Nació en Lascano. ¿Qué recuerda de su infancia? Fueron los años más hermosos. Mi padre tenía un bar, era bolichero, y mi madre era ama de casa.
Edad: 52 • Ocupación: Diputado del Partido Nacional, abogado, escribano, productor rural, escritor • Señas particulares: Vivió en un conventillo; militó en la izquierda; hizo terapia para procesar duelos
Nació en Lascano. ¿Qué recuerda de su infancia? Fueron los años más hermosos. Mi padre tenía un bar, era bolichero, y mi madre era ama de casa.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Le costó venir a Montevideo a estudiar? Me vine antes, a los 14 años, porque mis padres se fundieron. Perdimos el comercio, la casa, el vehículo. Vivimos en un conventillo en Gonzalo Ramírez y Yaro. Comencé a trabajar a los 15 años, con permiso de menor, en Encomiendas de Onda, en Plaza Cagancha, adentro de un pozo en el que no había luz natural. Después me ascendieron a Turismo internacional. También trabajé varios años en Agadu. Me transformé en un ciclista eximio porque recorría varias zonas de la capital pasando a cobrar, haciéndome odiar por los que organizaban los bailes.
El hablar rochense lo mantiene intacto a pesar de tantos años en Montevideo. Fue parte de la afirmación de la identidad. Como era un exiliado interno en Montevideo era un acto de rebeldía.
Vive en la capital de Rocha. ¿Cuántos kilómetros hace por semana? Demasiados, unos cinco o seis mil kilómetros por mes. Rocha es un departamento muy disperso y hay que recorrer una multitud de localidades por el contacto con la gente.
¿Cuál es la mejor playa de Rocha? La de la fortaleza de Santa Teresa. Veraneo en La Coronilla, la mejor playa es entre las piedritas y el Cerro Verde.
¿Va al Carnaval de La Pedrera? No, nunca fui muy carnavalero. Con Agadu recorrí todas las murgas. Será por eso que la saturación fue tal. Y después la murga me alejó por la partidización. La murga se transformó en un elemento funcional o una polea de transmisión de un partido político, así que para mí murió el interés.
Escribió un libro de relatos sobre Aparicio Saravia y y otro sobre poemas. ¿Tiene algo más en camino? Sí, estoy haciendo la corrección de un libro de 17 cuentos. Y otro de poesía.
¿Cómo empezó a escribir? Cuando vine a Montevideo. Perdí a todos mis amigos y mi vida normal. Como me costó mucho insertarme, mi gran pasión era la lectura. Con el tiempo se ha ido complicando, porque escribir es un estado del alma. Escribir requiere tener un estado de sintonía interior, y cuando estás en un estado de ajetreo permanente la inspiración se te va un poco.
Además dirige la Revista Histórica Rochense. Sí, la fundé yo, soy el director. Tiene diez años y tenemos más de cinco mil ejemplares vendidos.
Es un apasionado de la historia nacional. ¿Era un tema recurrente en su casa? No. En esa época era muy común que al interior llegaran viajeros con su valijita con libros. Mi viejo tenía tercero de escuela rural, tuvo claro que la educación era el camino. Quería que yo leyera, algo que él no sabía hacer. Cuando él venía a Montevideo, el regalo más esperado era un paquetito que traía siempre de tres o cuatro libros sobre la II Guerra Mundial, que me fascinaba.
¿Viene de una familia blanca? Mi familia es de raíz histórica blanca. En una lista del Partido Nacional del 54 estaban mis dos abuelos sin saber que un día sus hijos se iban a casar. Yo tuve un pasaje de militancia en la izquierda, milité en la Universidad, mi primer voto fue al Frente Amplio en el 84. Después me aburrí de una cuestión de oposición permanente, la caída del muro de Berlín incidió decisivamente. Si bien nunca fui marxista, uno tenía sueños socialistas, por decirlo en términos generales. Ya había empezado a leer a varios autores, tenía mucha relación con Heber Gatto, que me dio muchos libros de crítica del marxismo, entonces fue un despertar. Después quedé un tiempo en barbecho, en receso, que fueron años horribles porque tengo una clara vocación política, de servicio, y me marchité. Hasta que un día en 1996 El Cabeza (el senador José Carlos Cardoso) me invitó a militar.
¿Por qué no hay historiadores blancos que escriban sobre historia reciente? Historiadores de filiación nacionalista ha habido muchos, como (Washington) Reyes Abadie, Lincoln Maiztegui, que fue el último que falleció, y José de Torres Wilson. El Partido Nacional siempre generó un revisionismo histórico contracorriente de la historia oficial, que primero la hizo el Batllismo. Ahora tenemos una nueva historia oficial que cuenta la izquierda en la cual empieza a confundirse cuándo empieza la dictadura y cuáles fueron los que lucharon contra ella. Hay mucho testimonial, Carlos Julio Pereyra ha escrito, están las cartas de Wilson, libros diversos pero no historiadores. No soy historiador ni pretendo serlo, soy un cronista de la historia. Pero creo que corremos el riesgo de una historia hemipléjica.
Tiene un hijo que practica en las inferiores de Bella Vista. ¿Cómo era usted como deportista? Jugué en la Liga Universitaria, en la quinta división de Peñarol como arquero, y también en Central Español.
¿Quién lo hizo hincha de Peñarol? Por un mozo del bar de papá. Él no era futbolero pero era de Nacional. Mi madre también. Eran los tiempos de Fernando Morena y cuando llegaban al bar los diarios me decía “mira el gol que hizo en el ángulo”, o “mira la chilena que hizo”. Yo tenía seis o siete años.
¿Cuál es el reclamo más frecuente que le hace su señora? Tiempo para la familia. Ella tiene comercios de ropa y accesorios allá. Los gurises están estudiando acá, entonces vamos y venimos. Son cinco, cuatro biológicos y uno que es hijo de ella de su primer matrimonio, que es como si fuera mío.
¿Cuándo fue la última vez que lloró? No lloré durante 35 años. Ni en el sepelio de mi padre ni en el de mi madre, me hice cargo de todo. Después que vine de chico a Montevideo me había vuelto una especie de piedra, me había blindado. Un día me di cuenta de que había algo que no andaba bien y fui a terapia, porque tenía varios duelos sin procesar. Cuando era chico murió mi hermana, tenía ese duelo sin procesar, tenía el duelo del gran desgarro emocional de haber venido a Montevideo, había caído mucho en calidad de vida. A partir de ahí me emociono y vibro. Me siento feliz de ello porque es una forma de expresar lo que uno siente.