Juan Andrés Fernández Zerbino
39 años
Juan Andrés Fernández Zerbino se preparó para correr 60 kilómetros en la carrera Trail Cabo Polonio del 21 de abril. A diferencia de otras instancias, las denominadas trail son en entornos naturales, como playas, senderos o montañas. “Ya corrí carreras de este tipo en la sierra de Rocha, la sierra de las Ánimas, las playas de Punta del Este y Punta Ballena. La más larga y dura fue de 42 kilómetros en Villa La Angostura, en la Patagonia”, dice Fernández.
Prepararse implica constancia y perseverancia. Fernández asegura que comenzó a correr hace tres años y medio, luego de que un homéopata le aconsejara hacer un poco de ejercicio: “Tenía mucho estrés, importante sobrepeso y un insomnio que me tenía acalambrado. Así, correr se convirtió en un estilo de vida y modifiqué de a poco algunas actitudes: no fumaba mucho, pero dejé; comencé a comer mejor y ya casi no tomo alcohol. Mi cuerpo se configuró de otra manera”.
Fernández es de lunes a viernes desde las 9.15 gerente director de La Cibeles, un laboratorio representante y distribuidor de productos veterinarios y agroquímicos. Está casado y es padre de tres hijas de cuatro, siete y 10 años. Sin embargo, de lunes a sábado se levanta a las 5 de la mañana para estar una hora más tarde con un grupo “de locos que comparten el mismo sueño y válvula de escape”, dice. Luego llega a casa, desayuna con la familia y “sin bañarme llevo a las chichas al colegio. Más tarde me doy una ducha y voy para la fábrica”, cuenta.
Cuando Fernández se apunta para una carrera, por más que sea amateur, trata de dar lo mejor de sí y superarse cada vez. “Cuando me preparo siempre hago trabajos de velocidad, pasadas o cuestas para fortalecerme. Hay que seguir un plan de entrenamiento. En las carreras trail tenés un plan que seguir. Tengo el orgullo de entrenar con Aníbal Lavandeira, un maratonista de elite, es un clase A. Nos arma planes para mejorar y no perder la velocidad. Como en este caso corro en arena, hacemos tres veces por semana carreras en la playa, en el cerro de Montevideo o en la sierra de las Ánimas. Es difícil entrenar trail en Montevideo por la falta de montañas”, explica.
Martín Vilaseca
31 años
Pocos son los que llaman a Tin Vilaseca por su nombre de pila. Es contador y trabaja en un banco internacional en Zonamerica. Corrió 21 kilómetros el 15 de abril en la Maratón de Montevideo como una preparación para la Maratón de Chicago, el 7 de octubre. Tin asegura que después del kilómetro 15 todo está en la cabeza. “Claro que es necesario el entrenamiento, pero los dolores empiezan en el kilómetro 18. Si conocés tu ritmo se llega bien. Es importante saber lo que cada cual puede rendir. De otra manera, la fatiga viene más rápido y se puede abandonar”, dice.
El 15 de abril, Tin sumó su quinta media maratón. Sobre el recorrido de la Maratón de Montevideo asegura que la “rambla es muy linda para correr pero juega muy en contra en la mente del corredor. Para fondos largos hay que tener mente fría y es difícil psicológicamente pensar que tenés que ir de Ciudad Vieja al Hotel Carrasco y volver. Visualizar que te queda todo el camino de regreso es difícil y afecta mucho. Corrí la Maratón de Buenos Aires y es un circuito redondo: vas por un camino y volvés por otros lugares. No sabés dónde está la mitad y las imágenes son siempre nuevas, uno se entretiene. En cambio, la rambla se tiene de memoria, es el lugar donde todos entrenan. Yo cambiaría el circuito, es mentalmente desgastante”.
Cada corredor tiene sus cábalas y rituales del día anterior a la carrera. Tin prefiere hacer lo mínimo, pasar recostado en el hotel o en la cama para descansar las piernas. “Al otro día voy a gastar toda la energía que tengo acumulada de los últimos tres días”, dice. También deja preparada la indumentaria: short, remera, medias, el chip cronómetro, los geles de suplementos y el gorro. “Uso una riñonera para correr largas distancias que me permite llevar el celular, las llaves y la plata, porque después hay que volver a casa de alguna manera. La noche anterior me acuesto temprano. A las 21 horas estoy metido en la cama y trato de dormir lo máximo porque se larga a la 7 a.m. A las 4.30 desayuno y luego voy al baño. Trato de estar como mínimo media hora antes del lugar de salida para hacer un calentamiento breve”, cuenta.
Macarena Llaurado
43 años
Macarena Llaurado es porteña, pero vive en Montevideo por oficiar como cónsul de Argentina. Actualmente está preparando la media Ironman 2019 de Buenos Aires. Es madre de dos chicos de 11 y 16 años, aunque, como dice ella, “ya no son tan chicos”.
Una media Ironman consiste en casi 2 kilómetros de natación, 90 de ciclismo y 21 de atletismo. Para eso, Llaurado se prepara con Pasos del Sur, un grupo de entrenamiento localizado que se prepara en Carrasco. El grupo tiene un convenio con el Club Naval, que, convenientemente, queda cerca del colegio de sus hijos.
La diplomática asegura que preparar una competencia de este tipo con dos hijos y con un trabajo de tiempo completo es solo cuestión de organizarse. “Trato de aprovechar el tiempo desde que dejo a los chicos en el colegio hasta que entro a trabajar. Al ser cónsul tengo el celular de guardia y estoy disponible las 24 horas los siete días de la semana. Por suerte, la demanda no comienza tan temprano. Ese tiempo lo optimizo para correr, nadar o andar en bicicleta. De noche intento pasar con mi familia y además el trabajo termina tarde”, dice.
Sin embargo, puede ocurrir que uno de sus teléfonos le interrumpa el entrenamiento, por eso siempre se lo deja a mano al profesor que está afuera de la piscina. “Recibí varias llamadas entrenándome. Es común. Una vez ocurrió que en el barrio Buceo robaron a un auto argentino, estaba la policía y yo vestida con indumentaria deportiva a las 8 de la mañana”, cuenta.
Como vive sola con sus hijos, y aunque forma parte de un grupo de entrenamiento, Llaurado prefiere que Santiago Rodríguez, uno de los profesores del grupo, le envíe los planes semanales para hacerlos a su ritmo.
Llaurado asegura que le “encanta Uruguay para correr. Las travesías de verano y las carreras de nado a aguas abiertas son un placer. Los montevideanos tienen mucha suerte con la rambla eterna. No hay que buscar lugares para correr. Se puede practicar en cualquier superficie, playa o asfalto, y terminar nadando en Pocitos. Es un placer entrenar acá”.
Muchas veces se les pregunta a los corredores por qué lo hacen. Cada respuesta es diferente, porque cada uno busca y consigue otra cosa en esa carrera personal, pero la cónsul asegura que lo que la motiva es el reto. “Hay que correr por uno, por nadie más. Para saber que podés lograr el desafío. Corrí toda mi vida, pero empecé a entrenarme en serio en el 2013. A mis hijos les gusta verme correr, me acompañan a muchas carreras y para mí es importante que lo hagan. Se necesita motivación en algún momento de la carrera cuando son de largas distancias y solitarias. Que te esperen a la llegada o te vean en algún momento de la carrera, si no, te venís abajo”, concluye.
Inés Scremini
18 años
Inés Scremini forma parte de una familia de deportistas y eso la motivó a preparar los 21 kilómetros de la media Maratón de Montevideo.
Está cursando el primer año de la carrera de Fonoaudiología y no trabaja. Eso le permite realizar más de una sesión de entrenamiento por día. Los lunes, martes y jueves practica spinning o bicicleta fija en el Club Biguá de Villa Biarritz con su hermana; miércoles y viernes en la noche entrena hockey con Los Cuervos del Club de Golf; lunes y miércoles en la mañana comparte la hora de entrenamiento de atletismo con su madre y el entrenador; otros días a la semana corre por su cuenta y, por último, los sábados trota en grupo entre 10 y 15 kilómetros. Los domingos se los toma para descansar. “Hay días en que me entreno de mañana con mi madre y de tarde con mi hermano o hermana”, asegura.
Scremini prefiere correr sola y con música —“en mi mundo”, dice—, pero sigue el consejo de su entrenador de salir en grupo los sábados. Al igual que casi todos los corredores, prefiere la mañana para entrenar porque durante la tarde va a facultad. “A las 7.30 u 8.30 ya estoy corriendo”, dice.
Isabel Fernández
36 años
Isabel Fernández siempre ejercita y compite con su compañera de carreras y entrenamientos, Victoria Bosch. Esta relación comenzó cuando ambas estudiaban Derecho en la Universidad de la República. Corrieron este mes la media Maratón de Montevideo con el objetivo del año en mente, como lo llama, de participar en la Maratón de Chicago.
Fernández está casada y tiene dos hijos, Alfonsina y Juan Diego, de cinco y ocho años, respectivamente. Actualmente trabaja como abogada del Latu y el Plan Ceibal. En 2013, Bosch le pidió que la acompañase en una carrera de 10 kilómetros. “Desde ese día que no paramos de correr. Toda la vida jugué al hockey. Cuando tuve a mis hijos dejé de practicarlo. Volví para jugar en la Liga Universitaria, pero este año resolví no jugar para preparar bien la maratón”, dice.
Entrenar juntas las ayuda a ser consistentes y empujarse mutuamente, sobre todo en los fondos largos de 21, 25, 27 o 30 kilómetros que realizan sin entrenador. La regla de oro que mantiene esta relación en pie es el compromiso. “Los hacemos a las 5 de la mañana, antes de llevar a los niños al colegio. Es importante correr juntas porque se hace más llevadero. Si quedamos que nos encontramos a las 5 de la mañana en el poste del km 8,500 de la rambla y Av. Brasil, no se permite que la noche anterior una desista”, asegura.
Victoria Bosch e Isabel Fernández estudiaron juntas la carrera de Derecho en la Universidad de la República. En 2013, Bosch invitó a Fernández a correr una carrera de 10 kilómetros. Desde entonces, entrenan juntas de lunes a sábado, puntualmente a las 6 de la mañana. Ya corrieron la Maratón de Buenos Aires y se preparan para la Maratón de Chicago 2018.
Aunque para algunos puede ser una locura levantarse tan temprano en invierno para entrenar, Fernández asegura que es uno de los aspectos más gratos que le da el entrenamiento. “Los fondos largos, como son bien temprano, salimos corriendo de noche con la luna y terminamos en la mañana con sol. Además, empezar el día corriendo te hace sentir mucho mejor durante la jornada. Cuando tengo un día complicado de trabajo prefiero entrenar de mañana que de noche. El cuerpo se acostumbra. Dejo todo preparado en el baño, el reloj cargándose y me visto sin hacer mucho ruido y salgo. Cuando vuelvo sigue todo el mundo durmiendo, puede que haya corrido 25 kilómetros y nadie se haya enterado”, cuenta.
Tantos kilómetros de distancia y en el caso de Fernández, que lo hace sin música, puede llevar a alguien a preguntarse en qué se piensa durante las cuatro horas de la maratón. “Siempre digo: en nada. Es como meditar, tener la mente en blanco. Estar con tu cuerpo y el ambiente que se genera en la carrera, que es espectacular. Ves cómo la gente se apoya una a la otra, el esfuerzo que hace una persona ciega, por ejemplo, un padre o una madre llevando a su hijo en un carrito. Hay que sentirse agradecido de poder correr esa cantidad de kilómetros sano”, afirma.
Victoria Bosch
36 años
Victoria Bosch está casada y es madre de tres hijos de cinco, ocho y diez años. Es abogada pero hace dos años que no ejerce. Está estudiando traductorado en inglés. Corrió la media Maratón de Montevideo junto con Isabel Fernández y otros 4.998 participantes. Gracias a su nuevo entrenador, ambas marcaron su propio récord en una hora y 42 minutos, aproximadamente.
Bosch asegura ser la responsable de entrenar día a día junto con Fernández. “Hace tres años que corremos juntas. Ella estaba en mejor estado porque jugaba hockey, pero yo no corría nada. Le pedí que me acompañase a en una carrera de diez kilómetros y así nos enganchamos. Nos conocimos en facultad e hicimos toda la carrera juntas. Yo soy madrina de uno de sus hijos y ella de uno de los míos. Nos motiva. Lluvia o viento entrenamos igual”, cuenta.
Salir todas las mañanas a correr no debe ser sencillo con tres hijos, pero “por suerte, cuento con el apoyo de mi familia, mi marido y mis padres, para algunos entrenamientos que a veces hacemos temprano en la mañana. Lo tomamos como una actividad creativa, como un hobby; nos despeja. Es la terapia para luego llevar la carga profesional y familiar del día a día”, asegura.
Para Bosch, entrenar con un profesor provoca un cambio sustancial y significa llevarlo a otro nivel: “No es solo salir a correr; se marcan otras pausas, se hacen trabajos de fuerza, de velocidad y cambios de ritmo. Eso ayuda a mejorar el estado físico y los tiempos. No corremos para salir primeras pero sentimos que mejoramos”.
En la cena antes de la carrera come un plato con carbohidratos, pasta o arroz, y también alguna proteína. Se levanta con dos horas de antelación para desayunar y hacer una buena digestión. Tostadas con miel, frutas y una barrita de cereal es por lo general el desayuno de Bosch. A diferencia de otros corredores de fondo que se toman el día anterior de reposo, Bosch y Fernández hacen vida normal. “Con tres niños no puedo hacer reposo. Obviamente, no salgo hasta las tres de la mañana si corro a las 7. La primera maratón que hicimos fue el año pasado en Buenos Aires y el día previo nos caminamos todo Palermo. Hacemos vida normal. Para nosotras, la idea es disfrutarlo”, dice.