Gourmet cambia casi todas las semanas, y si bien no hay días fijos para algunos platos, quienes están atentos a los mails diarios matinales o a las stories de Instagram, saben que los días de curry y matambre a la leche las porciones vuelan. “En invierno vamos a hacer puchero”, adelantó Magariños. Por ejemplo, el mediodía en que fue la mesa de dos de galería el matambre se había acabado, y se eligió en cambio una lasaña que llegó rica en salsa bechamel y salsa de tomate, con doble carne y una capa de espinaca, suavemente especiada. El segundo comensal de la mesa optó por una porción de pascualina acompañada de arroz con cúrcuma y vegetales asados con ricota. “Siempre agrego ensalada, quinoa o arroz integral a las comidas, porque así me gusta comer a mí. Como hasta la pizza con ensalada”, dijo la chef. Aquel mediodía también había cazuela de lentejas y calabacín con arroz, crumble de pollo con especias, tarta de atún, ensaladas variadas y hasta unos raviolones de bondiola a la mostaza. De beber, el agua de dispensador se incluye en el precio del menú, pero además hay copa de vino, limonada casera o refrescos.
Para el postre, dentro de la cocina se despliega una mesa colmada de dulces más de cafetería que de restaurante, como carrot cake, alfajores de maicena, pasta frola, cuadrados de dulce de leche y coco y más. “Me gustan mucho estos dulces para el postre. Además, siempre tenemos algo más elaborado. Esta semana hay crema de limón con casquete de naranja helada, que es un postre indio”, comentó.
Para quienes tienen la heladera de casa vacía o a la madre ocupada al mediodía, este restaurante ofrece un espacio sin protocolos, con las reglas básicas de cualquier hogar, donde comer a precio accesible, rápido y rico.
Para sibaritas recargados
Por la noche y los fines de semana, en Alexandra Club Gourmet se ofrece una amplia variedad de cursos para amantes de la cocina. Si bien Alexandra Magariños se destaca, sobre todo, por sus platos de la India —que aprendió a elaborar en sucesivos viajes a ese país—, ella invita a otros chefs a dar clases de pastas, sushi o cocina saludable. Solo hay que estar atento a la grilla.
Por ejemplo, la cocinera autodidacta argentina Mariana Bisso, conocida como Cocina Mona, dictará talleres de cocina saludable en mayo, junio, agosto, setiembre y noviembre. El próximo sábado 25 será el turno de recetas con los alimentos de estación en otoño, el 29 de junio platos saludables de invierno, el 3 de agosto cómo aplicar esta cocina a la celebración de cumpleaños, el 21 de setiembre platos de primavera y el 2 de noviembre recetas de verano y especial de Fiestas saludable. Estos talleres se replicarán además en Punta del Este (más información en cocinamonaloveland.typeform.com/to/nvOeMe).
Por otra parte, el martes 21 la profesora Daniela Adum dará un curso de tapeo original; el jueves 30 el chef Santiago Cerisola enseñará a hacer sushi, ceviche y tartar de pescado; y el domingo 23 de junio, Marcelo Cagnoli, maestro argentino en el arte de charcutería fina, brindará un seminario de un día completo. Esta última será una clase de nueve horas, con un intervalo en el medio, donde se harán ocho variantes de embutidos de calidad (más información, www.marcelocagnoli.com.ar).
Para quienes en cambio busquen un espacio de pertenencia donde cocinar, un lunes y un viernes al mes, guiados por Alex Magariños, se reúne un grupo fijo de personas a preparar entrada, tapa o dip, o bocados, plato principal y postre. Después, se comparte la mesa acompañados de una charla amena y una copa de buen vino.
Pablo de María 1056. Tel. 2412 7692. Precio promedio por persona 450 pesos (pago en débito, efectivo o transferencia).
Por la pascualina y la lasaña, más té y refresco, se pagó 890 pesos.