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    En la actual “era del aislamiento”, cada vez más medios conducen a una “existencia más empobrecida”, opinó un psiquiatra argentino

    “Lo no dicho, no hecho, no pensado, lo que no se completó ni se comprendió verdaderamente, aparece en los sueños como si fuera un mensaje de nosotros a nosotros mismos” y “en cada sueño toda nuestra realidad, pasada, presente y futura se presenta desde una perspectiva única”, aseguró el médico psiquiatra Jorge Stolkiner.

    Radicado en Nueva York, el argentino es fundador y director del Centro de Estudios Orgonómicos de Córdoba, que forma terapeutas en el abordaje psicocorporal, y es líder de la Red de Orgonomía Abierta, que integran profesionales de Argentina, Brasil, Estados Unidos y Uruguay.

    El especialista viajó a Uruguay para brindar un curso de capacitación en el Espacio Pulsar, titulado “Nosotros y los sueños, nuestros pacientes y sus sueños”, para psicólogos y profesionales de la salud mental.

    A continuación un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda durante su paso por Uruguay.

    —¿Cómo se define como profesional?

    —Soy una persona muy apasionada por buscar un modo de disminuirle el sufrimiento emocional a las personas. Psicoterapia corporal quiere decir que en lugar de usar solo el instrumento verbal también se tiene en cuenta el cuerpo todo, no solo desde el punto de vista del diagnóstico sino de ‘lo que se puede hacer’, con ejercicios. Contribuyo a entender el lenguaje emocional del cuerpo. Si entendés ese lenguaje podés entender lo que el cuerpo está diciendo, aunque no todo lo que el cuerpo hace es comunicación. Se pueden hacer cosas muy precisas para cualquier memoria o sufrimiento en personas de todas las edades, inclusive desde el nacimiento.

    —Usted vive y desarrolla su actividad profesional principalmente en Nueva York, pero también viaja mucho. Tras años de experiencia, ¿cuáles son los problemas a nivel psicológico? ¿Ocurre lo mismo en Estados Unidos que en Argentina y Uruguay?

    —Hay diferencias pero no son radicales. La comunicación es el signo de esta época, pero para esto que se llama la era de la comunicación en realidad tengo otro nombre: la era del aislamiento. Estamos en una era en donde hay una gran abundancia casi invasiva de medios de comunicación digitales sobre nosotros, todos articulados a través de la vista y el oído para una realidad virtual, que no es la realidad concreta. Lo virtual empieza a ocupar un espacio cada vez mayor y va desplazando el campo de la existencia real de la persona. Trato a personas adictas a la pornografía de Internet. En diálogo con uno de ellos, casado con una mujer bonita, me contó que ella se va a dormir y el va a la computadora. Mira un artefacto de plástico y empieza a confundirse. Cuando me formé en psiquiatría en Córdoba decían que los locos hablaban solos y yo no veía locos hablando solos. Empecé a ir a Nueva York a principios de 1980 y vi que era cierto, me sorprendí. Ahora en el presente salgo a la calle, veo a la gente hablando por celulares o interlocutores y me da la impresión que tiene una función semejante a la locura, a la persona que habla sola. La persona que habla sola tiene delirios para compensar con lo que no tiene en su existencia. El delirio tiene una función. En Nueva York no sabes si al lado hay un loco o una persona que habla con auriculares por teléfono celular. Veo allí la patología del aislamiento. Ahí la mayoría de las personas viven solas, le sigue bastante atrás la gente que vive junta sin casarse y en tercer lugar bastante lejos los casados. Las personas que acuden a la consulta, a veces el ser más próximo que tienen es un animal, un perro o un gato que vive con ellos en el departamento. Incluso un caballo.

    —¿Cree que vamos todos hacia un aislamiento social?

    —Sí, lo veo ir. No es algo que solo ocurra en Nueva York. Allí está un poco más avanzado el proceso pero nada más. Por ejemplo, los padres les compran a sus hijos videojuegos para que no molesten, para que lo usen como tranquilizante y estén contentos. Estas cosas separan del contacto real con otras personas y con el mundo, con las flores, con el otoño. El proceso de lo que nosotros somos como naturaleza está siendo modificado.

    —La gente hoy acude más a terapia. ¿Incide que ya no es un tema tabú como lo era antes?

    —Las razones por las que la gente va a la terapia son diferentes. Ya no van por las patologías que veía Freud, pero tampoco están las patologías que se veían hace 50 años. Freud veía neurosis histéricas, obsesivas, eso existe hoy pero hay que buscarlas, es raro. Los terapeutas ahora tal vez tienen dos pacientes de estos y un fóbico. ¿Entonces qué es todo el resto? No es lo que había antes, es otra cosa. La gente ahora sale con alguien pero siente que no puede amar a nadie, se siente sola, tiene problemas y no se comunica con ninguna persona, no se lleva bien con la familia, puede tener relaciones sexuales pero no entiende por qué se habla tanto de eso. Ahora se ven este tipo de cosas. En general tenemos poca calidad y vitalidad en nuestra existencia en estas condiciones contemporáneas. Las novelas del siglo XIX son acerca de una gran pasión, de un amor fantástico, de una amistad y de heroísmo. Ahora en las novelas contemporáneas de eso ya no hay más.

    —¿Cómo vincula esta situación con los avances de la tecnología?

    —Los avances de la tecnología nos dan cada vez más medios para una existencia cada vez más empobrecida. No nos dan amor, valor ni profundidad humana de ningún tipo. No tienen esa capacidad. Uno tiene la posibilidad de cambiar su propia existencia. Parte de esta artificialidad es que la gente se hace problemas innecesarios. La cuota, el banco, la vestimenta adecuada, cuidado con el jefe, con tu puesto de trabajo, no hay espacio ni tiempo para estar en contacto con el otoño, para vivir.

    —¿Es importante como individuos prestarle atención a nuestros sueños?

    —Esta es la primera cultura en la historia de la humanidad, la primera que han podido saber los antropólogos, que no le presta una atención central a los sueños. Esto forma parte de todo el proceso que estuvimos hablando.

    —¿Qué hay que hacer con un sueño?

    —Recordarlo, en primer lugar sería bueno recordarlo, darle importancia y contarlo o escribirlo. Tratar de ver si uno puede aprender a reconocer ese lenguaje, que es muy directo. Los sueños tienen un lenguaje que no es complicado. Si no los entendemos es porque nosotros somos los complicados. Son comentarios sobre el día anterior, sobre nuestra existencia interior a todos los niveles. Hacemos una diferencia enorme entre una pesadilla y un sueño lindo, pero no es así. Hay cosas más importantes que esas.

    —Usted les ha comentado a sus colegas que la enseñanza en psicoterapia en universidades y otras instituciones no ha dado resultados de calidad y en general los terapeutas aprenden en su propia terapia, en supervisión y trabajando con pacientes. ¿Hay un problema en la formación? ¿Falta práctica?

    —Hay una palabra que falta en castellano que es craft. La psicoterapia es un craft como lo eran tradicionalmente los constructores de catedrales. Quiere decir que la psicoterapia no es un arte ni una ciencia ni simplemente una tecnología. Es todo eso junto. Hasta ahora el modo de aprender un craft que más resultado ha dado es a través de escuelas con pequeños números de aprendices, no de un sistema de clases masivas.