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    Incas, uros y collas

    Puerta de entrada al Lago Titicaca, Puno invita a sumergirse en la historia de América Latina al entrar en contacto con descendientes de algunos de los pueblos precolombinos del continente

    Machu Picchu es la vedette de Perú y su visita siempre integra el Top 5 de los turistas que recorren Latinoamérica. Lima tiene la importancia de toda capital y es además una meca gastronómica: no en vano dos de sus restaurantes —Central y Maido— encabezan el prestigioso ranking Latin America’s 50 Best Restaurants. Sin embargo, una vista al país andino no está completa sin conocer el Titicaca, el lago navegable más alto del mundo (promedia los 3.800 metros sobre el nivel del mar), que en sus zonas más profundas llega a 280 metros. En torno a este gran cuerpo de agua —que se extiende por un área un poco menor al departamento de Soriano— surge la leyenda del origen de los incas, según la cual el dios Inti envió a sus hijos Manco Cápac y Mama Ocllo a la región para que educaran a sus pobladores, les enseñasen agricultura y textilería para vestirse, y formaran lo que luego se convirtió en la civilización inca.Puno, ciudad de poco más de 125.000 habitantes que recuerda por momentos al Chuy, es la puerta de entrada desde Perú a este lago donde uno puede embarcarse para conocer las islas flotantes de los uros y también las comunidades indígenas que habitan en las islas de Amantaní y Taquile, entre otras.

    Tradición y modernidad. Es probable que al llegar los viajeros estén ansiosos por ver el lago Titicaca —si no tienen la fortuna de estar alojados en un hospedaje a sus orillas— y al llegar al puerto los recibirá un muelle con feria de artesanías, souvenirs, comida y varios locales donde podrán reservar algún paseo en barco para el día siguiente, dado que las salidas suelen ser muy temprano en la mañana. Las islas flotantes de los uros, Amantaní y Taquile son los paseos con mayor oferta de embarcaciones, pero también hay excursiones a las islas de Chirita, Soto y Suasi. Esta última se hizo célebre internacionalmente seis años atrás al ser visitada por Susan Sarandon, quien se alojó en el cinco estrellas Casa Andina.

    Llegar a las islas flotantes de los uros, el paseo con más demanda en Puno, lleva menos de media hora en barco. Son unas ochenta islas artificiales hechas por la comunidad uros con totora, los juncos con los que se arma una capa de varios metros.

    Allí, ir a dar una vuelta en Mercedes Benz adquiere un nuevo significado: así es que los uros llaman a sus barcos, unas coloridas balsas también fabricadas con totora con diseño de inspiración polinésica, en las que por unos cuantos soles los turistas pueden dar una vuelta. Cada isla suele reunir entre cuatro y seis familias, y no se utilizan como balsas sino que están fijadas al lecho del lago con anclas, pero pueden ser cambiadas de lugar si hay, por ejemplo, mala convivencia con familias vecinas.

    Si bien históricamente la fuente de vida de la comunidad fue la caza y la pesca, el investigador francés Jacques Cousteau difundió su existencia a fines de los 60 y hoy tiene como mayor ingreso el turismo. De hecho, muchos uros ya no viven en sus islas flotantes sino en Puno y alrededores, por más que lo disimulan cada vez que llega un barco con turistas. Asimismo, las coloridas vestimentas tradicionales que se ponen cuando llegan viajeros no son las que eligen en sus días libres. Las islas que aceptan turistas se turnan, por lo que sus propietarios suelen trabajar día por medio.

    Dos hermanas. A unas tres horas del puerto en barco están las islas Amantaní y Taquile, vecinas entre sí, donde el viajero puede almorzar e incluso pasar la noche en la casa de una familia nativa. Allí, además de español se habla quechua, lengua que también usaban los incas y que junto con el español es considerada idioma oficial de Perú. El aimara, idioma de uros y collas, es la segunda lengua indígena más hablada en Perú y en toda la región andina, pero no es oficial, salvo en Bolivia.

    Amantaní, la mayor isla del lado peruano del Titicaca, ofrece un paisaje árido pero apto para algunos cultivos agrícolas, como la papa. En esta isla viven unas 800 familias agrupadas en comunidades que responden a nombres como Occosuyo, Occo Pampa, Incatiana, Colquecachi y Villa Orinojón, entre otros.

    Taquile tiene unos dos mil habitantes y costumbres llamativas, como el hecho de que las mujeres casadas suelen llevar blusas rojas y las solteras, de otros colores. Los hombres también demuestran su estado civil en la vestimenta, pero el colorado lo llevan los casados en sus gorros. Aquí la convivencia prematrimonial está promovida, recibe el nombre de servinacuy (matrimonio de prueba), y puede durar de seis meses a cinco años. En las islas también es frecuente ver niños moviéndose solos y con actitudes de adulto: desde los cinco años son considerados personas independientes. Esto se señala también con la vestimenta: las niñas se cubren la cabeza y los varones usan gorro.

    En ambas islas hay tradiciones que contradicen los estereotipos de género compartidos en gran parte del globo. Por ejemplo, en Amantaní, las mujeres son las encargadas de pastorear las ovejas, y en Taquile son los hombres quienes tejen.

    Conocer la ciudad. Puno también tiene sus atractivos pero alcanza una tarde para conocerlo. Un walking tour debería empezar en la Plazaw de Armas, donde se encontrará con varias mujeres que les ofrecerán buzos, bufandas y otros artículos de lana de oveja o alpaca. Aprovechen para comprar regalos pendientes, pues será más conveniente que hacerlo en las tiendas de Lima, la calle principal de la ciudad.

    Frente a la plaza verán la Basílica Menor, catedral de la ciudad, un edificio barroco que data de mediados del siglo XVIII y fue declarado Patrimonio Histórico Cultural de la Nación en 1972. También da a esta plaza la sede del gobierno municipal —un colonial edificio rojo y amarillo— y alcanza con caminar una cuadra para llegar al museo Carlos Dreyer, una construcción azul y blanca de dos plantas que reúne objetos de las culturas moche, chimu, chancay, inca, tiahuanaco y pucará, entre otras. El recinto lleva este nombre por un coleccionista alemán que vivió 30 años en Puno, que también reunió pinturas y dibujos en óleo, acuarela, carbón y lápiz.

    Unas tres cuadras en dirección suroeste (Ilave 581) está el Museo de la Coca & Costumbres, un sitio donde se exhiben y explican las variedades de esta planta, sus usos y rituales. Si bien al llegar es probable que los viajeros hayan sido invitados con un té de coca para prevenir el mal de altura, y les haya llamado la atención ver a locales con un cachete hinchado —mastican hojas de coca con el mismo objetivo—, será en este lugar donde podrán profundizar sus conocimientos acerca de esta planta andina. El museo tiene dos salas: el salón de la Hoja de Coca, que alberga una recopilación de estudios hechos sobre la coca en la historia; y el salón de Costumbres, que expone trajes, accesorios y máscaras de las danzas de Perú y Bolivia.

    Para el almuerzo hay varios establecimientos para elegir en la calle Lima, que se extiende unas cinco cuadras y conduce hasta el Parque Pino, una plazoleta con varias de las construcciones importantes de la ciudad. La gastronomía se basa en ingredientes locales como la papa, quinua, la carne de alpaca y la trucha del Titicaca. Para beber es menester probar un pisco-sour (cóctel con pisco, limón, azúcar y clara de huevo) y una chicha morada, bebida fresca que se elabora a partir de maíz de este color.

    Cementerio ilustre. En la misma región donde está Puno se ubica Juliaca, la ciudad más grande de la zona, que casi la duplica en habitantes. Allí se encuentra el aeropuerto internacional Inca Manco Cápac, desde donde se ingresa a la región por vía aérea. De allí hasta Puno hay unos 30 kilómetros.

    Más o menos a mitad de camino, sobre la Laguna Umayo, está el Complejo Arqueológico de Sillustani, antiguo cementerio primero de los collas y luego de los incas. Allí se encontraron torreones circulares de piedra —que reciben el nombre de chullpas— en cuyo interior los investigadores hallaron cadáveres momificados en posición fetal, acompañados en algunos casos por sus pertenencias: objetos de oro y plata, artículos de cerámica y alimentos. El paisaje aquí es de postal, el agua de la laguna refleja el color del cielo, y en el centro una pequeña isla que se destina como reserva para la protección de vicuñas. Es posible que esta sea la última imagen que los viajeros se lleven en sus retinas antes de volver a Juliaca y tomarse el  próximo avión, enriquecidos por el contacto con las distintas comunidades del país andino.

    · Mal de altura

    Puno está a unos cuatro mil metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en la quinta ciudad más alta del mundo. Por eso, quienes la visitan pueden sufrir el mal agudo de montaña (MAM) —también conocido como mal de altura, soroche o apunamiento— y sentir un intenso dolor de cabeza, mareos, náuseas, agitación, cansancio y sensación de asfixia. La causa es la falta de oxígeno en la sangre (hipoxia), dado que luego de los 2.500 metros la presión atmosférica disminuye y también la concentración de oxígeno en el aire.

    Para favorecer la aclimatación se recomienda no excederse con las actividades durante el primer y el segundo días, caminar despacio, tomar mucha agua y restringir el alcohol. Entre los locales está extendido el uso del té de coca y también masticar hojas de esa planta. Analgésicos con ibuprofeno o ácido acetilsalicílico también pueden ser útiles como preventivos, pero no se recomienda consumirlos sin consultar a un médico.

    · Datos útiles

    · Hora. El huso horario de la región de Puno es GMT-5 (dos horas menos que Uruguay). El sol sale alrededor de las cinco de la mañana y se oculta sobre las seis de la tarde, durante todo el año.· Temperatura. Suele ser agradable durante el día, pero muy fría durante las noches, llegando a veces a cero grado.· Transporte. Latam Airlines ofrece vuelo directo a Lima todos los días excepto miércoles y sábados, con salida desde el Aeropuerto de Carrasco a las 04:05 horas, y regreso desde el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez los mismos días a las 08:37 horas. El vuelo dura unas cinco horas y cuesta desde 407 dólares. En enero y febrero la frecuencia es diaria, en el mismo horario. Entre Lima y Juliaca hay vuelos directos de Latam Airlines, duran 1:45 hora y cuestan desde 150 dólares.

    Invitados a Perú por Latam Airlines