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    El desafío de no tirar

    En el mundo, 33% de los alimentos se desperdician en el camino del campo al plato; para reducir esta cifra, Uruguay comenzó a trabajar este año en un comité coordinado por FAO, y mientras releva cifras aboga por un cambio en hábitos que lleve a un consumo más consciente

    América Latina tira mucha comida, tanta que se podría alimentar a 300 millones de personas al año, según datos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La misma cantidad de gente podría comer en África, y 100 millones más con los alimentos que se pierden en Europa. “Estamos saciados en sobra, queda comida en el plato, y se genera desperdicio porque no usamos los alimentos en su totalidad, tiramos cáscaras y las hojas de remolacha cuando podríamos comerlas, por ejemplo”, dijo a galería Marcelo Amado, responsable del área Regulación Alimentaria en la Intendencia de Montevideo.

    Pero el problema no es nuevo ni local. De hecho, este año, el Día Mundial de la Alimentación (16 de octubre), impulsado por la ONU a través de su organismo especializado (FAO), tuvo como eje la lucha contra el despilfarro.

    En Montevideo, hace pocos días, en un local de venta de alimentos orgánicos dispusieron en una heladera hojas de remolacha, lavadas, envueltas, ubicadas junto a la acelga, y le asignaron un precio. Desde entonces, en esa tienda, las hojas de remolacha —que en los hogares suelen descartarse, como las hojas de nabos u otras hortalizas— son valiosas, son alimento, son aprovechables. El objetivo es disminuir el desperdicio de frutas y verduras, y mediante este recurso generaron interés en el producto. Parece que hoy, en tiempos en que lo que no queremos lo desechamos, no importa si está en buen estado, cuesta darse cuenta de cuánto tiramos, y cómo esto influye no solo en el bolsillo, sino también en el ambiente.

    La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estimó que, en números genéricos, se pierde un tercio de los alimentos que se producen: 30% de los cereales, 40 a 50% de tubérculos —a través de las cáscaras, que muchas veces podrían aprovecharse—, frutas y hortalizas, 20% de semillas oleaginosas, carne y productos lácteos, y 35% de pescado. Las pérdidas y los desperdicios de alimentos dependen de la situación de cada país o la cultura local.

    Este desperdicio, que según Save Food, una iniciativa conjunta de FAO y la organización de congresos Messe Düsseldorf, representa 1.300 millones de toneladas y otro tanto de dólares, no solo se traduce en pérdida de alimento en sí mismo, sino también en costo ambiental. Esto incluye la erosión del suelo generada por la misma producción agrícola, el gasto de agua, energía, el trabajo humano, y las emisiones de gases que contribuyen al calentamiento global.

    Esta comida se tira por mal manejo de producción y transporte, o se desperdicia en la cadena comercial y el uso en el hogar. En Uruguay, no hay cifras sobre cuánto alimento se pierde en la cadena de consumo, ni en qué eslabón. Sin embargo, desde 2016 la representación de FAO en el país trabaja junto a un comité integrado por representantes del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA), el Ministerio de Salud Pública (MSP), la Intendencia de Montevideo (IMM), el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y el Frente Parlamentario contra el Hambre, para discutir y evaluar este tema. “Invitamos a conformar este comité hace seis meses, para generar un espacio multinstitucional donde se pudieran encontrar diferentes actores públicos y departamentales con oficiales técnicos especializados de la oficina regional de FAO de Santiago de Chile. Estamos trabajando sostenidamente sobre el tema desperdicio”, comentó a galería Vicente Plata, representante de FAO en Uruguay.

    En este marco, recientemente FAO anunció que se realizará un estudio nacional que permita poner cifras nacionales a este asunto de preocupación no solo local sino también internacional. Plata contó que este estudio llevará unos seis meses, y que a partir de él se podrán establecer líneas de trabajo y desarrollar políticas para disminuir el impacto del desperdicio en el país, y trabajar en modificar hábitos de consumo y comportamientos culturales.

    Un cambio de cabeza. Save Food establece que las causas de desperdicio de alimentos en los países de ingresos medios y altos como Uruguay, están principalmente relacionadas con el comportamiento del consumidor. A veces, pequeñas acciones son suficientes para disminuir sensiblemente el desperdicio, como aprovechar partes del alimento que habitualmente se descartan, prestar atención a la fecha de caducidad en los productos envasados, abonar el jardín o las macetas con restos de yerba y café, y ubicar una compostera en alguna huerta comunitaria vecina para los residuos orgánicos.

    Al respecto, Plata afirmó que para FAO es importante concientizar sobre consumir alimentos de estación, disfrutar de cocinar en casa a pesar de que es un problema por la falta de tiempo, hacer un uso estratégico de las comidas ya preparadas, y administrar la comida en el refrigerador. “El desafío es la adecuación de los modernos estilos de vida y la alimentación. Todos queremos tener tiempo para trabajar, transportarse, lavar ropa, limpiar, hacer ejercicio, chatear, mirar tele”, dijo Plata.El desafío para FAO será primero llegar a datos concretos, para después reeducar a la gente en el consumo de alimentos frescos. No obstante, sobre el tema de la modificación de los hábitos de consumo de los uruguayos, el directivo mencionó que hay múltiples factores a tener en cuenta, pues no solo es necesario que la población aproveche mejor los alimentos, sino que existe gran pérdida de alimentos dentro de la cadena de producción y distribución. Al respecto, Amado, de Regulación Alimentaria de la Intendencia, comentó que estudiaron el traslado de manzanas desde el campo al Mercado Central de Montevideo. “El mal estado de las carreteras, los baches en los caminos vecinales, generan machucones en la fruta que en los primeros días es imperceptible, pero que compromete la vida útil de la manzana, que es descartada después por el consumidor por estar golpeada”, comentó Amado, que participa además en el comité articulado por FAO.

    Plata, por su parte, alertó sobre la realidad en la cadena de comercialización de los alimentos, pues los vendedores de frutas y verduras cargan el costo del deterioro del producto en el precio final. “Los compradores queremos ver los cajones siempre llenos, rebosantes y esto tiene un costo en desperdicio importante, que se carga al precio del producto”, dijo Plata.

    Pérdida de producto poscosecha, y desperdicio en la cadena de comercialización y en el hogar, todo está conectado. Más cuidado en la cosecha y en el traslado de los alimentos lleva a menos pérdida de producto y mejor ganancia. Si además le sumamos una gestión adecuada de los alimentos en el hogar, no comprar más de los que vamos a consumir, y estar pendiente de sus vencimientos, reduciremos aún más los desechos.

    · El alimento vencido

    Muchos señalan que los restaurantes deberían donar la comida que les sobra y que, por ejemplo, las latas vencidas podrían venderse. En esa línea, en Dinamarca existe la cadena de supermercados Wefood, que  se dedica específicamente a comercializar alimentos vencidos, y además destina sus ganancias a la beneficencia. Según informó la agencia AFP, la legislación danesa permite la venta de productos después de su fecha de expiración siempre que no representen un riesgo inminente a la salud y que el embalaje lo diga expresamente.

    En Wefood, “miramos, olemos, inspeccionamos para asegurarnos de que el producto sigue siendo apto”, dijo Bassel Hmeidan, uno de sus responsables. Y señaló que los productos que venden son donados por productores, empresas de importación y exportación y supermercados locales. “La tienda es gestionada por voluntarios y eso le permite ofrecer precios un 50% más baratos que los del mercado”.

    Consultado al respecto, Marcelo Amado, responsable del área de Regulación Alimentaria de la IMM, señaló que estar pendiente de la vida útil de los alimentos es fundamental, y agregó que el municipio no está de acuerdo con prácticas como la del supermercado danés. “Si retiro un alimento que está vencido ya no tiene vida útil para el consumo. Hay un concepto detrás de esto que es que hay una población de segunda, porque se vende un producto que se desmereció. Además, requiere un control de parte de la población y del supermercado sobre la inocuidad de ese alimento”, dijo Amado.

    · Consejos para no desperdiciar

    - Revisar la heladera antes de salir a hacer compras, para no duplicar los alimentos.

    - Comprar solo las porciones de alimentos que estime necesario para el plazo de días entre una compra y la siguiente.

    - En supermercado, terminar la compra con los productos que precisen frío, como carnes, congelados o lácteos, para alterar al mínimo la cadena de frío (en verano usar conservadora para los congelados) y evitar su deterioro.

    - Elegir también frutas y verduras de formas raras, pues muchas veces eso no supone una mala calidad del alimento.

    - Dentro de la heladera, guardar los alimentos en lugares adecuados: lo más nuevo va atrás de lo que ya tenía.

    - Consumir alimentos según el orden en que los haya comprado.

    - Consumir primero las frutas y los vegetales más maduros.

    - Congelar vegetales, carnes o pescados que no se vayan a usar inmediatamente.

    - No recurrir siempre a pelar la fruta y verdura que tiene cáscara. En su lugar, incorporar el cepillo como utensilio para limpiar aquellas que se puedan consumir con cáscara.

    - Hacer conservas y salmueras con excedentes vegetales para aprovechar y guardarlos más tiempo.

    - En restaurantes, compartir platos cuando las porciones sean grandes, de modo de evitar que quede comida.

    - En los buffets, no servirse platos rebosantes.

    - No tener vergüenza en pedir un doggie bag en un restaurante si sobró comida.

    - Compartir con los invitados la comida que no se consuma en épocas de fiestas o reuniones familiares.

     

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